1.055.653: ya no es voto rogado (ni comprado)

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Tan reñida es la partida prevista para el domingo que ni un solo voto es despreciable (bueno, sí, son despreciables los votos comprados, y aún más despreciables quienes pagan por ellos y quienes estuvieran dispuestos a aprovecharlos, por anecdóticos que sean los casos de Melilla o de Mojácar). Este jueves, 25, es el último día en que pueden votar los españoles residentes en el extranjero en las urnas dispuestas en embajadas y consulados si no lo han hecho antes por correo certificado. Para las comunidades en las que se celebran comicios suman un total de 1.055.653 electores (ver aquí), con la novedad de que es la primera vez que lo hacen tras la reforma que puso fin al llamado ‘voto rogado’, que convertía en un calvario burocrático la ejecución del derecho a voto. La distribución de ese millón largo de electores (es decir, de aquellos que voten) entre las circunscripciones provinciales correspondientes hace muy difícil que los “emigrantes” tengan influencia decisiva en los resultados. Pero si se cumple el insistente pronóstico de que este 28M habrá escaños que bailen por un puñado de votos, y gobiernos que se muevan en el alambre por un solo escaño, entonces puede que el tan ignorado CERA (Censo de Españoles Residentes Ausentes) se vuelva determinante.

Para que eso ocurra en alguna provincia, obviamente los votos emitidos desde el exterior tendrían que superar la diferencia existente en la puja por ese último escaño, y sabemos que la participación del CERA ha sido siempre muy baja (en las últimas elecciones celebradas antes del voto rogado fue del 24%). Pero hay comunidades con bolsas importantes de residentes en el extranjero, y no se puede descartar alguna sorpresa.

Para la siguiente cita, las generales, el CERA superará los 2.300.000 electores, con el mismo derecho que los 35 millones que votamos en España y preocupados también por el presente y el futuro de su país. (Eso sí, mucho más alejados del ruido que tanto distorsiona el debate público y las campañas electorales).

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(Aquí puedes leer las entregas anteriores de 'El dato y el dardo')

Tan reñida es la partida prevista para el domingo que ni un solo voto es despreciable (bueno, sí, son despreciables los votos comprados, y aún más despreciables quienes pagan por ellos y quienes estuvieran dispuestos a aprovecharlos, por anecdóticos que sean los casos de Melilla o de Mojácar). Este jueves, 25, es el último día en que pueden votar los españoles residentes en el extranjero en las urnas dispuestas en embajadas y consulados si no lo han hecho antes por correo certificado. Para las comunidades en las que se celebran comicios suman un total de 1.055.653 electores (ver aquí), con la novedad de que es la primera vez que lo hacen tras la reforma que puso fin al llamado ‘voto rogado’, que convertía en un calvario burocrático la ejecución del derecho a voto. La distribución de ese millón largo de electores (es decir, de aquellos que voten) entre las circunscripciones provinciales correspondientes hace muy difícil que los “emigrantes” tengan influencia decisiva en los resultados. Pero si se cumple el insistente pronóstico de que este 28M habrá escaños que bailen por un puñado de votos, y gobiernos que se muevan en el alambre por un solo escaño, entonces puede que el tan ignorado CERA (Censo de Españoles Residentes Ausentes) se vuelva determinante.

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