Más ecología, menos inflación

Álvaro Gaertner Aranda

Los precios del petróleo, el gas y la electricidad no han parado de subir en los últimos meses y no parece que en el corto plazo vayan a dejar de hacerlo. De hecho, en el caso de los combustibles fósiles la lentitud del mundo a la hora de bajar la demanda para llevar a cabo la transición ecológica, unida a la reducción de la producción que se prevé en los próximos años según organismos internacionales como la AIE, va a hacer que previsiblemente los precios se mantengan altos o incluso suban más. Para los países europeos, que tienen que importar la práctica totalidad de su consumo de petróleo y gas, esto implica una importante subida en los costes de las importaciones, con el consiguiente empeoramiento en la balanza comercial. En definitiva, implica una crisis de primera magnitud que todos los países tenemos que abordar rápidamente. Por suerte, esta crisis no es como la crisis del petróleo de los 70, en la que no disponíamos de alternativas tecnológicas y sociales viables para los combustibles fósiles, sino que esta vez disponemos de ellas en prácticamente todos los sectores.  

Por tanto, el reto al que nos enfrentamos esta vez no es otro que acelerar al máximo posible la transición ecológica en todos los sectores. Así, cada panel solar instalado en un edificio para el autoconsumo de una o varias familias supondrá en los próximos años una rebaja sustancial de las facturas de la luz que tendrán que pagar. Por eso, el Gobierno debe hacer lo necesario para minimizar el esfuerzo que supone llevar a cabo una instalación de autoconsumo, organizando, por ejemplo, una compañía pública que facilite proyectos llave en mano a todos los ciudadanos y las comunidades de vecinos que así lo deseen. Igualmente, cada vivienda rehabilitada energéticamente es una casa que no necesitará apenas energía para calentarse en invierno y enfriarse en verano, y por lo tanto sus habitantes se ahorrarán mucho dinero en las facturas de gas natural y de luz. Por eso, el Gobierno debe involucrarse a fondo para planificar, junto con el resto del sector, la manera de escalar el sector de la rehabilitación para que pase de las 30.000 viviendas rehabilitadas anualmente hasta ahora a las 300.000 que debemos rehabilitar anualmente. Eso implicará planificar la formación de los miles de trabajadores cualificados que serán necesarios en el sector, planificar el crecimiento de organizaciones empresariales, públicas o privadas, con capacidad para ejecutar muchos proyectos de rehabilitación, planificar el acceso a la financiación y, en definitiva, reforzar la administración para poder hacer toda esta  planificación.

Esta crisis no es como la crisis del petróleo de los 70, en la que no disponíamos de alternativas tecnológicas y sociales viables para los combustibles fósiles, sino que esta vez disponemos de ellas en prácticamente todos los sectores

Asimismo, cada red de carriles bici, cada conjunto de peatonalizaciones, cada red de transporte público rápida y cómoda y, en definitiva, cada ciudad reformada para que sus habitantes no necesiten el coche en su día a día son miles de personas que ahorrarán mucho dinero en petróleo. El Gobierno debe asegurarse de que las entidades locales que quieran llevar a cabo este cambio de modelo de transporte tengan todo el dinero que necesiten para construir carriles bici, aparcamientos para bicis, ampliar aceras, peatonalizar calles, hacer carriles bus o incrementar las frecuencias de sus sistemas de transporte público. De la misma manera, cada agricultor ecológico que no utilice fertilizantes químicos es un agricultor que ahorrará mucho dinero en comprar unos productos muy dependientes del gas natural en su fabricación, y eso implica que muchas familias podrán permitirse tener una alimentación de calidad asequible. Por eso, el Gobierno debe asegurarse también de que todos los agricultores que lo deseen tengan a su disposición todas las herramientas formativas que necesiten para hacer la transición de la agricultura industrial a la agricultura regenerativa, así como un mayor acceso a mercados locales y venta directa a los consumidores. 

Todas estas transformaciones necesitan fundamentalmente dos cosas. En primer lugar, necesitan dinero para llevar a cabo todas las inversiones necesarias, que en algunos casos será fundamentalmente privado y en otras público. En segundo lugar, necesitan una administración ágil y eficaz, con capacidad para planificar, canalizar los fondos allí donde se necesiten y ejecutar inversiones a un ritmo que no hemos visto en nuestro país desde los días de la burbuja. Esto, a su vez, necesita que nuestro país invierta de una vez en reforzar y modernizar nuestra administración. Por suerte para nuestro país, en los próximos años vamos a tener más que  suficiente dinero para acometer todas estas inversiones y este refuerzo de la administración gracias a los 140.000 millones de euros que podemos recibir de la UE. Lo único que necesitamos en este momento, por lo tanto, es un Gobierno valiente que se atreva a pedir los 70.000 millones de euros en préstamos que nos ofrece la UE que todavía no hemos pedido y que se atreva a reforzar la administración tal y como Draghi está haciendo en Italia al contratar, por  ejemplo, a los “1.000 soldados de Draghi” para acelerar la ejecución de los fondos europeos. El premio para esa valentía puede ser un ahorro de hasta 40.000 millones de euros al año en  importaciones de combustibles fósiles para nuestro país y unos ciudadanos con mayor calidad de vida que no se vean expuestos a los incrementos de precio de los combustibles fósiles. Lo único que cabe preguntarse es: ¿Será nuestro gobierno valiente y hará lo necesario para acelerar la transición ecológica, reducir la inflación y mejorar la vida de los españoles o preferirá ser timorato y arriesgarse a caer en las próximas elecciones por no haber hecho lo suficiente?

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Álvaro Gaertner Aranda es ingeniero físico y economista por la Universidad de Oldemburgo en Alemania.

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