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'Morirán de forma indigna': una Verdad con mayúscula

Morirán de forma indigna es el testimonio de Alberto Reyero sobre lo que ocurrió en las residencias de Madrid durante la primera ola de la pandemia. Reyero, entonces consejero de Políticas Sociales, realiza un ejercicio de rendición de cuentas y relata la intrahistoria de cómo se tomaron aquellas decisiones. Editado por Libros del K.O., el libró llegará a las librerías el lunes 3 de octubre. Un día después, 4 de octubre, Reyero presentará el libro en un acto en el que también participará Manuel Rico, director de investigación de infoLibre y autor del prólogo de la obra. La presentación se celebrará en el Centro Cultural La Corrala.

A continuación, infoLibre publica el prólogo escrito por Manuel Rico.

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En el futuro, cuando se escriban los textos de historia, uno de los testimonios esenciales para entender qué ocurrió en las residencias de la Comunidad de Madrid durante la primera ola de la pandemia será este libro que recoge el testimonio de Alberto Reyero. Morirán de forma indigna, qué título tan terrible y tan impactante, sobre todo cuando se tiene la certeza de que no nos encontramos ante una ficción, sino ante un relato verídico. Murieron miles, efectivamente, de forma indigna.

«Esto que tienes delante, querido lector, es mi verdad; en minúscula, claro, como casi todas las verdades importantes. Y que nadie se llame a engaño: por supuesto que esta historia no es imparcial. Pero, aunque no estés de acuerdo con mis juicios, mis opiniones o mis hipótesis, será difícil que hagas caso omiso de los hechos y de los documentos en los que he basado mi versión», confiesa Reyero en las primeras páginas. Yo creo que es una Verdad con mayúscula.

Pero más allá de esta discrepancia, lo que no tiene discusión es que estamos ante un relato basado en documentos y hechos narrados por un testigo directo de lo ocurrido. Y en cuanto a los juicios, ¿de verdad se podrán rechazar? Hay entre nosotros terraplanistas, claro, pero lo que difunden no son juicios. Ese es precisamente uno de los grandes males de nuestro tiempo: la confusión de las profesiones. En tu currículum puede poner que eres periodista, pero si te dedicas a manipular y fabricar documentos, tu actividad es la de sicario que opera en el sector informativo. Si eres un terraplanista, tus opiniones no son tan respetables como las de cualquier otro, sino que defiendes idioteces.

En definitiva: salvo que usted sea un sicario o un terraplanista, será muy difícil que discrepe de los juicios de Alberto Reyero después de conocer los hechos y los documentos.

Lo que desvela, lo que muestra, lo que desmonta

Las razones para leer este libro son muchas, pero yo las voy a agrupar en tres bloques: lo que desvela sobre lo ocurrido en las residencias de Madrid durante la primavera de 2020, lo que muestra del funcionamiento del poder y las falacias que ayuda a desmontar.

El entonces consejero de Políticas Sociales asegura que la primera vez que se planteó dimitir fue al comprobar «la indiferencia dentro del Gobierno a la tragedia de Monte Hermoso», la primera residencia que se convirtió en noticia por el elevado número de muertes y contagios. El 25 de marzo, una semana después de que se empezara a hablar de Monte Hermoso y cuando ya casi mil personas habían fallecido en residencias, Reyero pidió ayuda en el Consejo de Gobierno telemático que se celebró aquel día.

«Hice una petición concreta: cincuenta médicos y cincuenta enfermeros para reforzar la atención sanitaria en las residencias que requerían una actuación más urgente. Era una petición modesta, porque se necesitaban muchos más recursos, pero era una manera de poner en marcha aquello que habían prometido unos días antes. “La situación es límite”, les resumí. No voy a dar demasiados detalles del debate porque las deliberaciones del Consejo tienen carácter reservado. Pero no recibí más que evasivas (no iban a poner a mi disposición a ningún sanitario, eso me quedó claro) y solo sentí frialdad e indiferencia a mis peticiones», escribe Reyero. Y añade: «Durante aquel debate, un consejero de Ciudadanos me había escrito un mensaje de WhatsApp: “Les da igual”».

¿Frialdad e indiferencia ante la muerte de cientos de personas mayores, muchas de ellas dependientes, que se ahogaban en su propia tos, encerradas en sus habitaciones? ¿De qué calaña tienes que ser?

El lector descubrirá a lo largo de esta obra abundantes ejemplos de semejante indolencia e insensibilidad. En un país normal, decente, el mismo día que se publicase este libro, la Fiscalía de Madrid abriría diligencias, citaría a declarar a algunos protagonistas mencionados por Reyero, pediría documentación al Gobierno autonómico e iniciaría una investigación seria y en profundidad.

Claro que, en un país decente, los familiares de muchas víctimas no habrían tenido que soportar el escarnio de determinados autos judiciales y resoluciones fiscales de archivo, sin tomarse la molestia de realizar la más mínima investigación sobre los hechos descritos en las denuncias. Y todo ello ante la inaceptable y cómplice pasividad de la fiscal general del Estado hasta julio de 2022, Dolores Delgado.

Este libro desnuda también el funcionamiento de un poder opaco y corrupto. Opaco a veces incluso para el propio Reyero, a quien la presidenta Isabel Díaz Ayuso ocultó una reunión al principio de la pandemia donde en teoría se diseñó un plan con 270 actuaciones. «¿Dónde se encuentra ese plan con 270 medidas de lucha contra la pandemia? Porque si ahí están contenidas las líneas de actuación para enfrentarse a la mayor urgencia sanitaria de los últimos tiempos, ¿no deberíamos haber tenido acceso a ellas? Pero la realidad es que no lo hemos visto nunca. Ni nosotros ni nadie», se lamenta.

Un poder corrupto en la medida en que se apoya en un costoso aparato de propaganda para imponer un relato falso. Es casi tierno comprobar cómo el consejero va descubriendo las malas artes de algún gacetillero de tercera regional con ínfulas. Y es inevitable una sonrisa comprensiva ante su jugada de filtrar los correos que había enviado al consejero de Sanidad, el infausto Enrique Ruiz Escudero, como forma de reventar la enésima emboscada mediática que le tenían preparada sus compañeros de coalición. «En el río revuelto de la desinformación es donde triunfan las patrañas», resume Reyero, en referencia a la maquinaria de intoxicación de Ayuso y su otro escudero, Miguel Ángel Rodríguez. Maquinaria generosamente engrasada con los euros de los contribuyentes.

Este libro, en fin, ayuda a desmontar las falacias puestas en marcha por ese aparato de manipulación mediática que produce unos efectos tan nocivos en la sociedad. «Quien es ciego ante los hechos y la realidad es un peligro mayor para la verdad que el mentiroso», sostiene con razón el filósofo Byung-Chul Han, para quien «decir la verdad es un acto genuinamente político».

Hay mentiras tan burdas que no llegan ni a falacia, solo aptas para el consumo de tontos de remate, como la de que el responsable de las residencias era Pablo Iglesias. Pero hay otras falsedades más elaboradas: que fue un tsunami ante el que no se pudo hacer nada; que el único culpable fue el bicho (simpleza que también propagó con entusiasmo casi fanático el presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, José Augusto García Navarro); que en todas partes se actuó igual; que lo ejecutado con los residentes fue un triaje… Y la más inhumana de todas: que las personas fallecidas sin recibir atención médica en las residencias habrían muerto igual si las hubiesen trasladado a un hospital. Una verdadera estafa argumental que la propia Ayuso colocó en un programa nocturno de máxima audiencia, donde fue a hacer el saltimbanqui en vez de aprovechar para pedir perdón a los familiares de las víctimas.

Frente a ello, Reyero explica cómo actuaron de forma diferente en otras comunidades autónomas, denuncia que el «hospital milagro» montado en Ifema «tenía truco», detalla el escándalo de la llamada «operación bicho» y disecciona el Protocolo de la Vergüenza, que establecía «que había vidas dignas de ser vividas y otras que no. Así de claro. La terminología médica escondía una discriminación inaceptable: si vives en una residencia no tienes derecho a ir al hospital. Tampoco si tienes una discapacidad. Hay otras vidas que merecen ser salvadas antes que la tuya». Decir la verdad es, desde luego, un acto genuinamente político.

Por supuesto, Reyero también se rebela ante la falsedad de que el traslado a los hospitales para atender a los enfermos no habría servido de nada: «Sí cuestiono que se negara el traslado automáticamente a aquellos que estaban en condiciones de ser trasladados y que se podrían haber beneficiado del tratamiento en el hospital. […]. ¿A cuántas de esas personas que, con el tratamiento adecuado, podrían haber superado la enfermedad en un hospital se les negó el acceso? No lo sabemos. Y no lo llegaremos a saber nunca. Pero intuimos que fueron muchas».

«En política puedo admitir casi todo, pero que se utilice una tragedia en beneficio propio me parece una absoluta inmoralidad», denuncia el autor. ¿Acaso no entenderá este hombre el concepto «libertad»? Libertad para manipular a los muertos. Y cañas, muchas cañas, para los vivos. Sobre todo para los vivos de la especie espabilado superior, aquel que se va embolsando las comisiones de doscientos mil en doscientos mil euros.

Los zapatos sucios

Hasta aquí alguna de las (poderosas) razones para leer este libro. Como en todo testimonio, en sus páginas también está presente esa parte más humana de quien se confiesa. Está el Reyero prepolítico, a quien la experiencia con su madre dependiente le llevó a escribir un blog titulado proféticamente No es Madrid para viejos. Y está el Reyero político, que recorre a una velocidad de vértigo el camino que va de la ilusión por cambiar las cosas al desencanto, empujado a medias por la brutalidad de la pandemia y la fiereza de Ayuso y sus palanganeros. A nadie puede extrañar que recuerde así un debate en la Asamblea pocos días antes de dimitir: «No era la primera vez que me ocurría, pero tenía un problema: estaba más de acuerdo con lo que decía la oposición que con lo que afirmaba mi presidenta, con la que ya no estaba de acuerdo en nada».

Ese trayecto de Reyero trae a la memoria unas palabras que escribió Gramsci en su juventud: «Cuando discutas con un adversario, trata de ponerte en sus zapatos. Lo comprenderás mejor y tal vez acabarás concediéndole un poco, o mucho, de razón. He seguido este consejo de sabios durante mucho tiempo. Pero los zapatos de mis oponentes estaban tan sucios que he concluido: es mejor ser injusto algunas veces que experimentar de nuevo este asco que me provoca el desmayo». Hay que decir que Reyero se esfuerza hasta el punto final por no ser injusto con nadie, pero también que cuando uno llega a esa última frase es plenamente consciente de lo sucios que llevan algunos sus zapatos y que resulta imposible no experimentar un asco profundo ante ciertos hechos.

Miles de personas murieron de forma indigna. Es algo que debería avergonzar a cualquier sociedad. Ese mal ya no podrá ser compensado jamás, pero nos queda la obligación de honrar su memoria, de buscar la verdad y de exigir justicia.

Los seres humanos se pueden agrupar de múltiples maneras, pero a mí me gustan las divisiones sencillas: hay personas que viven de forma digna y personas que se comportan de manera indigna.

Este libro está escrito por una persona digna.

Los que por acción u omisión permitieron que 7.291 mayores fallecieran en las residencias de Madrid sin recibir la atención sanitaria a la que tenían derecho son personas indignas. Y los que mintieron, ocultaron o manipularon los hechos, también. Y quienes se negaron a investigarlos, también. Aunque disimulen, aunque lo nieguen, todos ellos llevarán el resto de sus días ese peso de indignidad sobre sus conciencias. Y en el futuro, cuando se escriban los libros de historia, los miembros de su estirpe se avergonzarán de ellos al conocer lo que hicieron en aquella primavera negra de 2020.

¡Vergüenza! El escándalo de las residencias

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