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El corazón en el sitio correcto

Lo que más le agradezco a mi padre es lo que no le perdono. Mi padre es una persona tan absolutamente generosa y justa y trabajadora que crecer a su sombra me antipreparó para el mundo. Esta ha sido una de esas semanas en que mi manera de ser, que es la suya treinta años más cruda, me parece realmente un hándicap para desenvolverse por este tiempo del sálvese quien pueda. Este momento del mundo es idóneo para los indolentes, para los cínicos, para quienes pueden desentenderse. Ande yo caliente, qué importa la gente. Decir “esto no es justo” te convierte en molesto. La injusticia tiene múltiples y notables beneficiarios. No se la toques.

Me apunté a un examen de oposición para periodistas por curiosidad y he acabado sindicándome por primera vez. Los caminos son realmente inescrutables. He visto más claro que nunca, aunque no por primera vez, que este oficio que tiene en su ADN defender lo justo se ha olvidado de una condición primera: defender su propia existencia, su entidad, hacerse respetar. Existir en las mejores condiciones posibles para poder ejercer con garantías esa labor de denuncia, de crítica y de puesta en común. Un alto porcentaje de los males del oficio no existirían sin la precariedad que hemos aceptado como si fuera endémica. Si esa cuerda floja no nos hubiera hecho a todos pasar alguna vez por aros que debíamos haber lanzado por los aires. Si pudiéramos tener la confianza de movernos cuando es necesario al poder permitirnos que la foto nos dé igual.

Me apunté a un examen de oposición para periodistas por curiosidad y he acabado sindicándome por primera vez. Los caminos son realmente inescrutables

En la elaboración del examen de oposición para periodistas, al parecer, no había participado ningún periodista y he tenido que argumentar muchas veces lo obvio: que eso es inaceptable. Que a nadie se le ocurriría hacerlo con un médico o un abogado. Y escribo estas líneas cansada: no ha sido bonito. A ratos he deseado con mucha fuerza ser otra persona, ser capaz de que me pueda dar algo igual por una vez, aceptar, como me dicen siempre, que las cosas son así. Todo el mundo entendería que me moviera un interés personal por esa plaza pero, como no es el caso, parece estrambótico que mi pelea sea simplemente por la dignidad de un oficio ya demasiado pisoteado por propios y ajenos.

Cuando me pasa algo así llamo a mi padre, porque sé que va a entender exactamente el coraje que tengo y también, un poco, para que se haga cargo: esto nos pasa por ser así, ¡por qué somos así!. Una amiga me dijo, como consuelo, que tenemos el corazón en el sitio correcto. Me pareció una expresión hermosa y la busqué: viene del inglés, que es la lengua en la que ella vive desde hace años. Someone's heart is in the right place. Estos días han sido de esos en que sientes que el corazón aprieta literalmente y el único acomodo completo que ha encontrado es el pecho de mi hijo, todavía inocente del mundo, viviendo por primera vez, puro, tierno. A veces le veo cosas que me dicen que también ha heredado: la anacrónica generosidad, este problemático sentido de la justicia, quizás incluso le toque también lo de ser muy trabajador y sólo saber hacerlo a pulmón. Y siento mucho miedo de que también sufra mucho. Y a la vez me alegro, porque lo que no le perdono a mi padre es también lo que más le agradezco: una confianza inquebrantable en la grandeza de las personas y de la vida porque las he visto.

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