Gestión de residuos

Un "vacío legal" permite que los envases depositados en un contenedor amarillo en España acaben en un vertedero en Malasia

Una empleada camina este martes junto a un contenedor repleto de plástico en Puerto Klang en Selangor (Malasia).

Hace un año y medio, en este artículo de infoLibre se explicaba cómo la decisión de China de cerrar la puerta a las materias primas secundarias de España, los residuos susceptibles de ser reciclados y reutilizados, podía poner en jaque la gestión española de la basura. El país oriental dejó de aceptar de Occidente miles de toneladas de material que España no puede reciclar, porque gasta más de lo que produce. "Lo de China es una gran oportunidad para tomar medidas reales y efectivas que reduzcan el consumo", defendía por entonces Alodia Pérez, responsable de Residuos de Amigos de la Tierra. Pero no era optimista: los países occidentales, afirmaba, buscarán otro país vertedero en el que desembarcar lo que no podemos reciclar. No se equivocaba. La última polémica medioambiental apunta a que Malasia, entre otros destinos, es donde acaba buena parte de lo que nos sobra. Sus autoridades han dado la voz de alarma.

La exportación de materias primas secundarias es un terreno oscuro, donde se mezclan la legalidad, la ilegalidad y la picardía, y la falta de transparencia propia de un sistema gestionado por entidades sin ánimo de lucro, sí, pero privadas como Ecoembes o Ecovidrio. Según apuntan organizaciones ecologistas como Greenpeace, y gestores de residuos como los agrupados en la Federación de la Recuperación y el Reciclaje (FER), mucho de lo que tiramos al contenedor de reciclaje, sobre todo al amarillo, acaba a miles de kilómetros de distancia, casi en las antípodas. Que lo que consideramos residuo se acabe transformando en otro producto es otro cantar. Sobre todo en el caso del plástico, protagonista de un gran problema medioambiental. Los ecologistas aseguran que lo exportado acaba en grandes vertederos que preferimos no ver, ni oír, y sobre los que callamos. Los gestores de residuos dicen que son casos aislados. Y Ecoembes lo niega todo.

El proceso al completo por el que nuestros residuos acaban en países como Malasia es complejo de entender. Lo que tiramos al contenedor gris, a no ser que sea fácilmente recuperable, va sin remedio al vertedero. Hay más esperanza con lo que mandamos a reciclar. En el caso del contenedor amarillo, que recoge los envases mayoritariamente de plástico gestionados por Ecoembes, el material se dirige directo a una planta de separación, donde se clasifican los envases por composición mediante técnicas tanto manuales como mecánicas.

Determinados plásticos, como los grandes –una botella de Coca-Cola de dos litros o los envases de detergente– se separan sin mayor problema, por lo que la materia prima secundaria resultante es de buena calidad y encuentra mercado rápidamente. Las complicaciones vienen con envases más pequeños. Los de monodosis, por ejemplo, se cuelan por los agujeros del trómel, como denunció Greenpeace con su campaña, y se mezclan con el resto de plásticos de mala calidad y las impurezas. El ambientólogo y experto en gestión de residuos Alberto Vizcaíno cifra en un 25% el porcentaje de desechos resultantes del proceso de clasificación: aún se pueden reciclar, pero a través de técnicas difíciles y costosas.

Lo resultante del proceso de clasificación, tanto de buena como de mala calidad, queda en manos de los gestores de residuos. Esta materia prima secundaria, una vez tratada, se vende a empresas dentro del país que la utilizan para generar nuevos productos o bien se exporta para que sean compañías extranjeras las que aprovechen el resultado. Si el plástico es bueno, encontrará comprador dentro de nuestras fronteras. Si es malo, por las ineficiencias del proceso, es más probable que acabe siendo exportado. Antes a China, ahora al sudeste asiático. "Indonesia, Malasia, Vietnam e India ocupan los principales puestos en el ranking de exportación de determinados flujos a los que China ha establecido fuertes restricciones de importación, casi una prohibición de facto", explica el presidente de la FER, Ion Olaeta.

"La mano de obra es sumamente barata", explica Vizcaíno, y el trayecto lo es también, dado que se hace por barco, aprovechando trayectos que de otra manera se harían sin carga. Según el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos (Pemar), de los 1.526.347 toneladas de envases plásticos que se produjeron en España en 2016, 318.926 toneladas acabaron exportándose. Tanto de buena calidad, mucho más fácil de reutilizar, como de mediocre o nula calidad.

Aquí, por tanto, está el quid de la cuestión. Si se exportan buenos plásticos que no tienen cabida en el mercado interior pero sí en el exterior, no es un problema. Si se exportan malos plásticos… se complica el asunto. Vizcaíno habla de un "vacío legal", ya que el Convenio de Basilea sobre residuos y otras normas internacionales no permiten exportar e importar residuos, pero sí materiales de difícil, o muy difícil, reciclaje. "Si no se puede recuperar nada, es ilegal mandarlo. Pero en realidad, casi cualquier recurso es reciclable" debido a la laxitud de las leyes. "Buena parte del plástico que llega a estos países es inservible y termina en los vertederos del país, como el caso de Malasia, o quemados sin control. Su industria de reciclaje de plástico se ve abrumada por la enorme afluencia de desechos plásticos importados y no puede gestionar estos desechos de una manera sostenible y aceptable", critica, por su parte, Greenpeace.

La organización ecologista hizo un trabajo de campo mediante el cual encontró envases plásticos de claro origen español en los vertederos de Malasia. Ecoembes, por su parte, negó la mayor. Es "rotundamente falso" que "ni un solo" material que salga de las plantas de selección de envases que tratan los residuos del contenedor amarillo en España hayan sido exportados a Malasia, aseguraron en marzo a Europa Press ante la publicación del informe de Greenpeace. Sin embargo, los gestores de residuos asumen con absoluta normalidad esta exportación. infoLibre ha preguntado a Ecoembes por qué lo niegan, pero al cierre de este reportaje no ha obtenido respuesta.

"Los países desarrollados deben ser responsables de lo que envían"

Yeo Bee, ministra de Medio Ambiente de Malasia, fue contundente: "Los países desarrollados deben ser responsables de lo que envían". Ordenó la devolución de contenedores procedentes de Europa con material que, consideraron las autoridades del país asiático, se trataba de basura y no de materia prima secundaria, por lo que incumplía las leyes. Varios de esos contenedores provenían de España. "Desconocemos particularmente el contenido de esos contenedores a los que hacen referencia las autoridades del país", asegura Olaeta, pero defiende que el tráfico de materias primas secundarias está basado en "la ley de la oferta y la demanda" y que los requisitos y los controles son exigentes y exhaustivos.

"Existen unos estándares de calidad y en el caso de que una de las partes, en este caso el exportador, no se adecúe a la calidad de lo establecido en ese intercambio, su contenedor puede no pasar la preceptiva inspección y ser devuelto, ocasionando entonces graves pérdidas económicas al vendedor", puntualiza el presidente de la FER, que cree difícil, debido a los controles existentes, que los fraudes se cometan de manera masiva y que sugiere que las críticas y las decisiones del Gobierno malayo responden al "proteccionismo" que China impone a los países de su órbita.

Para Vizcaíno, la tasa de exportación de plásticos a países extranjeros se reduciría enormemente si el plástico que saliera de las plantas de clasificación fuera mucho más aprovechable y de mejor calidad: algo que se conseguiría, a su juicio, abandonando un Sistema Integrado de Gestión (SIG) como el actual en el que los plásticos se mezclan y no hay un verdadero control de lo que se deposita en el contenedor. Tanto este ambientólogo como muchas organizaciones ecologistas defienden el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SSDR), en el que el consumidor paga de más por el envase que adquiere y posteriormente recupera su dinero al devolver dicho envase. Ecoembes, que no ha contestado a las preguntas de infoLibre sobre las exportaciones, dedica recursos a asegurar que el modelo que acabaría con su negocio es una mala idea.

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