Palestina, adelantarse a un consenso global

Para dimensionar el impacto internacional del reconocimiento del Estado de Palestina basta la portada de The New York Times, puntal del establishment geopolítico estadounidense y termómetro de cómo se lee un paso decisivo que ha saltado a la prensa internacional desde la hora del anuncio. La BBC daba en directo la intervención de Pedro Sánchez mientras NYT titulaba en portada: el anuncio “ahonda en el aislamiento de Israel”, destacando a continuación “la menguante paciencia internacional con su ofensiva militar en Gaza y décadas de ocupación de territorios palestinos”. Ni rastro de la acusación espuria del apoyo indirecto a Hamás, ni reproches ante un número de víctimas insoportable. Al contrario, el valor está puesto en “la reprimenda a Israel” y el “peso añadido de los anuncios estrechamente coordinados de las tres naciones”. Además de la importancia del reconocimiento de Noruega por su papel en las conversaciones de 1993 y “un guiño a su propia historia” en el caso de Irlanda. Que en EEUU se lea mejor que en la oposición española solo es reflejo de la incapacidad para elevar el debate más allá de Koldos y la búsqueda del choque con fines electorales. 

Pedro Sánchez ha hecho una apuesta en liderar la búsqueda de una salida política del conflicto y, con ello, impulsar una dinámica internacional. Fue el primer dirigente en sumarse al llamamiento de alto el fuego de Antonio Guterres; y el primero en decirle a Benjamín Netanyahu que “el número de palestinos muertos es insoportable”. En ambos casos, semanas después se unió la Administración Biden, exigiendo corredores humanitarios, el alto al fuego temporal y la censura a la intensidad de la masacre. 

Los efectos del reconocimiento serán fundamentalmente simbólicos, “pero no exentos de cierto poder”, por citar otra portada internacional, en este caso The Washington Post. El acto en sí no necesita la delimitación de fronteras –Israel no las tiene definidas, Gibraltar tampoco–, ni un cambio en la estructura diplomática. El momentum de la decisión histórica refuerza una presión a la que pueden sumarse pronto otros países. Malta, Eslovenia, Luxemburgo… La votación de la Asamblea General de Naciones Unidas con 140 votos a favor, 11 abstenciones y tres votos en contra es un reconocimiento de facto y ahonda en una presión hacia Israel de la que España está ejerciendo su lugar en la Unión Europea.

Sánchez ha hecho una apuesta en liderar la búsqueda de una salida política del conflicto e impulsar una dinámica internacional. Fue el primer dirigente en sumarse al llamamiento de alto el fuego de Guterres. Y el primero en decirle a Netanyahu que “el número de palestinos muertos es insoportable”

En la legislatura del fango y en un contexto internacional complejísimo, el riesgo sería que EEUU lo rechazara de plano. La realidad es que el empuje de España, sumado a la fuerza simbólica del primer ministro noruego, ayuda a Joe Biden a reforzar su postura hacia el Israel de Netanyahu sin asumirlo como propio. Cada vez es más nítido que los demócratas se la juegan en noviembre con la guerra de Gaza. El voto de origen árabe y las generaciones más jóvenes han dado un salto del Irak del 11S a hoy. Lo global es personal, la política exterior impermeable en el pasado si no implicaba muertos americanos, ha cambiado. El EEUU de hoy es un país polarizado, partido en dos, pero donde una parte es empática con el dolor y la injusticia ajena. 

El paso de Sánchez coincide con un mensaje que traslada Biden con preocupación a Netanyahu. El diario Haarezt recoge desde hace semanas la inquietud del presidente estadounidense por la asfixia a la que somete Israel cualquier vía política. El primer ministro israelí no puede ahogar (y masacrar) la vía de la Autoridad Palestina. El objetivo de Netanyahu de aumentar el mayor número de muertos y tierra ocupada no es aceptable. Dejar un solar de destrucción, aplastar todo mecanismo que a corto plazo pueda sentarse a negociar la paz, no es viable para EEUU. En esa línea, no veremos a Biden confrontar con la decisión de España, Noruega e Irlanda. Y esto da la razón a la apuesta del Gobierno por favorecer las condiciones de una futura conferencia de paz y un plan de reconstrucción de Gaza. 

Alberto Núñez Feijóo acusa a Sánchez de interés personal. “No lo hace por principios, lo hace por no hablar de la trama del PSOE”. Horas después del anuncio en el Pleno, el ministro de Asuntos Exteriores de Noruega, Espen Barth Eide, decía en RNE: “La conferencia de Madrid de 1991 fue un precursora del acuerdo de Oslo. Tiene un significado especial que España y Noruega hagan esto juntos. Queremos seguir manteniendo el liderazgo adaptado a 2024”. Tan elocuente que apenas necesita comentario. Donde hay decisión coordinada para lanzar el mismo día el acuerdo y consensuar el reconocimiento del Estado Palestino el 28 de mayo, el PP solo ve Koldos. El compromiso de 2014 votado en el Congreso con los populares en el ejecutivo toma cuerpo hoy. Las palabras del entonces ministro José Manuel García-Margallo, con 319 votos a favor —“siempre he creído que la política exterior debe ser una política de Estado”— son pasado. 

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