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La sombra de ETA sacude la campaña al alza de EH Bildu

Qué ven mis ojos

Gobierna para unos pocos y tendrás mayoría absoluta

Benjamín Prado nueva.

“En toda invasión hay dos enemigos: el usurpador y quien le ha abierto la puerta”

Las encuestas son tan poco de fiar que usan nombres falsos para que les pierdas la pista: sondeo, barómetro, muestreo… Y por supuesto, sus resultados se analizan dependiendo del color de la bandera desde la que se miren. Ahora mismo, las últimas que se han hecho dejan ver dos tendencias, una, la subida y triunfo del PSOE en unas hipotéticas elecciones generales; otra, la victoria del PP en las que se van a llevar a cabo en la Comunidad de Madrid y el crecimiento sostenido de la actual presidenta de la región, Isabel Díaz Ayuso, hasta rozar con la punta de los dedos la mayoría absoluta, eso sí, de la mano de sus socios de la ultraderecha. Dime quiénes te dejan de votar y te diré quién eres, podría decírsele a Ciudadanos, cuyos votos van a parar, claramente, al partido de Pablo Casado. Lo que baja uno, lo sube el otro, así que la cosa está clara: un barco se hunde y el otro flota. El bipartidismo no era tan fácil de derrotar. Y llegar a la Moncloa sigue siendo igual de difícil: si se miran los porcentajes, se comprueba que los dos bloques siguen empatados y a merced de terceros en discordia. Nada nuevo bajo el sol. Ni lo habrá de cara a las posibles alianzas si el escenario se repite, e Inés Arrimadas ya lo ha anunciado: pactaría de nuevo con Ayuso.

¿Madrid es de derechas? Eso parece, si atendemos al hecho de que los conservadores llevan ganando en ella desde hace más de un cuarto de siglo y nos fiamos de esos vaticinios que prevén un paseo militar para Ayuso, por mucho que Ángel Gabilondo aparezca en otros medios como el más votado, a pesar de los mil y un escándalos que la salpican. En eso, en salir peinada de los ríos tras enfrentarse a los cocodrilos, se parece a su mentora, Esperanza Aguirre, de la que ahora sabemos por elDiario.es que es sospechosa de vender un Goya por cinco millones de euros sin protegerlo como bien cultural y con el único fin de ahorrarse impuestos. Sobre su discípula y heredera también recaen acusaciones graves, la mayor de todas, sin duda, la que señala como criminal su gestión de las residencias geriátricas durante la primera ola de la pandemia, cuando su Ejecutivo prohibió a esos centros derivar ancianos contagiados a los hospitales. El asunto es tan terrorífico, que cada vez que sale en una tertulia sus defensores montan un escándalo para intentar que eso no se diga, no se recuerde…

Ahora, infoLibre ha sacado a la luz que Ayuso tenía una empresa, Sismédica, que ocultó a la Asamblea de Madrid en su declaración patrimonial, y que en ella trabajaba un socio que después se fue a otra, Proyectos Hospitalarios Internacionales, a la que el Gobierno de su antigua compañera adjudicó a dedo cuarenta y ocho contratos y pagó por ellos 129.739 euros. ¿Estará eso contenido, según ella, en su idea de la libertad?

Sus intereses en el terreno sanitario parecen obvios, y aún no ha explicado por qué intentó mantener oculta esa empresa, ni a qué se debe que no presente ninguna actividad conocida. Mientras tanto, su defensa propagandística de la hostelería sigue dando malos resultados donde estos duelen más: en el número de pacientes infectados por coronavirus, que en Madrid son el 19,2% de los casos, cuando su población es el 14,9% de la de toda España, y que tiene las UCI más saturadas del país, sin que extravagancias como la construcción del sanatorio Enfermera Isabel Zendal lo hayan impedido. ¿Para qué sirve esa obra, entonces? ¿No se pudo emplear en fortalecer la red de hospitales y ambulatorios ya existentes el dinero que costó? Mala cosa, cuando al derroche se une la corrupción, dos cosas que en el mundo de la política suelen hacer, sin embargo, buena pareja.

Muchos bares de la capital tienen una foto de Díaz Ayuso en sus escaparates, tal vez porque el populismo es justo eso, utilizar la desesperación de la gente que se ve en la ruina con el agua al cuello, para prometerles la luna y hacer de ellos víctimas agradecidas, partidarios de sus propios opresores. Entre eso y las encuestas, la presidenta anda tan enardecida que sólo se rebaja a discutir y emplazar a Pedro Sánchez, ninguneando al candidato socialista a la Asamblea de Madrid, el mesurado Ángel Gabilondo. Es un acto de mala educación que se ha convertido en una costumbre durante las campañas. Se han perdido los modales, entre otras cosas. Esperamos no perder también otro poco de democracia, como ocurre cada día desde que la extrema derecha ha llegado a nuestras instituciones para devorarlas desde el interior. Piensen en quiénes les han abierto la puerta.

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