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Medio ambiente

'Proyecto Resccue' o cómo crear ciudades capaces de sobreponerse al cambio climático

Imagen de la Rambla de Barcelona, una de las ciudades piloto del proyecto Resccue.

Lejos de parecer una distopía, el cambio climático es una realidad que, sólo en España, afecta ya al 70% de ciudadanos. Así lo pusieron de manifiesto los datos del Open Data Climático, una herramienta de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Ese 70% de personas son, concretamente, más de 32 millones de españoles que ya se están viendo perjudicados por las consecuencias de un fenómeno que está provocando un alargamiento de los veranos, un aumento de la frecuencia de las noches tropicales, un ascenso casi imparable de las temperaturas y una mayor frecuencia de los fenómenos extremos como las lluvias torrenciales o las sequías. Unas situaciones que, sin medidas para paliar sus efectos, pueden ser devastadoras. Pero, ¿y si las ciudades pudieran enfrentarse por sí solas a estas situaciones y tuvieran herramientas para volver a la normalidad? Serían lo que se denominan ciudades resilientes, es decir, capaces de enfrentarse por sí mismas a los retos que se presenten en su camino y de recuperarse de los posibles efectos que pudieran ocasionar. Este es el objetivo en el que trabaja desde hace tres años el proyecto Resccue, financiado por la Comisión Europea dentro del denominado Horizonte 2020. Precisamente, este miércoles se conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente y la ONU, con este motivo, quiere alertar sobre la problemática de la contaminación del aire en las ciudades. 

La despoblación del mundo rural ya no es un horizonte futuro. Es el presente. Y lo es de forma global. Según la ONU, el 55% de las personas en el mundo vive en ciudades. Más de la mitad. Pero la organización advierte de que, en 2050, este porcentaje aumentará hasta el 68%. Siendo así, surge una pregunta: ¿son sostenibles las ciudades tal y como están planificadas? Naciones Unidas lo duda. Y alerta sobre ello. "El desarrollo sostenible dependerá cada vez más de que se gestione de forma apropiada el crecimiento urbano, especialmente en los países de ingresos medios y bajos", asegura la institución. En otras palabras, las ciudades deben prepararse para los retos que se pueden presentar en el futuro. Y uno de ellos es el cambio climático. El peligro de inundación es cada vez más frecuente, las temperaturas en los núcleos urbanos son cada vez más elevadas y el riesgo de sufrir sequía en los periodos de verano es muy alto. Pero si las ciudades se preparan para mitigar estos efectos, la vida urbana será más sencilla. 

Para ello se creó el proyecto Resccue, liderado por la compañía Acuamed Suez. "Es un proyecto que pretende hacer que las ciudades sean más resilientes dándoles herramientas, metodologías, información y soluciones para que puedan recuperarse lo más rápidamente posible de cualquier tipo de impacto para volver al funcionamiento normal", explica Marc Velasco, jefe de proyecto. Es decir, que la recuperación de una inundación, por ejemplo, sea más rápida y sencilla. 

Resccue se ha puesto en marcha con un presupuesto de más de 8 millones de euros —de los cuales casi siete han sido aportados por la Unión Europea— y con 18 socios que han tomado Barcelona, Lisboa y Bristol como ciudades piloto para mejorar "la capacidad para anticiparse, prepararse, responder y y recuperarse de las amenazas", explica el proyecto en su página web. Comenzó en mayo de 2016 y finalizará en mayo de 2020, el momento en el que, explica Velasco, otras ciudades podrán aplicar las herramientas que se han visto eficaces para enfrentar los impactos del cambio climático.

Estrategias basadas en la naturaleza

Pero, ¿cuáles son esas herramientas que estudian para paliar los efectos del cambio climático y anticiparse a ellos? Pues, según Velasco, las prioritarias son aquellas que están basadas en la naturaleza. Lo explica con un ejemplo. Imaginemos que en un parque de una ciudad se crea una balsa de retención; un espacio verde que, cuando llueva, recoja agua. Esta herramienta evitaría las inundaciones pero, a su vez, generaría otros beneficios. "Ese espacio crearía una zona verde urbana que permitiría regular la temperatura de la ciudad, ofrecer ayuda a los ciudadanos ante una ola de calor y aumentar la biodiversidad de la ciudad", dice Velasco. "Se trata de soluciones que dan respuesta a varios problemas de forma más sostenible y que no sólo contribuyen a la adaptación al cambio climático, sino a mitigar" sus efectos, añade. 

Es, por ejemplo, el plan de naturalización que el Ayuntamiento de Madrid quiso llevar a cabo con el río Manzanares a su paso por la ciudad. Según explicó el consistorio, era necesaria una actuación en este sentido, en primer lugar, a nivel social. "Tras la finalización del proyecto Madrid Río, el Manzanares sigue manteniendo esa apariencia canalizada de las décadas anteriores, encontrándose bordeado por escolleras y muros de granito y otros materiales inertes. Como consecuencia de ello, actualmente el río y sus márgenes no se integran a nivel paisajístico ni se aprecian por la sociedad puesto que apenas aportan valores estéticos en su entorno", argumentó la institución. Y, en segundo lugar, a nivel ecológico. "Nos encontramos con una vegetación de ribera reducida o inexistente, los procesos naturales de erosión y sedimentación son apenas apreciables, y entre la fauna y la flora predominan las especies exóticas en detrimento de las autóctonas", recoge el plan elaborado por el consistorio. Una naturalización del espacio paliaría todos estos problemas. 

No obstante, las estrategias que pretende conocer el proyecto Resccue no sólo están orientadas a adaptarse al cambio climático o a mitigar sus efectos, sino también a preverlos. Por ello, Velasco también explica que otra de las herramientas para poder conseguir ciudades resilientes son las alertas. Crear un sistema que alerte a los ciudadanos sobre un posible peligro climático, dice Velasco, podría hacer que estos se preparen para que los daños ocasionados sean menores. 

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La idea, por tanto, es ver qué es lo que funciona y, a partir de ahí, que los ayuntamientos de distintas ciudades puedan usar ese conocimiento para crear planes de resiliencia. Y es que, según Velasco, el objetivo de la Comisión Europea es que las conclusiones del proyecto Resccue puedan aplicarse en otras ciudades. Cada una, dice Velasco, con sus particularidades. 

No obstante, aunque el objetivo prioritario es preparar a las ciudades para que puedan recuperarse de los efectos del cambio climático, el fin de Resccue no es sólo éste. Tal y como explica Velasco, la metodología y las herramientas podrían emplearse para cualquiera que fuera el impacto. Y es que el funcionamiento de las ciudades no puede entenderse como la suma de todos los sectores que las componen, sino como un conjunto que interrelaciona todos ellos. "Las ciudades son sistemas complejos con muchas interdependencias" en los que los problemas pueden extenderse de un sector a otro, afirma. "Por ejemplo", continúa, "si cae la electricidad se verán afectados otros muchos servicios que dependen de ella". "Uno de los objetivos de Resccue es la implementación de una herramienta que nos permite ver las interdependencias entre sectores y analizar los efectos que se pueden producir para entender la ciudad como un todo y poder gestionarla de manera global", insiste. 

Resccue finalizará en el mes de mayo del año que viene. A partir de entonces, según señala Velasco, el objetivo es que todo el conocimiento generado pueda ser aprovechado para que otras ciudades distintas de las tres que participaron en el proyecto puedan dotarse de herramientas que faciliten la vida de sus habitantes ante el cambio climático. Para ello, dice Velasco, ya han elaborado guías "de buenas prácticas"

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