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Luces Rojas

Ni Zapatero gobierna, ni Podemos tiene a Venezuela como modelo

Braulio Gómez

¿Os seguís acordando de que el PP y el PSOE pactaron una reforma constitucional en 15 días contra las preferencias de los ciudadanos? ¿Y recordáis que el último gobierno socialista inició las políticas de recortes y austeridad durante la gran crisis económica? ¿Continúa viva en vuestra memoria la gestión que hizo el Partido Popular del desastre del Prestige, del atentado del 11-M o de su apuesta por la guerra en Irak? ¿Se acuerdan los ciudadanos de Filesa, de la posición del PSOE en el referéndum de la OTAN, de los crímenes de Estado y la foto de la cárcel de Guadalajara?

Todos estos acontecimientos políticos ocurrieron antes de las últimas elecciones de 2011. Los ciudadanos ya castigamos al PSOE de los GAL, Filesa y los recortes sociales y al Partido Popular del trío de las Azores, los pequeños hilillos y las mentiras del 11-M. Castigar otra vez al PP y al PSOE por lo que hicieron en el pasado rompería la función ideal de las elecciones como un proceso en el que se premia o castiga la gestión del gobierno elegido en las últimas elecciones, en este caso el gobierno con mayoría absoluta del Partido Popular presidido por Mariano Rajoy.

El 30% de los españoles echa todavía la culpa a Zapatero de los problemas económicos de España; entre ellos, el presidente Mariano Rajoy, que en el último debate sobre el estado de la nación volvió a parapetarse detrás de la herencia recibida. Han pasado casi cuatro años desde que los ciudadanos castigaron las políticas de Zapatero y del PSOE dando una mayoría absoluta al Partido Popular. Esa cuenta debería estar saldada tras ese demoledor castigo. Pero parece que no es así.

Por otro lado, la memoria también sostiene en el tiempo los agradecimientos. Felipe González cerró la campaña de las últimas elecciones andaluzas de 2012 y todavía hay un gran número de andaluces que sigue agradeciendo al PSOE de Felipe González las políticas que desarrolló para mejorar la calidad de sus vidas.

Han pasado más de 20 años desde que Felipe no está en el poder. Pero debe pervivir positivamente en la memoria de la mayoría de los andaluces, según los datos que maneja el PSOE andaluz. Me parece tan absurda una situación como la otra. Al PSOE de Zapatero ya le dieron su merecido y al PSOE de Felipe González sus múltiples premios.

La memoria de los votantes es corta. Al menos, eso es lo que dicen la mayoría de los estudios sobre comportamiento electoral. Los ciudadanos votamos en función de lo que ha pasado como mucho en los dos últimos años. Por eso los políticos, incluso los más desacreditados, se siguen embarcando en inauguraciones, políticas de ayudas directas y decisiones populares en los meses anteriores a las elecciones. Es racional, vale la pena. Pero hay algunos estudios que cuestionan este principio de la memoria de corto alcance.

Por ejemplo, en las terribles inundaciones del río Elba que sufrió Alemania en 2002, los votantes premiaron la respuesta del gobierno del SPD al desastre natural, incluidas generosas indemnizaciones para los afectados, en las elecciones de 2005, y ese premio electoral se volvió a repetir en las elecciones de 2009. Las zonas afectadas por las inundaciones seguían premiando al partido en el gobierno, SPD, siete años después del desastre, demostrando un agradecimiento duradero que echa por tierra de alguna forma la miopía y visión cortoplacista de los votantes.

En las zonas rurales de Andalucía, sobre todo las más afectadas por la represión franquista, siguen castigando al Partido Popular por su origen franquista. En Escocia, los candidatos del partido conservador todavía tienen que luchar contra el fantasma de Margaret Thatcher.

El pasado está en el debate público con más presencia que nunca gracias a las redes sociales, los nuevos periódicos digitales y los programas de contenido político de las televisiones generalistas que han hecho de la hemeroteca un banderín de enganche para unos espectadores que están deseando recordar las mentiras o los incumplimientos de los políticos para reafirmar su visión negativa sobre los que se dedican a la política.

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La fiscalización mediática no se centra exclusivamente en el control de los que ostentan el poder sino que la recuperación del pasado cercano y lejano afecta a todos los partidos, incluidos los nuevos y los novísimos, a los que la hemeroteca discrimina en función de la trinchera mediática desde la que combaten.

Los partidos también contribuyen de forma interesada a que nuestra memoria no flaquee. Y del afloramiento del pasado no se libran ni las marcas de nueva creación. Se recuerda que muchos candidatos que presenta Ciudadanos a las elecciones locales fueron antiguos cargos del PSOE o el PP en localidades como Mijas, Villalba, Yecla o Molina de Segura. Antiguos videos de Pablo Iglesias, Monedero o Errejón en la televisión venezolana, cuando todavía no representaban a Podemos, sirven para asociar a este partido a prácticas antidemocráticas. Y da igual que no hayas tenido ninguna responsabilidad en las decisiones que tomó tu partido en el pasado, como es el caso de Pedro Sánchez, al que se le ataca por haber formado parte de la Asamblea de Caja Madrid entre 2004 y 2009 o por ser diputado de base cuando se hizo la reforma exprés de la Constitución en 2011.

A lo mejor es un poco iluso, pero las elecciones cumplen con su función de seleccionar a los mejores representantes si cada cuatro años se ventila lo que ha pasado esos cuatro años, si se juzga lo que ha hecho el gobierno esos cuatro años y lo que prometen para el futuro las distintas fuerzas de la oposición. Lo ideal sería que la memoria durara lo que dura la legislatura. Ni más, ni menos. Que al Gobierno de Mariano Rajoy se le castigue o se premie por su gestión y que PSOE, Podemos, Ciudadanos, IU, UPyD, Equo y demás partidos sean valorados en función de sus actuales propuestas.

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