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El futuro de Cataluña

El Gobierno y Esquerra se tantean mutuamente en busca de un marco que haga posible un diálogo sobre Cataluña

La ministra de Política Territorial y Función Pública, Meritxell Batet, interviene en el Congreso de los Diputados.

El calendario avanza y el Gobierno de Pedro Sánchez tiene que pasar de las palabras a los hechos. Y uno de los frentes más delicados que tiene por delante, el del conflicto catalán, empieza a moverse. De un lado, el presidente ya ha puesto fecha a la primera reunión con el el jefe del Govern catalán, Quim Torra: será el 9 de julio, en La Moncloa, y el equipo de Sánchez otorga un enorme valor a una cita que quieren convertir en una ejercicio de normalidad institucional enmarcándola en un ciclo completo de reuniones con presidentes autonómicos. Del otro, el Gobierno explora escenarios con Esquerra Republicana, que desde las elecciones del 21 de diciembre ha asumido un discurso que, al menos formalmente y de momento, apuesta por evitar cualquier ruta unilateral.

Las heridas aún son profundas y la desconfianza muy elevada, pero a juzgar por las palabras que este miércoles intercambiaron en el Congreso el portavoz de Esquerra, Joan Tardà, y la ministra de Política Territorial, Meritxell Batet, ambas partes ya tantean el modo de hallar un marco que haga posible el diálogo.

De momento, unos y otros marcan las líneas rojas. Que se puede hablar de todo, aunque sólo sea para constatar la distancia que les separa, es la condición que ponen los republicanos y que, con toda probabilidad, someterán a votación en el Congreso el próximo martes. Que haya lealtad a los acuerdos y respeto a las reglas de juego, es la del Gobierno.

A medio camino de esas dos posiciones, Tardà y Batet intercambiaron reflexiones y enfatizaron la necesidad de abrir puertas durante un debate en Congreso en torno a una interpelación de Esquerra.

El portavoz republicano reconoció que su partido espera que un Gobierno socialistas apoyado por Podemos sea “mucho más dialogante que uno del PP soportado por Cs”. “Cuando se nos pregunta qué esperamos, la respuesta es diálogo”. Esa “la palabra troncal, porque cualquier pacto siempre es el resultado de un proceso de dialogo”.

Tardà admitió que “estamos ante una gran oportunidad” para resolver “el conflicto constitucional entre el Reino de España y Cataluña que se originó en la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut”.

Pero “sólo puede haber diálogo”, advirtió, “si se puede hablar de todo. No vamos a participar en ningún marco de diálogo en donde las partes no puedan hablar de todo”, a sabiendas de que “habrá cosas que no les gustará oír y a nosotros no nos apetecerá oír”, reconoció.

“Seamos cautos e inteligentes a loa hora de crear el marco”, pidió a la ministra. Porque el independentismo no aceptará hablar únicamente de reformar “este viejo edificio”, pero sí “de la propiedad del edificio o incluso de la copropiedad del edificio. Esta decisión es muy importante”, insistió, “porque determinará la solución del proceso”.

Tardà mantuvo su reivindicación del derecho a decidir, pero evitó las aristas. E incluso llegó a decir que “si ustedes creen que el camino es un nuevo Estatuto de autonomía, inténtenlo”, animó a Batet. “Si el pueblo de Cataluña dice sí, nosotros lo acataremos, por su puesto, aunque no nos guste”. Pero “el listón en poder hablar de todo, aunque sea para constatar que en algunas cuestiones estamos muy pero que muy alejados”. 

En este momento, enfatizó, lo que hace falta es “talla política” por parte de todos. “Y se lo digo yo, que soy independentista y asumimos que, como mínimo, hemos cometido tanto errores como ustedes”.

La regla de “la reciprocidad”

La ministra no aceptó la línea roja planteada por Tardà pero tampoco la rechazó. “En tiempos de dificultad crece la esperanza” y “la única forma” de resolver el problema “es mediante diálogo y acuerdo. Por eso le propongo una regla: la reciprocidad” y “no arrogarnos la representación de la totalidad de Cataluña” porque “si olvidamos la pluralidad nuestra conversación se vuelve estéril y excluyente”.

Batet asumió expresamente “la necesidad de desarrollar un diálogo institucional y político con el objetivo de encontrar elementos de acuerdo que reduzcan la preocupación y refuercen el consenso”. Y pidió, “recíprocamente”, “que el Gobierno en el que ustedes participan en la Generalitat tenga igual sensibilidad e igual respeto. Cada conflicto que desactivemos, cada impugnación que resolvamos mediante pacto, cada decisión que reconozca aspectos relevantes para el otro, son pasos coherentes con ese respeto y esa consideración mutua”.

Eso sí, insitió: respetando “las reglas del juego de un sistema democrático. Y eso es precisamente lo que ustedes no hicieron. Y eso es algo más que un error”, reprochó al portavoz republicano.

Batet dejó claro lp que espera de ERC: “Abrir puertas, tender puentes, asumir riesgos y aceptar responsabilidades. Por eso creo que Esquerra puede ser y será una pieza central en la definición de un nuevo ámbito de acuerdo de avance y de compromiso”.

“La propuesta que el Gobierno quiere plantear”, avanzó, “es una propuesta con contenidos” pero también “con garantías jurídicas y políticas”. Y, sobre todo, “un compromiso de lealtades”.

Frente a la “reciprocidad negativa” de estos años, explicó la ministra, “le propongo que intentemos una reciprocidad positiva. Que beneficie a todos. Y para ello es importante que cada medida que propongamos tenga en cuenta el criterio de reciprocidad que le proponía como regla para para dialogar”.

El conflicto, concluyó Batet, “no lo va a resolver en exclusiva el Gobierno de España. Lo resolveremos todos si nos implicamos, recuperando conceptos que se han perdido: lealtad, confianza y respeto. Eso tiene que presidir el diálogo, los contactos y los posibles acuerdos”.

Frente a ese diálogo tomó posición, frontalmente, el Partido Popular. En nombre de la mayoría de la Cámara se pronunció la exministra de Sanidad, Dolors Montserrat, y lo hizo para despreciar cualquier hipótesis de diálogo y exigir al nuevo Gobierno que tome medidas contra el independentismo en general y el Govern de Quim Torra en particular.

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Montserrat abrazó desde la tribuna el discurso radical de Ciudadanos de los últimos meses de Gobierno de Mariano Rajoy y se mostró convencida de que el Gobierno socialista acabará “claudicando” ante el independentismo catalán. “Cada debilidad del Gobierno de España va a ser un paso más” hacia la ruptura y, pese a los “muchos eufemismos”, acabarán cediendo ante el independentismo: ”Me da la impresión de que están otra vez claudicando. Estamos temerosos de que ustedes vuelvan al pacto del Tinell y al cinturón sanitario frente al PP”.

Batet, le replicó que “dialogar no es ceder” e instó al PP, como antes había hecho con Ciudadanos, a decidir si en esta nueva etapa quieren participar en la solución del conflicto político catalán o seguir utilizando el conflicto territorial como mecanismo para captar votos.

Este primer debate sobre Cataluña en el Congreso coincidió en el tiempo con el anuncio de la primera reunión entre Sánchez y Torra, que este miércoles se comprometió a buscar “de manera frenética” un pacto con el Gobierno que no implique renunciar al derecho a la autodeterminación.

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