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Desde la tramoya

Las cinco tonterías que el Gobierno hizo entre el 11 y el 14 de marzo de 2004

Según la delirante versión oficial de entonces, ya solo mantenida por algún friki, además de Aznar y Esperanza Aguirre, entre el atentado del 11 de marzo y de 2004 y la elección del día 14 que dio la victoria al PSOE, el Gobierno se limitó a contar lo que iba pasando, sin más.

Según la más generalizada versión judicial, periodística y social, Aznar y el candidato Rajoy mintieron a la opinión pública y se atrincheraron en una posición insostenible. He aquí cinco tonterías que el Gobierno de entonces cometió y que podrían ser el guión de un buen manual de anti-comunicación de crisis.

1. Pensar que la gente lo primero que busca es la causa

El "pecado original" del desastre comunicativo de aquellos cuatro días infames fue pensar que los españoles culparían al Gobierno por el atentado si se le asociaba con la guerra de Irak. De manera, creía Aznar, que si se le atribuía a ETA, la gente le vería con más compasión. En los primeros momentos de una tragedia como esa, la gente no busca causas ni culpables, sino asistencia y consuelo. Y está dispuesta a apoyar a su Gobierno si éste no reacciona mal.

2. Dividir al país

Durante momentos como aquellos de hace 11 años, todos –políticos, medios, líderes sociales, opinión pública– están dispuestos a aparcar las cuitas del día a día. Se produce un efecto de cierre de filas del que ya he hablado aquí. Seguro que aún son muchos los que piensan que en el PSOE daban saltos de alegría en aquellas cuatro jornadas. Era sencillamente lo contrario. Los socialistas estaban tan desconcertados como el resto del país y allí –yo era miembro del comité electoral– nadie dijo una palabra contra el Gobierno hasta que éste se empeñó en hacer creer lo increíble.

Está minuciosamente descrito cómo el PSOE prestó su apoyo al Gobierno, cómo trató de convocar con él una manifestación unitaria y cómo el Gobierno se cerró en su versión, quiso imponer una mención a la Constitución en la pancarta de la cabecera de la marcha y terminó cortando la comunicación con el principal partido de la oposición.

Las maniobras conocidas casi en tiempo real –las llamadas a los embajadores y a los directores de los medios para fijar con ellos la autoría de ETA, la promoción de una resolución de Naciones Unidas en ese mismo sentido ...– fueron constatando que el Gobierno estaba solo, tratando de forzar a la opinión pública a recorrer el camino que no era.

3. Aparentar que informas

Nadie puede decir que la actividad "informativa" del Gobierno no fue frenética. No creo que haya habido ningún otro ministro español en la historia que haya ofrecido más ruedas de prensa en tan poco tiempo que las que convocó Acebes aquellos días.

Sin embargo, tardó nueve horas y media en informar de la aparición de la furgoneta en Alcalá, clave para la atribución del atentado al yihadismo; doce en contarnos lo de la bolsa con el artefacto desactivado; seis para contarnos la detención de los primeros sospechosos; y cinco para informar de la aparición del vídeo reivindicativo, que fue definitiva. Sin embargo, no tardó mucho en llamar mentiroso a Otegi y menos aún en desacreditar la llamada autoexculpatoria de ETA.

4. Ponerte a la defensiva

El colmo del patetismo fue ver a aquel portavoz sobrevenido mirando a la cámara con toda solemnidad, pero asustado y huidizo, abriendo el telediario del día de reflexión para denunciar el comportamiento "antidemocrático" de quienes se manifestaban en las puertas del PP: "Me llamo Mariano Rajoy y soy candidato a la presidencia del Gobierno...".

No hay nada peor en circunstancias como aquellas que un Gobierno que ya se muestra temeroso de un posible castigo y que muestra su miedo a la gente. Yo creo que fue en ese momento en el que el PP perdió las elecciones.

5. Alargar la agonía

El PP se estrenó en la oposición después de su mayoría absoluta de 2000 con una larga procesión de declaraciones y actos destinados a defender la versión inicial. Con la complicidad imprescindible de Pedro J. Ramírez y de unos cuantos extremistas, apoyó concentraciones ridículas de "peones negros". Y con la de Esperanza Aguirre contribuyó a formar una asociación de víctimas del 11M paralela a la "díscola" y mayoritaria de Pilar Manjón, a la que se vilipendió hasta niveles impresentables. Durante meses se emperró en generar dudas sobre las causas del atentado y una posible vinculación de ETA. Aún hoy Aguirre, con su desparpajo habitual, nos dice que quiere saber toda la verdad. Como si la verdad no la intuyéramos ya todos y todas desde más o menos la hora de comer de aquel 11 de marzo. Y como si no hubiera quedado fijada con todo detalle tras una larga investigación policial y judicial, una comisión parlamentaria e innumerables crónicas periodísticas. 

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