Plaza Pública

Madrid

Isabel Díaz Ayuso, acompañada por el presidente del PP, Pablo Casado.

Eugenio del Río

Estas líneas ven la luz bajo el estímulo del excelente artículo de José Luis Villacañas sobre las recientes elecciones madrileñas. Coincido con lo que sostiene en su texto y pienso que es bajo ese ángulo o algún otro parecido como cabe enfocar provechosamente el acontecimiento madrileño del pasado 4 de mayo.

Los puntos de partida de mi reflexión son los siguientes:

1) La derecha de Madrid es bastante fuerte, está firmemente arraigada y, cuando es preciso, se moviliza con gran dinamismo.

2) El sector más definido ideológicamente de esa derecha, sin embargo, tiene una envergadura inferior al equivalente en la izquierda. Si la derecha ha conseguido importantes victorias electorales ha sido por haber sabido conquistar los votos de sectores que, en los sondeos sobre las adscripciones ideológicas, aparecen como poco definidos o intermedios. Ambas categorías (poco definidos e intermedios) son los que cuando se pregunta por la ubicación ideológica del 1 al 10 se sitúan en el 4, el 5 o el 6. La representación gráfica de las autoidentificaciones ideológicas viene a ser una montaña central aunque algo escorada hacia la izquierda.

3) En el último período ha tomado un fuerte impulso una derecha mediática y política –encarnada por Díaz Ayuso, con el respaldo del PP, y por Vox– cuya política y mensajes imitan, incluso literalmente, a Donald Trump. Es una derecha intransigente, alejada de la defensa de los intereses generales y que se caracteriza por la no aceptación de una parte de la realidad española (en lo que se refiere a las ideas, las entidades territoriales, los grupos sociales…). En pocas palabras: es una derecha mal dotada para una convivencia pluralista.

4) Es esta derecha la que ha ganado más apoyos. El PP, sin contar los votos de Vox y de Ciudadanos, ha sido el partido más votado en 19 de cada 20 secciones censales de la Comunidad de Madrid. Ha superado el 40% de los votos en casi el 60% de las 4.400 secciones censales. En los barrios de rentas más bajas, la suma de PP, Vox y Ciudadanos alcanzan o se acercan al 50% de los votos, mientras que el PSOE se queda en un 25% más o menos.

Los estudios que iremos conociendo probablemente nos permitirán saber algo que puede ser determinante para la acción política de los próximos dos años. Nos interesará conocer, especialmente, quiénes han votado al PP y por qué lo han hecho.

Así y todo, antes de contar con informaciones concretas y bien fundadas sobre esos aspectos podemos avanzar algunas reflexiones. Esbozaré unas cuantas con la mirada puesta en la recuperación de la izquierda.

Primero.- En períodos marcados por crisis graves, las elecciones ordinarias, con frecuencia, no pueden evitar quedar marcadas por esas crisis. En España, la pandemia ha generado dos grandes crisis interdependientes: la económica y social y la sanitaria. No hablaré de otras asociadas a estas, como las que afectan a los estados psicológicos, a la sociabilidad, a la enseñanza, a la organización del trabajo…

En estas condiciones, la pandemia y las políticas relacionadas con ella se han convertido en el objeto de un proceso que desborda el marco de unas elecciones ordinarias. Bajo la forma de la competición electoral entre partidos, lo que se ha llevado a cabo es un referéndum (a favor o en contra de las políticas representadas por el Gobierno de Madrid y por el de España) y un plebiscito (a favor o en contra de Pedro Sánchez y de Isabel Díaz Ayuso, que han personificado esas políticas).

Se equivocan quienes reducen los resultados electorales a una victoria de la derecha y a una derrota de la izquierda. Ambas cosas son ciertas pero interesa saber lo que llevan dentro.lo que llevan dentro

Por supuesto que el triunfo de Ayuso denota que hay una derecha fuerte y activa. Ha pesado lo suyo a la hora de contar los votos, pero la suma de los votos obtenidos no se reduce a eso. Va mucho más allá de la derecha realmente existente. La extensión social y territorial del voto del PP indica que Isabel Díaz Ayuso ha alcanzado un notable éxito en cuanto a transversalidad ideológica y social, más allá de su territorio establecido.

Segundo.- La derecha de Ayuso y Abascal arrancaba con una ventaja: estaba en mejores condiciones para dar satisfacción a una parte importante de la población que, cada vez con más fuerza, venía reclamando un relajamiento de las medidas restrictivas de la movilidad, de la actividad y del horario de los toques de queda.

Buena parte de esos sectores de la sociedad madrileña (relacionados con diversas actividades laborales, con el comercio, con la hostelería) han puesto en primer plano sus intereses económicos y laborales: conservar sus negocios y sus empleos. Se han adherido a una política que favorece el mantenimiento de su actividad. En muchos casos no han percibido una relación clara entre las restricciones y los efectos en la lucha contra la pandemia; han considerado admisible la sobrecarga de los hospitales y el número de muertos, lo cual, por otro lado, no es tan visible para el conjunto de la población. No lo es, sobre todo, para muchos jóvenes, que han padecido las restricciones, pero han visto la pandemia a bastante distancia.

El Gobierno de la izquierda no podía competir con una Ayuso con pocos escrúpulos. No podía participar en una pugna para ver quién defendía un mayor relajamiento. Pero seguramente sí podía haber tenido más en cuenta los intereses de los sectores económica y laboralmente más afectados.

La insuficiencia de las medidas económicas de apoyo a estos sectores tan amplios ha facilitado el triunfo de la política antivirus lightlight (o de convivencia con el virus) del Gobierno de Díaz Ayuso, centrado ahora ya en la progresión de la vacunación como pieza central.

Tercero.- Lo que la izquierda haga de aquí a 2023 depende de la visión que se tenga de lo sucedido. Si nos empeñamos en asociar a todo el electorado de Ayuso con la derecha, nos engañaremos, y, lo que es peor, no haremos lo necesario para ganar a parcelas de ese electorado para otra perspectiva. Gentes que no son de derecha, si insistimos en tratarlas como un bloque, pueden acabar siéndolo. Por no hablar de ese empeño de algunas personas en construir en el imaginario de la izquierda el peligro de la destrucción de la democracia y del fascismo.

Ponerse en la piel de quienes te han votado siempre es necesario. Pero lo es también mirar más allá, empatizar con quienes no lo han hecho, conocer sus aspiraciones, no darlos por perdidos como si fuera una parte inamovible de un campo ajeno y hostil.

El 4 de mayo hubo otro partido triunfador. Más Madrid fue premiado con unos resultados muy buenos por haberse dirigido a gentes diversas, abordando sus problemas concretos y evitando las grandes descalificaciones que solo valen para satisfacer a los ya ganados para la causa.

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Eugenio del Río es ensayista político

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