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Cobarde con causa

Rajoy, ‘la maglia nera’

Juan Herrera

Vivimos días sofocantes. Los tertulianos de todas las cadenas llevan días y días dándose cabezazos contra los micrófonos, haciendo cábalas sobre los pactos e impactos de gobernabilidad. Los días pasan y nadie, ni siquiera Felipe VI, parece saber cómo va a resolverse la situación.

Sánchez y Rivera se miran de reojo como dos jugadores de mus, Iglesias trata de forzar el traspié de Sánchez, mientras Rajoy mira el vuelo modorro de las moscas, sentado al lado de un botijo con la cara de Rivera. Nadie mueve ni un parpado. ¿Tiene alguien alguna explicación para esta slow motion?slow motion

Yo creo tener una. Todo el mundo sabe la apasionada afición al ciclismo de Mariano Rajoy, pero poca gente sabe su interés por la historia de dos corredores míticos: Sante Carollo y Luidi Malabrocca.

Entre los años 1946 y 1951, en el Giro de Italia, existía la maglia nera o “maillot negro”, un premio de consolación para el último clasificado. Este oscuro reconocimiento, llevaba curiosamente aparejado un pequeño premio en metálico, además del consuelo en especie que las casas comerciales regalaban al ciclista más “desafortunado” de la clasificación general.

Y como para el hambre no hay pan duro, durante esos austeros años de la posguerra europea, Sante Carollo y Luidi Malabrocca fueron encarnizados rivales en la conquista de aquel oscuro maillot. Al igual que Coppi y Bartali se especializaron en subir montañas comiéndole tiempo al crono, Malabrocca y Carollo se hicieron expertos en todo lo contrario: ser los más lentos del pelotón. Cuando quedaban 50 km para la meta empezaba la lucha.

Los primeros, Coppi y Bartali, por la victoria; y Malabrocca y Carollo, por ser los últimos. Todo valía. Desde agujerearse una rueda para simular un pinchazo, hasta parar en un bar y esperar pacientemente a que les adelantaran, o incluso fingir una escapada para luego esconderse bajo un puente.

El duelo causaba sensación en los medios y era casi tan seguido como la batalla entre Coppi y Bartali por la maglia rosa. En el año 1949, el duelo por la última posición se mantuvo hasta la última etapa. Malabrocca a pesar de todas sus artimañas, estaba a expensas de un milagro. Durante esa última etapa, Malabrocca, desapareció, se hizo invisible. Ningún otro ciclista sabía de su paradero. La leyenda afirma que echó pie a tierra en una casa de campo en la que sus hospitalarios dueños le ofrecieron un opíparo almuerzo, rematado con café y grappa y una buena sobremesa, que giró alrededor de los artilugios de pesca que coleccionaba el patriarca de aquella familia.

Fuera como fuere, Malabrocca no debió calcular bien el tiempo. Entró en meta el ultimo, pero con dos horas y media de diferencia respecto al penúltimo del pelotón y no encontró siquiera la línea de llegada. Los operarios lo habían desmontado todo. Nadie esperaba ya a Malabrocca, que quedó descalificado. La gloria del máximo perdedor del Giro del 49 fue para Sante Carollo que, satisfecho por su hazaña, se retiró del ciclismo.

En medio de este bochorno, Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias están en una situación parecida. Ante la última etapa, todos han agotado sus estrategias para perder tiempo, ninguno quiere ser el primero en moverse y se siguen mirando de reojo, vigilando a los demás. El problema para Rajoy, para Sánchez, Rivera e Iglesias es que les pase lo mismo que a Malabrocca, que esperen tanto, tanto, que Felipe VI convoque las terceras elecciones y el pueblo español les cierre el control de llegada.

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