La fosa común de Blas Infante pulveriza todas las previsiones con 1.300 víctimas exhumadas

Restos humanos extraídos de la fosa común de Pico Reja, en Sevilla.

10 de agosto. Como cada verano, es día de homenaje en Sevilla a don Blas Infante Pérez de Vargas (Casares, Málaga, 1885; Sevilla, 1936), asesinado sin juicio ni delito posible, tal día como este miércoles, hace 86 años. No son homenajes masivos. Sobresalen por dignidad y sencillez, no por muchedumbre. Lo dificulta la fecha. También, la desmemoria. El notario andalucista no es un personaje con el arraigo popular de otros mitos fundacionales. Pero, con sus limitaciones, el homenaje sigue vivo. Todos los partidos parlamentarios, salvo Vox, que desprecia explícitamente a Infante, participan. Y también un grupo de asociaciones andalucistas, que se niegan a que caiga en el olvido.

El acto tiene lugar en el kilómetro 4 de la antigua carretera de Carmona, donde hay erigido un monumento en memoria de Infante. ¿Por qué allí? Por un lado, porque allí –o cerca de allí– es donde Infante fue asesinado, tras ser detenido por un grupo de falangistas en su casa de Coria del Río y pasar ocho días arrestado. Por otro, porque sería difícil hacerlo donde está enterrado. Sigue sin haber plena certeza sobre el lugar dónde acabaron los restos del autor de Ideal andaluz, si bien las investigaciones historiográficas apuntan a un lugar cuyo nombre comienza a ser sinónimo de horror: Pico Reja.

En la fosa común de dicho nombre se desarrollan sin pausa, con la vista puesta en su finalización en diciembre, unos trabajos de exhumación que han permitido ya sacar restos de unos 1.300 represaliados por los franquistas, cuando las previsiones iniciales eran de 850. El director de los trabajos, Juan Manuel Guijo, cree que la cifra final ascenderá a unos 1.400. Cientos de familias aguardan a la posible identificación, que será la siguiente fase. Y que no se prevé fácil.

El largo periodo de utilización de la fosa y las distintas procedencias y formas de muerte de los enterrados "convierten el proceso de intervención y exhumación probablemente en el más complejo" de los llevados a cabo en España, añade el consistorio en un documento remitido a infoLibre. "Hay depósitos alterados, restos mezclados... Hay muchísima actividad que enmascara el hecho criminal", afirma Guijo.

Previsiones fulminadas

Los trabajos de delimitación de la fosa de Pico Reja del cementerio de San Fernando, en Sevilla, empezaron en 2017. Es una fosa gigantesca, con 671,34 metros de longitud –66 más de la previsión inicial– y una profundidad de unos cuatro metros. Al año siguiente, 2018, empezó la recogida de muestras de ADN de los familiares de los represaliados. La mayoría son de Sevilla y provincia, pero hay también de otras provincias andaluzas y españolas e incluso de Francia. Guijo, director de los trabajos de excavación y exhumación de restos, señala que unos 400 familiares han ofrecido muestras de ADN.

En el proyecto colaboran el Ayuntamiento de Sevilla –coordinador de los trabajos–, la Diputación, la Junta y el Gobierno. La adjudicataria de los trabajos es la sociedad de ciencias Aranzadi, un auténtico referente en este campo. Los historiadores, encabezados por José Díaz Arriaza, apuntaban a la existencia de una fosa con unos 1.103 cuerpos, si bien no exclusivamente represaliados. El cálculo de represaliados con que el empezó a trabajar Guijo, el director de los trabajos, se situaba en unas 850, "todos ellos del verano caliente de julio agosto de 1936". En cuanto al resto –"enterramientos de caridad", restos provenientes de osarios, etcétera–, preveía unas 250.

Todos los pronósticos han quedado fulminados. "Hasta que no se abre la tierra, no sabemos si hay plena correspondencia con los archivos y los testimonios. Y más aquí, donde se actuó con impunidad total. Todo lo que esperábamos ha quedado superado, tanto en la cronología como en el número", explica.

Lo que debían ser restos de 250 personas enterradas en "actividad funeraria normal" han pasado a ser restos de unas 4.500, es decir, 18 veces más, según explica a infoLibre Guijo. En esta cifra entran restos procedentes de osarios, hospitales, cárceles o entidades caritativas, con nulo registro que permita seguir la pista. El número, 4.500, impresiona, pero hay que aclararlo: no se trata de represaliados, sino de otros muertos enterrados allí. Guijo recalca que estos enterramientos respondían al intento de "enmascarar" el crimen.

A estos se suman unos 1.300 asesinados, víctimas estos sí de la represión franquista, explica Guijo. Son más que los 850 previstos. El equipo observa indicios claros de violencia como roturas perimortem –es decir, en torno al momento de la muerte–, ataduras en las muñecas y orificios de proyectiles. Hay enterramientos sin control, con cuerpos arrojados sin ningún tipo de respeto y en posiciones inverosímiles. Y después del año 36, lo que supone otra previsión quebrada. Llegaron hasta los años 40, según el Ayuntamiento. El equipo de arqueólogos se ha sorprendido al encontrar también inhumaciones en ataúdes. "Quizás –especula Guijo– eran personas con contactos con el régimen, o personas cuyos familiares estaban presentes y se les hizo esa concesión, o militares que habían sido leales a la república y se les permitió ser enterrados así y no tirados de cualquier manera".

Los trabajos continuarán hasta "principios de diciembre", según los cálculos de Guijo. Su previsión es cerrarlos con unas 6.500 exhumaciones de las que represaliados serían 1.400. Eso si no se produce una sorpresa y en la última zona que queda por excavar aparece un nuevo depósito, algo que Guijo no ve probable. "Luego, claro, habrá que hacer un estudio que puede hacer subir o bajar el número un poquito, porque hay fosas alteradas, removidas, restos mezclados...", explica.

Columna Minera

Los trabajos marcaron un hito en junio de este año, cuando los técnicos confirmaron la existencia de pruebas científicas que certifican restos de al menos una treintena de las víctimas que fueron miembros de la conocida como Columna Minera, una agrupación de combatientes voluntarios de la zona minera onubense que llegó hasta Sevilla para llevar dinamita y luchar por la República.

Los trabajos arqueológicos en Pico Reja, las características de algunos enterramientos –cuerpos sin ataúd, agrupados y boca abajo– y las evidencias de que habían sido represaliados –tiros en la nuca, ataduras, fracturas perimortem permitieron al equipo técnico de Aranzadi esbozar la hipótesis de que son miembros de la Columna Minera. ¿Cómo confirmarlo? Estos trabajadores vivieron, respiraron, bebieron y comieron en un entorno minero sin las medidas de seguridad actuales, así que podía existir una transferencia de metales pesados a su organismo. En efecto, las pruebas analíticas realizadas en la Universidad de Santiago de Compostela lo han confirmado. Dentro de la tragedia, también hay espacio para un ¡eureka!

La identificación de los restos

Queda el proceso de identificación. En noviembre de 2020 los profesionales del Laboratorio Municipal de Sevilla comenzaron la toma de muestras de los restos óseos de cada cuerpo exhumado, fundamentalmente del fémur, para su envío a la Universidad de Granada. Ahora mismo, según Guijo, ya se han enviado restos de 1.037 personas. ¿Por qué esa diferencia con las aproximadamente 1.300 víctimas exhumadas? "Hay casi 300 que no ofrecen restos viables, por el deterioro del hueso", entre otras razones, explica. "Hay fémures casi pulverizados", añade. Guijo estima que al término de los trabajos se podrían llegar a enviar a Granada restos de unas 1.200 personas, que habría que cotejar con las muestras dadas por alrededor de 400 familiares. El director de los trabajos afirma, no obstante, que aún existe la posibilidad de ampliar la cifra con nuevos familiares.

El escenario óptimo sería que todos los familiares que han entregado ADN confirmasen que, en efecto, su antecesor estaba enterrado en la fosa, de forma que se les pudiera entregar los restos para inhumarlos con dignidad. Obviamente, de ahí a lo que acabe ocurriendo habrá un trecho. Las identificaciones con respecto al total de cuerpos exhumados suele rondar el 10%, señala Guijo, pero añade: "Ha pasado mucho tiempo. La naturaleza no permanece quieta. El hueso que fue enterrado no es ya el mismo que el desenterrado. Han cambiado aspectos físicos y químicos. Y además, aquí, la actuación con total impunidad disminuye aún más las posibilidades", señala.

El director de los trabajos, no obstante, señala que no sólo importa la identificación: "En el peor de los casos, se van a dignificar los restos y se van a exponer las pruebas". Guijo da mucha importancia al contacto permanente con las familias, ante las que asegura que se actúa con "transparencia" y "humildad". Los familiares tienen las puertas abiertas a los trabajos, señala. El Ayuntamiento publica informes cada mes. El espacio quedará, cuando todo haya terminado, como un lugar "expositivo y explicativo". Aranzadi trabaja en una propuesta de reconstrucción que incluya un columbario, donde reposen los restos de los no identificados. El plazo para la finalización total terminaría en 2024. El coste total rondará los 1,5 millones de euros.

Entre Blas Infante y Queipo de Llano

Pico Reja es la primera fosa común excavada en Sevilla. Sorprende, en una ciudad que vivió la represión con una intensidad brutal. Los estudios históricos apuntan a que hay más de 4.000 víctimas del franquismo en un total de ocho fosas en el cementerio de San Fernando, que a día de hoy ni siquiera es un símbolo reconocible de la represión. Hay fusilados allí mismo, en tapias cercanas, y muertos en cárceles y campos de concentración o en enfrentamientos con las tropas sublevadas.

La relación de la capital andaluza con su memoria del horror es complicada. Mientras se cree que los restos Blas Infante –considerado "Padre de la Patria Andaluza" y cuya familia ejerce todavía como referente del andalucismo histórico– siguen en Pico Reja, los de Gonzalo Queipo de Llano, jefe de la represión en el sur de España, el general golpista que llamaba a violar rojas, descansan con honores en un lugar visible de la basílica de La Macarena, la hermandad con más miembros de la ciudad.

¿Ha aparecido algún indicio que apunte a que los restos de Infante están en Pico Reja, como sostienen las investigaciones historiográficas? La respuesta de Guijo es no. "A veces hay algún elemento que nos puede dar una pista. O las características bioquímicas, como con los mineros. En este caso, no".

Entre sus descendientes espera noticias Estanislao Naranjo, nieto menor de Infante e impulsor de la búsqueda de los restos y de la anulación de la condena que aún pesa sobre él.

Queipo de Llano en una basílica, Blas Infante en una fosa común

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