Otro año más, y ya es el cuarto, medio millar de neonazis llegarán al Maresme para gritar canciones de exaltación a Hitler, bañarse en las playas tatuados con esvásticas y provocar incidentes y terror por las calles de Calella (Barcelona). Pero, ley en mano, nada se puede hacer para impedirlo, aunque en Cataluña esos ultras tengan una presencia residual que en los últimos años se ha dispersado entre partidos de extrema derecha y entornos neonazis vinculados al gimnasio y al culto al cuerpo.
Se trata de la cuarta edición del Chaos in the Sun, "el festival Oi! más importante del viejo continente", según los propios organizadores, que se reunirán en una masía de Santa Susanna, municipio costero a 60 kilómetros de Barcelona, propiedad de un grupo motero, junto a las hinchadas radicales, caldos de cultivo del fascismo vinculado a la criminalidad. "Hay dos tipos de neonazis: los descerebrados y los ideológicos", asegura a infoLibre, Xavier Rius Sant, experto en extrema derecha y amenazado de muerte por sus investigaciones.
Los primeros se dedican a la extorsión a clubes, tráfico de drogas o explotación sexual. Serían los Boixos Nois o las Brigadas Blanquiazules (a veces aliados), que han tenido altibajos en función de la detención de sus cabecillas por alguno de esos delitos y que captan a sus cachorros en las gradas de los estadios. Los segundos, "los espartanos, patriotas", como se definen, se han reencarnado en Cataluña bajo diversas siglas y símbolos exportados de Madrid.
La última intentona neonazi es Núcleo Nacional, que surgió en 2024 al calor de las manifestaciones contra la amnistía a dirigentes catalanes ante la sede del PSOE en Ferraz. "El neonazismo en Cataluña está en la clandestinidad, bastante desorganizado, y Núcleo Nacional es ahora el más consistente", señala el periodista. El grupúsculo anunció este enero su desembarco en Barcelona con la apertura de un local —su "estoa", término tomado de la arquitectura griega, como prefieren llamarlo—, pero terminó alquilando un salón de bautizos y comuniones en Sentmenat, a 30 kilómetros de la capital catalana. Hasta allí acudieron centenares de antifascistas, que fueron repelidos por los Mossos. El acto lo dirigió César Agüera, propietario de un gimnasio en La Llagosta, en la periferia barcelonesa.
"El neonazismo se mueve en esa galaxia de gimnasios que utiliza como vía de reclutamiento, además de las redes sociales, en ambientes de testosterona fáciles para radicalizar a alguien. Juegan mucho con una propaganda cuidada, actos llamativos y una estética de masculinidad, pero no hay un trabajo político de calle con incidencia", analiza para este medio Miquel Ramos, autor de varios libros, entre ellos De los neocón a los neonazis.
Desde 2023, los ultras ni siquiera se congregan ya por el 12 de octubre —la Fiesta Nacional— en Montjuïc, como era habitual. A aquella última concentración apenas asistieron un centenar de neonazis, frente a los cerca de 2.000 de una década atrás. "Hay una correlación con el auge de partidos de extrema derecha. Sigue siendo la misma clientela, pero ahora con una legitimación y normalización de los discursos neonazis", asegura Ramos. Como ejemplo, cita a Jordi de la Fuente, concejal de Vox en Sant Adrià de Besòs, que aparece en su despacho con una bandera española con el anagrama de Núcleo Nacional.
Tres semanas después de aquella última concentración del 12-O, 14 neonazis de Democracia Nacional aceptaron penas leves por reconocer que habían hostigado durante dos años una mezquita de Nou Barris. A partir de esa condena de conformidad, sus integrantes dejaron de actuar en Cataluña. Es decir, cuando se aplican penas contra grupos hitlerianos, estos se acaban disolviendo o se metamorfosean.
Conocen bien los límites legales
El exmiembro de Democracia Nacional, Enrique Lemus, realizó en febrero la inscripción como partido político de Núcleo Nacional, quien no ha respondido a la solicitud de entrevista de este medio. "Es más complejo legalmente actuar contra un partido político que contra una asociación cultural", señala Rius Sant. "España no es una democracia militante [no exige que las organizaciones políticas compartan los principios del Estado, priorizando la libertad ideológica], siempre que no llamen a la violencia, están legalizados", añade sobre unos límites legales que las organizaciones supremacistas conocen muy bien.
En abril del pasado año, la Guardia Civil abrió una investigación contra Núcleo Nacional por incitación a la violencia tras un vídeo donde llaman a "una lucha conjunta contra la invasión" migrante. Sin embargo, poco más de un año después, Interior aprobó su registro como partido político y el ministro Fernando Grande-Marlaska aseguró que no había "elementos" en sus estatutos para "negar" esa inscripción. Pese a que el Parlamento europeo lanzó ya en 2018 una advertencia sobre la necesidad de prohibir los grupos neonazis, ningún país europeo, aparte de Alemania, Austria y Suiza, siguió esa recomendación para frenar el avance del racismo y la xenofobia.
"Ni siquiera la izquierda en España está interesada en abrir ese debate para censurar el nazismo. Por un lado, no se confía en la aplicación del marco jurídico, porque se ha visto en otras legislaciones, como los delitos de odio, que terminan penalizando a activistas antifascistas o de la comunidad LGBTIQ+. Por otro, por cálculos electorales perversos, interpretan que cuanto más dividida y radicalizada esté la derecha, mejor, porque les criminaliza", indica Ramos.
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De ese modo, según el investigador, han proliferado las exhibiciones públicas y se han empoderado muchos discursos de odio que fomentan la violencia hacia determinados colectivos racializados, "ilícitos penales que a menudo la Fiscalía deja pasar". Los propios integrantes de Núcleo Nacional justifican en su página web el uso de pasamontañas alegando que profesar su ideología "conlleva todo tipo de males para la vida personal de cada uno, multas y sanciones legales".
"Las fuerzas de seguridad saben quiénes son, hay una vigilancia muy cercana de estos grupos neonazis y se han hecho acciones preventivas", afirma Ramos. En octubre de 2023, fueron detenidos 16 supremacistas blancos y desarticularon una célula en Cataluña de Combat 18, una organización que apuesta por la lucha armada clandestina, considerada una banda terrorista en varios países. En febrero de este año fueron arrestados cuatro miembros de Núcleo Nacional en Sant Boi por hacer pintadas en mezquitas, comercios y en la sede del PSC. Fueron identificados por las publicaciones que subieron a Instagram. Sin embargo, "es un riesgo, porque eso no quita que pueda haber episodios puntuales de extrema violencia", agrega Ramos, como la matanza en Noruega de 77 jóvenes en un campamento socialdemócrata.
Este fin de semana en Calella, el apacible pueblo costero donde se alojarán los centenares de neonazis llegados de toda Europa, "habrá vecinos que no salgan a la calle por miedo y personas racializadas que se marchen del municipio para no sufrir agresiones", según denunció el diputado de la CUP Daniel Cornellà, en vista de los altercados que se han producido en anteriores ediciones, pese al despliegue policial que, de nuevo, custodiará la masía. Los antifascistas denuncian que el festival se celebra con "la complicidad de la Administración", mientras el alcalde de Santa Susanna justifica que no puede hacer nada porque "se trata de una fiesta particular". Y, si se prohibiese, seguramente el caos o la "Cara al sol" los pondrían otros personajes que, como la Hidra de Lerna —por volver a la antigua Grecia—, mejor que sigan en el pantano antes que oler su aliento.
Otro año más, y ya es el cuarto, medio millar de neonazis llegarán al Maresme para gritar canciones de exaltación a Hitler, bañarse en las playas tatuados con esvásticas y provocar incidentes y terror por las calles de Calella (Barcelona). Pero, ley en mano, nada se puede hacer para impedirlo, aunque en Cataluña esos ultras tengan una presencia residual que en los últimos años se ha dispersado entre partidos de extrema derecha y entornos neonazis vinculados al gimnasio y al culto al cuerpo.