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Del Holocausto a Gaza

Mercè Rivas

En el Holocausto (1939/45) fueron asesinados un millón de niños. Según el Memorial Museum, en Gaza en dos meses han muerto más de 2.700 menores de edad bajo las bombas israelíes, lo que supone la mitad del saldo total de víctimas. En Cisjordania o West Bank han asesinado y detenido a más menores de los que han puesto en libertad gracias a los acuerdos de alto al fuego.

Ya sé que las cifras no son comparables, ya que en un caso hablamos de dos meses y en el otro de 6 años, pero la máquina de la muerte es comparable y por supuesto vergonzosa.

Tras la Segunda Guerra Mundial surgió una enorme simpatía por el pueblo judío y su sufrimiento. Los apoyos fueron inconmensurables y con razón y, poco tiempo después, consiguieron crear su propio Estado. Hoy en día vemos que ese apoyo sigue vigente.

En Estados Unidos viven 5.8 millones de judíos que colaboran económicamente con sus políticos y que tienen la capacidad de poner y quitar presidentes hasta en Alemania. En este país en el que perdura la mala conciencia de lo que ocurrió siguen apoyando al pueblo judío, ahora encarnado en el Estado de Israel.

Por el contrario, los palestinos sólo han tenido el apoyo de algunos países árabes (no siempre y no todos) más preocupados por sus negocios que por los derechos humanos. El resultado es que se han quedado bastante solos. Las poblaciones de Oriente Próximo y de muchos lugares de Europa los apoyan, pero tienen muy poca capacidad de decisión.

En estos momentos resulta inexplicablemente un escándalo apoyar la creación de un Estado Palestino independiente, sin invasiones ni guerras, que pueda tomar sus propias decisiones y elegir a quien quiera que le gobierne. Ahí tenemos el escándalo que se ha creado entre España e Israel por las palabras del Presidente Sánchez en Rafah diciendo, junto al Primer Ministro belga, que los bombardeos eran insoportables. Lo mismo le ha ocurrido al Presidente de Naciones Unidas, António Guterres.

Defender un Estado para los palestinos es revolucionario y escandaloso para algunos. Defender el Derecho Internacional que se debe respetar en una guerra también. Mandar ayuda humanitaria, lo mismo. Y al final, es un problema económico. Israel es poderoso económicamente y Palestina pobre.

Los resultados son parecidos. La población palestina sufre, asesinan a sus niños, mueren de enfermedades porque sus hospitales han sido bombardeados, no se pueden refugiar en sus escuelas de la UNRWA (Naciones Unidas para los refugiados de Palestina) porque las bombardean y no llegan los suficientes alimentos.

Defender un Estado para los palestinos es revolucionario y escandaloso para algunos. Mandar ayuda humanitaria, lo mismo. Al final, es un problema económico. Israel es poderoso económicamente y Palestina pobre

Israel, y especialmente el gobierno ultra radical de Netanyahu, aparecen a diario por televisión para amenazarnos de que no parará hasta acabar con Hamás (organización a la que, junto a Estados Unidos y la Unión Europea, denominan terroristas). Pero yo me pregunto si no es consciente de que por cada herido, por cada muerto, por cada casa bombardeada, Hamás aumenta sus apoyos dentro de la Franja de Gaza y también en Cisjordania.

¿Cómo se cree Israel que reaccionan los jóvenes y no tan jóvenes palestinos ante las barbaridades que vemos a diario en televisión? Podrán detener o matar a los dirigentes de Hamás (hasta el momento no han dado nombres de muertos), podrán denominarlos terroristas, pero aparecerán otros dispuestos a defender a la población. Y eso es una espiral que no se puede rebatir.

Lo mismo ocurre en Cisjordania, gobernada por Al Fatah. Cada vez hay más banderas de Hamás que del partido gobernante, acusado de colaboracionismo con Israel y de corrupción. No hace falta que nos lo cuente nadie. Solo hay que mirar la televisión y ver cada día, durante el alto al fuego, la salida de presos palestinos de las cárceles. Las banderas verdes de Hamás acaparan nuestras televisiones.

Por cierto, no hay que olvidar que en las cárceles israelíes hay 700 menores de edad, niños y niñas, en unas condiciones deplorables.

“Las autoridades israelíes detienen y procesan cada año a entre 500 y 1.000 niños y adolescentes palestinos. Muchas de estas detenciones siguen un mismo patrón: redadas en medio de la noche, traslados con los ojos vendados y las manos atadas, sin que padres o familiares sepan el destino. Además, en un caso único en el mundo, los menores palestinos son sometidos automáticamente a tribunales militares, que no garantizan sus derechos básicos. Unas violencias que alteran por completo sus infancias” según France TV.

“La despiadada política israelí de mantener en cárceles situadas en Israel a los presos y presas palestinos detenidos en los Territorios Palestinos Ocupados es una flagrante violación del IV Convenio de Ginebra. Es algo ilegal y cruel, cuyas consecuencias pueden ser devastadoras para la persona encarcelada y sus seres queridos, que a menudo se ven privados de verse durante meses, a veces años”, ha afirmado Magdalena Mughrabi, directora adjunta del Programa para Oriente Medio y el Norte de África de Amnistía Internacional.

Y mientras tanto, la espiral sube e Israel es incapaz de hacer una reflexión sobre el futuro porque la violencia solo trae más violencia. Podrán destrozar Gaza e invadir por completo Cisjordania o Jerusalén, pero los que queden seguirán peleando por su tierra.

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Mercè Rivas Torres es editora, periodista y autora de 'Los sueños de Nassima' y de 'Vidas en la galera'.

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