El pasado miércoles, a su entrada a la sesión plenaria del Congreso de los Diputados, Alberto Núñez Feijóo atendía a los medios —algo que no es habitual, según dicen los periodistas parlamentarios—. Además de dar a conocer que el diario El Confidencial contaba que la UCO estaba “registrando” la sede de Ferraz decía: “Estamos en una situación agónica”. Y agregaba: La situación de este Ejecutivo es “absolutamente indecente”, es “un Gobierno que apesta”. La pregunta se formula sola. ¿Por qué no presenta usted entonces una moción de censura?
La respuesta oficial desde la cúpula del PP es que sabe que no tiene —a día de hoy— los votos necesarios y que eso, al impedir el éxito de la moción, daría alas al propio Gobierno. Sin embargo, a nada que acudamos a la historia reciente, veremos que es un argumento extremadamente débil. En la actual etapa democrática se han presentado seis mociones de censura. La primera, contra el presidente Suárez, le sirvió a Felipe González para ganar visibilidad y erigirse como el líder del momento. La segunda, en 1987, la presentó Hernández Mancha contra González. Rajoy tuvo que enfrentarse a dos, una primera en 2017 impulsada por Podemos y la de 2018 que llevó a la presidencia a Pedro Sánchez. Éste, a su vez, ha superado ya dos: una en 2020, presentada por Vox con Abascal como candidato y otra en 2023, que proponía a Ramón Tamames como presidente del Gobierno. Como se podrá comprobar, de las seis planteadas sólo una ha sido aprobada, y ni siquiera esa tenía la seguridad de salir adelante cuando se presentó por parte del PSOE, sino que fueron los movimientos de último minuto los que consiguieron los votos necesarios. Además, salvo la de Tamames —que requiere otro análisis— y la de Hernández Mancha, el resto han servido para que sus proponentes ganaran visibilidad y expusieran su programa alternativo. ¿Por qué, entonces, Feijóo no la presenta? A mi entender, por una de estas tres causas o por una mezcla de ellas.
En primer lugar porque subir a la tribuna de oradores supone expresar liderazgo y exponer un programa de gobierno, algo que a día de hoy es un problema para los populares. Corren el riesgo de mostrar debilidad en el liderazgo, ausencia de programa y visibilizar la disputa con Vox dentro del espacio conservador. ¿Qué programa iba a presentar Feijóo? ¿El de la derecha “institucional” o el que están pactando con Vox en las Comunidades Autónomas en que gobiernan en coalición?
El segundo motivo es que iba a quedar de manifiesto, una vez más, su extrema soledad. Mientras Vox esté en la ecuación es muy difícil que nadie más, tampoco las derechas nacionalistas, puedan unirse. A todas ellas les supondría un problema explicarlo en su territorio y recordemos que su prioridad es Euskadi en el caso del PNV y Cataluña en el de Junts. No harán nada en el Congreso de los Diputados que perjudique su posición allí.
El tercero, y a mi juicio definitivo, fue el consejo que Felipe González les dio hace unos días a los dirigentes del PP: no distraigan ahora la atención con una moción de censura que desvíe el foco. Dejen que la conversación pública siga discurriendo entre una trepidante sucesión de informaciones, sospechas, indicios, sumarios y autos que someten al PSOE a una larga agonía. No les maten tan pronto —vino a decir—, que sufran.
¿Qué programa iba a presentar Feijóo? ¿El de la derecha “institucional” o el que están pactando con Vox en las Comunidades Autónomas en que gobiernan en coalición?
En el fondo, es la misma estrategia que los populares tenían cuando decidieron adelantar elecciones en Extremadura y Aragón: evidenciar —y potenciar— la debilidad de los socialistas, y no, como dijeron, intentar depender menos de Vox. Sabían, porque conocen la realidad demoscópica, que esto último era prácticamente imposible, pero qué más daba. Se trataba de dejar en evidencia a los socialistas.
El Partido Popular acostumbra a dar argumentos que no resisten un análisis. Ni adelantaron elecciones en Extremadura y Aragón para dejar de depender de VOX, ni se abstienen de presentar la moción de censura por la posibilidad de perderla. No, el objetivo no es ese. No se trata de ganar, sino de ver agonizar al contrario. Y siendo cierto que la espera está desatando los nervios en no pocos ámbitos de la derecha, sobre todo entre los más radicales, no es menos verdad que el hundimiento lento y aparentemente irreparable del Gobierno progresista constituye un espectáculo digno de verse desde el patio de butacas tranquilamente, disfrutando, sin correr riesgos. Imagínense qué placer para el señor Aznar acabar de grabar un vídeo recordando la importancia de su frase “quien pueda hacer que haga” y luego sentarse a esperar en una butaca mientras acaricia al gato.
El pasado miércoles, a su entrada a la sesión plenaria del Congreso de los Diputados, Alberto Núñez Feijóo atendía a los medios —algo que no es habitual, según dicen los periodistas parlamentarios—. Además de dar a conocer que el diario El Confidencial contaba que la UCO estaba “registrando” la sede de Ferraz decía: “Estamos en una situación agónica”. Y agregaba: La situación de este Ejecutivo es “absolutamente indecente”, es “un Gobierno que apesta”. La pregunta se formula sola. ¿Por qué no presenta usted entonces una moción de censura?