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El bumerán electoral del 'antisanchismo'

La campaña electoral se mueve y el PSOE puede estar frenando la sangría del 28-M. La derogación del sanchismo pierde fuerza como palanca electoral del PP y es Sánchez quien está siendo más hábil en los últimos días en explicitar qué consecuencias puede tener la gran derogación. El mantra se desinfla a medida que se concretan las propuestas del PP y la imposibilidad de que los populares tengan autonomía sobre su propio programa. Las medidas económicas, tradicional fuerte de la derecha, no terminan de romper y los efectos de los pactos son más visibles que los supuestos beneficios de cargarse la ley de vivienda, la reforma laboral, la de las pensiones y el largo etcétera legislativo en el punto de mira. 

Tras la derogación del sanchismo como hoja de ruta del 23-J emergen en la misma vía los pactos del PP con VOX uno a uno por todas las comunidades. No hay una sola plaza donde los populares se hayan podido resistir a los de Abascal. Y VOX no ha tenido a nadie enfrente porque Feijóo no ha dado una sola pelea para contener las peticiones, los gestos, para evitar que se materialicen en cuestión de días las políticas y el discurso de VOX. 

El PP está demostrando en sus pactos autonómicos que lo primero es el poder y después los principios. A tres semanas de la cita electoral, VOX ha embarrado la pretendida centralidad popular, arrastrando al partido en cada comunidad. María Guardiola se ha retractado a favor de VOX. Y aunque mantiene la promesa de no dejarles entrar en el gobierno, ahora son un "partido constitucional" con el que quiere llegar a acuerdos. En el modelo de Baleares, Marga Prohens gobernará sola. Pero la primera decisión de la cámara autonómica ha sido eliminar la bandera arcoiris de la fachada balear por decisión unánime de PP y VOX. Por lo pronto, la guerra ideológica la está ganando Santiago Abascal configurando la marcha y el rumbo de los pactos. 

Feijóo desliza en cada entrevista la petición de abstención del PSOE si el PP es la fuerza más votada. El debate tiene una profundidad democrática de calado: qué precio se puede pagar para expulsar a la ultraderecha de la ecuación de gobierno. Desde el PNV, Aitor Esteban reprocha al PSOE no hacer esa oferta al PP. Es a la inversa, quien pide una concesión de ese tamaño, tiene la responsabilidad de hacer el primer gesto. La gestión que está haciendo el PP de los resultados del 28-M, el reguero de pactos con VOX, invalidan toda petición de abstención para gobernar. No es posible anunciar acuerdos con la ultraderecha, celebrarlos, no hacer esfuerzos contundentes por diferenciarse y pedir que la izquierda te deje gobernar. 

Dice Feijóo que no va a recibir lecciones sobre pactos. Pero las coaliciones están moviendo la campaña con o sin lecciones. La transferencia de voto, según las últimas encuestas, se está frenando

El programa de gobierno del PP tampoco termina de destacar sobre los acuerdos de investidura de sus líderes regionales. En transparencia, Feijóo se niega a declarar en el Senado el sueldo del partido, una retribución que sale del dinero público y se acaba filtrando a la prensa antes que a la Cámara. En la agenda verde, está la apuesta fallida por alargar la vida de las centrales nucleares y la vinculación de un fallecido por golpe de calor con la convocatoria electoral. Ni rastro de cómo abordará el PP el incremento de las temperaturas, la sequía, la agricultura, la salud pública. En derechos, no sirve desplegar la bandera del Orgullo sin plantar cara al socio de gobierno que lo niega. No romper con este discurso es legitimarlo. Y no es compatible defender la libertad mientras tu socio manda a los agentes de seguridad al parlamento de Castilla y León a retirar la bandera arcoiris. En pluralidad informativa, es una buena noticia que Feijóo acepte la propuesta de Atresmedia y el cara a cara con Pedro Sánchez. Pero no a costa de acusar de falta de neutralidad a los profesionales de RTVE, con un historial impecable en la organización de debates electorales. 

Dice Feijóo que no va a recibir lecciones sobre pactos. Pero las coaliciones están moviendo la campaña con o sin lecciones. La transferencia de voto, según las últimas encuestas, se está frenando. El objetivo de desmovilizar al electorado de izquierdas empieza a tener el efecto contrario. La búsqueda de la mayoría social se aleja. Los 160 escaños con los que soñaba el PP hace dos semanas se evaporan de la conversación pública. Y la izquierda, hundida el 28-M, empieza a recomponerse. No hay ninguna campaña que esté escrita, esta no es una excepción. 

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