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Dieciocho denuncias y cero condenas: Vinicius, el ejemplo de que el racismo juega al fútbol impunemente

El delantero de la selección brasileña de fútbol Vinicius Jr durante la rueda de prensa ofrecida este lunes en la Ciudad Deportiva de Valdebebas.

"Voy a los partidos centrado, pero a veces es muy difícil". Lo es por los insultos racistas que, casi cada fin de semana, tiene que escuchar. No sólo desde la grada de los estadios, sino también desde sus aledaños. "Eres un mono" o "Alé, alé, alé, Vinicius chimpancé" son los cánticos con los que cientos de aficionados han recibido en no pocas ocasiones al futbolista, que este lunes por la tarde, en la rueda de prensa previa al partido de la selección brasileña en el Santiago Bernabéu, rompió a llorar al ser preguntado por estos episodios. "Desde que denuncié la primera vez, las cosas han empeorado, porque como no los castigan, saben que pueden hacer de todo", lamentó.

Y lo cierto es que los datos le dan la razón. Según el balance de la Fiscalía General del Estado, el futbolista ha interpuesto 18 denuncias desde 2021, de las cuales cinco ya han sido archivadas por la "imposibilidad de identificar a los autores". El resto se encuentran en tramitación, en instrucción o esperando juicio oral. Dicho de otro modo: hasta el momento, más allá de sanciones administrativas o deportivas, nadie ha pagado por ningún delito derivado de los insultos o cánticos racistas.

Y no sólo contra Vinicius. El balance de criminalidad del Ministerio del Interior es clarificador: desde 2014 ha habido 441 infracciones administrativas por racismo o xenofobia en el deporte, pero ninguna penal.

Sólo dos casos avanzan en los tribunales por esta vía

Por ahora sólo hay dos casos que avanzan en esta vía. Uno se remonta al pasado 26 de enero, cuando apareció un muñeco colgado del cuello en un puente cercano a la ciudad deportiva del Real Madrid en Valdebebas. Llevaba la camiseta del delantero y estaba acompañado de una pancarta: "Madrid odia al Real". Cuatro días después el futbolista interpuso la denuncia ante la Fiscalía, que pide cuatro años de cárcel para los cuatro miembros del grupo ultra de extrema derecha Frente Atlético identificados como responsables de un presunto delito de amenazas y otro contra los derechos fundamentales y libertades públicas.

En paralelo, se les impuso una prohibición de acceso a la ciudad deportiva y a todos los estadios. Y administrativamente, según recoge la Comisión Permanente de la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte, multas de 60.001 euros.

El otro caso tuvo lugar justo tres años antes. En enero de 2020, en un partido de fútbol que enfrentaba al Espanyol contra el Athletic de Bilbao en el estadio de Cornellà- El Prat. Un aficionado del equipo catalán gritó "uh, uh, uh" cuando el conjunto rival decidió sustituir a Iñaki Williams en el terreno de juego. Según el Ministerio Público, lo hizo "obrando con evidente desprecio al color negro de la piel del jugador", algo por lo que el organismo le solicita dos años de prisión y una multa de 5.500 euros. Pero tampoco se ha resuelto todavía.

Una ley de 2007 y un Código Penal que parecen no tener cabida en el fútbol

"Se han puesto multas, sí, pero hay que ir más allá, porque esto son delitos de odio", señala María José López, abogada y codirectora de la asesoría jurídica de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), que reclama más contundencia en todos los sentidos. "Cuando suceden estas cosas lo que debería pasar es que el estadio en cuestión se cerrara", añade. "Hay muchas declaraciones públicas, pero no usamos todos los mecanismos que tenemos a nuestro alcance", sostiene.

Porque existen. Se trata de la Ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte —aprobada en 2007 y ampliada en 2022— y el propio Código Penal. "Tenemos dos instrumentos para luchar contra estos comportamientos, uno en el ámbito penal y otro en el administrativo. Sin embargo, el caso de Vinicius lo que evidencia es que su aplicación no está siendo rigurosa", lamenta Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia.

¿Por qué? "¿Por falta de compromiso o porque seguimos pensando que España no es un país racista?", se pregunta en este sentido Carlos de las Heras, especialista en deporte y derechos humanos de Amnistía Internacional. Para él, que lamenta que las situaciones que vive el futbolista tan sólo son una pequeña parte de lo que sufren las personas racializadas en España, ambas respuestas conviven.

"No necesitamos más leyes, sino aplicar las que ya hay", insiste Ibarra. La nueva Ley del Deporte, aprobada a finales de 2022 y que reformaba la normativa de 2007, tenía como uno de sus objetivos fundamentales la consecución de la igualdad en la práctica deportiva gracias a la eliminación del racismo, la xenofobia y la intolerancia de los recintos deportivos. Para lograrlo, encargaba a las administraciones públicas la puesta en práctica de medidas para garantizar que estos comportamientos no sucedieran en la práctica deportiva. Y endurecía su redacción para prevenir y castigar con mayor firmeza los comportamientos racistas. "Por ejemplo, si una grada está insultando, el árbitro debe parar el partido, dar un aviso y, si todo continúa igual, suspender el partido. Nunca hacer como si no pasase nada", recuerda Ibarra.

Es lo que pasó en Mestalla, el estadio del Valencia CF, en uno de los episodios que, a priori, pareció marcar un punto de inflexión. Al finalizar el partido, marcado por los cánticos de la grada contra Vinicius, el árbitro De Burgos Bengoetxea solo reflejó en el acta lanzamientos de objetos. Sin embargo, pocas horas después y achacándolo a un error informático, el colegiado añadió un comentario sobre los insultos, evidenciando los gritos de "mono, mono" hacia el delantero madridista. Pero el encuentro se disputó igual.

Los responsables en esta ocasión —los tres que pudieron ser identificados— tampoco tuvieron mayor castigo que una multa de 5.000 euros y una prohibición de acceso a los recintos deportivos durante un año. Al club, por su parte, se le impuso el cierre de la grada sur Mario Kempes durante tres partidos y una multa de 27.000 euros —inicialmente, la sanción era de 45.000 euros y cinco partidos.

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Lo sucedido entonces mereció hasta una condena por parte de la ONU. Su alto comisionado sobre Derechos Humanos, Volker Türk, hizo un llamamiento a "quienes organizan eventos deportivos" a "poner en marcha estrategias sobre el terreno" para "evitar y contrarrestar" el racismo que se registra en el mundo deportivo. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ya ha criticado por su parte en numerosas ocasiones la "barbarie racista" que, dice, impera en España. "Es increíble que en la segunda década del siglo XXI todavía existan comportamientos de este tipo. Toda nuestra solidaridad con Vini Jr. Merece todo el respeto y admiración por su talento y competencia", dijo el pasado 15 de marzo.

"Cuando Vinicius dice que la situación ha ido a peor tiene razón", lamenta Ibarra, que rechaza en cualquier caso que se catalogue a España de país racista o se concluya que el fútbol en nuestro país es un deporte de aficionados racistas. "Hay que erradicar estos comportamientos, pero no vale generalizar", sostiene.

La portavoz del Gobierno y ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Pilar Alegría, se refirió este martes a este asunto en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, donde señaló que los ataques al delantero blanco son la "antítesis" de los valores deportivos. "La violencia, el racismo, la xenofobia, cualquier tipo de violencia cualquier tipo de discriminación, desde luego, son la antítesis, si me permiten, de los valores que despliega el deporte, que son precisamente esa empatía, que es ese respeto, que es ese espíritu de equipo y, por tanto, nuestra condena más rotunda frente a este tipo de insultos, frente a este tipo de actitudes", sentenció.

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