Mirar hacia otro lado: las migraciones climáticas tras la cumbre de la OTAN

Jesús Marcos Gamero Rus

La forma en que tratemos a los migrantes climáticos ahora, respetando su vida y derechos, nos debería servir como aprendizaje cuando esos desplazamientos deban ser gestionados en nuestro territorio y entre nuestra población

El cambio climático en el nuevo Concepto Estratégico de la OTAN

Tras la Cumbre de Madrid, el nuevo Concepto Estratégico de la OTAN pretende integrar el cambio climático de forma transversal en todas las tareas de la organización. Con el ejemplo de regiones como Oriente Medio, el Norte de África o el Sahel, se considera este fenómeno como un multiplicador de crisis y amenazas. El cambio climático exacerba los conflictos, la fragilidad y la competencia geopolítica, además de ser factor agravante de desafíos interconectados en materia de seguridad, demografía, política o economía.

Una inestabilidad generalizada que podría dar lugar a violencia contra los civiles o contribuir al desplazamiento forzado, fomentando la trata de personas y la migración irregular. Se puede entender que, aunque este documento no establece una relación directa entre cambio climático y migraciones, sí que permite vislumbrar esa relación, a partir del carácter multiplicador de amenazas del primero.

La valla de Melilla, un ejemplo cercano de la relación entre cambio climático y migraciones

El último informe del IPCC considera que para 2030, “alrededor de 250 millones de personas pueden experimentar un alto estrés hídrico en África, con hasta 700 millones de personas desplazadas como resultado”. Estas cifras se entienden desde la comprensión de estos desplazamientos como multicausales y complejos. Esto es, al mayor impacto del cambio climático se pueden unir otras crisis como la alimentaria o energética y otros factores sociales, económicos o políticos que resulten en una mayor inestabilidad o aumento de conflictos en los países de origen.

Un ejemplo puede ser la situación que sufren Sudán o Chad, países de origen de la mayoría de las víctimas de la reciente matanza de inmigrantes africanos en la valla de Melilla.

Injusticia y deuda climática en África

En África, además, las consecuencias del todavía sistema colonial se entroncan con una cuestión de injusticia climática: a la opresión, la explotación o la apropiación del territorio de unas poblaciones cada vez más empobrecidas y vulnerables, se une la propia vulnerabilidad del continente africano al cambio climático, cuando solo representa entre el 2 y 3 por ciento de las emisiones mundiales de CO2 de fuentes energéticas e industriales.

Es necesario recordar la existencia de una deuda climática, inmensa, por parte de los países occidentales para con África. Aumentar los fondos para medidas de adaptación y de pérdidas y daños, establecer marcos legales de protección o facilitar rutas seguras debe ser parte de una obligación que, por encima de todo, preserve la vida, el bienestar y los derechos humanos de las personas afectadas.

Tal vez sea mucho pedir, pero siendo egoístas, respetar los derechos humanos, el bienestar y la vida de las personas desplazadas, ahora, por el cambio climático, nos puede servir como aprendizaje positivo en un futuro

Pero, al igual que evitamos tomar unas decisiones cada vez más drásticas y necesarias ante el cambio climático, también hemos decidido obviar las causas, girar la mirada e incluso normalizar crímenes, como los de la frontera entre España y Marruecos.

¿Cuál debe ser el papel de la OTAN ante las migraciones climáticas?

Por su parte, en el proceso de definir una respuesta por parte de la Alianza Atlántica ante las migraciones climáticas, se han identificado ya varios desafíos para su abordaje. Se puede reflexionar a partir de los mismos sobre la situación, cada vez más injusta e inhumana, que sufren las poblaciones africanas expulsadas de sus hogares por el cambio climático.

–Dobles estándares según origen o capacidad económica. Conocemos el diferente trato dado a los refugiados ucranianos en comparación con otras nacionalidades no europeas. Pero esa diferencia de trato también podría tener que ver con la capacidad económica. Imaginemos, por ejemplo, que los refugiados climáticos serían, de forma perversa, solo aquellos con medios económicos y facilidades legales para huir ante los impactos del cambio climático. Mientras, las comunidades más pobres y vulnerables quedarían atrapadas en sus territorios a merced de esos impactos o enfrentando unas medidas de seguridad y control más restrictivas.

–Como elemento de presión entre países. Utilizar a las poblaciones migrantes como medida de presión por parte de los Estados, ya se ha visto tanto en la frontera del este de Europa como en la de Marruecos con España. Ante un aumento de las migraciones climáticas, diversos regímenes pueden utilizar estas masas de personas demandantes de refugio como arma de presión en diferentes contextos.

–Como alentador de narrativas extremistas. La aproximación al cambio climático por parte de colectivos extremistas está pasando de la negación al uso oportunista de sus impactos. Las migraciones climáticas y sus migrantes -africanos negros y pobres- pueden representar una herramienta adecuada para reforzar posiciones extremistas, racistas y rupturistas, erosionando la convivencia y los sistemas políticos.

–Combatir la “amenaza” del cambio climático reprimiendo a los migrantes. Para una organización como la OTAN, cuyo objetivo es garantizar la libertad y seguridad de sus miembros, puede resultar difícil establecer una estrategia de respuesta ante un enemigo relativamente intangible, como pudiera ser el cambio climático. Hundiéndonos en la inacción, corremos el riesgo de querer representar y combatir esa amenaza mediante la represión de aquellos que más están sufriendo sus consecuencias.

Después de Madrid

La OTAN tiene la oportunidad de acercarse a las migraciones climáticas desde una visión diferente al paradigma clásico de seguridad: profundizando en su conocimiento o compartiendo experiencias en materia de preparación y respuesta ante desastres, estableciendo y mejorando los programas de reconstrucción y reasentamiento, o integrando la cuestión en la legislación nacional, como la orden ejecutiva sobre migración emitida por el presidente Biden que incluía un enfoque sobre migraciones climáticas.

También ofreciendo un mayor liderazgo y capacidad institucional, que movilice más recursos, y permita facilitar un diálogo y un marco internacional de protección, como el visado climático, que facilite cauces de migración regular y bienvenida. Tal vez sea mucho pedir, pero siendo egoístas, respetar los derechos humanos, el bienestar y la vida de las personas desplazadas, ahora, por el cambio climático, nos puede servir como aprendizaje positivo en un futuro, donde esos desplazamientos deban ser gestionados en nuestro territorio y entre nuestra población. 

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Jesús Marcos Gamero Rus es profesor en Retos Medioambientales Globales en la Universidad Carlos III de Madrid y analista de la Fundación Alternativas.

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