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Cambio climático

La creciente contaminación marítima por plásticos reclama una gestión más eficiente de los residuos

Acción de Greenpeace contra la contaminación por plásticos en el Mediterráneo.

Raquel Maluenda

“El plástico ha inundado nuestra vida diaria”. Así advierte Greenpeace del preocupante problema global de la contaminación marítima por estos materiales, que se ha incrementado de forma alarmante en los últimos años. Como consecuencia de una mala gestión de los residuos o de su abandono, “200 kg de plástico terminan en los océanos cada segundo, unos 8 millones de toneladas anuales equivalentes al peso de ochocientas Torre Eiffel”.

Pero más allá de las cifras, la contaminación de las aguas acarrea numerosos impactos. Primero, en la salud de los animales que los ingieren y sufren “enredos, asfixia, estrangulación o desnutrición”. No obstante, también repercute en la economía. El abandono de aparejos de pesca conlleva consigo pesca fantasma que daña gravemente las pesquerías. Pero también puede perjudicar al turismo y los costes de limpieza de zonas costeras son muy elevados. Se estima que la UE dedica 630 millones de euros cada año.

Del mismo modo, la producción mundial de plástico, que ascendió a 322 millones de toneladas en 2015, se destina, mayormente, a la fabricación de envases, muchos de ellos productos de un solo uso. En concreto, la UE dedicó el mismo año un 39,9% de su demanda de plástico a ellos. Curiosamente, la ONG Ocean Conservancy señaló que los objetos más comunes recogidos en la acción global de limpieza de playas International Coastal Cleanup fueron envases. Botellas de plástico y vidrio, tapones y tapas, envoltorios y bolsas de plástico fueron los más habituales, junto con colillas, pajitas y fragmentos de plástico inferiores a 2,5 mm.

Esta realidad cuestiona la efectividad del sistema de gestión de residuos y, especialmente, del de envases. El Ministerio de Medio Ambiente (MAPAMA) realizó un exhaustivo diagnóstico en el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos (PEMAR): 2016-2022. En él afirmó que, a pesar de que la gestión ha mejorado, en España todavía la mayor parte de los residuos terminan vertidos. Por ello, proponía “trabajar activamente en la prevención, fomentar la reutilización y ampliar la implantación de las recogidas separadas de flujos diferenciados”, actualmente limitada al 17,81% de los residuos.

En materia de envases, el MAPAMA informó de que la recogida separada estaba “prácticamente extendida en todo el territorio”, aunque todavía una parte importante de los envases se recuperaba de la fracción resto, que proporciona “materiales con una calidad muy inferior”. Así, planteó, entre otras medidas, “valorar la necesidad de otros modelos, alternativas o sistemas complementarios para la recuperación de envases”, en la misma línea que organizaciones como Greenpeace, que pidió la “implementación de sistemas de depósito, devolución y retorno de envases (SDDR)”. En nuestro país, la Comunidad Valenciana trabaja, actualmente, para su implantación en 2018.

Lejos de los objetivos comunitarios

Aunque España ha generado menos basura en los últimos años como consecuencia de la crisis económica, sigue enviando todavía más de la mitad de sus residuos municipales al vertedero, el 55,07% en 2015 según las últimas cifras de Eurostat. Reflejo de su estancamiento, no solamente seguimos atrapados en cifras de vertidos de hace veinte años (56,19%) —cuando fue aprobada  la Ley 10/1998 de Residuos—, sino que además solo hemos mejorado la tasa de reciclaje (33,3% en 2015) en cuatro puntos desde 2002 (29,3%).

 

La situación es insostenible. Tanto desde el nivel más técnico, como desde la percepción de la ciudadanía y los medios de comunicación, que ven calles, playas y bosques repletos de envases y basura abandonada y contaminando nuestros espacios, afectando a nuestra fauna y flora, con denuncias por parte de la Comisión Europea por la mala gestión de nuestros vertederos y con escasa transparencia y participación pública en el sector”, exhortaron en un documento 21 entidades de la sociedad civil.

España continúa “a la cola” de la UE en gestión de residuos y, sin un giro en línea con la jerarquía de residuos marcada por Europa, no parece posible cumplir con los objetivos comunitarios de 2020, que fijan como mínimo la preparación para la reutilización y el reciclado de residuos domésticos en un 50%. Además, la Comisión Europea elevó en 2015 el objetivo al 65% para 2030 y anunció su intención de limitar el envío al vertedero al 10%. Metas que, además, el Parlamento Europeo pretende que sean aún más ambiciosas.

 

Para que los países más rezagados en la materia alcancen las metas marcadas, la Comisión publicó en marzo un diagnóstico y unas recomendaciones. Entre ellos situó a nuestro país, al que aconsejó la “introducción de un impuesto nacional al vertido” de basura municipal; la “reforma de las cargas fiscales”, vinculando progresivamente los costes a la generación de residuos; y “mejorar y desarrollar nuevos sistemas de responsabilidad ampliada del productor”, extendiendo la responsabilidad a otros flujos, introduciendo el criterio eco-diseño y considerando la introducción de SDDR.

Igualmente, Europa considera fundamental una adecuada gestión de la basura orgánica, cuya fracción supone el 42% de la basura municipal, por lo que resultaría clave para alcanzar el 50% de reciclaje. En este sentido, la Directiva 2008/98/CE sobre los residuos remarca la importancia de facilitar su  recogida separada (actualmente, del 10%) y su tratamiento apropiado para “producir compost seguro para el medio ambiente y otros materiales basados en los biorresiduos” y “reducir la emisión de gases de efecto invernadero originados por la eliminación de residuos en vertederos”. Para ello, los grupos ecologistas reclaman la “obligatoriedad de la recogida separada de la fracción orgánica”.

Guerra de cifras

La gestión de los residuos de envases en nuestro país “ha mejorado sustancialmente” desde la aplicación de la Ley de Envases y Residuos de envases en 1997 según el diagnóstico del PEMAR, que asegura que “prácticamente la totalidad de los envasadores” cumplen con sus obligaciones legales “mediante la participación en sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor (Ecoembes, Ecovidrio o Sigre, según el tipo de envase)”. De este modo, los antes denominados sistemas integrados de gestión (SIG) se han convertido en la opción predominante para la gestión de envases domésticos, frente a los SDDR, que “prácticamente, no se han establecido”.

Si observamos las cifras oficiales, el sistema de gestión de residuos de envases parece funcionar en España. Según los últimos datos disponibles de Eurostat, nuestro país recicló el 68,7% y valorizó el 75% de sus envases en 2014. Por lo que habría cumplido ampliamente con los objetivos comunitarios vigentes, que exigen un reciclado de envases de entre el 55 y el 80% y una valorización mínima del 60%. Del mismo modo, España también habría superado las metas concretas de reciclado de los materiales contenidos en los residuos de envases, que exigen el 60% de vidrio y de papel y cartón, el 50% de metales, el 22,5% de plásticos y el 15% de madera.

 

Además, la situación ha seguido mejorando en los dos últimos años según Ecoembes, que presentó los resultados de 2016 el pasado mes de abril. “En 2016 se reciclaron en España 1.351.903 toneladas de envases, lo que supone un incremento del 4% respecto al año anterior”. Una cifra que elevaría la tasa de reciclaje de envases gestionados por la entidad al 76%, manteniendo a los envases como “los residuos sólidos urbanos con mejores datos en nuestro país”. Por materiales, los envases de papel y cartón alcanzaron la tasa de recuperación del 82,3%, los de metales del 84,8% y los de plástico del 66,5%.

Sin embargo, numerosas organizaciones ecologistas cuestionan las optimistas cifras. Greenpeace advirtió de que “en España, 30 millones de latas y botellas se pierden y acaban en un vertedero o contaminando nuestro entorno cada día”. Más de la mitad de los envases de bebidas que se pondrían a diario en el mercado (51 millones) según Ecologistas en Acción, que afirmó que “solo se recicla la tercera parte de los residuos de envases que generamos y la calidad de lo recuperado es baja”. Como el sistema actual no estaría evitando el impacto negativo de los envases en el entorno, reclamaron “otro modelo transparente, eficiente y sostenible”.

 

El responsable del área de residuos de la organización, Carlos Arribas, indicó en declaraciones a infoLibre que “las cifras de Ecoembes son falsas”, pues “no recogen todos los envases de los cuales son responsables en el sistema de responsabilidad ampliada”. “Hablar de un reciclaje de un 70% es totalmente ilusorio, viendo el abandono de los envases en el medio natural y en las calles y la escasa recuperación en las plantas TMB”, explicó. Según Arribas, “la mayor parte de los envases acaban en el vertedero o son incinerados”. Por ello, planteó “contar con estadísticas independientes, tuteladas por la Administración, que nos dieran un panorama real y actual (no con un retraso de dos años)”.

Por su parte, el consultor en gestión ambiental Alberto Vizcaíno se sumó a las críticas a la entidad: “Su modelo de gestión de residuos se ha quedado obsoleto, la única forma que tienen de legitimarlo es maquillar los resultados que obtienen para que todos tengamos la sensación de que nos están ayudando a proteger la naturaleza”. Vizcaíno cuestionó abiertamente sus cifras por lo alejadas que están de las oficiales sobre basura municipal (33,3% de reciclaje en 2014) —que está compuesta en un 8% de envases domésticos—, así como por su distancia con los casos particulares de Madrid o Asturias y, especialmente, por cómo calcula Ecoembes la tasa de reciclaje de envases.

No obstante, la entidad desmintió a infoLibre la falsedad de sus cifras: “Están auditadas y avaladas por las propias entidades locales y el resto de administraciones públicas”. Y justificó la diferencia entre las cifras de reciclaje de basura municipal y las de envases domésticos con que éstos solo suponen el 8% de la misma. Así, los residuos municipales incluirían, además, “materia orgánica, envases comerciales, maderas y escombros, celulosas, textiles y otros flujos”, muchos de ellos, según la entidad, sin ningún tipo de gestión en la actualidad, por lo que habría que trabajar en ellos.

De cara al futuro, Ecoembes se marca el objetivo de reciclar el 80% de los envases domésticos. Si bien también considera fundamental “avanzar con nuevos paradigmas como el pago por generación, donde el ciudadano solo paga por los residuos que no separa en origen para su reciclaje”. Un sistema en el que “cuanto más reciclas, menos impuestos pagas” y que la compañía estima “más justo” y motivador para la ciudadanía. En la misma dirección, también cree clave “seguir apostando por la innovación aplicada a todo el ciclo de vida del envase y por la educación ambiental”.

Una alternativa polarizada

Aunque las actuales cifras oficiales son buenas, el sistema actual de gestión de residuos de envases puede mejorar sus resultados. Desgraciadamente, sigue sin haber acuerdo en cómo hacerlo. La Comunidad Valenciana incendió el debate público el pasado año, cuando anunció su intención de implantar un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) en 2018, complementario al de Ecoembes, para acabar con el abandono de botellas y latas. Una medida que tanto el MAPAMA como la Comisión Europea recomiendan “valorar” y “considerar” y que ha encontrado una fuerte oposición por parte de la industria.

Desde que la comunidad levantina manifestó su propósito, detractores y partidarios del SDDR han ofrecido informes con conclusiones opuestas, que fortalecen o desacreditan su implementación. La iniciativa Retorna —integrada por la industria del reciclado, ONG ambientales, sindicatos y asociaciones de consumidores— es una de sus principales impulsoras. Su director de Comunicación, César Sánchez, afirmó en declaraciones a infoLibre que las cifras de reciclaje en España “no son buenas” y que existen múltiples alternativas que podrían funcionar de manera complementaria para la recuperación del máximo de recursos.

De todos ellas, destacó el sistema de depósito, que sostuvo sería “un incentivo muy poderoso para que la gente devuelva los envases que consume”. Por lo que conseguiría que se recuperasen “entre el 80-90% de los mismos. Llegando incluso al 98% en Alemania”. El SDDR consiste en “que la gente pague un depósito cuando compre una bebida y lo recupere cuando devuelva el envase a la tienda” y, según la organización, haría frente al abandono botellas y latas de bebidas, que supondría “el 40-50% del volumen de todo lo que se abandona fuera de casa” y cuya cifra ascendería a los “28 millones cada día”.

Pero el sistema no solo tendría ventajas para el medio ambiente. Desde la perspectiva económica, permitiría que tuviéramos “muchas más materias primas y de mucha más calidad” al “triplicar los índices de recogida selectiva para los envases sujetos a depósito”. Al mismo tiempo que generaría empleo “sin coste alguno para las administraciones”. Retorna estima la creación de 14. 000 puestos en una primera fase. No obstante, uno de sus mayores beneficios, señaló Sánchez, se daría a nivel social, ya que activaría “enormemente la conciencia ecológica de la gente”, que otorgaría valor a la basura y trataría de aprovecharlo. Greenpeace, Ecologistas en Acción, Amigos de la Tierra o CCOO son algunas de las organizaciones que apoyan su introducción en nuestro país.

Sin embargo, la Plataforma Envase y Sociedad —de cuya asamblea forman parte Ecoembes y Ecovidrio— presentó en 2015 un estudio en el que comparaba los modelos de gestión de envases domésticos en Alemania, Bélgica, Noruega y España y cuyas conclusiones eran desfavorables al SDDR. Así, su implantación en nuestro país implicaría “un incremento de los costes anuales de la gestión”, que supondría un coste medio por familia de 50€/año, para que, tras varios años de implantación, solo contribuyese a la tasa de reciclado “entre un 1 y un 3%”. De hecho, según las últimas cifras de Eurostat, desde que Alemania puso en marcha el sistema en 2003, su tasa de reciclaje de envases solo habría aumentado en un 1%, del 70,6% al 71,4% en 2014.

En definitiva, abogó por la mejora del sistema colectivo actual, con margen para ello, ya que presentaría "una tendencia ascendente en las tasas de reciclado y otros países, como Bélgica —país con la mayor tasa de reciclaje de envases de la UE (81,3% en 2014)—, ya han alcanzado tasas superiores al 80% con él”. Pero éste no es el único estudio en el que la plataforma cuestiona su introducción. A raíz del anuncio de la Comunidad Valenciana, analizó en un documento las implicaciones de su implantación en la misma y concluyó que implicaría un mayor coste para aumentar la tasa de reciclado en un 2,7%, por debajo del crecimiento medio anual del sistema actual (3,7%).

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En esta misma línea crítica, el pasado mes de abril la Cátedra UNESCO de Ciclo de Vida y Cambio Climático de ESCI-UPF presentó los resultados de un estudio de sostenibilidad sobre la implementación del SDDR en Cataluña, que también contempla implantar la polémica alternativa. En él exponía que la introducción del sistema de depósito para envases de un solo uso en Cataluña comportaría “un incremento en el impacto ambiental sobre el sistema actual de reciclado de envases, ya que conlleva procesos más contaminantes”. Y, además, “supondría un mayor coste económico y tendría un impacto social relevante”.

Además, el consejero delegado de Ecoembes, Óscar Martín, acusó a los impulsores del SDDR, en declaraciones recogidas por Europa Press el pasado año, de usar “argumentos falsos” y de “manipular a la ciudadanía con iniciativas de un lobby disfrazado de ecologista”. A lo que añadió que detrás de la iniciativa estaría una “operación comercial” —de la multinacional noruega Tomra, que ingresaría con la venta de máquinas en España 300 millones de euros—.

Mientras el foco del debate continúa en la gestión de los residuos una vez que estos ya existen —el Congreso aprobó el pasado mes de junio la proposición no de ley (PNL) que Compromís y Equo-Unidos Podemos presentaron en abril para el impulso del SDDR en España—, la extrema situación del planeta va más allá y señala al modelo de producción y consumo compulsivo que impera en la actualidad. Solo en España, cada habitante genera más de 1 kg de basura cada día. Y en Dinamarca, país de la UE que más residuos municipales origina, casi el doble. Como consecuencia de ello, lo más sensato parece seguir la ruta marcada por la UE, que prioriza la prevención por delante de la reutilización y el reciclaje. Y, es que, el residuo que menor impacto ocasiona seguirá siendo el que no se produce.

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