It´s very difficult todo esto… de ser de izquierdas

Cunde el desánimo entre las filas izquierdistas, y entre las del PSOE también: “No puede ser”, “Zapatero, no nos falles”, “siempre nos pasa lo mismo”, “es que no hay ningún partido con el que me sienta identificado al 100%”, “emosido engañados”, “novedades, souvenirs, joyas y artículos de coña en la caja fuerte”...

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Ya la han vuelto a cagar. La historia de tu vida: ya te ha decepcionado algún líder en el que habías depositado tu confianza ciega; y cuando no es eso, el Frente Popular de Judea ha vuelto a pelearse con el Frente Judaico Popular o un aliado feminista se ha destapado como un cameo de Torrente. No ganas para disgustos

¡Menuda papeleta a la hora de meter la papeleta! Ya nos damos con un canto en los dientes si el “No Pasarán” es un simple “No decepcionarán”.

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Necesitamos un nuevo Mesías, un anillo que los reúna a todos, una nueva esperanza que nos permita votar sin taparnos la nariz. "¿¡Dónde coño está el Frente Popular cuando más lo necesitas!?", parafraseando a Niña Polaca.

Ser de izquierdas es como ser artificiero daltónico, una profesión de muy alto riesgo. Siempre al borde del abismo, abres un periódico, tus redes sociales, miras un programa de cualquier televisión de derechas —vamos, de cualquier televisión privada o gobernada por el PP/VOX— y ahí está, ahí está, viendo pasar el tiempo, la puerta de la abstención. Otra decepción, otro mito caído, otra excusa para la desafección.

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Ser de izquierdas es como ser artificiero daltónico, una profesión de muy alto riesgo

Te planteas incluso el voto útil, aunque luego siempre te pasa que votar al PSOE se ha convertido hace ya demasiado tiempo en un rasca y gana. Lo compras cada vez con algo de ilusión y cada vez que rascas un poco compruebas que te han vuelto a engañar. No le ha tocado nada, siga jugando a ver si con un poco de suerte se paran los desahucios, se deroga la ley mordaza o se paran los desahucios si aprietan lo suficientes los socios más a la izquierda, pero no hay manera.

En cambio ser de derechas es el Black Friday de la política, un chollo, siempre hay una oferta a tu medida y con un precio tirado. Todo lo que querías en un partido de gobierno pero rebajado, tirado, porque tú lo vales.

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“Yo no soy tonto”, bueno, un poco sí, y si no lo soy, me lo hago, cualquier cosa para que no gobiernen los de enfrente.

No conozco a ningún votante de derechas que se haya planteado alguna vez su voto por la corrupción de sus líderes. De hecho, creo que es un valor añadido para ellos. Recordemos las inmortales palabras de ese intelectual de la derecha, Álvaro Ojeda, que deberían tener una placa en el vestíbulo de la sede del PP, pagada en negro, en la calle Génova.

Las tablas de la ley —del embudo— del votante de derechas: “Yo hago con mi voto lo que quiera. Yo decido quién me roba. A mí un comunista no me roba. Por lo menos que me robe un profesional…”.

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Para la derecha y la ultraderecha, valga la redundancia, es siempre una prioridad nacional llevárselo muerto, sea con viviendas de protección oficial, comisiones con cualquier desgracia con muertos, privatizaciones de servicios públicos, eventos deportivos, religiosos o musicales… Cualquier excusa es buena para pillar cacho a costa del contribuyente. “Por lo menos que me robe un profesional”.

En la derecha, como en chino, la palabra crisis significa también oportunidad. Ser de derechas es pasarse la vida y la política en modo fácil. ¿Jode a la izquierda? Ahí es. No hay más de lo que preocuparse.

Ahora mismo lo único preocupante para el votante de derechas es pensar que, con todo a favor, con todas las fuerzas vivas de su lado —prensa, Poder Judicial, empresarios, programas con hormigas, podcasters empadronados en Andorra, intelectuales de pelo graso…— no sean capaces de gobernar.

Como diría esa frase inmortalizada por el programa Alguna Pregunta Más: “Es de ser inútiles”. Ya tenían el país repartido antes de las últimas elecciones y una perrería de última hora les impidió reclamar lo que es suyo: el poder.

No se puede esperar ya más, quiero mi parte del pastel, hay que recuperar lo nuestro. Hay que volver a recuperar el poder que por derecho nos corresponde, por lo civil o por lo judicial, así ha sido siempre y así tiene que ser. Es el círculo de la vida: ‘Hakuna Fachata’.

En palabras de ese ejemplo de la honestidad política que fue Aznar: “El que pueda hacer que haga”, o en las torpes arengas de la versión 2.0 que representa Alberto Nuñez Feijóo: “Haré todo lo posible para cambiar el gobierno. Y cuando digo todo, digo todo…”. Si Tejero levantara el tricornio, estaría orgulloso.

Ser de izquierdas, en cambio, es estar siempre en un 'ay'. Alguno de los tuyos te va a decepcionar siempre; la pureza no marida bien con el poder, no marida bien ni con estar en la oposición. No marida.

Las contradicciones se cabalgan mal, nunca hay suficiente pureza en la izquierda, siempre hay un pero, un matiz, un qué se yo, un no sé qué…

Ser de izquierdas es, ahora mismo, ser más católico que los propios católicos, estamos esperando la resurrección de un crucificado y ver si podemos, sobre la piedra de Pedro, edificar nuestra iglesia.

La mayoría no somos creyentes pero estos últimos tiempos estamos rezando muy fuerte eso de: “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy” y sobre todo lo de “líbranos del mal”.

Como dijo ese referente de la derecha desconocido al que muchos identifican con un tal M. Rajoy: It´s very difficult todo esto” y añado “de ser de izquierdas”.

Cunde el desánimo entre las filas izquierdistas, y entre las del PSOE también: “No puede ser”, “Zapatero, no nos falles”, “siempre nos pasa lo mismo”, “es que no hay ningún partido con el que me sienta identificado al 100%”, “emosido engañados”, “novedades, souvenirs, joyas y artículos de coña en la caja fuerte”...

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