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El irreconocible país que pinta la derecha

Según el discurso de Feijóo del pasado martes en el Senado, “España crece menos que nadie”, “Sánchez ha endeudado a los españoles el doble que la media de la UE”, “no ha habido un solo presidente del Gobierno que nos haya cobrado más impuestos por lo mismo que él", Sánchez lidera “un Gobierno que no cree en este país”, Sánchez pacta con los independentistas “para que los niños españoles no puedan aprender español en España” , “Bildu está en el Gobierno”… Añádase a esas finuras la acusación falsa de que la Unión Europea congeló los fondos Next Generation españoles, que el Gobierno está sometido al independentismo catalán y a los “proetarras”, o que sus medidas contra la crisis energética son “para echarse a temblar”. El PP –de Vox ni hablamos– presenta un panorama de país quebrado, inestable, en manos de un Gobierno mastodóntico que oprime con impuestos a los pobres ciudadanos víctimas de su “voracidad fiscal”, y de un presidente que “solo piensa en las elecciones” y cuyo único principio rector es el “no es no” a cualquier pacto con el principal partido de la oposición.

Es lamentable, pero lo cierto es que la narrativa funciona bien entre amplios sectores de la población: los menos informados, que son mayoría, los que sufren con severidad las consecuencias de la inflación, que también son muchos y, por supuesto, quienes jamás quisieron ni en pintura a los socialistas, hicieran lo que hicieran, que tampoco son escasos. El impresionista retrato funciona bien porque es promovido por los grandes medios de comunicación del país, contundentemente escorados a la derecha, y por los miles de pequeños altavoces que inundan Internet con noticias falseadas, mentiras y tergiversaciones.

El desastroso retrato que se hace de nuestro país no se compadece en absoluto con el que se observa en perspectiva y con objetividad. Feijóo y el PP inventan datos. España, a pesar de la Covid y de la invasión de Ucrania y la crisis energética, crecerá en 2022, y lo hará por encima de la media europea. Aunque pinta peor para 2023, no se prevé que nuestro país entre en recesión, lo que sí parece probable, por ejemplo, para Alemania. Más allá de los datos económicos –sometidos a la incertidumbre de una situación mundial convulsa–, España es una balsa comparada con algunos de los “ejemplares” países de nuestro entorno. Reino Unido está en medio de una crisis política que The Economist ha simplificado muy bien hablando de “Britaly”: los ingleses parecen italianos por su bajo crecimiento y su alta inestabilidad política. En Francia están a punto de estallar las enésimas protestas nacionales a cuenta de las humillaciones percibidas por las clases populares. Alemania sufre más directamente que ningún otro país de la Unión las consecuencias de su dependencia energética con Rusia.

Incluso aunque el Gobierno le plante cara a los grandes bancos y las grandes corporaciones, se respira un ambiente de negocios razonablemente limpio

Y mientras, en España no hay ninguna alteración grave de la paz social. Incluso aunque el Gobierno le plante cara a los grandes bancos y las grandes corporaciones, se respira un ambiente de negocios razonablemente limpio. No se prevén grandes movilizaciones tampoco de los trabajadores. El Gobierno trabaja cada día con una producción normativa objetivamente notable, a pesar de la fragilidad de sus apoyos parlamentarios. Nada que ver con eso que Bendodo llama “un reality show” de enfrentamientos. La presión del independentismo catalán (y el porcentaje de catalanes a favor de la independencia) se ha reducido con los socialistas después del desastre ocasionado por Artur Mas y gestionado por Mariano Rajoy con los resultados conocidos. La corrupción sistémica ha desaparecido de la política española con la llegada de los socialistas a la Moncloa.

España, en fin, a pesar de nuestras penurias económicas, a pesar de las consecuencias de una guerra lamentable, a pesar de los empeños en contrario de la derecha y de la ultraderecha, es un país estable, próspero y optimista.

Cabrían entonces dos posibilidades. Una primera es que el relato catastrofista de Feijóo y el PP y Vox termine por dominar, como parece que está ocurriendo ahora. Otra posibilidad, sin embargo, es que la estabilidad se mantenga, que la crisis siga paliándose y no destroce las economías familiares. Y que en mayo el PSOE y las formaciones a su izquierda no pierdan poder territorial en las elecciones locales y regionales. Si así fuera, y Feijóo siguiera exagerando y errando como hasta ahora, entonces se cumplirían las previsiones más optimistas para el PSOE, hasta las que formula Tezanos.

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