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Machismo

La ciberviolencia contra las mujeres se instala en internet

Imagen de un usuario manejando su teléfono móvil.

Este martes el Parlamento Europeo dio luz verde al informe sobre la igualdad entre mujeres y hombres en la Unión Europea, elaborado por la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género [consultar aquí]. El documento hace mención a uno de los fenómenos más recientes producto de la simbiosis entre machismo y nuevas tecnologías. Se trata de la ciberviolencia y el acoso en internet. 

Según el estudio, un 18% de mujeres europeas ha sufrido desde la adolescencia algún tipo de acoso en internet, mientras que nueve millones aseguran haber sido víctimas de ciberviolencia. Resalta, asimismo, que el sistema judicial no cuenta con "capacidad de respuesta para la violencia contra las mujeres en internet", y que además "raras veces se denuncia, investiga, procesa y sentencia a los abusadores e incitadores de odio". En cuanto a las causas de dicho fenómeno, destaca "la estrecha interrelación entre los estereotipos y el marcado aumento de casos de acoso contra las mujeres y de sexismo en internet y redes sociales, que dan lugar a nuevas formas de violencia contra las mujeres y niñas".

Como réplica, el organismo europeo insta a la Comisión y a los países miembro a "poner en marcha medidas legales" para luchar contra la violencia machista en internet, de modo que se desarrolle una estrategia global europea en un marco legal que reconozca como infracciones penales las nuevas formas de violencia, y que contemple servicios de apoyo psicológico y una evaluación sobre el impacto de género en la Estrategia de Ciberseguridad de la UE y del Centro Europeo de Ciberdelincuencia (Europol).

Se trata de una alarma que ya activó la Comisión de las Naciones Unidas para la Banda Ancha (Broadband Commission) en 2015 mediante la publicación del informe Combatir la ciberviolencia contra las mujeres y las niñas: una llamada de atención al mundo [consultar en este enlace]. Según el mismo, el 73% de las mujeres activas en internet ha estado expuesta o ha experimentado algún tipo de violencia online. Además, las mujeres de entre 18 y 24 años presentan un "gran riesgo" de ser objeto de persecución, acoso sexual y amenazas físicas.

Espejo de la realidad

El fenómeno de ciberviolencia y acoso en internet cobra una dimensión que abarca todo tipo de insultos, amenazas, difusión de imágenes y vídeos de carácter íntimo sin el consentimiento de las partes implicadas, o incluso pedofilia.

La periodista y especialista en cuestiones de género Montserrat Boix recalca que en internet "no ocurre nada que no ocurra en la vida real", sino que genera unas herramientas, las redes sociales, que facilitan el acoso y la violencia contra las mujeres.

Boix añade que "el neomachismo está avanzando y usando de manera clara las redes para organizar acosos que no se atreverían a nivel personal". Lo hacen por un motivo fundamental: el anonimato que proporciona internet. En este aspecto coincide con ella Anita Botwin, periodista feminista que ha sufrido en primera persona los peligros que entraña "el dominio machista de las redes". "Son herramientas para el machismo debido a su anonimato", afirma. Defiende igualmente que "al final no dejan de ser un reflejo de la sociedad y del machismo que impera en ella, pero en las redes es más sencillo camuflarse y amenazar e insultar sin consecuencias".

A su entender, los comportamientos que se reproducen en internet no son más que "un reflejo de lo que hay en las calles, sólo que detrás de una pantalla y con un avatar falso", de modo que "es más fácil hacer daño". La experiencia de Botwin es compartida también por Andrea Momoito, coordinadora de la revista feminista Píkara, que ha sido blanco de amenzas a través de Twitter. "Hace dos o tres semanas me encontré con cientos de mensajes con imágenes de mujeres descuartizardas, en los que se me avisaba de que así es como iba a acabar si seguía opinando en internet". Momoito denuncia su experiencia reconociéndose como una privilegiada frente a la violencia "que sufren otras compañeras". No obstante, sí entiende "importante hacerlo público porque es algo a lo que las feministas" se ven expuestas continuamente.

Momoito recalca que la autoría de las amenazas "es lo de menos, lo importante es que detrás de esos perfiles hay hombres que en cuanto apagan el ordenador no tratan bien a las mujeres". Es ahí, interpreta, donde está el verdadero riesgo.

La necesidad de una respuesta firme

Uno de los principales problemas que genera los episodios de acoso o violencia apunta a la ausencia de una respuesta contundente por parte de las fuerzas de seguridad, vacío reforzado precisamente gracias al anonimato de los agresores. "No creo que las autoridades estén pensando en ello, sinceramente", reconoce Botwin. "Tan sólo se buscan perfiles que 'enaltecen el terrorismo' o son contrarios a esas mismas autoridades", mientras que, critica, "a la inversa no se produce". El motivo, a su juicio y "por no pensar mal", es que "no son conscientes aún del peligro que puede suponer". 

El silencio por parte de las autoridades es equiparable al de las instituciones, que "a través de la educación son clave para poder prevenir estas conductas machistas, ya sea en la red o en la calle". En este sentido, Botwin critica la "falta de voluntad por concienciar a la sociedad de un mundo igualitario y feminista" y lamenta que "los recortes en educación no hacen otra cosa que llevarnos a tiempos atrás y el machismo y la intolerancia en todos los aspectos van tomando fuerza", aunque sea adquiriendo formas más diversas. 

Boix subraya también su mirada preocupante ante "la falta de identificación de lo que es la violencia de género y el acoso" por parte de los más jóvenes. "Hay un déficit tremendo de todos estos años de falta de formación en las escuelas por el trabajo en igualdad", lo que a su modo de ver "se traduce en un problema de agravamiento de la violencia entre los jóvenes", que son precisamente quienes, como nativos digitales, mejor manejan las nuevas tecnologías.

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Botwin defiende, antes que el castigo, "la prevención a través de políticas potentes de concienciación". La periodista argumenta que el castigo a un maltratador o a un machista, si no es acompañado con educación en igualdad, deriva en la reincidencia. Momoito, a su vez, dice apostar por estrategias comunitarias que aborden el reto de "cómo legislar cuando la distinción entre mundo real y digital es cada vez menos clara". Por tanto, considera, resulta fundamental revisar el entramado penal para "adaptarlo al nuevo mundo en el que internet es un escenario más".

Patricia Ponce, psicóloga y miembro de Haurralde Fundazioa, recalca que el acoso y la ciberviolencia "no son cuestiones que puedan tomarse banalmente". Diferencia entre dos tipos de víctimas que actualmente están sufriendo este fenómeno de forma más habitual: las activistas feministas y las adolescentes. "La gente más joven no tiene la misma capacidad de respuesta ante un acoso", argumenta Ponce, quien detecta que las niñas "pueden no comunicarlo por miedo, especialmente si han tenido una actitud íntima" que el agresor pueda emplear como herramienta de presiones y coacciones.

Opina, por lo tanto, que "la prevención tiene que ser distinta dependiendo de la población". Respecto a los más jóvenes, apuesta por la creación de foros y espacios en los colegios desde los que se "hable del tema y se investigue", mientras que, en cuanto a las mujeres feministas, recalca la importancia de seguir visibilizando el problema y poner sobre la mesa la necesidad de educar en igualdad para evitar que este tipo de conductas se reproduzcan con el tiempo.

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