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Diario de una confinada

Por aquí bien, de momento

Querido diario:

Esta es mi sexta jornada de confinamiento y he decidido escribir lo más relevante de mi día a día, porque me conozco y si se me olvida, acabaré inventándome una historia alternativa. O peor, serán otros los que se la inventen por mí, los que cuenten con su propia mirada lo que me está sucediendo y puede que no se parezca en nada a lo que estoy viviendo yo.

Esto siempre me ocurre cuando nos ponemos en familia a repasar los acontecimientos más notables de nuestra dinastía, como el del día en que me tragué un duro con la cara de Franco y me atiborraron a espárragos para que lo soltara. Mi hermana dice que el duro se fue por el váter y yo me juego todo el papel higiénico de mi casa a que es el que tengo guardado en una caja de surtido Cuétara, con la chapa de Naranjito y un mando de la Bola loca…

Y eso que antes las versiones eran fácilmente contrastables, porque todos nos sentábamos en el mismo sofá, para ver el mismo programa a la misma hora ¡y aún así se propagaron algunos virus en forma de leyenda urbana! Como el de la mano negra, en mi cole decían que era una mano maléfica con un ojo en la palma –de la mano, no en la isla canaria– y que solía atacarte cuando ibas al lavabo. Yo no me lo creía del todo pero un día, para no tentar a la suerte, me hice pis en clase…

Pues imagínate lo difícil que resulta ahora contrastar la veracidad de los detalles de esta historia surrealista que estamos viviendo, aunque estemos todos confinados y circulando las veinticuatro horas por los mismos metros. ¡Si cada uno está con un ojo en lo que tiene delante y otro en el móvil, con chorreos de información que llegan por todas partes y varios grupos de Whatsapp bullendo a la vez…!

Yo, por ejemplo, tengo tres grupos destacados: Uno podríamos llamarlo “Ay señor llévame pronto”, porque todo lo que envían te invita a pasar de aplaudir y hacer balconing; otro tiene un talante más cañero: “A guasapear, a guasapear, que el mundo se va a acabar”, en ese mis compañeras de agonía me hacen reír más que todos los memes juntos. Y luego ya está el más variado, sería “el grupo mixto”, un cajón de sastre en el que igual te mandan un video de un cachondo haciendo triatlón en el hall, que un bulo del Ministerio del Interior desmentido en 2005, que una foto preciosa de un amanecer…

En todos ellos, sin embargo, palpita el mismo deseo, que estemos todos bien. Y la necesidad de que todos los que nos confinamos virtualmente, sepamos, en cada momento, que estamos y que nos queremos. El recuento matinal está tan cargado de tensión al preguntar, como lleno de alivio cuando todos y todas responden con la frase nuestra de cada día: “Por aquí bien, de momento…”

Querido diario, hoy también he salido a aplaudir y a llorar. No sé si después de esta experiencia voy a ser capaz de aislar ambas acciones, porque ya parece imposible la una sin la otra… Un día más de aplausos para agradecer, rodeada de mis vecinos, para darnos ánimo, para resistir. Un día más para soñar que falta un día menos para aplaudir llorando pero respirando sin miedo, un día menos para besarnos como si sí hubiera un mañana.

Os doy una canción, que la música es oxígeno para el alma. De momento. Los Aslándticos.

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