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Las caperucitas

Nieves Sevilla Nohales

El bosque esconde los misterios, las esperanzas y las

ilusiones; la libertad, el conocimiento y los amores verdaderos;

los deseos, las respuestas... y también los peligros.

¿Quién se atreve a entrar en él?

Las caperucitas, naturalmente.

Dos niñas de doce y trece años fueron violadas, el 16 de mayo de 2022, en Burjassot (Valencia), por varios jóvenes de entre quince y diecisiete años. Una jueza irresponsable, rechazando la petición de la fiscalía, ha dejado en libertad a los violadores, banalizando la gravedad de las agresiones, apoyándose en el hecho de que se habían citado con dos chicos, de quince años, a los que no conocían. ¿Interpreta la jueza que el que fueran desconocidos les daba derecho a abusar de ellas? Pues las niñas fueron violadas repetidamente por esos chicos y por otros componentes del grupo de más edad, ávidos violadores, que permanecían escondidos, al acecho; lo que indica que la agresión había sido programada de antemano.

Tanto la sentencia como el recibimiento, con vítores y aplausos, de que fueron objeto los jóvenes por familiares y amigos al grito de “son unos héroes”, “victoria de Cristo”, me producen estupor. Pues unas niñas, víctimas de una violación grupal, tienen que estar protegidas por las instituciones; y unos adolescentes, lobeznos violadores, deben ser reprendidos y castigados por esas mismas instituciones.

El bosque, en el cuento de Caperucita Roja, simboliza el mundo.

La caperuza roja simboliza la sangre menstrual y nos informa de la edad sexual de la protagonista: la pubertad. En esta etapa del desarrollo, la sexualidad irrumpe en la persona; así como el deseo de libertad y de experimentar y comprender el mundo.

Caperucita Roja es un cuento antiquísimo, de tradición oral, que fue recogido por Charles Perrault en 1697. Con esta fábula, los adultos intentaban advertir a “las caperucitas” de los lobos del camino; del mal asociado a lo masculino y al deseo sexual; de la necesidad imperiosa de que la mujer se mantuviera virgen. Era una llamada de atención para que estuvieran alerta y no se dejaran engañar por desconocidos.

No debemos olvidar que en los polígonos industriales, en las calles, en las plazas, en las playas, en nuestra vecindad, en nuestros trabajos, en nuestras familias, se esconden depredadores agazapados dispuestos a violar y a matar a caperucitas inocentes

En la actualidad los padres ya no son un referente y las hijas los desobedecen buscando su afirmación personal. Ellas se adentran en la espesura y salen al mundo. Saben que no hay que abandonar el camino trazado y que no hay que hablar con desconocidos. Es difícil porque, ¡caramba!, se cruzan con senderos sugerentes y con lobos muy simpáticos. Las caperucitas de doce o trece años carecen de estrategias para sortear esos peligros, no están preparadas, y son presa fácil para los depredadores.

Tradicionalmente los cuentos de hadas se han considerado esenciales para el desarrollo emocional y psicológico de las mentes infantiles, pues a través de estas historias, que son símbolos, aprenden a conocer a los seres humanos, a entender el mundo y a protegerse de los peligros. Así lo expresa Bruno Bettelheim en su obra Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Sin embargo, desde hace unos años, los cuentos de hadas han perdido gran parte del espacio que antes ocupaban en la Literatura Infantil por un exceso de protección de los padres, que consideran que estas historias perjudican a sus hijos.

Desde mi punto de vista están en un error. El cuento de Caperucita Roja enseña que en el bosque hay que tener cuidado, que en el mundo hay peligros, que se corren riesgos. Los niños entienden a la primera que los problemas de Caperucita comienzan cuando el lobo la convence para ir por un atajo, dejándose engañar por él.

Cuando la ministra de Igualdad, Irene Montero, habla del derecho de las mujeres a volver a su casa solas y borrachas, tiene razón, lo que no quita que fueran palabras desafortunadas porque olvidó añadir que, a pesar de esos derechos que tenemos las mujeres, no debemos olvidar que en los caminos, en los bosques, en los polígonos industriales, en las calles, en las plazas, en las playas, en nuestra vecindad, en nuestros trabajos, en nuestras familias..., se esconden depredadores agazapados; muchos, muchísimos, depredadores agazapados, dispuestos a violar y a matar a cuantas caperucitas inocentes se crucen por su camino. Pues bien, de estos depredadores nos previene el cuento de Caperucita Roja.

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Nieves Sevilla Nohales es escritora de obras como 'La noche de los jacintos blancos' y 'La caja de ébano'.

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