Las personas son respetables, las ideas no. Las ideas están para ser discutidas, matizadas, enmendadas o pisoteadas. Sólo así consiguen evolucionar y mejorar, sólo así consiguen su cometido, que es mover el mundo. Contra lo que suele creerse, estoy convencida de que el mundo no lo mueven el dinero o el poder, sino ideas que empujan en una u otra dirección, incluyendo, por supuesto, aquellas que únicamente tienen como objetivo el dinero o el poder.
Así las cosas, creo que nuestra conversación pública mejoraría notablemente si, en lugar de criticar a personas, criticáramos las ideas que propugnan. De esa forma, el debate giraría del ‘González sí/González no’, a por qué es un error, en clave democrática, plantear que pactar con Bildu es peor que hacerlo con Vox. Básicamente, porque Bildu, con todas sus contradicciones, ha sido una herramienta fundamental para acabar con la violencia y la barbarie en Euskadi, con liderazgos como el de Oskar Matute, que nada tuvo que ver con ETA, salvo que alguna vez estuvo amenazado por los asesinos. Vox, por el contrario, es una de las organizaciones que lleva como bandera el cuestionamiento de la democracia y de los valores de convivencia democráticos. No me preocupa tanto que González sea denostado o querido, allá cada cual con sus filias y sus fobias, sino que pueda calar esa idea de preferir acordar con Vox, por lo que tiene de antidemocrática.
De la misma forma, no creo que sea trascendente generar un debate sobre la simpatía que cada cual tuviera a Javier Lambán, presidente socialista del Gobierno de Aragón fallecido el pasado verano. Lo relevante, creo, es analizar por qué buena parte de la política que el presidente Lambán llevó a cabo, azuzando el anticatalanismo y el agravio entre vecinos, o desarrollando infraestructuras de renovables y centros de datos de espaldas al territorio (sí, empezó con Lambán, aunque ahora el presidente Azcón se adjudique estas inversiones), sembró el terreno para que el Partido Popular ganara las elecciones en Aragón. Pero no las del pasado domingo, como se ha querido hacer ver, sino las del año 2023. Entonces, Azcón quedó ungido como heredero natural de Lambán y sus políticas. En ese momento Aragón ya estaba derechizado y sometido a renovadas prácticas de extracción y vaciamiento. El debate social al respecto había sido laminado. Si se analiza esto, se podrá aprender de lo hecho y no repetir errores.
El electorado, y más el de la izquierda, necesita ideas potentes que le lleven a pensar y sentir que pueden dar respuestas a sus malestares y descontentos
Algo parecido puede pasar con los movimientos que empiezan a aparecer en la izquierda. La charla entre Emilio Delgado y Rufián ha agotado sus entradas en cuatro minutos; el evento organizado por Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Comuns y Más Madrid el próximo sábado está acaparando todas las miradas. ¿Será esa parte de la izquierda capaz de resetearse de nuevo y ofrecer un proyecto ilusionante? Es conocido que en las alianzas electorales 2 y 2 no son 4, que siempre hay alguna pérdida de voto por los vetos cruzados, y que la única forma de superar eso es ofreciendo un proyecto que levante una ola de ilusión. Una ilusión que no puede izarse tan sólo sobre una cara que movilice. Cuando las democracias occidentales atraviesan, como ahora, una crisis de sentido, no vale quedarse en un lema, en una figura y una campaña de redes. El electorado, y más el de la izquierda, necesita ideas potentes que le lleven a pensar y sentir que pueden dar respuestas a sus malestares y descontentos. Para dar “Un paso al frente” es necesario poner sobre la mesa un proyecto político que dé respuesta a los retos del momento. Que conjugue el papel del territorio y lo cercano con los retos globales, que no esquive debates incómodos como el de la seguridad o la defensa, que plantee propuestas viables sin mentir al electorado, porque todos sabemos que el problema de la vivienda no se soluciona en seis meses, que los servicios públicos necesitan mucha mayor y mejor inversión para cumplir sus cometidos de lo que se está haciendo hasta la fecha y que el fenómeno migratorio hay que gestionarlo bien para que sea un fuente de riqueza en todos los sentidos y no genere rechazo.
Quizá una buena manera sería empezar por decidir cómo quiere llamarse esa parte de la izquierda. ¿Alternativa, transformadora, confederal…? Porque situarse como “la izquierda a la izquierda del PSOE” no define ningún proyecto y te sitúa como subalterna al propio PSOE.
Vivimos tiempos de profundos cambios. Quien consiga entenderlos mejor y darles respuestas se llevará el gato al agua. Es, por tanto, tiempo de ideas (si es que alguna vez no lo fue).
Las personas son respetables, las ideas no. Las ideas están para ser discutidas, matizadas, enmendadas o pisoteadas. Sólo así consiguen evolucionar y mejorar, sólo así consiguen su cometido, que es mover el mundo. Contra lo que suele creerse, estoy convencida de que el mundo no lo mueven el dinero o el poder, sino ideas que empujan en una u otra dirección, incluyendo, por supuesto, aquellas que únicamente tienen como objetivo el dinero o el poder.