Gestión de residuos

Ecologistas y vecinos lanzan una campaña por el reciclaje de materia orgánica para evitar más multas de Bruselas

Contenedor marrón de reciclaje de materia orgánica en Zamudio, Bizkaia.

Entidades ecologistas, del sector de la agricultura y vecinales se han unido en la campaña Quiero un marrón, lanzada este miércoles, para reivindicar el aún poco conocido cuarto contenedor de reciclaje, además del verde –vidrio–, el amarillo –envases y plástico– y el azul –papel–: el marrón, de materia orgánica. Dan cuatro razones de peso: sin el reciclaje, mayoritariamente para hacer compost que aprovecharía el campo, los restos de comida se desperdician; pasan a alimentar vertederos contaminantes y desagradables; si no nos ponemos las pilas las multas que llegarán de Bruselas serán millonarias y, además; el reciclaje –y la gestión de los residuos y del consumo, en general– son una fantástica herramienta para luchar contra el cambio climático. Los motivos son muchos para avanzar, pero uno en concreto se impone por la urgencia. En 2016, según Eurostat, España alcanzó una tasa del 29% de reciclaje de residuos urbanos (aquellos que se generan en las actividades desarrolladas en los hogares como consecuencia de las actividades domésticas), una cifra estancada desde hace años y que está muy lejos del 50% de reciclaje de estos residuos que la Unión Europea impone para 2020.

"Ante estos problemas, te proponemos una acción tan sencilla como importante: separar la materia orgánica en tu cubo marrón. Con ella se podrá elaborar un compost de calidad que hará que pueda germinar y desarrollarse una agricultura sin tóxicos, ecológica y sostenible", afirma la nota de prensa que han distribuido. Las organizaciones que han sacado adelante la campaña (entre otras, Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción o la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid) inciden en otra cifra. El 40% de lo que tiramos al contenedor gris normal es materia orgánica, aseguran, por lo que estamos desaprovechando una oportunidad de oro para aumentar nuestros registros de cara a Bruselas y avanzar hacia el objetivo de la economía circular: un sistema de consumo donde no se produce ningún tipo de residuo.

Los beneficios de incluir la materia orgánica en los procesos del reciclaje son muchos y evidentes. Madrid, de hecho, ya ha probado a instalar contenedores marrones, siguiendo los pasos de Barcelona, que apostó por el quinto contenedor en 2009. Numerosos ayuntamientos se han sumado a la iniciativa, con muy buenos resultados, como los de Argentona (Barcelona), Pamplona o Alhendín, en Granada, uno de los pocos del sur. Pero Quique Villalobos, portavoz de la FRAVM, también reconoce impedimentos y dificultades. Es más fácil este reciclaje en municipios pequeños, rurales, donde la conexión con el campo es más sencilla y sin intermediarios, para aprovechar el compost resultante. La segunda vida de la materia orgánica puede no resultar de interés para los agricultores a gran escala, dado el bajo nivel de calidad de la materia prima secundaria resultante. Para ello, Villalobos propone "utilizarlo, en las grandes ciudades, en el mantenimiento de zonas verdes" e implantar el sistema de recogida puerta a puerta en vez de los clásicos contenedores.

Este sistema, en líneas generales, consiste en que el Ayuntamiento reparte a los ciudadanos cubos especiales para verter la basura (que, en el caso de la materia orgánica, favorecen el compostaje) y anuncia días para recoger cada tipo de desecho, que los usuarios dejan en el portal en las fechas señaladas. Barcelona anunció en febrero que lo intentaría, pero… ¿no es complicado implantarlo en grandes urbes? "No tiene por qué. Al fin y al cabo, los distritos son como pequeñas ciudades", aventura Villalobos. "Los números demuestran que este tipo de sistema es más eficaz, porque hay una mayor implicación" que resulta en un número muy inferior de impropios en la basura. Aunque reconoce que "no hay un sistema mágico", el portavoz vecinal defiende que aún se pueden dar pasos de gigante para, por lo menos, intentar acercarnos a las metas europeas.

"Enfocamos la campaña a la ciudadanía, para que la gente no vea como un marrón" dividir en un compartimento más la gestión de los residuos domésticos, afirma Alodia Pérez, responsable de Residuos de Amigos de la Tierra, que apunta a un dato que ayuda a entender por qué no solo los ecologistas están implicados en este objetivo: "De imponerse multas desde Bruselas, la cuantía se trasladaría a la Comunidad o a los Ayuntamientos, según quién sea el responsable de la gestión", advierte. Pérez insiste en la necesidad de concienciar e informar a la ciudadanía de, en primer lugar, la necesidad de los contenedores marrones, y en segundo lugar, una vez instalados, de su correcto uso, en caso de que se opte por el sistema tradicional en España. 

Las normas y las sanciones de la UE

Las posibles sanciones, a día de hoy, parecen inevitables. Varias son las normas de la Unión Europea que ponen límites a España en su generación de basura. La primera es la Directiva 2008/98/CE, que establece la ya citada meta, vinculante y obligatoria, del 50% de reciclaje de los residuos domésticos. Pero hay más. El Consejo, la Comisión y el Parlamento acaban de llegar a un acuerdo para sacar adelante un paquete legislativo sobre economía circular que sube el número al 55% para 2025 y, además, establece dos medidas que prácticamente instan a España a establecer cuanto antes el contenedor marrón. Los Estados miembro no pueden dejar en el vertedero ningún residuo que sea reciclable a partir de 2030 y para 2025 deben garantizar la recogida separada de restos de comida. Ya no hablamos de una medida recomendada por grupos ecologistas, sino de una directriz inequívoca de Europa.

El tema de los vertederos, legislado por las instituciones europeas, es especialmente sangrante en España. El país ya ha sufrido dos condenas por parte del Tribunal de Justicia de la UE por sus vertederos incontrolados. La última, en marzo de 2017, por culpa de 61 espacios de este tipo, muy peligrosos y muy dañinos. El TJUE señaló que los 61 no cumplían la directiva europea sobre tratamiento de residuos y que España no había aplicado medidas coercitivas para cerrarlos, desmantelarlos o, al menos, restaurarlos. Dada la situación de estos puntos negros, los objetivos de Bruselas parecen, por ahora, inalcanzables, si sumamos además el último revés para la gestión de los residuos en España. La decisión de China de dejar de aceptar la materia prima secundaria (procedente del proceso de reciclaje) genera un superávit de plástico, papel o vidrio recién salido de la planta de tratamiento que, advierten los ecologistas, podría acabar en otro vertedero, lo que disminuiría una tasa ya de por sí pobre.

La gestión de las basuras depende de regiones y municipios, por lo que es difícil elaborar un mapa de cuántos países de Europa (y del mundo) reciclan ya la materia orgánica, pero hay varios ejemplos de referencia y países que han unificado sus criterios. Suecia, con una tasa de reciclaje de residuos urbanos de casi el 50% en 2016, lo hace, así como Reino Unido y Alemania, líder europeo en reciclaje según Eurostat. En Milán se ha establecido el sistema puerta a puerta, incluyendo los desperdicios de comida.puerta a puerta Pero más allá de los ejemplos, se impone la realidad de que todos los países de la Unión Europea tendrán que hacerlo, porque la legislación europea, desde este martes, se ha puesto aún más exigente.

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