Plaza Pública

Víctimas de tercera

Jesús Domínguez

Al oír la palabra víctima se puede pensar automáticamente en una de las acepciones que la Real Academia da a esta palabra: persona que se queja excesivamente buscando la compasión de los demás. Sin embargo, a continuación trataré de mostrar que las víctimas y familiares de la tragedia del tren de Alta Velocidad de Santiago no cabemos en esa definición, sino que encajamos a la perfección en otra de sus acepciones: la de persona que padece las consecuencias dañosas de un delito. Y eso es precisamente lo que venimos sufriendo, las consecuencias de un delito político y penal.

A continuación relataré una serie de hechos, que no opiniones, que cualquier persona puede comprobar con una simple búsqueda en la red.

A finales de 2011, el Ministerio de Fomento, con el socialista José Blanco al frente, nos vendió a víctimas y familiares y a toda la ciudadanía que la Alta Velocidad había llegado por fin a Galicia en el tramo Ourense-Santiago. Una Alta Velocidad que, según comunicaba el entonces ministro, contaba con la última tecnología y unos sistemas de conducción automáticos, que sabemos que costaron la friolera de unos 160 millones de euros. El mismo José Blanco anunciaba el nuevo tren de Alta Velocidad Alvia S730, más conocido como Frankenstein en el mundo ferroviario. Del tren, por supuesto, también nos contaron que disponía de la última tecnología y sistemas de control de velocidad automáticos propios de la Alta Velocidad.

Finalmente, en junio de 2012 la ministra de Fomento del Partido Popular, Ana Pastor, hoy presidenta del Congreso, ponía en funcionamiento el tren.

El 24 de julio del año siguiente, 244 víctimas iniciábamos un terrible viaje en un tren que no nos llevaría a nuestro destino, Santiago. En mi caso viajaba con mi pareja y nuestras sobrinas de 8 y 11 años y cogimos aquel tren pensando que sería mucho más seguro que ir en coche, medio en el que viajamos habitualmente cuando vamos los dos solos. Todavía me viene el recuerdo de las conversaciones con un amigo ingeniero sobre la seguridad de la Alta Velocidad.

Sin embargo, las víctimas de ese terrible viaje desconocíamos algunos datos muy importantes:

– Se cambió el proyecto original en 2010, cuando era ministro José Blanco, reduciéndose la seguridad.

– Se desconectó el sistema de conducción automática ERTMS en junio 2012, siendo ya ministra Ana Pastor, porque generaba retrasos, sin que se tomaran otras medidas de seguridad adecuadas.

– No se atendió a la advertencia de peligro del jefe de Maquinistas de Ourense, en diciembre de 2011, que alertaba de la peligrosidad de la curva y la falta de medidas de seguridad suficientes.

– Viajábamos sin saber que en el tramo más peligroso de la línea, a una velocidad de 200 km/h, íbamos en manos del maquinista, sin amparo de ningún sistema automático y sin una adecuada señalización lateral siquiera, puesto que muchos reducían la velocidad tomando como referencia un chalé con piscina.

En estas condiciones, como han demostrado varios peritos, la probabilidad de accidente era de uno cada seis meses en esa línea. Y, trágicamente, el último eslabón de la cadena, el maquinista, sumó a todo lo anterior su error, despistado por la llamada corporativa del interventor, y el viaje terminó para siempre para 81 personas, y para muchos otros comenzó una dura batalla entre la vida y la muerte y dejó heridas que cambiaron nuestra vida. También se destrozaron muchas otras vidas, las de la gente que perdió a sus seres queridos.

Al terrible dolor de víctimas y familiares comenzó a sumarse la rabia y la indignación por las mentiras, ocultaciones y humillaciones que hemos sufrido desde aquel trágico día. Rápidamente, mientras algunos nos debatíamos entre la vida y la muerte y otros enterraban a sus seres queridos, el entonces secretario de Estado Rafael Catalá se apresuraba a decir en una entrevista que el accidente no era de Alta Velocidad, preocupándose más por el negocio que por las víctimas y familiares. Luego le siguieron con los mismos argumentos los presidentes de Renfe y Adif. Sin embargo, el BOE, las notas de prensa de Fomento y su revista Líneas, los peritos, la Audiencia Provincial de A Coruña y ahora la Unión Europea lo desmienten.

La ministra Ana Pastor accedió más tarde a reunirse con nosotros y le pedimos la creación de una comisión de investigación parlamentaria para saber la verdad y depurar las posibles responsabilidades políticas. También le pedimos una investigación técnica independiente, que analizase todas las causas del accidente, como obliga la ley, y por respuesta nos dio la existencia de la ahora cuestionada CIAF. Nos engañó. Desde Europa acaban de confirmar que el Gobierno español incumple la normativa de seguridad ferroviaria, que la CIAF no es independiente en su composición y que el contenido de su investigación no da respuesta a preguntas esenciales, ni determina las causas estructurales y causas raíz, que son las que con toda probabilidad se refieren a las actuaciones que implicarían a Adif, Renfe e Ineco. Por la prensa sabemos que el Gobierno presionó a la UE para que no hiciera público su informe y los dos jueces de instrucción del caso apercibieron a Renfe y Adif por no colaborar con la Justicia.

Las víctimas y familiares hemos tenido que asistir al espectáculo de los premios a los máximos responsables de Fomento, Adif, Renfe e Ineco: Rafael Catalá nombrado ministro de Justicia; Gómez-Pomar, secretario de Estado de Infraestructuras; el exministro José Blanco, con el que se cambió el proyecto reduciéndose la seguridad, es ahora eurodiputado; como nuevo presidente de Renfe, Pablo Vázquez, antes presidente de Ineco; y el presidente de Adif, Gonzalo Ferré, continúa en su cargo sin depurar responsabilidades dentro del Adif.

Y ahora para más burla Ana Pastor, la ministra de las mentiras y ocultaciones y de la desconexión del sistema de conducción automático, ha sido elegida presidenta del Congreso. La misma que no ha dejado de repetir que no descansará hasta que se sepa la verdad y que está con las víctimas, como si algo se convirtiera en realidad por el simple hecho de repetirlo. No, no la creemos, no creemos a Ana Pastor ni a ningún político de su partido, tampoco a los del Partido Socialista, con los que se ponen de acuerdo para negar sistemáticamente la creación de una comisión de investigación parlamentaria del accidente de Angrois, que depure responsabilidades políticas y nos permita saber la verdad. Esto sólo evidencia lo mucho que tienen que ocultar.

Han pasado tres años y seguimos luchando por la verdad y la justicia y denunciando todas las irregularidades que hemos ido conociendo gracias a la ayuda de ingenieros, técnicos y expertos ferroviarios. Irregularidades que hemos denunciado ante el juzgado que instruye la causa, pidiendo pruebas que hasta ahora nos han negado y que ha ignorado el último de los dos jueces encargados de investigar esta tragedia. Desde que se produjo el cambio de juez hemos sufrido la lentitud de la Justicia y la impotencia de ver cómo el nuevo juez no investiga y se queda en el último eslabón de la cadena de errores que causaron esta catástrofe. Cerró la instrucción, imputando sólo al maquinista, pero ahora la Audiencia Provincial de A Coruña le obliga a reabrirla y a seguir investigando, porque pasó por alto temas tan graves como la falta de evaluación de riesgos por parte de Adif.

Esto nos llena de esperanza y de fuerza para seguir luchando, junto con el varapalo que la UE ha dado al Gobierno con su informe respaldando nuestras denuncias. Y, por supuesto, el apoyo que recibimos de muchas personas que, gracias al documental Frankenstein-04155 de Aitor Rei, han comprendido nuestra indignación por las mentiras y ocultaciones que impiden que se aclare la verdad de lo ocurrido.

Desde aquí nuestro agradecimiento a la visión independiente y profesional de Aitor Rei, que analiza con rigor qué hay detrás del accidente ferroviario más grave de la democracia española. No dejen de ver este documental premiado en la Seminci de Valladolid y lo entenderán todo. Lo último que queremos desde la Plataforma de víctimas del Alvia es la compasión de los demás. Pero lo que sí pedimos es que se investigue y se sepa la verdad y se haga justicia, para que no vuelva a ocurrir, y en memoria de los que dejaron su vida en las vías.

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Jesús Domínguez es el presidente de la

Plataforma Víctimas Alvia 04155

Concentración de víctimas del Alvia en Santiago para exigir “justicia” tras “tres años de mentiras”

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