En Transición

¿Qué tienen en común el PP, Ciudadanos y la CUP?

A lo largo de estos meses, en los que el procés se ha convertido en un culebrón con entregas diarias, gentes de unas y otras opiniones acaban las conversaciones, en privado, concluyendo que esto no se resolverá hasta que se pongan en marcha procesos de diálogo. Diálogo que, aunque a veces se olvide por obvio, debe incluir las posiciones enfrentadas. De eso se trata cuando se quiere llegar a acuerdos consistentes. Si por el contrario no se aspira más que a charlar amigablemente, entonces es preferible hablar con los que opinan más o menos como uno, y así siempre se puede animar la conversación con algún matiz sin tener que renunciar a casi nada. El problema es que cuando una sociedad como la catalana se encuentra tan dividida sobre su encaje y relación con el resto del Estado, hablar con los que opinan igual o parecido a ti sirve de poco. El reto es llegar a acuerdos con los que plantean posiciones diametralmente opuestas a las tuyas.

Si la demoscopia no falla mucho, todo parece indicar que el 22D el problema seguirá allí, más recrudecido acaso por lo dramático de estos meses. En coherencia con todo lo vivido, esta campaña tiene exceso de relato y déficit de concreciones sobre cómo salir de esta, por lo que no queda más remedio que acudir a los programas electorales y ver qué propone cada candidatura para gestionar la siguiente fase. Sí, ya sé que los programas están muy denostados y que se empiezan a entender como un mero formalismo, pero conviene echarles un vistazo para ver qué dicen y, sobre todo, qué callan.

Os adelanto lo que para mí son las dos principales conclusiones: ni todos hablan de diálogo, ni todos se refieren a lo mismo cuando invocan la negociación.

Entre los que apelan al diálogo, los que lo describen de forma más nítida son el PSC y Catalunya en Comú; el primero con una llamada explícita al diálogo aunque sin concretar el cómo, y los segundos con la propuesta de un referéndum acordado. La opción del PSC proclama: "Tenemos claro que estamos ante un problema político y social que sólo puede encontrar solución a través de la negociación y el pacto. (...) Ni el inmovilismo ni la unilateralidad ni la ilegalidad llevan a ninguna parte, y la vía penal tampoco. El diálogo es el único instrumento para plantear propuestas y resolver conflictos. Un diálogo que permita objetivar los problemas, desterrar el victimismo y los enfrentamientos y busque soluciones de consenso; un diálogo que sirva para avanzar y reencontrar el progreso social y económico de Cataluña. Este diálogo debe comenzar al día siguiente de las elecciones".

Y clara y concreta es también la apuesta de Catalunya en Comú, que declara: "Entenem que la fórmula d’un referèndum acordat entre el govern de la Generalitat i el govern de l’estat és la que millor assegura que la convocatòria tingui garanties democràtiques i interpel·li a tota la societat catalana i la seva pluralitat de posicionaments" y plantea para ello una Ley de Claridad y un acuerdo para obtener la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados que permita hacer el referéndum.

En el lado independentista también se reivindica alguna dinámica de concertación por parte de ERC y Junts per Catalunya, si bien parte de una foto final irrenunciable, y sus propuestas son tan diferentes entre sí como lo han venido siendo hasta ahora.

Así, en el programa de ERC se puede leer: "Emplaçar l’Estat espanyol, i alhora les institucions europees, per assolir una negociació a través de la qual, en peu d’igualtat i sense cap renúncia prèvia per part del Parlament i el Govern, es faci possible l’accés de Catalunya a la plena independència i l’efectiva i pacífica articulació democràtica de la República Catalana.", si bien no dice nada acerca de cómo proceder si el Estado no acude a ese emplazamiento, ni concreta a qué no está dispuesta a renunciar.

Cercano pero no idéntico es en este punto el programa de Junts per Catalunya, que afirma que "només des d’aquestes premisses és possible obrir un diàleg amb l’estat espanyol. Volem parlar de tot, com sempre hem dit. Prioritzem la via del diàleg, com sempre hem fet; reafirmant sempre el nostre dret a l’autodeterminació, emparat en els tractats internacionals signats per l’Estat espanyol, que prevalen a la pròpia constitució".

Las llamadas al diálogo, al acuerdo sobre posibles vías de salida o las propuestas de negociación acaban aquí. No las encontraréis ni en el programa del Partido Popular, ni en el de Ciudadanos, ni en el de la CUP. Los primeros se empeñan en negar las evidencias, hacer como si nada de esto hubiera pasado y seguir instalados en el inmovilismo que tanto ha fomentado esta crisis. Por eso hacen un silogismo bastante evidente donde pretenden hacer ver que el PP es España y España la solución (o sea, que el PP es la solución). Y para ello, afirman: "Nuestra prioridad será formar un gobierno catalán que respete la Constitución española y el Estatut de Cataluña. Garantizaremos el respeto al Estado de Derecho como base de la convivencia democrática y del crecimiento económico." De la lectura de su programa parece desprenderse que no hay propuestas de solución al conflicto porque no hay conflicto.

Tampoco parecen haberse dado por aludidos en Ciudadanos, que jugando en casa y saliendo en posiciones de ventaja no atinan a más que a declarar en su programa: "Impulsaremos la reforma de la Constitución para actualizar su contenido y promover un cambio a mejor para todos los españoles."

Cataluña vota a ciegas

Desde otro enfoque diametralmente opuesto, la CUP tampoco se muestra partidaria de ningún tipo de negociación, como se ve cuando dicen que: "Avui no existeix la possibilitat de generar una negociació bilateral amb l’Estat espanyol en igualtat de condicions sobre la base del reconeixement del dret a l’autodeterminació del poble català, motiu pel qual la negociació no pot ser una proposta central. (...) La unilateralitat s’ha demostrat com l’única manera possible d’avançar." Su opción pasa por desarrollar la independencia en aplicación del mandato que entienden salió del 1 de Octubre.

Si tenemos en cuenta que los movimientos de los últimos meses han estado fuertemente influidos por la CUP en Cataluña y dirigidos por el PP desde el Gobierno español, ¿a alguien le extraña que hayamos llegado hasta aquí?

Ojalá los programas sean, como suele ocurrir, un formalismo de campaña, y entre bambalinas se estén forjando ya los mecanismos que, de una u otra forma, sienten a todos los actores a la mesa de negociación. De lo contrario, además de bloquear la formación de gobierno en Cataluña –el fantasma de la repetición electoral planea sobre nuestras cabezas–, se bloqueará también la solución al encaje de Cataluña en España, al replanteamiento del modelo territorial del Estado, y a esa segunda transición que clama por abrirse paso.

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