Conservacionismo

El oso pardo apuntala su recuperación en las montañas del norte de España

Un oso pardo en Asturias.

Hay especies animales que son un auténtico símbolo en España. Y no hablamos del toro bravo. Son símbolo no de tradiciones caducas, sino de uno de los países con mayor biodiversidad del mundo. Uno de ellos es el lobo ibérico, endémico de la Península y protagonista de un conflicto con ganaderos y cazadores, pero cuya conservación y respeto empezó a calar tras el trabajo divulgativo de Félix Rodríguez de la Fuente. Otro es el lince ibérico, sacado de los cuidados intensivos tras años de lucha. El que nos ocupa es el oso pardo europeo. No se encuentra solo dentro de nuestras fronteras, es bastante común en zonas montañosas del resto del continente, pero su presencia en la Cordillera Cantábrica y en los Pirineos pasó a estar en peligro a finales de siglo tras ser numerosa durante años. La Fundación Oso Pardo trabaja desde hace mucho tiempo por preservar su presencia en el país mediante varias acciones clave: denuncia de la caza furtiva, concienciación a la población local y defensa de su hábitat natural.

El oso pardo europeo puede encontrarse en un amplio territorio del continente, desde España hasta Escandinavia y Rusia. Viven decenas de años, pueden llegar a 2,5 metros de longitud y el color de su pelaje varía entre el pardo amarillento y el marrón oscuro. En la Península Ibérica, la población de estos plantígrados está dividida en dos grupos bien diferenciados: uno en la Cordillera Cantábrica y otro en los Pirineos. La primera familia contaba con apenas 5 ejemplares en 1989. Y la segunda, en 2004, se declaró virtualmente extinta, puesto que solo contaba con unos pocos supervivientes machos. Ahora en la Cordillera Cantábrica, entre Asturias, Cantabria y León, hay más de 300 osos. Y en Pirineos más de 40, pero los animales están fragmentados: en el Pirineo central están la mayoría, pero en la subpoblación del pirineo Occidental solo quedan dos. La mejoría ha sido evidente y rápida.

El presidente de la Fundación Oso Pardo, Guillermo Palomero, apunta como principal razón al intenso trabajo que se ha realizado de concienciación para "crear un buen clima social". La Fundación es una ONG conservacionista que lleva trabajando desde 1992 para contribuir al buen estado de la especie en España y para ejercer de mediadores entre los animales y las poblaciones para atajar los posibles conflictos. A eso se refiere Palomero con el "buen clima social". Los osos no son protagonistas de tantos ataques al ganado como el lobo ibérico, pero sí que puede causar problemas y pérdidas a las colmenas porque, como dicta la sabiduría popular, les encanta la miel. La recuperación de la población ha provocado que los osos se acerquen cada vez más a los pequeños pueblos y aldeas de ambas zonas, porque buscan ir ampliando su territorio.  "Los oseznos más jóvenes les han perdido el miedo a los humanos", advierte el activista.

La labor de la Fundación consiste en una constante interlocución con los "líderes locales": desde alcaldes hasta cazadores, agricultores y ganaderos, para recoger sus inquietudes, presionar para que sean compensados rápidamente por los posibles daños y educar en la conservación de esta emblemática especie con cursos, con actividades, en los colegios y los institutos. "En la Cordillera Cantábrica es más fácil", reconoce Palomero, ya que los habitantes son conscientes de los beneficios del turismo de observación de los ejemplares, respetuoso con el animal y que trae dinero y actividad a zonas habitualmente despobladas. En los Pirineos es más difícil. El rápido aumento del número de osos en la zona central "generó desconfianza y rechazo" sobre todo entre los criadores de ovinos, ya que los plantígrados roban ovejas de vez en cuando. "Hay que seguir trabajando. Creemos en la gobernanza. La coexistencia funciona bien con un buen plan de gestión y una población informada y concienciada", afirma el presidente de la organización.

No es la única acción que se ha tomado para proteger a la especie. Gracias a la iniciativa de la Fundación y de organizaciones como WWF, todo el territorio del oso pardo en España está bajo la Red Natura 2000, la principal herramienta para proteger la biodiversidad en Europa. Todo espacio de la red necesita su correspondiente plan de gestión y el de los dominios del oso no solo buscan la coexistencia, sino que hacen más difícil cualquier modificación del entorno natural que pueda perjudicarles en comarcas esencialmente mineras.

Además, este mamífero se ha enfrentado durante años a un "furtivismo muy fuerte" que gracias a las denuncias de los colectivos ecologistas ante los Tribunales y "a la actuación del Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza), de la Guardia Civil", se ha reducido casi al mínimo, explica Palomero, aunque las organizaciones advierten de focos de violencia contra los animales que impiden, a su juicio, que la población se extienda a parques naturales como el de Redes, en Asturias.

La milagrosa repoblación

Sin embargo, estas medidas sirven para conservar, pero no son suficientes para rescatar a una especie de un estado crítico como estaba el oso pardo en la Península a finales del pasado siglo, sobre todo en los Pirineos. "Quedaba una hembra, que parió a tres oseznos antes de ser abatida, y tres machos", enumera Palomero. La solución se encontró en la repoblación. El Gobierno de Francia y el de España decidieron trasladar a un macho y dos hembras en estado de gestación desde Eslovenia. Y eso salvó al oso en la zona. El macho recibió el nombre de Pyros El macho recibió el nombre de Pyrosy adquirió fama porque su fertilidad y sus impulsos sexuales contribuyeron a que la población se recuperara. Es padre, abuelo y hasta bisabuelo de decenas de los oseznos que ahora habitan las montañas, aunque la familia corre el riesgo de tener poca diversidad genética. El oso Pyros está desaparecido desde hace un año, aunque eso no quiere decir que haya muerto: solo que las cámaras colocadas en el bosque no lo han captado desde entonces. En otras ocasiones ha vuelto a reaparecer, aunque su avanzada edad hace temer lo peor.

El núcleo del Pirineo central no necesita nuevas mudanzas de osos tras la última en 2016, aunque el Occidental, que solo cuenta con unos cuantos ejemplares, va a recibir a nuevos integrantes. El Ministerio de Medio Ambiente francés ya ha confirmado que están iniciando los trámites para traer a nuevos plantígrados de Eslovenia. Por lo que, si se siguen haciendo bien las cosas y el cambio climático no les atenaza –como principal peligro de la biodiversidad, en España y en el mundo–, la población de la Península Ibérica tiene salud para años. Siempre que se siga insistiendo en el respeto al hábitat, la lucha contra los furtivos y la concienciación para evitar conflictos. "Hay que mantener lo logrado y estar cada vez más atentos", concluye Palomero.

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