Luces sobre el 23F

A primera hora de la madrugada del 24 de febrero el rey Juan Carlos I aparece en TVE y acaba con el golpe de Estado que, a las seis y veinticuatro de la tarde anterior, había perpetrado con la toma del Congreso de los Diputados el teniente coronel Tejero. El rey se convierte así en ‘el salvador’ de la aún débil democracia que había instaurado poco más de un lustro antes, con la ayuda de Torcuato Fernández Miranda y Adolfo Suárez. Ese decisivo papel, jaleado por la inmensa mayoría de la sociedad española, otorga a Juan Carlos una total impunidad que tendría consecuencias décadas después.

Sin embargo hay en ese desenlace una tremenda paradoja: el rey acaba con un golpe de Estado que había alentado durante el año anterior, tal y como documenta el periodista e investigador Carlos Estévez en su libro Cuando la verdad te alcance, recién editado. El autor, miembro del equipo de Nacional de los Informativos de TVE durante la transición, pasa más tarde a Antena 3 como jefe del equipo de investigación de la cadena, en la que dirige reportajes de gran formato sobre los años anteriores: Así murió Franco, 23 F: se rompe el silencio, Montejurra, Carrero Blanco: un caso cerrado, etc. El primero de ellos fue medalla de plata en el más importante festival de documentales (New York Festival). Durante cuarenta años se ha entrevistado con figuras relevantes de aquellos días, como el general Sabino Fernández Campo, jefe de la Casa Real durante más de veinte años, pero se ha apoyado también en múltiples testimonios de personas sin relevancia política, pero que vivieron en primer plano los acontecimientos de aquella jornada, como el cámara que grabó el mensaje real para TVE. Una grabación en la que conviene detenerse, y que diversos autores han denominado como "el inexplicable retraso en la emisión del mensaje del Rey". De hecho, los equipos de la única televisión que había entonces parten de Prado del Rey en torno a las nueve de la noche y el mensaje se emite cuatro horas más tarde, a pesar de que toda España se sume en la zozobra, pegada a las radios a transistores, y sin noticias ciertas de lo que estaba pasando.

El rey acaba con un golpe de Estado que había alentado durante el año anterior, tal y como documenta el periodista e investigador Carlos Estévez

Carlos Estévez relata, en base a los testimonios de miembros de los dos equipos profesionales que se desplazaron al palacio de la Zarzuela —distante de Prado del Rey a poco más de diez minutos— cómo al llegar al complejo fueron retenidos, primero en los accesos, y desplazados después a una sala distinta a donde se encontraba el Rey y se grabaría muy posteriormente el mensaje... Que no tuvo lugar hasta las doce y media de la noche, muy poco después de que el general Armada comunicara a Sabino Fernández Campo desde el Congreso "he fracasado" en su intento "a título personal" de que Tejero depusiera su intentona y reconociera a un nuevo gobierno presidido por el propio Armada y con representantes de los principales partidos políticos. 

Antes del relato de esa jornada, el autor desgrana las múltiples vicisitudes que tuvieron lugar durante el año anterior: los desencuentros entre Juan Carlos y Adolfo Suárez ("uno de los dos se tiene que marchar, y no voy a ser yo", llegaría decir el monarca); las reuniones y contactos de los golpìstas; las frecuentes visitas a Zarzuela de militares relevantes, y las maniobras del general Armada para obtener la jefatura del Gobierno. También, y en la primera parte del libro, examina la Transición y cómo esta tuvo lugar en el terreno exclusivamente político, sin que afectara en ningún momento al estamento militar alineado con la figura y el régimen de Franco. 

A primera hora de la madrugada del 24 de febrero el rey Juan Carlos I aparece en TVE y acaba con el golpe de Estado que, a las seis y veinticuatro de la tarde anterior, había perpetrado con la toma del Congreso de los Diputados el teniente coronel Tejero. El rey se convierte así en ‘el salvador’ de la aún débil democracia que había instaurado poco más de un lustro antes, con la ayuda de Torcuato Fernández Miranda y Adolfo Suárez. Ese decisivo papel, jaleado por la inmensa mayoría de la sociedad española, otorga a Juan Carlos una total impunidad que tendría consecuencias décadas después.

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