Violencia machista

¿Efecto contagio o valentía para denunciar?: desde 2016 se han registrado 89 'manadas'

Manifestación de estudiantes en València "contra la justicia machista y vergonzosa sentencia de la Manada".

Desde que en el año 2016 saltara a la luz el caso de La Manada no han dejado de publicarse titulares sobre nuevos casos de denuncias de agresiones sexuales cometidas en grupo. El año 2019, de hecho, comenzaba con cifras alarmantes: en los diez primeros días del año hemos conocido, al menos, tres presuntos ataques nuevos. El primero tuvo lugar en Nochevieja, en Callosa d'En Sarria, Alicante. La Guardia Civil detuvo a cuatro hombres como supuestos autores de una violación que, además, habrían grabado en vídeo. Este miércoles se conocía, además, que otras tres mujeres les han denunciado. Pocos días después, el sábado 5 de enero, la Policía Nacional detenía en Algeciras a un joven de 18 años como presunto autor de otra violación. Dos amigos suyos, además, están investigados por haberle acompañado. Dos días más tarde, un nuevo caso. Pasadas las 22 horas de este lunes, dos individuos trataron presuntamente de agredir sexualmente a una trabajadora del hospital de La Vila Joiosa. 

La lista es demasiado larga, pero ni mucho menos se trata de un fenómeno nuevo, sino de un problema estructural que, además, se produce de forma global. En España, el caso de La Manada, producido en los Sanfermines del año 2016, marcó un antes y un después. El abuso sexual —según la sentencia condenatoria dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Navarra— cometido por cinco hombres a una mujer que en aquel momento tenía 18 años puso el foco mediático en un tipo de delito que, hasta entonces, no había estado atendido. Y no lo había estado, en parte, porque no hay estadísticas oficiales que registren las agresiones sexuales cometidas por más de un hombre. Por eso, desde ese momento activistas feministas pusieron en marcha el proyecto Geoviolencia Sexual, que tiene como objetivo investigar sobre las violaciones sufridas por mujeres. "Las estadísticas oficiales son demasiado básicas y tendrían que aportar otros elementos para poder encontrar el modo adecuado de prevenir" estos casos, explica Graciela Atencio, una de las impulsoras del proyecto. "El tema estadístico debería revisarse para trascender más allá del titular de prensa y poder establecer políticas preventivas", coincide la abogada Violeta Assiego

Pero a falta de datos oficiales, los que refleja Geoviolencia Sexual son alarmantes, y eso que recoge, únicamente, las agresiones cometidas desde 2016, cuando el proyecto registró 15 ataques sexuales a mujeres. En este punto, cabe destacar la distinción que hacen las activistas responsables del proyecto. Las expertas distinguen entre violaciones y agresiones sexuales. En el primer término incluyen aquellas en las que ha llegado a haber penetración y, en las segundas, en las que no. De las 15, 11 entrarían dentro de la categoría violación y cuatro en la de agresión. 

Similares son los datos registrados en 2017: durante ese año registraron 14 ataques —seis violaciones y ocho agresiones—. Pero las alarmas saltan, en cambio, con los registros del pasado año. "Si se observa la evolución, las denuncias estallan en 2018", explica Atencio. Según los datos, actualizados a fecha 10 de enero, el número de ataques sexuales cometidos en grupo ascendió, como mínimo, a 54 —34 violaciones y 20 agresiones sexuales—. Es decir, solo en 2018 se produjeron más violaciones grupales que en los dos años previos. O eso, o que hubo una mayor concienciación de las mujeres, que se atrevieron más a denunciar este tipo de delitos. Y es que todavía hay muchas mujeres que no lo hacen. "Sabemos que hay más casos, lo que pasa es que hay muchas mujeres que no se atreven a denunciarlo", explica Atencio. 

 

Agresiones sexuales múltiples registradas en España entre los años 2016 y 2018. | Geoviolencia Sexual

Consuelo Abril, abogada experta en violencia de género, explica el porqué. Las mujeres, argumenta, han reaccionado de forma contundente a la hora de condenar estos ataques, pero hacen frente a un problema muy grave cuando se tienen que enfrentar solas a un caso. Muy grave porque, lamenta, la mujer que denuncia se mete en un gran entramado jurídico que puede durar años. Y no sólo eso, tiene que enfrentarse además a los posibles cuestionamientos que se hagan de su relato y a la revictimización que, como ocurrió con la víctima de La Manada, sufren muchas mujeres. "No se facilita el camino a la víctima", explica Abril. 

Lo innegable es que desde que se produjera el "caso paradigmático" de La Manada, este tipo de ataques se han hecho, como mínimo, más visibles. ¿Porque se producen más o porque se denuncian más? Según las expertas consultadas por infoLibre, la multiplicación de este tipo de delitos no responde únicamente a un factor. Así, detrás de los datos, hay un poco de cada explicación, según Atencio. "Desde que saltó el caso de los Sanfermines de 2016, las denuncias han estallado", explica. Por otro, continúa, "hay un efecto de sensibilización en la población femenina que debe de haber influido en que las mujeres se atrevan más a denunciar y en que, a la vez, las fuerzas de seguridad estén más atentas a este tipo de delitos". 

Assiego coincide con ella. "Para mí es muy difícil poder tener una única respuesta", explica. "Yo creo que, sin duda, puede haber un efecto imitación de La Manada. Pero además, al visibilizar lo que le pasó a su víctima, puede que ahora haya otras mujeres que tengan menos vergüenza y se sientan más confiadas a la hora de denunciar. Este tipo de violaciones tenían un componente de autocensura importante que ahora se ha perdido", añade.

¿Imitación?: El efecto de la pornografía

Atencio no descarta que, desde 2016, pueda haberse producido un efecto imitación de los ataques sexuales perpetrados por, al menos, dos hombres. Según han observado desde el proyecto Geoviolencia Sexual, existen similitudes en los comportamientos de estas manadasmanadas. En primer lugar, en el hecho de grabar el momento de la comisión del delito. Lo hicieron los presuntos autores de la agresión de Alicante y los miembros de La Manada de San Fermín, quienes compartieron esas imágenes con sus amigos. "De todos los casos registrados en nuestra página web, entre el 5 y el 10% fueron grabados", añade Atencio. 

El peligro llega cuando, al ser compartidas, las imágenes se convierten en escenas meramente eróticas para otros hombres. De hecho, en el mes de mayo de 2018, la página pornográfica Xhamster aseguró al diario El Español que se había producido un incremento preocupante de las búsquedas del vídeo de la violación de Sanfermines. Esto ocurre, coinciden las expertas, por el papel tan importante que la pornografía juega en la educación sexual de los varones. "Hay niños de 11 años que aprenden conductas sexuales a través de la pornografía y creen que eso es una relación amorosa", lamenta Abril. Ven pornografía, además, que siempre "está al servicio del hombre, nunca de la mujer", de la que se muestra "una imagen distorsionada", añade. Imagen que se basa, en síntesis, en el sometimiento de las mujeres, que casi nunca aparecen como un sujeto activo en las relaciones. 

"También existe un factor que hay que analizar, y es cómo se introduce la sexualidad entre los jóvenes", indica Assiego. Ahora, dice, "hay muchos estímulos que han conseguido que se caigan los tabús sobre la sexualidad en grupo". Y uno de esos estímulos es la pornografía, añade. 

Existe una tipología de pornografía denominada gangbang, "grupos de tres o más hombres que tienen sexo con una sola mujer". En este tipo de relatos pornográficos se exponen imágenes en las que predomina la cosificación de la mujer y hasta la violencia explícita hacia ella. Con esta educación sexual, los hombres pueden intentar llevar a cabo "ese acto que ronda como una fantasía", denuncia Atencio. "No se trata de obtener placer sexual, sino de dominar y de reafirmar su masculinidad", continúa. En grupo, además, de forma más clara. "Lo que no se le ocurre a uno se le ocurre a otro", critica Abril. 

Según un informe publicado la semana pasada por el Ministerio del Interior —y cuyos datos responden al periodo comprendido entre 2009 y 2013—, quienes cometen este tipo de delitos son hombres jóvenes y sin antecedentes penales. Atacan en mayor medida a mujeres que ejercen la prostitución (16%) y lo hacen, además, en festivo o fin de semana, mayoritariamente en sábado, y principalmente de noche. El método de aproximación más característico es el engaño, aunque también se utiliza frecuentemente la violencia física o psicológica. Y el lugar de la agresión suele ser la vía pública o un espacio abierto.

¿Más valientes para denunciar?: la posible desprotección de la víctima

Pero a la vez, coinciden todas las expertas consultadas, existe una mayor valentía de las mujeres a la hora de denunciar, lo que explica el incremento de las cifras. Aun así, confirma Atencio, hay muchos casos que no llegan a salir del ámbito privado de la víctima. ¿Por qué? "Creo que hay un factor de sentirse desprotegida ante la justicia y ante la sociedad. Existe un efecto culpa que lleva a esconderse en los casos de agresiones sexuales", explica Assiego. Pero el fallo de la sentencia de La Manada, afirma, no ha influido. "Creo que, si la sentencia no es positiva, hay un rechazo social de tal nivel que a una mujer puede reforzarla", argumenta. 

Pero si en algo ha influido la sentencia de La Manada —que rebajó de agresión a abuso sexual los hechos cometidos por sus cinco integrantes—, ha sido en el sentimiento de impunidad que sienten los hombres. Al menos, así lo entiende la abogada. "Yo creo que ellos sienten impunidad por la sentencia y porque están en libertad e, irónicamente, se les puede ver como triunfadores", critica. "Sí creo que ese sentimiento esté detrás de quienes ahora ejercen este tipo de agresiones", lamenta. Sobre todo, indica, porque su visibilidad en medios de comunicación ha sido plena. En primer lugar, por su abogado, que ha jugado un papel "protagonista". 

El papel de los medios

De este modo, Assiego critica el papel que los periodistas han jugado en este caso y, en general, en los que guardan relación con él. Por un lado, denuncia el uso del término "manada" para nombrar a todos los grupos de hombres que llevan a cabo ataques sexuales contra mujeres. Tal y como argumenta, el uso generalizado de ese concepto deja a un lado el delito que cometen. "Es importante poner énfasis en el tipo delictivo que cometen. Hay que utilizar el lenguaje de manera que no les demos una nueva identidad que pueda reforzarles a nivel grupal y reforzar la cultura de la violación, sino designar la vergüenza y reproche social que tienen que tener este tipo de actos", critica. 

Pero la posible mala praxis periodística no acaba ahí. Emelina Fernández Soriano, presidenta del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), solicita, en conversación con infoLibre, "muchísimo rigor" a los medios de comunicación a la hora de informar sobre este tipo de agresiones sexuales. Lo pide porque no siempre ha sido así. De hecho, recibieron una denuncia sobre el tratamiento que un programa informativo hizo del ataque sexual perpetrado por La Manada. "Dieron una noticia utilizando imágenes en las que aparecían mujeres levantándose la camiseta durante los Sanfermines mientras, de fondo, sonaba la voz en off del abogado de los presuntos agresores", indica. 

Además, critica el hecho de que los medios hagan un "espectáculo" de este tipo de casos. "El 95% del público se informa a través de la televisión o de la radio, y si convierten una violación en un espectáculo contribuyen a frivolizar sobre un tema gravísimo", critica. Los programas de televisión no pueden, dice, prestar un altavoz a los familiares y a los amigos de unos condenados por abuso sexual. En su lugar, "habría que concienciar a los medios de que tienen que colaborar con la justicia y ponerse en el lugar de la víctima". "No se puede ser neutral en un tema como este", sentencia. 

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