1) Empezando por lo más básico. No trasladar al electorado tus intestinos ni tus equilibrios internos con sopas de siglas y nombres que cuesta identificar: pensar siempre teniendo como prioridad el afuera y no el adentro. Hay que ponerlo fácil, limpio y claro.
2) En política dos más dos no son necesariamente cuatro. Nada es una regla fija y hay que usar la geometría variable para cada caso y realidad, pero lo fundamental no es unir partidos, es plantear hipótesis y proyectos que resuenen en el sentir del pueblo. Seguir insistiendo en que el problema fundamental de la izquierda es la forma en la que se concurre y no en lo que se presenta ante la sociedad es seguir tropezando en la misma piedra y hacerse trampas al solitario. La clave es el qué, no el cómo. Quien tiene un qué ya encontrará el cómo, pero no al revés.
3) Plantearse qué tres imágenes, qué tres ideas pretendes que se te asocien cuando alguien, entre la marisma de estímulos e imágenes en la que vivimos, te vea, se fije o aparezcas en su vida.
4) No se convence a nadie llamándole culpable o privilegiado; todo aquel a quien te diriges debe tener algo que ganar con lo que ofreces. No solo vale con que lo tuyo sea bueno en su interior, también tiene que aparentarlo: las apariencias son reales. Si lo que se busca es cambiar el estado de las cosas y transformar la realidad, no se puede esperar ni exigir que la gente venga de fábrica transformada ni un pueblo destilado; nadie lo está. Todos somos vulgo; todos y todas vivimos sometidos a la servidumbre de las pasiones. Evitar generalizar y etiquetar todo lo que no te gusta: las mayorías se nutren de gente diferente.
5) Hay muchos temas y causas nobles, defendibles y reivindicables, pero pensar políticamente, especialmente al borde de unas elecciones, implica priorizar, elegir y apuntalar lo que te permita maximizar el mayor número de apoyos y lo que coloca a la defensiva a tu adversario. Dónde te quieres colocar no suele coincidir con dónde otros te quieren colocar. Los apoyos, la fuerza política, son lo único que te puede permitir defender todo lo que defiendes; pero defender todo lo que defiendes al mismo tiempo y en todo momento no siempre te permite conseguir apoyos y fuerza política.
6) No siempre lo que afecta a mucha gente es lo que determina el voto y, al contrario, en ocasiones lo que afecta a pocos puede determinar la posición política de muchos. Lo importante es a qué valores se interpela, a qué modelo de sociedad alude y qué mediación genera. Por eso la política es también una operación de producción de empatía: conseguir que unos se vean en el lugar de otros, hacer de tu causa la causa de otros apelando a valores y posiciones ante cómo debe ser la vida y el funcionamiento de la sociedad. Encontrar la identificación.
7) Quien coloca la pregunta sobre lo que se dirime en la contienda es quien dirige los temas sobre los que se habla y el modo en que se habla: ser quien describe lo que ocurre, quien señala el motivo por el que ocurre y quien coloca las soluciones a lo que ocurre.
8) Uno no siempre elige los temas de los que se habla; por eso hay temas más a la ofensiva, en los que tú quieres hablar y el otro no, y viceversa. Hay que ser capaz de conseguir que un tema defensivo se convierta en una posición a la ofensiva, donde tú consigas cuestionar al otro y no al revés. No responder o irse por las ramas puede servir en casos y momentos concretos, pero llega un punto en que algo tienes que decir y es mejor hacerlo devolviendo el golpe que quedarte en una esquina recibiendo. Hay que conseguir girar el tema para redirigirlo en dos pasos hacia los temas y enmarcamientos en los que tú eres más fuerte; que, se hable de lo que se hable, siempre se acabe hablando de lo mismo. No entrar a cada provocación, a cada anzuelo que te lanza el otro si no te conviene y evitar ir a rebufo. La lucha ideológica tiene lugar donde el otro es más fuerte; la lucha política, donde el otro es más débil.
9) Si la pregunta es Vox, la respuesta es el PSOE. Si lo fundamental es frenar a otros y no avanzar tú, el PSOE siempre aglutinará más cuando se trata de frenar y tú creces cuando se percibe que se puede avanzar. Hay que atender a las causas para evitar los efectos y, para atender a las causas, hacen falta reformas revolucionarias que garanticen la libertad y la tranquilidad ciudadana. Los límites del régimen del 78 permanecen, ceñirse a defender lo existente deja todo el campo abierto a una crítica reaccionaria del mismo.
10) Lo más importante de la política suele ser lo que, a primera vista, no tiene apariencia de política. En lo asumido como cotidiano y de sentido común, en las costumbres y rituales. Ese es el análisis concreto de la situación concreta, no un mundo que no es de este reino, sino el real para trabajar en el sueño de avanzar hacia el otro. Ser lo más radical dentro de lo posible significa encontrar el equilibrio entre lo que puede ser, al mismo tiempo, transformador y mayoritario: ese es el precipicio sobre el que hay que caminar. Tomar elementos instalados en el sentido común, que sean capaces de realizar un cuestionamiento más amplio y profundo del estado de las cosas. Si tienes los dos pies en el aire te caes, si tienes los dos pies en la tierra, no te mueves.
11) Lo importante nunca eres tú. Hay que partir de una premisa: no le importas a nadie. Importas en tanto y cuanto seas percibido como capaz de resolver los problemas y ofrecer soluciones a otros, a la población. Las conversaciones privadas entre políticos y periodistas, por mucho que salgan en medios, fijan muy pocas posiciones y alejan. Lo que a ti te pase solo es políticamente útil si es extensible a una situación general.
No entrar a cada provocación, a cada anzuelo que te lanza el otro si no te conviene y evitar ir a rebufo. La lucha ideológica tiene lugar donde el otro es más fuerte; la lucha política, donde el otro es más débil
12) No hace falta estar de acuerdo en todo para coincidir en lo fundamental: las mayorías nunca son homogéneas, son diversas. Hay que establecer unos márgenes, porque si todo cabe, no hay política; pero si hay mucho que se queda fuera, tampoco. Centrarse en ofrecer más y exigir menos, en abrirse más y juzgar menos, en integrar más y etiquetar menos. Asumir incoherencias, abrigar diferencias: se gana por afectos más que por argumentos.
13) No hay que oponer la igualdad a la libertad, ni lo colectivo a lo individual, ni lo cotidiano a lo estructural, ni los afectos a la razón, ni lo cultural a lo material.
14) Aquí me he centrado en una parte pequeña de la política: la electoral. Pero nada de esto flota en el aire y existe dentro de un plano de consistencia. La política no se puede reducir a lo electoral, ni a los partidos, y sin conflictos y movilización no hay transformación. La política requiere de una serie de espacios que nutren de vida activa a la sociedad, que levantan contra-poderes y tensionan. Lo que históricamente han sido las instituciones sociales: sindicatos, casas del pueblo, cooperativas, ateneos, fundaciones, asociaciones de vecinos, centros sociales que sostienen y forjan el apoyo mutuo. Sin ese cuerpo social, además de que es imprescindible para transformar la realidad, se corre el riesgo de concebir a la política como algo aislado, ajeno y que funciona con un manual de comunicación política.
15) Suele decirse que la política a veces es boxeo y otras veces es ajedrez. Es una falsa dicotomía. La política es siempre boxeo, pero no porque siempre prevalezca el león, la fuerza, sobre la zorra, la astucia. No, la política es siempre boxeo porque en el boxeo y en la política lo fundamental, lo que determina la fuerza, el león, es la astucia de la zorra. Es timing, distancia, finta, juego de piernas, explosión, estrategia, contragolpe, ataque, defensa, esquiva, juego psicológico, estado de ánimo, preparación, entrenamiento...
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Jorge Moruno es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.
1) Empezando por lo más básico. No trasladar al electorado tus intestinos ni tus equilibrios internos con sopas de siglas y nombres que cuesta identificar: pensar siempre teniendo como prioridad el afuera y no el adentro. Hay que ponerlo fácil, limpio y claro.