Casi dos meses después de su arranque en la Audiencia Nacional, el juicio de la operación Kitchen ha entrado este miércoles en su fase final con las declaraciones de los acusados. El primero ha sido el exsecretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez, quien solo ha respondido a las preguntas de su abogado. A lo largo de dos horas, el ex número dos del Ministerio del Interior ha calificado como "denominación periodística" la Kitchen, supuesta operación parapolicial para evitar que información comprometedora para el PP pudiera terminar aportada al caso Gürtel. Y ha negado haber encargado localizar los "discos duros" del extesorero Luis Bárcenas. Es más, ha dicho que no había preocupación por ellos. Ni suya ni de su jefe, el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz, a quien ha evitado poner en la picota.
Al ex secretario de Estado de Seguridad le arrastraron a la causa, fundamentalmente, las declaraciones en fase de instrucción de Enrique García Castaño, quien fuera jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO) de la Comisaría General de Información, que es la que realizó el grueso de los seguimientos a la familia Bárcenas. El Gordo, así le llamaban, aseguró al instructor que fue Martínez quien le encargó buscar los discos duros del extesorero con la "contabilidad" del PP, sobre los que existía preocupación. Y que a él le entregó en su despacho un "pendrive" con el contenido de un volcado que se hizo de varios dispositivos del extesorero, un dispositivo que le dio junto con un ordenador.
Martínez ha negado tajantemente haber dado tal orden a García Castaño: "Radicalmente no. Además, creo que eso de los discos duros de Bárcenas es una leyenda mediática. [...] No solo es falso, sino que es una fantasía", ha resaltado frente al tribunal, presidido por la magistrada Teresa Palacios. Es más, ha dicho que "jamás" percibió "interés o preocupación" por "discos duros y contabilidades". "Y, por supuesto, jamás del ministro", ha completado. Y lo mismo respecto a las famosas grabaciones que Bárcenas asegura que tenía sobre, entre otros, el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy. "Lo que yo percibía era que eso no se creía e, incluso, hasta se bromeaba con ello. Nadie me transmitió jamás ninguna preocupación por haber sido grabado por Bárcenas. Y, desde luego, nunca me la transmitió el ministro", ha aseverado.
La relación entre Martínez y Fernández Díaz lleva años muerta. Sin embargo, ambos han remado en la misma dirección durante el juicio. Una línea de defensa conjunta que se ha mantenido hasta el final. Durante su comparecencia, el ex secretario de Estado ha evitado en todo momento referirse a las comunicaciones que protocolizó en 2019 ante notario, unos mensajes que él dijo que le mandó su jefe y que evidenciarían que el mismo estaba al tanto de toda la operación policial sobre el entorno de Bárcenas. Aquellas comunicaciones, que en fase de juicio ha decidido guardar en un cajón, son, precisamente, las que más persiguen a Fernández Díaz en la causa. Y las que en fase de instrucción provocaron un tenso careo entre jefe y subordinado.
El ex secretario de Estado, sin salirse un milímetro de la línea de defensa marcada, ha vestido la Kitchen como una suerte de operación de inteligencia legal orientada a "descubrir" si el extesorero conservador disponía de más fondos en el extranjero y de si había "más personas" implicadas "a modo de testaferros". En este sentido, ha dicho que entiende que toda la información recopilada de "interés" era trasladada a la Policía Judicial, que era donde, a través de la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), se investigaba Gürtel. Ahora bien, ha dejado claro que no era su cometido saber si ese intercambio de datos se estaba produciendo. No obstante, ha resaltado: "Presumo que todos actuaban dentro de sus funciones y dentro de la legalidad, y no tenía ninguna razón para cuestionarlo".
"Una leyenda mediática"
Ha dicho que se enteró por su jefe el 13 julio de 2013 de que alguien cercano a Bárcenas estaba colaborando con la Policía Nacional, algo que confirmó a través del ex director adjunto operativo Eugenio Pino y traslado al ministro del Interior. Pero poco más. "Yo no tenía ni la más remota idea de esto", ha lanzado Martínez. Y ha querido dejar claro que él nunca ordenó "investigaciones sobre nada". De esta manera, ha negado que mandara registrar el local de Rosalía Iglesias, sobre el que también existía "una leyenda mediática". O que García Castaño le informara sobre el resultado de esa entrada, que según reconoció en sede judicial realizó él mismo.
También ha rechazado que diera orden de clonar los teléfonos del extesorero, cuyo volcado ha sido confirmado por dos agentes de la UCAO. Y, por supuesto, que recibiera el contenido de los mismos. Efectivamente, ha dicho, García Castaño y sus colaboradores acudieron en su día a la Secretaría de Estado de Seguridad con un ordenador que pusieron a su disposición. Ahora bien, ha señalado que el contenido del mismo no tenía absolutamente nada que ver con la Kitchen. "Tenía información de un asunto secreto del ámbito internacional. Como estaba en varios idiomas, me habilitaron una herramienta", ha resaltado.
Del mismo modo, ha negado que él ordenara que se pagara a Sergio Ríos, chófer de Bárcenas y colaborador policial que facilitó la Kitchen, con cargo a los fondos reservados. Al fin y al cabo, ha explicado, él solo daba luz verde a las cifras globales que luego se repartían entre Policía y Guardia Civil. "La cantidad que se le pagaba era la que el manipulador del confidente consideraba que era la adecuada. En eso no solo ni entraba ni podía entrar, es que lo desconocía absolutamente", ha dicho el ex secretario de Estado, quien ha señalado que "nunca" escuchó ni a El Gordo ni al comisario jubilado José Manuel Villarejo "hablar de nada ilegal".
Casi dos meses después de su arranque en la Audiencia Nacional, el juicio de la operación Kitchen ha entrado este miércoles en su fase final con las declaraciones de los acusados. El primero ha sido el exsecretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez, quien solo ha respondido a las preguntas de su abogado. A lo largo de dos horas, el ex número dos del Ministerio del Interior ha calificado como "denominación periodística" la Kitchen, supuesta operación parapolicial para evitar que información comprometedora para el PP pudiera terminar aportada al caso Gürtel. Y ha negado haber encargado localizar los "discos duros" del extesorero Luis Bárcenas. Es más, ha dicho que no había preocupación por ellos. Ni suya ni de su jefe, el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz, a quien ha evitado poner en la picota.