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La derecha madrileña arrebata votos a la izquierda en “las elecciones de la pandemia”

José Miguel Contreras nueva.

Estas elecciones serán recordadas para la historia como las más directamente influidas por la pandemia. El PP eligió el covid-19 como principal instrumento de ataque contra el Gobierno central. Madrid se convirtió desde el primer momento en el epicentro de esa estrategia. Desde el punto de vista electoral, parece haber obtenido un importante e indiscutible rédito en esta comunidad autónoma.

La amplia victoria del PP se ha asentado fundamentalmente en dos factores. En primer lugar, los populares han absorbido todo el voto que Ciudadanos había conseguido reunir en estos últimos años. En segundo lugar, la derecha ha conseguido robar alrededor de casi 5 puntos a la izquierda, mayoritariamente gracias a su discurso crítico respecto a la gestión del Gobierno frente al coronavirus. Se trata de una diferencia muy significativa.

Estas elecciones han tenido en la pandemia el eje central de toda la batalla electoral. Parece evidente que la gestión frente al covid-19 del Gobierno de la Comunidad ha sido mejor valorada por muchos ciudadanos que la del Gobierno central. La pérdida de 10 puntos del PSOE suponen una importante caída. La campaña de los socialistas se ha cimentado en la labor del Gobierno de coalición y en la elección de un candidato y una campaña que no han sintonizado con una parte importante de los votantes socialistas tradicionales.

Es cierto que en términos de equilibrios de poder en España, estas elecciones no cambian nada sustancial. Es verdad que Díaz Ayuso ya gobernaba y le quedaba el mismo tiempo de legislatura que le sigue quedando. Pero no es menos claro que este 4 de mayo abre un antes y un después en el mapa político español en casi todas las fuerzas políticas.

Para el PP se avecinan tiempos de cambio. Haber liquidado a Ciudadanos en Madrid supone haber resuelto uno de sus grandes problemas de asentamiento en el mapa político español. Ahora, puede aspirar a quedarse sin competencia en el centro derecha y a consolidar el crecimiento de su electorado. Seguirá teniendo pendiente el reto de coexistir con Vox en la extrema derecha. La amplia victoria del PP supone impedir quedar en manos de Vox a la hora de manejar el Gobierno. Pero, además, un resultado como este reabrirá un pulso interno sobre el tipo de liderazgo de la formación de cara al futuro.

Para el PSOE, supone asumir que ha tenido dos experiencias nítidas en estos meses. En Cataluña, la Operación Illa funcionó muy bien. El cambio le benefició. En Madrid, la apuesta por la continuidad ha supuesto un indiscutible fracaso. De cara al futuro inmediato, sobre todo en Andalucía y de nuevo en Madrid en dos años, parece claro cuál es el camino que debe emprender. Necesita una importante renovación de su apuesta en esos territorios si quiere tener aspiraciones de competir por ser la primera fuerza de la izquierda. De lo contrario, la búsqueda de renovación puede llevar a su electorado a buscar otras alternativas.

El extraordinario resultado de Más Madrid plantea diferentes lecturas. Parece evidente que su candidatura ha pugnado dentro de la izquierda con dos opciones que no representaban renovación alguna. Mónica García, visualizada como líder de su formación, era la única novedad de cara a muchas miradas en estas elecciones y ese ha podido ser uno de sus atractivos, la sensación dentro de la izquierda madrileña con un impulso de aire fresco y renovador. También hay que tener en cuenta de que ha contado con la ventaja de no haber sufrido desgaste alguno por ataques de sus competidores o por su gestión dentro del Gobierno. Íñigo Errejón ha tenido la gran habilidad de haberse apartado del foco mediático. Se ha comprobado que ha sido una estrategia muy inteligente en esta coyuntura. La incógnita sobre si intentará reabrir la operación nacional de una alternativa dentro de la izquierda está sobre la mesa.

En el caso de Ciudadanos, su espacio parece irse estrechando con el paso del tiempo. Inevitablemente, se viene a la cabeza la imagen de esas angustiosas escenas de película en las que las paredes de una habitación se van estrechando poco a poco sin encontrar posibilidad ninguna de parar el mecanismo que las mueve. Su opción de derechizarse de forma irreversible, que le llevó a su extinción como partido de centro, le ha dejado finalmente sin hueco. El PP ha recuperado todo el espacio que le había arrebatado.

Para Unidas Podemos, estas elecciones son históricas. Tras la salida de Pablo Iglesias como cabeza de la formación, nos adentramos en un futuro imprevisible para la formación. En Madrid, el papel de Iglesias ha sido decisivo para salvar la candidatura. Los resultados obtenidos se han quedado aún así por debajo de sus expectativas. Sin él, queda la incógnita de cara al futuro de cómo puede reconfigurarse la apuesta de Unidas Podemos y cómo puede evolucionar su electorado.

La ultraderecha de Vox parece haber consolidado su peso en una campaña que inició con bajas expectativas. Apostó por una estrategia de confrontación abierta frente a la izquierda, particularmente contra Pablo Iglesias, y parece haberle dado buenos resultados. De cara al futuro, su coexistencia con el PP parece que va a condicionar el futuro de la derecha en España. Ambos partidos deberán decidir si conviven pacíficamente o luchan por controlar su espacio independientemente.

La noticia más inquietante del resultado electoral es la sensación que puede desprenderse de que quienes han promovido un endurecimiento del debate político más allá de lo conocido hasta la fecha, han salido beneficiados. El PP más duro de España y un Vox desaforado suman una mayoría clara en las urnas. Es verdad que esto es Madrid y que se parece poco al resto de España en términos políticos. Pero es indudable que tiene un efecto expansivo en todo el país. Se avecinan tiempos convulsos si el insulto, la agresividad y la confrontación salen triunfadores en unas elecciones democráticas.

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