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La libertad no es la ley del más fuerte

Afirmar que la libertad no es la ley del más fuerte supone una convencida reivindicación de la política. Es también una decisión de remar contracorriente porque son muchas las dinámicas que han servido de forma irresponsable o calculada para desacreditar la política.

Se puede remar en asonante o en consonante. La defensa de la política necesita ahora un remar en consonante para combatir la rima cotidiana y en asonante de la antipolítica.

La raíz de la libertad democrática implicó una meditación sobre la igualdad. Libertad e igualdad suponen la definición de un ámbito de convivencia que debe respetar los derechos individuales y colectivos en una navegación común. Y de esa meditación nace la política, el compromiso político que aspira a sustituir la violencia por las formas institucionales del acuerdo. En esa sustitución es imprescindible que la ley de la fuerza sea desplazada por la autoridad del Estado y de la representación política.

Los intentos de separar los valores de la igualdad en la convivencia libre y democrática tienen siempre como objetivo prioritario el desprestigio de la política. Por eso no es de extrañar que los intereses económicos del más fuerte alimenten un estado de malestar frente a la representación pública. Nos hemos acostumbrado a las conversaciones en las barras de los bares que convierten un caso de corrupción particular en el estribillo de que todos son iguales. Nos hemos acostumbrado a que el insulto y la mentira pasen de las redes sociales a los debates políticos, y ese ruido general no mancha sólo al que insulta o es insultado, sino al prestigio social de la política. Puro cálculo que pasa del entretenimiento a los informativos cuando se habla más de las promesas de futuro eternamente incumplidas que de los logros alcanzados.

También resulta inquietante el carácter peyorativo que poco a poco ha ido adquiriendo el concepto de politización. Un mal uso del valor necesario de la política hace que el concepto de politización se aplique con una naturalidad negativa. ¡Cuidado con politizar la economía! El hermanamiento democrático entre libertad e igualdad exige que el Gobierno asegure que las condiciones laborales de los trabajadores estén equilibradas con los intereses económicos de los empresarios. La dignidad laboral es el ámbito de referencia social más importante en una política democrática. Sin embargo, parece que es más mezquino el Gobierno que quiere asegurar a través de la política el trabajo decente que el empresario que quiere abusar de la debilidad de los trabajadores.

¡Cuidado con politizar el libre mercado! Parece más mezquina la política que busca un bienestar mínimo de la gente que la voluntad de especular de forma inhumana con el precio de la luz, de la vivienda o de los alimentos. ¡Cuidado con politizar la justicia! Es el grito que dan los mismos que intentan llevar a los tribunales lo que corresponde a las decisiones parlamentarias. Y lo tienen fácil, porque parece más peligroso el político que quiere asegurar una justicia emanada de la soberanía nacional que un juez convertido en militante y activista de un determinado partido político.

Es triste ver que algunos pensadores sensibles a los crímenes del estalinismo o el nazismo no tengan hoy la misma sensibilidad para los crímenes de la desigualdad, crímenes cometidos en nombre de la libertad como ley del más fuerte

Y así van las cosas. El fuego entregado por Prometeo a la ciudadanía devora la democracia social en manos de los que queman la política para separar la libertad de la igualdad. El filósofo Etiene Balibar propuso el concepto de égaliberté para defender un futuro que sepa dar respuesta a las decepciones de la ilusión democrática: nunca se han dado borraduras de la libertad al margen de las desigualdades sociales y nunca se han consolidado las desigualdades sociales sin la supresión de las libertades. Es triste ver que algunos pensadores sensibles a los crímenes del estalinismo o el nazismo no tengan hoy la misma sensibilidad para los crímenes de la desigualdad, crímenes cometidos en nombre de la libertad como ley del más fuerte.

Las reflexiones sobre la libertad durante la pandemia iluminan nuestro mundo. Merece la pena meditar la indiferencia de muchos partidarios de la vacuna ante el abandono miserable de los países no desarrollados. ¿Hasta cuándo se van a supeditar la salud y la investigación al mercado? Merece la pena también meditar sobre la gente que se vacuna de forma tardía para poder entrar en una sala de fiestas, algo más importante para ellos que evitar el contagio de un familiar o un compañero de trabajo.

Mantener la hoguera que da calor a la tribu supone reivindicar el valor de la política, la autoridad de la política para defender la sanidad pública, la educación pública, la información pública, es decir, la convivencia, todo aquello que supone algo más que un negocio.

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