Crisis del coronavirus

¿Tratar al covid como a la gripe? Posible, pero sólo bajo vigilancia estrecha

Josefa Pérez, primera persona vacunada en Cataluña contra el covid, recibe la tercera dosis.

Muchos dijeron en febrero y marzo de 2020 que, atendiendo a unas cifras de mortalidad muy preliminares, el covid-19 era como una gripe y que no había que alarmarse. Se equivocaron. 18 meses después, la comparación vuelve a tener sentido, aunque una de muchas lecciones aprendidas se impone: la cautela es necesaria y el SARS-CoV2 se encarga de desmentir a los que hablan de más. Con unos porcentajes cercanos al 70% de población vacunada en la mayoría de países vacunados, a costa del acaparamiento y de la ausencia casi total de solidaridad, Europa se prepara para una normalidad de verdad. No solo por la práctica ausencia de restricciones, escenario ya alcanzado por algunos Estados, quizá prematuramente; sino definida por el tratamiento del covid-19 como una enfermedad más. Que va a seguir con nosotros: la inmunidad de grupo total es demasiado difícil. 

Noruega anunció hace unos díasque ponía fin a absolutamente todas las medidas anti-covid, siendo el primer país europeo que da ese paso. Esto implica, más allá del aforo total en bares y restaurantes o las discotecas funcionando a pleno rendimiento, que la vigilancia epidemiológica será equivalente a la de la gripe, sin obligar al aislamiento (aunque sí recomendándolo, como con otras enfermedades de transmisión aérea) y sin rastreo activo de casos. ¿Es un escenario viable en España, o recomendable en general? Los epidemiólogos tienen dudas. Ven inevitable una convivencia, una vez desactivada la crisis sanitaria y con la certeza de que las nuevas ondas no saturan hospitales ni Atención Primaria. Pero. "En el corto plazo se va a seguir con la vigilancia", sentencia el médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública Mario Fontán. A largo, no se atreve a hacer un pronóstico, ni a establecer plazos.  

Hay varias características, como sabemos, que diferencian al SARS-CoV2 de las diferentes cepas de gripe que, antes de la pandemia, circulaban con asiduidad durante otoño e invierno. En nuestra contra juega que la variante predominante en medio mundo del coronavirus, la delta, es mucho más transmisible que la influenza, por lo que los brotes son mucho menos controlables aun con la mayoría vacunados. Es evidente que la secuenciación genómica seguirá, para adelantarse a variantes peligrosas. La mortalidad es peor, como hemos podido comprobar en nuestras propias carnes. En nuestro favor: los coronavirus mutan menos que los virus de la gripe. El escape vacunal total por ahora no se ha producido y, aunque no se descarta, tampoco se espera. "El virus es distinto al de la gripe. No vamos a tener los mismos problemas que supone la gripe", explica Fontán. 

Eso es un punto a favor de los que consideran enormemente precipitado abrir la puerta a terceras dosis a la población general o, yendo un poco más, a vacunar cada año a toda la población contra el covid. Aún falta mucha evidencia como para establecer una campaña periódica, como para la influenza. "Es una visión muy biosanitaria de la pandemia, como si cuanto más vacunes fuera a ser mejor automáticamente", explica el epidemiólogo. Fontán cree que el virus no se va a erradicar en los próximos años y que será imposible evitar el 100% de enfermedades leves causadas por el SARS-COv2. Ni siquiera el 100% de enfermedades graves. Es decir: conviviremos con el covid, aspirando a que sea una preocupación similar a lo que era la gripe antes de 2020, pero con otras herramientas. Porque no son lo mismo, aunque se puedan comparar. 

Los virólogos temen un repunte de la gripe y descartan la "interferencia vírica"

El covid puede convertirse en la nueva gripe, en el sentido de que puede estar entre nosotros mucho tiempo requiriendo atención de la población y de las administraciones sanitarias, sin llegar a declarar la alerta. Algunas teorías hablan de la "interferencia vírica" refiriéndose al supuesto fenómeno por el cual un virus respiratorio circulante ocupa el puesto de los predominantes anteriormente. En este caso, aseguran que el SARS-CoV2 ha ocupado el lugar de los virus de la gripe o el virus respiratorio sincitial (VRS), causante de cientos de hospitalizaciones de niños cada invierno. Para Sonia Zúñiga, viróloga del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), no hay pruebas de que esto ocurra. 

"No está demostrado en absoluto que sea así. La bajada de la gripe se debió al distanciamiento social y a las medidas anticovid", sentencia la especialista. "De hecho, esperamos que pueda haber un repunte de los casos de gripe". Por ahora, el Centro Nacional de Epidemiología, en sus reportes semanales sobre gripe, no detecta un aumento de la incidencia, pero todavía no estamos en invierno. Y la influenza, a diferencia del covid, sí es una enfermedad estacional. Los pediatras sí que alertan de picos del VRS que no se vivieron el otoño pasado, en la vuelta al cole del curso 2020/2021. No a niveles preocupantes, según el CNE, pero sí llamativos. 

Es decir, que el covid puede convertirse en la nueva gripe... conviviendo con la gripe de siempre. Zúñiga alerta de una dificultad añadida: como los virus de la influenza llevan meses circulando a niveles muy bajos, los virólogos están teniendo dificultades para identificar cuál va a ser la cepa dominante y recalcular las vacunas para atacarla. "Hay muchísima incertidumbre. Hay compañías que, de hecho, están ensayando con vacunas dobles, como Moderna y Novavax". Pinchazo doble para atacar a dos cepas a la vez, en vez de a una. El pinchazo podría ser triple para mayores en residencias y personas con inmunodepresión, como baraja el Ministerio de Sanidad, que estudia hacer coincidir las campañas de vacunación de gripe y de terceras dosis del covid. 

Zúñiga también es escéptica con las teorías que aseguran que la vacuna del covid podría generar cierta protección contra la gripe, aunque no lo descarta. Se denomina "inmunidad entrenada": el cuerpo, al prepararse contra el SARS-CoV2, es más fuerte a la hora de rechazar otros patógenos. "Podría ser" que los jóvenes sufran cuadros más leves de influenza a partir de ahora, pero para las personas mayores, "que son las que responden peor a todas las vacunas" y casi el único tramo etario con probabilidad de morir de gripe, el efecto será inapreciable, calcula. 

Noruega no es el ejemplo para una Europa que sale poco a poco de la pesadilla

El caso de Noruega, en el que se trata el covid como una enfermedad más, no es la norma en Europa. Pero la mayoría de países del continente ya cuenta con restricciones muy puntuales, así como las comunidades autónomas españolas. Navarra ha sido la única región que ya ha anunciado que renuncia a todas las medidas de contención de la pandemia que dependen de su Gobierno autonómico: menos las mascarillas en interiores y ciertos aforos reducidos dependientes de los acuerdos en el Consejo Interterritorial. 

Otras CCAA podrían tomar la misma senda en las próximas semanas, aunque por ahora ninguna más ha dado el paso. La mayoría, menos Islas Baleares, ya ha abierto el ocio nocturno, aunque varias comunidades mantienen límite tanto de aforo como de horario: igual que la restauración. No hay rastro de toques de queda, confinamientos perimetrales o cierre del interior de los establecimientos. Pero se resisten a proclamar el fin de la pandemia a la noruega. Se impone la cautela. 

En Europa, el único país que se puede equiparar a Noruega es Reino Unido. Sin anunciar oficialmente el fin de la pandemia, las restricciones brillan por su ausencia, y los británicos están tensos a la hora de comprobar si la jugada les ha salido bien. La incidencia a 14 días (casos/100.000 habitantes) lleva meses en torno a los 600 casos y el Ejecutivo de Boris Johnson ha llegado a plantearse una vuelta atrás, aunque en las últimas semanas están comprobando –no sin cierta sorpresa– un descenso de las hospitalizaciones.

En otros países, la mayoría mantiene la mascarilla en interiores. En cuanto a los eventos deportivos, el Consejo Interterritorial ha decidido aumentar el aforo al 100% en exteriores y al 80% en interiores, equiparándose a países como Reino Unido o Países Bajos. Sin embargo, en eventos culturales como la música del directo, España es de los más exigentes: se mantienen, a diferencia de todo el continente, mascarilla, distancia, aforo y horario, para enfado del sector. Otra diferencia: Italia, Francia o Portugal exigen el certificado covid para trabajar o para entrar en espacios públicos. En nuestro país no se ha planteado: con una ratio excelente de vacunación, no hacen falta obligaciones indirectas. 

¿Veremos un anuncio del fin de la pandemia como tal en España por parte del Gobierno central? El Ejecutivo ya se apuntó un tanto con la retirada de las mascarillas en exteriores, para enfado de algunas comunidades que reprocharon el protagonismo de una competencia que entendían autonómica. Fontán se lo esperaba y le sorprende que no haya sido así, por el momento, aunque asegura que "es posible que sea lo más inteligente". Quien anuncia buenas noticias por el covid también tiene que asumir la responsabilidad y el coste político de dar marcha atrás. Y la mayoría de epidemiólogos dan por hecho una sexta ola a partir de octubre, con muchísimo menos impacto que las anteriores, pero que sí podría requerir de algunas medidas de control

"Hay un umbral bajito de casos que no hay manera de quitárselos", afirma Zúñiga. Tendremos que convivir con ellos, aunque aún no está muy claro cómo será esa convivencia. Mientras tanto, sigamos vacunando. 

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