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'No hay liderazgo sin seguidores'

Verónica Fumanal

El libro El poder de la influencia. Así se construye el liderazgo, de Verónica Fumanal y editado por La Esfera de los Libros, procura responder a preguntas como: ¿Quién es más líder, Ayuso o Puigdemont? ¿Cómo se construyó la figura política de Pedro Sánchez? ¿Qué atributos llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca? o ¿Cómo creó Pablo Iglesias un nuevo partido desde cero? Lo hace para explicar qué necesita un líder para serlo en cualquier ámbito de la vida y con lo que precisa para no perder ese poder.

infoLibre anticipa No hay liderazgo sin seguidores, el inicio del cuarto capítulo de la obra de Fumanal. Este ensayo se presentará el jueves 11 de abril a las 19:30 horas en la Cátedra Mayor del Ateneo de Madrid.

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Predicar en el desierto es una expresión que significa que es estéril o inútil, básicamente porque aquellos que predican, quieren influir en un grupo y para influir tiene que haber público o seguidores. En los estudios sobre liderazgo esta conclusión no fue propuesta hasta los años ochenta del siglo pasado, cuando se incluyó la variable de los seguidores como parte consustancial al fenómeno del liderazgo. La pregunta ya no era ¿qué es un líder? sino ¿qué es un líder para ti? Es exactamente esto de lo que preguntaron los trabajos de Lord, Foti y Phillips (1982) creadores de las teorías implícitas del liderazgo.

No todo el mundo comparte una misma visión sobre qué es un líder o si uno en particular le parece bueno o malo, porque no todos tenemos la misma opinión de lo que debería ser el mundo o de cómo debería proceder una empresa. Sin embargo, esta visión del liderazgo desde el punto de vista de los seguidores no está tan extendida como la perspectiva individualista; por ello, todavía es habitual que, desde algunos ámbitos como los medios de comunicación, se pretendan comparar liderazgos diferentes. Por ejemplo, ¿quién es más líder, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso o el expresidente de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont? Si nos basamos en las teorías del gran hombre, podríamos analizar qué cualidades comparten y qué atributos les diferencian. Si ampliamos la comparación a las teorías de la coyuntura, necesitamos analizar los contextos que les permitieron llegar a liderar sus organizaciones, cómo fueron elegidos y el historial electoral de su partido.

Sin embargo, todas estas comparaciones no sirven porque ambos líderes pertenecen o lideran dos mundos diferentes. Díaz Ayuso es, cuando escribo este libro, líder indiscutible del PP madrileño, uno de los territorios más centralistas, liberales y conservadores de todo el Estado. Ha ganado las elecciones del 28 de mayo de 2023 con su primera mayoría absoluta y es un referente en todo el espacio de centro conservador español, incluso entre algunos votantes de Vox. Puigdemont es eurodiputado y expresident de la Generalitat; en el 2017 realizó una declaración unilateral de independencia (DUI) durante unos segundos, dejándola luego suspendida y marchándose a Bruselas para no enfrentarse a los cargos judiciales. Si les preguntamos a sus seguidores, continúa siendo el president de Cataluña en el exilio, mientras que para sus adversarios es un prófugo de la justicia. Comparar ambos liderazgos no es posible desde la perspectiva de los seguidores de cada uno, porque si una persona sigue a Díaz Ayuso cree que Puigdemont no es líder de nada ni de nadie, y viceversa. «Los líderes nunca lo son en abstracto. Son siempre líderes de algún grupo político o colectivo concretos» (Molero y Morales, 2011, p. 86). Y en este caso, ambos grupos políticos son distintos.

¿Quién es más líder, Díaz Ayuso o Puigdemont? Piense en sus seguidores

'Tesis'

Las teorías implícitas del liderazgo se centran en analizar a los seguidores. Offerman, Kennedy y Wirtz (1994) aseguran que «la gente corriente afirma tener pocas dudas con respecto al significado de la palabra liderazgo» (Huici Casal et al., 2011, p. 188). Estos autores señalan que todo el mundo identifica qué es un líder para él y, sobre todo, quién les parece digno de seguir y por qué y quién no. Las personas simplificamos la vida en base a lo que se denominan «categorías cognitivas» que son formas de agrupar la complejidad de la vida. Por ejemplo, una categoría cognitiva sería «españoles» y otra, «independentistas». A cada categoría, cada individuo le atribuye una serie de variables comunes, atributos o estereotipos, y, por lo tanto, no tiene por qué coincidir con la opinión de otras personas. Siguiendo con el ejemplo de los dos liderazgos mentados, cuando Díaz Ayuso habla de «españoles» no se está refiriendo a lo mismo, con la misma valencia afectiva, que cuando Puigdemont dice «espanyols» en una comparecencia. Una misma palabra, para Díaz Ayuso tiene una connotación positiva y para Puigdemont, negativa; y por lo tanto, lo mismo para los seguidores de una y otro. Las teorías implícitas del liderazgo utilizan esas categorías cognitivas para diferenciar a los líderes de los que no lo son, según su punto de vista.

  • Nivel supraordinal: alguien es líder o no lo es. Si lo es, ¿de qué tipo?
  • Nivel básico: tipo de liderazgo; empresarial, político, sindical, mediático, religioso, etc.
  • Nivel subordinado: subtipo de liderazgo dentro del nivel básico; derecha, izquierda, feminista, etc.

Este mapa cognitivo es un ejemplo de cómo un individuo podría categorizar dos liderazgos diferentes sin tener que compararlos porque los encasilla en lugares diferentes. Las personas saben diferenciar entre un líder político y otro religioso, y esa distinción es la que los lleva a exigirles comportamientos o actitudes diferentes. A partir de aquí es fácil categorizar a una persona como líder o no; lo complejo es realizar afirmaciones a nivel global, partiendo de la base de que no sabemos si dentro de una misma cultura se pueden hacer categorizaciones a nivel macro. Existen algunas investigaciones sobre este particular, como el citado proyecto GLOBE, recogido en el capítulo 1, que fue un intento a nivel mundial de categorizar diferentes tipos de liderazgo en función de las culturas, que también, por cierto, son una manera de categorización humana.

Sigamos con el ejemplo de Puigdemont y Díaz Ayuso. En función de la categorización social que sea significativa para su identidad, elegirá a uno, a otra o a ninguno de los dos. Pero lo que no podemos hacer, si queremos ser rigurosos en el análisis, es afirmar que uno es más líder que la otra o viceversa en función de nuestras filias, fobias y preferencias. Para un independentista que estuvo en la proclamación de la DUI fallida, que votó el 1 de octubre, que escondió una urna en su casa, que asistió a cada una de las manifestaciones del 11 de septiembre reclamando poder votar un referéndum de autodeterminación, Carles Puigdemont no solo es un líder, sino que es un símbolo de resistencia, de sacrificio personal por la noble causa del independentismo, que ha sabido burlar a la Justicia española con audacia y valentía. Si, por el contrario, una persona es de Madrid, fue a la manifestación de la plaza de Colón de 2019, cree que la unidad de España está siendo amenazada por los independentistas y considera que los indultos fueron el mayor atropello político de los últimos tiempos, seguramente considerará que Isabel Díaz Ayuso es un fenómeno de liderazgo solo comparable a José María Aznar o Esperanza Aguirre. Obviamente, en los retratos robot de ambos seguidores he utilizado estereotipos, y seguro que hay matices. Pero básicamente esta es la razón por la que las teorías implícitas del liderazgo impiden comparar dos personas que no comparten una misma categorización social. Otro tema sería comparar los liderazgos de Díaz Ayuso y Alberto Núñez Feijóo, un ejercicio al que invito al lector.

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