Crisis del coronavirus

La pandemia y el teletrabajo elevan el interés por la vivienda fuera de las grandes ciudades

La plaza Mayor de Rascafria (Madrid), totalmente vacía durante a pandemia.

Ni grandes ciudades, ni largas avenidas, ni piso en el centro. El coronavirus ha impulsado un cambio en las principales tendencias a la hora de buscar vivienda. Precisamente porque tener un techo se ha demostrado aún más claramente como un derecho fundamental durante los meses del estado de alarma. Pero también ha sido decisivo poder salir a la calle después, durante la desescalada, sin que las aceras estuvieran abarrotadas haciendo de la distancia física pura utopía. Son algunos de los motivos por los que la dinámica ha experimentado un cambio evidente hacia las afueras y los pequeños municipios. También la generalización del teletrabajo ha contribuido al cambio en la mirada. Contar con espacios abiertos y próximos a zonas verdes puede resultar determinante para el bienestar de los trabajadores.

Un reciente estudio del portal inmobiliario Idealista constata el creciente interés por comprar vivienda en municipios con menos de cinco mil habitantes. De acuerdo al análisis, el confinamiento y el aumento del teletrabajo están detrás de la tendencia: en enero este tipo de zonas concentraba el 10,1% de las búsquedas y en junio el porcentaje escaló hasta el 13,2%. Ocurre, como elemento añadido, que los municipios con menos de cinco mil habitantes estuvieron durante la desescalada exentos de franjas horarias para pasear y hacer deporte.

Castilla y León es la comunidad que mayor evolución ha experimentado: el interés por vivir en pequeños municipios ha pasado del 23,7% al 33,7%. Le han seguido Navarra, Castilla-La Mancha y La Rioja. En Madrid, las búsquedas pasaron del 3,7% al 6,2% y en Cataluña el interés creció del 9,7% al 11,9%.

Pero, ¿cuál es el precio de la vivienda en los municipios de menor tamaño? A priori, el cambio sale rentable. "Comprar una vivienda en un municipio de menos de 5.000 habitantes en España es un 51,8% más barato que la media nacional", detalla Idealista en otro informe. Las diferencias son notables especialmente en las grandes ciudades: los pueblos de alrededor de Barcelona son un 69,1% más baratos que en la ciudad condal e igualmente el precio de la vivienda en los pequeños municipios a las afueras de Madrid es un 68,5% inferior que en la capital.

Adquirir una vivienda en algún pequeño pueblo sevillano es un 68% más económico que hacerlo en plena urbe, mientras que en Donostia la diferencia es de un 65,6%. En A Coruña el porcentaje es de un 63,3% y en Salamanca de un 62,5%. Pese al panorama alentador en los alrededores de las ciudades, lo cierto es que los precios parecen haber iniciado un recorrido "ligeramente al alza". Los municipios con menos de cinco mil habitantes "han visto cómo las expectativas de sus propietarios se incrementaban", de manera que los precios han subido un 6,2% en el último año.

¿Pero quién puede permitirse una mudanza a las afueras? El coste no se mide sólo a través del metro cuadrado, advierten los expertos. Gonzalo Sánchez-Toscano, arquitecto urbanista e investigador en la Universidad Politécnica de Madrid, explica que "sólo una minoría se lo puede permitir" por diversos motivos, esencialmente económicos y laborales. Sánchez-Toscano menciona la posibilidad de tener vehículo propio, el gasto en gasolina, la flexibilidad de los horarios para el desplazamiento, la estabilidad laboral y la inversión en tiempo. En su análisis tiene un papel crucial el teletrabajo, un factor que de nuevo evidencia las diferencias sociales entre la población.

Un estudio del Ayuntamiento de Madrid elaborado durante la pandemia concluye que los trabajadores con niveles más altos de renta accedieron al teletrabajo en un 70%, mientras que para las rentas inferiores a los 1.500 euros mensuales el porcentaje se redujo más de la mitad –entre un 22% y un 30%– . Sólo un 13% de las personas con unos ingresos por debajo de los mil euros pudieron optar al trabajo a distancia. El análisis pone sobre la mesa que "los ajustes que, como el teletrabajo, deslocalizan a trabajadores y protegen su puesto de trabajo han afectado más a los hogares privilegiados". La conexión con el centro de trabajo continúa resultando clave y los trabajadores en peores condiciones no tienen la opción de alejarse.

Lo explica Isabel González, profesora en el Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Madrid. "Cuando hablamos de vivienda el factor fundamental tiene que ver con las posibilidades que uno tiene: uno vive donde puede", subraya. Y en ese contexto, la renta es determinante. "Puede elegir quien tiene renta, los más vulnerables no tienen ninguna capacidad de elegir", detalla y su compañero Gonzalo Sánchez-Toscano pone un ejemplo: probablemente las personas más vulnerables del sur de Madrid, los habitantes de los distritos más afectados por el coronavirus, no se están planteando comprar una casa en las afueras.

"Normalmente lo que ocurre es que irte lejos es una cuestión aspiracional: querer vivir como las rentas altas", reflexiona la profesora. Y ese es el modelo que puede resurgir, aquel relacionado con la aspiración individual. "Tu vivienda, tu jardín, tu coche". Algo que la docente cree "insostenible desde todos los puntos de vista y muy desigual porque no todo el mundo puede". 

Con todo, las voces consultadas no creen que los primeros indicios en materia de movilidad hacia las afueras hayan venido para quedarse. "Allá donde está el empleo es donde se puede vivir", esgrimen y añaden que "seguimos dependiendo de las grandes ciudades". 

¿Revitalizar el mundo rural?

Del mismo modo que los expertos no creen en la consolidación de la tendencia, descartan también hablar de una reactivación del mundo rural. "El reto del reequilibrio territorial, del fomento de empleo, de servicios y políticas públicas en los municipios pequeños, lleva décadas presente y no se va a conseguir", exclama Sánchez-Toscano. Con él coincide parcialmente el también investigador en la misma universidad José Manuel Gómez Giménez, quien en primer lugar recalca la importancia de "hablar de ruralidad teniendo en cuenta no el número de habitantes, sino su posición en la red respecto al sistema urbano". Nada tienen que ver los territorios aledaños a Euskadi y Madrid con aquellos otros que dibujan el límite entre Extremadura y Andalucía. Además puntualiza que las políticas para favorecer al medio rural aislado han sido escasas y poco eficaces, "cuestión distinta es lo que ocurre en torno a las grandes regiones urbanas".

A su juicio, confluyen varios hechos en materia de vivienda y movilidad. "Vivimos en un mundo lleno de redes de transporte y llevar a cabo desplazamientos diarios, combinado con el teletrabajo, ofrece la posibilidad de vivir considerablemente alejados e ir a trabajar a la gran ciudad", comenta y recuerda que esa inversión en movilidad –más de una hora por trayecto– equivale prácticamente al tiempo en transporte público en una gran ciudad. "Hay gente a la que le compensa", por tanto "hay parte de privilegio y hay parte de decisión".

Sin embargo, reflexiona, "no hay que confundir esa tendencia, que se da sólo alrededor de las grandes ciudades, con la vuelta al rural", sino que se corresponde más bien con una "expansión de la corona metropolitana". En todo caso, la posibilidad de mantener ese vínculo con una gran ciudad genera en cierto modo un "renacer del mundo rural, al menos en términos de crecimiento demográfico", pero el grueso de la actividad productiva sigue estando en la urbe.

Dicha expansión metropolitana, sin embargo, aparece únicamente alrededor de ciudades cuya actividad económica goza de una muy buena salud. Otro fenómeno, mucho más extendido en la geografía española, tiene que ver con la apuesta de los que ya habitan el medio rural, pese a no tener oportunidades laborales. Para ello también se aprovechan de las redes que les comunican con centros urbanos menores o intermedios. "La gente no tiene trabajo en sus pueblos, esos territorios languidecen pero sus habitantes no quieren irse, así que asumen una movilidad de hora y media por no abandonar el sitio donde viven", pone como ejemplo Gómez Giménez. "Pero eso es una renuncia, esas personas ya vivían en el medio rural y deciden no irse". Aunque esta decisión permite que dichas áreas "decrezcan menos, no se está produciendo un crecimiento" de las mismas. "Además, esto solo es posible en lugares donde se conjugan unas comunicaciones decentes y el acceso a un área urbana que demande empleo. Pero muchas de nuestras ciudades intermedias y pequeñas también están en crisis, igual que su medio rural circundante". De hecho, zanja el experto, a día de hoy "el 90% de España sigue perdiendo población". Parece pronto para hablar de una recuperación.

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