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El delirio meteorológico

Hay que dejar de proclamar que el tiempo se ha estropeado cuando llueve. Y en su lugar alegrarse infinitamente. Gracias a las precipitaciones de Semana Santa, en Andalucía por ejemplo ya no necesitarán llevar barcos cargados de agua este verano, tal y como ha anunciado Juanma Moreno, aliviado por el vuelco de la situación. Al presidente andaluz le ha faltado cantarle una saeta al cielo. Hay asuntos de interés general que deberían quedar al margen de la ideología política, como la climatología o la calidad del aire, entre otros tantos que se han convertido en parte de una bandera. 

Solo se puede sentir estupefacción cuando Ayuso clama que “el fervor y la pasión han doblegado a la meteorología” esta misma Semana Santa en Madrid mientras en media España las gotas se recibían con lágrimas de emoción, hacían alejarse cortes de agua y daban un respiro a la agricultura. Como si la lluvía fuese un arma que hay que combatir, convirtiendo así una bendición en una catástrofe casi del tamaño de la conspiranoica teoría de que su pareja es un santo varón acosado por Hacienda y la Fiscalía cuyo único delito es estar a su lado. 

Lo más incomprensible es que muchos de sus votantes, al escucharla, se posicionan inmediatamente contra ese agua tan molesta que busca impedir procesiones. Radicalizados por el chorreo constante de consignas, obvian que las frutas y verduras que comen precisan empaparse para medrar y llegar a la mesa o que la calidad del aire que respiran también se beneficia. Olvidan la importancia de un reparto lógico del agua y entran a saco en la guerra que la presidenta ha declarado al Plan Hidrológico del Tajo, asegurando que Sánchez pretende que Madrid se rinda por sed. 

Su delirio meteorológico tiene un montón de fans, los mismos que en la encuesta que el PP de Madrid ha pagado a la consultora GAD3 para demostrar el cierre de filas con Ayuso muestran un apoyo radical tras conocerse los delitos de los que se acusa a su novio. Eso no cuenta o incluso resulta un aliciente para creer más en ella, como no comprar su discurso negacionista. Que en los medios escorados a la derecha se dé más credibilidad al chaval que pronostica el tiempo mediante las hormigas voladoras no es casualidad. 

Solo se puede sentir estupefacción cuando Ayuso clama que “el fervor y la pasión han doblegado a la meteorología” mientras en media España las gotas se recibían con lágrimas de emoción, hacían alejarse cortes de agua y daban un respiro a la agricultura

Para qué consultar con un organismo experto como la AEMET, si cualquiera puede predecir el tiempo en lo que se tarda en levantar la cabeza y echar un vistacillo a las nubes. Los datos reales sobran en el mundo que ha implantado el PP en la capital. Lo mejor es hablar de oídas y disponer de margen para colocar tus falacias sin el incordio de cifras que te las puedan tumbar. Hay que desacreditar a las instituciones y agencias del Estado, siempre y cuando se esté en la oposición, fomentando que cunda la idea de que sus datos no son fiables y que resultan engañosos. Como cuando el alcalde mandó una alerta al móvil de todos los madrileños pidiendo que se quedaran en casa por aviso de DANA el pasado septiembre y luego acusó a la AEMET de no acertar, cuando él había dado la orden de enviar el mensaje, y a pesar de que las lluvias torrenciales provocaron muertos y pérdidas en pueblos de la comunidad. 

La preocupación por el avance de la confusión en torno a la predicción meteorológica ha llevado al ministerio de Transición Ecológica a trasladar a hombres y mujeres del tiempo que no es conveniente celebrar que en enero pasado se rozaron los 30 grados, una temperatura alarmante, o lamentarse cuando se avecinan precipitaciones cuando la sequía resulta tan persistente. 

Ayer, por cierto, la nueva presidenta de la AEMET, María José Rallo, se dirigía internamente al personal de la agencia de meteorología al cumplirse sus cien primeros días al frente. Allí dentro, los que realmente saben de predicciones y cargan con una estructura muy anticuada que se necesita actualizar ya, confían en que aborden con eficacia los nuevos retos, en los que la inteligencia artificial ya se está utilizando con éxito en las predicciones y en los que la comunicación se ha convertido en esencial para abrirse paso ante la desinformación. 

Algún día, cuando el PP gobierne España de nuevo, Ayuso se enterará de que los profesionales de distintas ramas que predicen el tiempo con rigor también hablan en español. Nunca es tarde para alguien que a los 22 años descubrió que compartía idioma con Ecuador

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