Las claves de la Diada: un independentismo dividido y con la llave para los presupuestos generales

Pere Aragonés, en una reunión del Consell

“Cataluña, próximo Estado de Europa”. Bajo ese lema se celebraba la manifestación independentista por la Diada en 2012. Un antes y un después en la política catalana. Superaba todas las expectativas, las imágenes desbordadas inundaban las televisiones. Nunca se había visto algo así. En mitad de una brutal crisis económica, miles de personas salían a pedir ser un nuevo país. Y no era un farol.

Desde entonces cambió todo, se iniciaba un proceso que tendría su momento cumbre con la declaración unilateral de independencia en octubre de 2017. El Estado se zarandeó por completo, se activó el 155, llegó la cárcel para los líderes del 1-O. Una herida profunda, dolorosa. La historia de las manifestaciones del 11-S de esta década dibujan la evolución de una cuestión sin resolver.

Pero el retrato de este domingo será muy distinto al de la ilusión colectiva de hace diez años. Ni siquiera se manifestará el president, Pere Aragonès, que no está cómodo con el espíritu que le ha imprimido la ANC, la asociación que la organiza, y que tiene un claro tinte antipartidista, con la idea de presentarse como lista cívica en las próximas elecciones catalanas.

El independentismo vive en plena crisis de enfrentamiento interno, que ocupa más titulares que la prolongada confrontación con la Administración General. Y es que ERC y Junts llevan chocando mucho tiempo -a pesar de compartir el Govern- por la estrategia a seguir. Los republicanos han hecho una apuesta clara por el diálogo y por buscar una solución pactada con el Gobierno, mientras que Junts opta por la vía más dura y por el “volveremos a hacerlo”. Todo ello con la confrontación encarnizada por la suspensión de Laura Borràs como presidenta del Parlament. Hasta la reciente resolución de la ONU sobre que España violó los derechos políticos de los exdirigentes del Parlament ha sido más motivo de trifulca interna que de presión al Estado.

Pero el independentismo sigue jugando un papel fundamental para la gobernabilidad de España, ya que de ERC depende mucho la estabilidad parlamentaria en la Carrera de San Jerónimo. Muy atentos están en La Moncloa de cara a los próximos presupuestos generales. Fuentes gubernamentales comentan que todavía es “pronto” para hablar de las cuentas, pero que los de Gabriel Rufián en el Congreso se han comportado con mucha responsabilidad en las últimas votaciones.

“El Gobierno confía en las fuerzas progresistas en la misma línea que anteriormente”, deslizan desde La Moncloa, subrayando que hay que poner “por delante” las necesidades de la gente y el interés general frente a las discrepancias y diferencias. Además, les suenan bien las declaraciones que han hecho hasta ahora en ERC sobre este tema.

En Moncloa destacan que los ministerios y la Generalitat trabajan de manera fluida día a día

En el Gobierno desean que esta Diada sea un día festivo para todos los catalanes y muestran su respeto respecto a la manifestación independentista siempre que se exprese de forma cívica. Desde el entorno de Sánchez se señala que la relación con el Govern es buena y que es fluida en el día a día entre los ministerios y los departamentos de la Generalitat. “Hay colaboración”, explican. Además, se ha conseguido superar el clima de desconfianza que se instaló durante la crisis por las escuchas de Pegasus. No hay fecha, explican en Moncloa, para la próxima Mesa de Diálogo, pero valoran los acuerdos en las reuniones durante el verano. Y comentan que el compromiso es intentar hacer otra cita antes de que acabe el año, pero siempre llevando el trabajo hecho y que no sea un simple intercambio de opiniones y declaraciones.

Esa vía de diálogo es lo que le está provocando más críticas a Pere Aragonès por parte del independentismo más ortodoxo. El president no va a la manifestación de este domingo organizada por la ANC por el tono que se le ha dado. En su entorno señalan que está muy seguro de la decisión que ha adoptado y que no ve muy compatible acudir a esa concentración a la vez que a los actos institucionales.

La sensación entre los dirigentes de Esquerra es que algunos en el movimiento independentista se dedican a repartir carnés sobre quién es más separatista o no. En la anterior cita hasta hubo gritos contra Oriol Junqueras, que acababa de salir de la cárcel. El espíritu que le imprime ahora la ANC está lejos, opinan dentro del partido, del de hace diez años, cuando era desde un punto más positivo. En esa idea inciden en el partido, se trata de ampliar la base social a favor del independentismo. Como ilustran fuentes republicanas: “ERC saca más votos que el hiperventilismo, pero en la calle hay más movilización de los hiperventilados”.

ERC apuesta por ir más lento y demostrar buena gestión para ampliar la base independentista

Desde que llegó Aragonès al Palau se ha apostado por el diálogo, por lo que no tiene sentido para él ir a la manifestación. Él mismo llevaba acudiendo años y sigue llamando a la movilización, pero no le gusta ese estilo menos plural y ese aire que se respira en la ANC: critican a los partidos, pero están pensando en presentarse.

En el círculo de Aragonès siguen defendiendo esa vía de diálogo: “El proceso será lento, pero no pararemos. Se tienen que hacer las cosas bien”. Esto no se trata, argumentan, de buscar enemigos dentro del independentismo, sino de gobernar bien “para todo el mundo”. Así aspiran a convencer también a los que no son independentistas de cara al futuro al ver su gestión. El president es un hombre muy pragmático, recuerdan siempre los suyos.

Ese pragmatismo lo intenta tener también en su relación con Pedro Sánchez. Para la parte de ERC, la relación es fría, pero correcta. Se escriben cuando toca, se reúnen cuando es necesario. Pero no es una relación fluida entre líderes, sostiene en el círculo del republicano. ¿Y qué gobierno prefiere en Madrid? Pues el jefe del Ejecutivo catalán siempre se lamenta que el PSOE no se puede escudar en el miedo a PP y Vox, pero prefiere, como dicen los suyos, “mejor malo conocido que malísimo por conocer”.

Las tensiones entre Junts y ERC se evidencian más a nivel de partidos que dentro del propio Govern, según fuentes conocedoras. En el anterior Ejecutivo catalán, por la parte de Junts, había consellers con mayor aspiración política que los actuales. El gobierno catalán, indican fuentes ejecutivas, se aísla más de los temas de los partidos. “Y no hay una Laura Borràs dentro”, como ironizan fuentes soberanistas. La presidenta del Parlament es motivo de tensión permanente y un activo electoral para el independentismo más duro.

No obstante, todos son conscientes de los últimos datos del barómetro del CEO del pasado mes de julio: el 52% es contrario a la independencia, la cifra más alta desde hace siete años. El 41% sí está a favor, mientras que el 7% no responde. Además, ahora la mayoría de la sociedad se muestra a favor de una “vía pactada” para solucionar el conflicto, por encima de la unilateralidad.

¿Y qué pasaría en este contexto si hubiera elecciones? Según el último barómetro del CEO, el PSC volvería a ganar las elecciones, pero el independentismo tendría la mayoría absoluta. Los de Salvador Illa mejorarían su resultado (logrando entre 36 y 42 diputados), quedando en segundo lugar Esquerra (31/37). Junts iría a la baja, con 22/27, y la CUP arañaría entre 8 y 12. El PP mejoraría, logrando niveles de antes del procès, con entre 9 y 14 asientos. Vox sería la sexta fuerza (4/8).

El politólogo Toni Aira hace el análisis de que la relación entre Junts y ERC está “inestable dentro de la gravedad”: “Es históricamente pésima”. “Nunca ha tenido un punto de unión real y sincero por parte de las dos formaciones. Sólo camino del 1-O de 2017 tuvieron una mínima línea estratégica compartida”.

“Unos y otros lo muestran abiertamente”, comenta, para subrayar: “Es un tipo de relación política peculiar". Pero hacen, comenta el profesor de Comunicación Política de la UPF-BSM, “que el Govern vaya gestionando sin demasiada estridencia y sin problemas a la vista” mientras los partidos discuten sobre la vía para la independencia. 

También se refiere a las diferencias respecto a la manifestación independentista de hace diez años: “Tendrá poco que ver”. En aquella cita, indica, hasta acudieron personas que no eran independentistas y de ámbitos como los ‘comunes’ y de ICV. “Había una diversidad ideológica”, añade Aira, que recalca: “Ahora es básicamente para los independentistas más convencidos, los partidarios de la línea unilateral y los más críticos con el Govern de Pere Aragonès”. Y esta edición, apostilla, representa la “ruptura” entre algunos partidos independentistas y la ANC.

Respecto a la relación con el Gobierno central, Aira recuerda esa vía por el diálogo de Aragonès, pero esto también causa “preocupación” en ERC porque no ven los réditos: “Esto tensiona mucho a Esquerra”. “Las bases independentistas de Junts y la CUP son muy críticas con esta estrategia que quieren identificar con anestesiar la reivindicación independentista, en la línea que le conviene más a Pedro Sánchez”.

La Diada, otro año más, termómetro de lo que pasa en Cataluña.

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