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Muros sin Fronteras

De Lehman Brothers a Aznar

Se han cumplido diez años del hundimiento de Lehman Brothers, convertido en símbolo de lo que vino después. De aquella quiebra arrancan la crisis económica, la pérdida de millones de puestos de trabajo, el recorte de los derechos sociales y del poder de los Estados nacionales en la defensa de su soberanía en un mundo cada vez más globalizado.

La desregulación creó una barra libre en la que se hicieron miles de millones sin escrúpulos. Se construyó un castillo de naipes como Lehman. Sigo sin leer ni escuchar una explicación más clara y precisa de lo ocurrido con las hipotecas subprimesubprime, las causantes del hundimiento, que esta gran parodia de los humoristas británicos John Bird y John Fortune.

El sarcasmo es que diez años después poco ha cambiado. No hemos ampliado los controles de la barra libre. Y no esperen gran cosa de Donald Trump y de su equipo de multimillonarios. Las desregulaciones se han ampliado a los sectores relacionados con la contaminación y el cambio climático. Se aplica el mismo principio de codicia. Dinero para hoy, miseria para cuando yo no esté. Chomsky sostiene que Trump es el payaso que nos distrae, mientras los demás ejecutan un programa de esquilmar el Estado.

El vencedor de la hecatombe capitalista de 2008 ha sido el capitalismo en su versión más radical y depredadora. Ganaron los mercados, es decir, los especuladores. Los contratos de alta dirección vinculados al resultado alimentaron la avaricia. Los directivos buscaban rendimientos a corto plazo, para cobrar su parte, sin importar si las decisiones eran negativas a largo plazo para su propia empresa, sus empleados, los trabajadores en general o los jubilados, aquellos que se creyeron el mantra de que los planes de pensiones privados eran mejores. Todo valía, y todo vale, con tal de ganar dinero a espuertas.

¿Qué hemos aprendido? Este es el análisis del canal France 24. Son excelentes en las crisis. Su cobertura de los atentados de París fue modélica. Emiten en inglés.

Diez años después vivimos peor. Han ganado los malos, como sucede a menudo, pero esta vez resulta demasiado evidente, es casi una mofa.

El 1% es cada vez más rico y el 99%, cada vez más pobre. La desigualdad se dispara. Nuestros jóvenes son la primera generación desde 1945 que vive peor que sus padres, y no hay visos de mejora. Ha desaparecido la escalera laboral, los ascensos tras años de duro trabajo. Hoy todo es precariedad y subempleo. Un becario puede ser un subempleado toda su vida.

Yanis Varufakis centra el debate en esta charla: El capitalismo devorará a la democracia, a no ser que hablemos alto (o más claro, que también).

En anteriores textos he recomendado películas y documentales sobre el asunto. La revista Fortune nos recomienda siete títulos. Y en este enlace Entrepreneur escoge diez. Seguro que se dejan alguno.

Aunque es difícil elegir uno, voto por Capitalism: A love Story, de Michael Moore.

Las grandes catástrofes, como guerras y hundimientos bursátiles, suelen tener consecuencias más allá de la pérdida del valor de las acciones, o de ruinas súbitas. La historia se mueve muy despacio, sus cambios no siempre son perceptibles. Mientras analizamos las estadísticas, el hoy, se nos olvidan las consecuencias.

EEUU creyó haber derrotado a la URSS en Afganistán tras armar a los grupos muyahidines. Lo que no sabía Ronald Reagan es que de esos grupos surgiría Al Qaeda primero y el ISIS después, aunque este está más relacionado con la invasión de Irak en 2003, la que no recuerda el cada vez más insufrible hombrecillo.

El terrorismo yihadista es hoy un problema global, sobre todo para los musulmanes. Más del 80% de sus víctimas practicaban esta religión. Pero en Occidente solo contamos los atentados que afectan a los nuestros. Pasa igual en los huracanes. Logran horas de televisión y cientos de páginas si afectan a EEUU o al petróleo. El Caribe no cuenta. Dominica, Haití o el mismo Puerto Rico pesan menos que las Carolinas.

La crisis de 2008, la erosión del poder de los Estados, el fracaso de las élites políticas que han estado al frente de los gobiernos (socialdemocracias) desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ha dejado la puerta abierta de par en par a las propuestas populistas. Me refiero al discurso simplista y xenófobo de los Matteo Salvini, Marine Le Pen, Viktor Orban o los recién llegados Pablo Casado y Albert Rivera, aunque aún no se sabe si lo suyo es oportunismo irresponsable o convicción ideológica. Habrá que esperar a las encuestas.

A este grupo debemos sumar a Trump, no como impulsor de un pensamiento concreto, sino como consecuencia de una enfermedad. Él es la prueba de que algo va muy mal.

Los riesgos de una repetición de 2008 son elevados. El capitalismo solo se ha refinanciado. No hemos salido del todo de la crisis, diga lo que diga la macroeconomía. La nueva situación de precariedad estructural obliga a ciudades como Cádiz a elegir entre barcos y honra. No es un debate fácil, va más allá de los gobiernos. Compete a las sociedades, a las personas que como dice Varufakis empiezan a hablar alto.

Pero la sociedad civil es otra de las víctimas de esta apisonadora inmisericorde. Están el 15-M, Occupy Wall Street, las primaveras árabes y los llamados candidatos insurgentes en el Partido Demócrata de EEUU. Pero son pequeños chispazos. Hace falta algo más grande.

Uno de los pesimistas mejor informados es Nouriel Rubini, cuya celebridad analítica procede de su predicción de la crisis del 2008. Ahora sostiene que en 2020 se darán las condiciones de una nueva catástrofe. Lo explica en este artículo publicado en el Financial Times. Por este tipo de cosas le apodan Míster Catástrofe.

Mientras todo tiembla fuera, aquí seguimos con el patio de vecinos alborotado. De no tener un máster hemos pasado al cum laude en fake news. Nuestro símbolo de insoportable levedad es José María Aznar, el hombre que nunca estuvo ahí: ni en la Gürtel, ni en Irak, ni en el PP, ni en la boda de su hija.

 

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