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Desde la tramoya

Pedro y Pablo

Ya tenemos a los dos apóstoles de la izquierda prestos a pelear por un enorme mercado electoral, formado por unos cinco o seis millones de almas, que podrían dar su voto por uno u otro a poco que se les anime.

Unos cuantos son los socios de infoLibre y de otros medios de izquierda, gente políticamente movilizada, militante en causas diversas, desde la indignación a la pelea contra las privatizaciones o los desahucios. Otros son gente algo más aburguesada, con presupuesto para alquilarse su casita en una calle sin asfaltar en los Caños de Meca: quizá no estuvieron en la Puerta del Sol, pero sí les reconfortó ver allí a sus hermanos pequeños o sus hijos mayores. También hay un grupo de gente que asiste al show con indiferencia. Que no vota porque le parece que no merece la pena, quizá porque cree que son todos iguales. O que su voto poco importa. Y, en fin, no es nada despreciable el número de los decepcionados con el PP. Recuérdese que estamos ante un presidente con un lamentable 20 por ciento de aprobación y que parece que ha perdido entre uno y dos de cada cuatro de sus votantes de 2011.

Inmenso mercado de votos el que tienen delante de sí Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Es evidente que el primero parece más atractivo para alguna gente más hacia el centro y el segundo para otra más hacia la izquierda, pero los perfiles sociológicos por los que trabajan son más o menos los mismos.

Tambien son en realidad muy parecidas sus trayectorias y sus posiciones, por distintas que puedan parecer. Tanto Pedro como Pablo vivieron su juventud probablemente tomando una copa por las mismas calles de Madrid. Es seguro que Pablo visitaría más frecuentemente Lavapiés y que Pedro se quedaría unos metros más allá, al otro lado de la calle Atocha, por los bares de Huertas. Es también sintomático que Pedro hiciera Económicas y Pablo, Políticas, pero lo cierto es que respiraron los mismos aires universitarios madrileños, y fueron socializados en los mismos ambientes y con respecto a los mismos temas.

Aunque Pedro le saca a Pablo seis años, ambos han bebido de las fuentes del Estado de Bienestar del que fueron producto vivo: estudiaron en centros públicos y viajaron en parte a cuenta de becas o ayudas. Se alimentaron del trabajo de profesores que años antes habían sido transmisores de la socialdemocracia. Por lo demás, seguro que participaron de una u otra manera en la oposición a la arrogancia postrera del PP y su Guerra de Irak, el Prestige, el Yak 42 y todo aquello.

Sí, es verdad que Pablo dice que Pedro es "la casta" y que Pedro dice que Pablo es un populista cuando propone no pagar la deuda o nacionalizar sectores estratégicos. Pero ambos saben que compiten por un mismo espacio político: el que dejó un PSOE en descomposición.

Pablo lo sabe, y por eso le veremos moderar su discurso en los próximos meses, si le dejan. En estos días busca portavoces homologables, economistas fiables, estructuras eficaces. Tratará de construir un Podemos que querrá parecerse al PSOE sin todas sus enormes hipotecas: más flexible, más horizontal, más inmaterial... No hablará de nacionalizaciones ni de abandonar el euro. Si se le cruza Esperanza Aguirre de nuevo en la tele, quizá le interese decir "Por supuesto, señora Aguirre, repito con usted: los etarras son asesinos". Y es probable que en los próximos meses prefiera no ir al Ritz para evitar que un individuo le monte un número a cuenta de la controversia bolivariana.

Ese es el Pablo Iglesias y el partido Podemos que tienen un más amplio recorrido, que no solo compite con Izquierda Unida sino también con el PSOE. Un Podemos que no se queda en partidito de nicho, sino que aprovecha la coyuntura y se convierte en un partido de esos que en la factultad de Pablo se aprendió a llamar catch all o "atrapalatodo".

¿Y Pedro Sánchez? ¿Qué podría hacer Pedro Sánchez? El manual de estrategia dice que un líder que lo es y que aventaja con buena distancia a su adversario, debe ningunear al segundo.Y eso es lo que yo creo que debería hacer Pedro con respecto a Pablo. Estuvo muy bien aquello del vídeo de la "gente con casta", que Sánchez utilizó para elevar el orgullo de los militantes socialistas. Bien. Pero ya está. Los militantes del PSOE, me parece a mi, ya están superando la vergüenza, y ahora el tratamiento debe ser distinto.

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Pedro Sánchez tiene enormes ventajas sobre Pablo Iglesias: un partido que, por viejo, es más sabio; también mucho más articulado, con más poder, con más fuerza; el primer escaño por la izquierda de la segunda fila, es decir, el del líder de la oposición a los conservadores; una planta menos apta para salir al escenario del Honky Tonk de Madrid a cantar o tocar la guitarra, pero mucho más presidenciable; una sonrisa más homologable, aunque sea menos enigmática y misteriosa que la de Pablo, como parodió Joaquín Reyes en un sketch insuperable; un lenguaje mucho más "positivo", menos agresivo, más de unidad y menos de barricada, probablemente más adecuado a los tiempos que vienen, más relajados, algo más prósperos, menos crispados, y con un gobierno repartiendo chucherías a diestro y siniestro.

Esto amplía sobremanera el ámbito electoral en el que Pedro puede jugar y al que Pablo probablmente nunca podrá adaptarse. Gente corriente que probablemente nunca irá a una manifestación contra nada, pero que a la que no le gusta Rajoy. Y que al ver a Pedro entre las columnas del edificio del Consejo de Ministros o en la Zarzuela con el rey, piensa que el joven socialista no da mal como presidente, y que, desde luego, no causa la zozobra que sí provoca Pablo, por muy brillante que sea en las tertulias o en sus entrevistas. Una cosa es pelear y aguantar bien el tipo con Aguirre, Inda o Marhuenda, y otra que la gente te vote.

Por supuesto, esa percepción inicial del potencial electoral de Sánchez tiene que asentarse y extenderse. Sánchez tendrá que convencer. Y para ello habrá de dar señales de que merece la confianza. No es tan fácil. Pero si ahora tuviéramos que apostar diez euros a que Sánchez es presidente del Gobieno de aquí a seis años o que Pablo Iglesias consigue poner en marcha un partido político con más de 30 escaños en el Congreso de los Diputados, este modesto analista pondría nueve euros a Pedro y uno a Pablo.

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