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Desde la tramoya

Lo que le faltaba a la izquierda

A la izquierda española no le hace falta una opción plenamente socialdemócrata. Tiene al viejo PSOE, perfectamente hermanado en sus programas y sus propuestas con el resto de partidos socialistas de Europa y los partidos progresistas moderados del resto del mundo.

A la izquierda española no le hace falta tampoco una opción comunista. Tiene a Unidas Podemos, partido meticulosamente idéntico a los que en medio planeta se sitúan a la izquierda de los socialdemócratas.

Si a la izquierda española no le hacía falta una oferta ideológica que ya estaba cubierta por los socialistas y por Podemos, ¿qué ofrece entonces Más País, la nueva oferta nacional de Iñigo Errejón? Evidentemente, nada más que un liderazgo distinto al de Pablo Iglesias y al de Pedro Sánchez. Errejón no haría nada distinto de lo que plantean sus dos adversarios de la izquierda. De su estilo y sus trabajos en Madrid se deduce que sus promesas electorales estarán más cerca de las socialistas que de las de los morados, pero Más País no parece traer nada nuevo, como sí hicieron en la derecha Vox o, hace más tiempo, Ciudadanos.

Por eso es muy preocupante la irrupción de Errejón. Porque, a tenor de los primeros comentarios de los analistas, de la gran expectativa que ha generado, e incluso de la primera encuesta que se ha conocido y que dice –muy prematuramente– que Más País obtendría unos nueve escaños, sí parece que llena un hueco que antes estaba vacío. Si ese hueco no es ideológico ni programático, debemos deducir que es meramente personal.

Así es, en efecto. Lo ha dicho precisamente Pablo Iglesias. Lanzando una puñalada a su antiguo número dos justo en el momento en que presentaba su candidatura nacional: "Es el nuevo coaching político; frente a dos personas que no se entienden, buen rollo y Operación Chamartín".

En la, aunque irónica, acertada tesis de Iglesias, Errejón vendría a traer buen rollo. Quizá entre el electorado de izquierdas lo que hay es un hartazgo del mal rollo. Del mal rollo que se ve en concreto en Pablo Iglesias. El mal rollo con que se despacha a los suyos cuando no le gustan o le plantan cara. Del mal rollo con que ha conversado con los socialistas durante las frustradas negociaciones para formar gobierno. Del mal rollo con que arenga, o del mal rollo de su ceño eternamente fruncido y su semblante siempre enojado.

¡Lo que le faltaba a la izquierda! Que tenga que venir Iñigo Errejón a traer buen rollo. Lo que faltaba.

En las últimas horas, el debate parece centrarse en si Más País será bueno o malo para la formación de un gobierno progresista a partir de las elecciones del 10 de noviembre. Yo creo que la existencia del nuevo partido es un pésimo indicador del estado de la izquierda española. Dividida en dos partidos enfrentados porque sus dos líderes no concilian para nada entre sí. Y ahora con la llegada de un tercero que tan solo puede aportar algo de buen rollo.

Imaginemos ahora que se cumplen los pronósticos y tras las elecciones la izquierda sólo puede gobernar si hay un acuerdo entre Pedro Sánchez, Pablo Iglesias e Iñigo Errejón. ¿Hay alguien que confíe en que esa conversación será llevadera y productiva? Lo que le faltaba a la izquierda española, sí, era buen rollo. Pero buen rollo entre quienes ya la ocupaban… Errejón no habría dado el salto si no fuera por la mala energía que se generó entre Pedro y Pablo. Este último lo ha entendido muy bien. Pero demasiado tarde.

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