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Mis hijos y los seis de Zaragoza

María Graziano

Recuerdo aquel 17 de enero de 2019. Debería haber sido un día cualquiera, o incluso un día bonito, de esos en los que te sientes orgullosa de tus hijos. Pero no fue así. Recuerdo el desasosiego que sentí pensando en Vox y en su mitin de aquel día. Recuerdo la tensión que habían traído los señoros Abascal y Ortega Lara con su visita a Zaragoza, de esa clase de tensiones que se puede cortar con un cuchillo. Pero, sobre todo, recuerdo aquel día por una breve y contundente conversación entre mis dos hijos: 

—La coordinadora antifascista ha convocado una manifestación. ¿Vamos?

—¡Claro!

(¿Y si les digo que había pensado llevarlos al cine y a tomar una pizza? ¡Pero si no es verdad! Al menos que el pequeño se quite esa camiseta 'FCK VOX', no vaya a llamar la atención más de lo necesario. ¡Pero si se la he regalado yo! Cállate, mejor.)

Y perdida en mis pensamientos me despido de los dos: 

—No tardéis, y alejaros de cualquier problema. 

Le abrocho el abrigo hasta el cuello con la excusa de que hace mucho frío, en realidad es para taparle la camiseta.

Para relajarme decido hacer unas galletas. Y entre una cucharada de harina y otra de azúcar, voy escribiendo en el grupo familiar de WhatsApp y esperando ansiosa que respondan.

—¿Todo bien?

—Sí.

—¿Novedades?

—No.

—¿Estáis juntos?

(¿Por qué no contestan?)

—¡Eo!

(Seguro que les ha pasado algo.)

—Se está liando con la poli. Estamos en el campus. 

—Papá os va buscar en coche. Salid de ahí ya.

(Lo sabía. Tenía que haberles dicho que no fueran.)

—Que no, pesada. Volvemos andando.

Con un nudo en el estómago pongo las galletas en el horno. 

Compruebo cada 30 segundos si están en línea. La hora de la última conexión. 

Por fin, oigo el dulce sonido de la llave en la puerta. Mis hijos, esa noche, volvieron a su casa con olor a galletas. 

Otros seis hijos no pudieron hacerlo.

Los sacaron a porrazos de un bar mientras se tomaban un café con leche. Se los llevaron al calabozo. Después les condenaron a siete años de cárcel

Ellos fueron a esa manifestación igual que mis hijos, pero el azar decidió que iban a ser esos seis jóvenes, entre ellos dos menores de edad, los ejemplarizantes. Y sin una sola prueba que demuestre que hayan participado en los altercados.

(Qué suerte que he tenido que no les haya tocado a mis hijos. ¿Pero, y si mañana les tocara a ellos?)

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María Graziano es miembro del CCE de Podemos.

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