El día de la ruina Helena Resano

Los 20 años de Ley Integral contra la violencia de género también nos proporcionan una foto de los hombres y de la masculinidad compartida por todos ellos a partir de las referencias dadas por la cultura androcéntrica.
Como toda foto de grupo la imagen muestra diferentes elementos entre los miembros que lo componen, y distintas situaciones compartidas por un número mayor o menor de las personas que lo conforman. No todos aparecen del mismo modo ni tienen los mismos elementos, pero todo lo que se observa forma parte del grupo, no es ajeno al mismo. Y los 20 años de Ley Integral actúan como un foco que destaca algunos de los elementos que durante este tiempo han formado parte del grupo de hombres. Veamos parte de los mismos:
La foto que nos proporcionan estos primeros 20 años de Ley Integral contra la Violencia de Género compromete a todos los hombres, puesto que todos forman parte de la imagen que crea la cultura androcéntrica, y todos comparten una masculinidad en la que la violencia contra las mujeres está considerada como algo normal que se puede llevar a cabo en determinadas circunstancias. Es lo que refleja la Macroencuesta de 2019, cuando un 44% de las mujeres que no denuncian dicen no hacerlo porque la violencia que sufren “no es lo suficientemente grave”. Una idea tan machista que lleva a que el 15,4% de los chicos de 15-24 años afirme que “si la violencia es de poca intensidad no es un problema para la pareja” (Centro Reina Sofía, 2021).
La foto que nos proporcionan estos primeros 20 años de Ley Integral contra la Violencia de Género compromete a todos los hombres, puesto que todos forman parte de la imagen que crea la cultura androcéntrica.
No basta, como dicen muchos hombres, afirmar que los maltratadores son “unos pocos”. Y no basta porque ya hemos visto que no son tan pocos, menos aún si nos centramos en la criminalidad, y cuando se comprueba que cada agresor que agrede y mata lo hace siguiendo las referencias que ha dado la cultura androcéntrica para abordar la situación que vive con su pareja. No lo hacen como una cuestión exclusivamente personal, también lo hacen para defender un modelo de sociedad y de relación en la que no se acepta la igualdad de las mujeres, hasta el punto de percibir su libertad como un ataque a su posición masculina.
No todos los hombres utilizan la violencia, pero todos forman parte de una cultura machista en la que sin el silencio y la pasividad de los que no maltratan sería imposible que se produjera la violencia de género y la impunidad que todavía hoy la acompaña.
Los hombres no tienen que quejarse de las medidas contra la violencia de género, lo que deben hacer es actuar contra aquellos hombres que recurren a ella y los utilizan para defender sus privilegios. Las opciones que aporta la foto de estos primeros 20 años de Ley Integral son claras: o cómplices de los violentos o actores contra la violencia que sufren las mujeres.
Miguel Lorente Acosta es médico y profesor en la Universidad de Granada y fue Delegado del Gobierno para la Violencia de Género.
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