Temer a Tamames

La moción de censura presentada por Vox con Ramón Tamames como candidato a la Presidencia del Gobierno va a ser uno de lo espectáculos televisivos de la década. Si se cumplen las previsiones (porque la intervención de Tamames, que se da por hecha, en realidad es opcional), veremos por primera vez en la historia de España a un ciudadano de a pie regañando al presidente desde la tribuna del Congreso.

Tamames tiene características que hacen que el show pueda ser especialmente atractivo. Es un señor indiscutiblemente culto y articulado, con una experiencia vital y política larguísima, que va desde la oposición al franquismo y la militancia comunista, con prisión incluida, hasta el ejercicio de la gestión municipal con Tierno Galván o la enseñanza de la economía con un libro (a mí me resultó infumable porque tuve que leerlo con 17 años), Estructura económica de España, el famoso tamames, que va ya por su edición número 26.

Como tiene 89 años, su discurso está repleto de referencias históricas y remite a tiempos de lucha democrática y de búsqueda de consensos. Relatadas por un expolítico que estuvo en las Cortes constituyentes y que contribuyó a los Pactos de la Moncloa, esas memorias adquieren especial legitimidad. La edad, además, ejerce como un seguro contra ataques demasiado despiadados. El interlocutor, particularmente el presidente censurado, tendrá que cuidar sus formas para no transmitir la arrogancia de un joven en plenitud frente a un anciano que camina con muleta. Supongo que ignorar a Tamames, agradecerle los servicios prestados a la democracia y centrarse luego en Abascal y, sobre todo, en Feijóo, será la estrategia a adoptar.

Abascal vuelve a convertirse en protagonista temporal de la vida política española a pocos días de las elecciones y deja a Feijóo, su verdadero adversario, en tierra de nadie por unos días

Plantear ahora una moción de censura sólo obedece a motivos electorales. El país no merece tamaña urgencia. La economía y el empleo crecen, la inflación se modera, hay paz social y la gente es moderadamente optimista. Parece más bien que la iniciativa responde al estancamiento de la ultraderecha en las encuestas y a la debilidad de Vox precisamente en el estrato de mayor edad, que prefiere al PP. Con la moción Vox volverá a disfrutar de unos días de protagonismo, que contrastará con el peligro que correrá Feijóo, que anuncia la abstención y que tendrá un papel subsidiario. 

El movimiento de Abascal, por tanto, no es un disparate. Más bien parece astuto. Tiene riesgos, por supuesto. Primero, que el propio Tamames, que exige completa autonomía para sí y que es indomable en sus manifestaciones, tenga algún desliz o pronuncie barbaridades. Segundo, que se le afee a la ultraderecha la utilización del solemne Congreso de los Diputados para fines espurios y oportunistas de propaganda electoral. Tercero, que el presidente del Gobierno gire el guion con habilidad y salga beneficiado del contraste con las dos derechas (la tercera ya está prácticamente muerta). Abascal le está regalando una oportunidad al presidente para que luzca con su mejor retórica; la del Gobierno de la gente frente al disparate y la excentricidad de las derechas.

Aun con esos riesgos, si no hay errores, Abascal vuelve a convertirse en protagonista temporal de la vida política española a pocos días de las elecciones y deja a Feijóo, su verdadero adversario, en tierra de nadie por unos días. Y utiliza a un respetable mayor para decir por boca de otros lo que en la suya suena inverosímil, exagerado e histriónico.

Luego está el asunto de las trayectorias políticas, claro. Qué le pasa a los seres humanos, especialmente a los hombres, que tienden a volverse tan conservadores con el paso del tiempo. Aquella famosa frasecilla apócrifa que dice que quien de joven no es de izquierdas no tiene corazón y quien de mayor no es de derechas no tiene cabeza, parece aplicarse en muchos casos. Tamames, Sánchez Dragó, Losantos, Múgica, Redondo o Leguina son solo algunos casos notables de los cientos de personas que hacen el viaje de la izquierda a la derecha, incluso a la extrema derecha. Da pena lo difícil que es encontrar individuos transitando en la otra dirección.

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