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    <title><![CDATA[infoLibre - Barrios]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/barrios/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Barrios]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cuando los bares cierran, el populismo y la extrema derecha crecen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/bares-cierran-populismo-extrema-derecha-crecen_1_2190274.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6876b4cd-0639-44e1-bb3b-28359bd12db0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1021934.jpg" width="3166" height="1781" alt="Cuando los bares cierran, el populismo y la extrema derecha crecen."></p><p>En más de una década, desde 2010, han cerrado cerca de 35.000 bares, según el <a href="https://www.ine.es/jaxiT3/Tabla.htm?t=294&L=0" target="_blank">Instituto Nacional de Estadística</a>. La cifra refleja un cambio en los hábitos de ocio de la sociedad y una transformación económica y social, porque <strong>cuando desaparece un bar se pierde algo más</strong> que un negocio: cierra un espacio de encuentro, conversación, mezcla social y comunidad. Y, según varias investigaciones, ese vacío es caldo de cultivo para el auge de los populismos y de la extrema derecha.</p><p>Durante décadas, especialmente en barrios obreros, pueblos y pequeñas ciudades, el bar fue mucho más que una barra, unas cañas o una máquina tragaperras. Era una infraestructura social. “Todos tenemos un entrenador de fútbol, un político dentro y la capacidad de resolver el país desde la barra del bar”, recuerda a <a href="https://www.infolibre.es/"  ><strong>infoLibre</strong></a> Rosi, propietaria del bar ‘Vega’ en el madrileño barrio de Las Águilas. “Aquí <strong>viene gente del banco, obreros, mecánicos del taller, jubilados o trabajadores</strong> de los comercios de al lado. Todos discutimos, nos reímos y al día siguiente, una nueva historia”.</p><p>La socióloga de la Universidad de Zaragoza, <strong>Marianna Martínez Alfaro</strong>, asegura que los bares desempeñan un papel clave en la construcción de relaciones sociales porque “funcionan como <strong>espacios cotidianos de encuentro</strong>, conversación y convivencia”. Estos espacios, asegura, favorecen “la creación de vínculos afectivos, amistades y redes comunitarias”, convirtiéndose en “infraestructuras sociales que sostienen la vida colectiva”.</p><p>El antropólogo <a href="https://antroperplejo.wordpress.com/2026/01/09/cuando-el-bar-era-del-barrio-y-el-barrio-del-bar/" target="_blank">José Mansilla</a> coincide en esa visión estructural al señalar que “los bares de barrio han funcionado históricamente como algo mucho más profundo que simples espacios de consumo”, actuando como “auténticas instituciones sociales”.</p><p>El<strong> </strong>sociólogo<strong> Javier Rueda</strong> se centra más en lo que provoca el cierre de los bares en lo rural y en la ciudad. Para el autor de <a href="https://lenguadetrapo.com/libros/es-posible/utopias-de-barra-de-bar/" target="_blank"><em>Utopías de barra de bar</em></a>, el cierre del bar en un pueblo es el fin de “la última ‘señal de vida’ del municipio, el último punto de encuentro”, mientras que en las grandes urbes hay una <strong>mezcla de abandono</strong> “en los barrios que se convierten en calles vacías de almacenes y apuestas” o de “<strong>desarraigo absoluto</strong>” en el centro de las ciudades, cuando “los negocios más orientados al turismo, al evento o a cierto consumo ostentoso de clases pudientes” ocupan la mayoría de locales.</p><p>El economista <strong>Hugo</strong> <strong>Subtil</strong>, investigador de la Universidad de Zúrich, ha estudiado en Francia el <a href="https://www.cepremap.fr/2026/01/quand-les-bars-tabacs-ferment-lerosion-du-lien-social-local-et-la-progression-du-vote-dextreme-droite-en-france/" target="_blank">cierre de los llamados </a><a href="https://www.cepremap.fr/2026/01/quand-les-bars-tabacs-ferment-lerosion-du-lien-social-local-et-la-progression-du-vote-dextreme-droite-en-france/" target="_blank"><em>bar-tabac</em></a> —bares donde además de beber se fuma, se apuesta, se conversa y se socializa— y sus efectos electorales. Su conclusión: “La <strong>ultraderecha aumenta siempre que cierra un bar</strong>, pero el aumento se multiplica por tres en las zonas rurales”.</p><p>Su investigación se basa en el seguimiento de 18.000 cierres entre 2002 y 2022 en Francia y detectó que las zonas afectadas experimentaron incrementos de entre el 1,3% y el 3,6% en el voto a <strong>Agrupación Nacional</strong>, el partido de Marine Le Pen. Cuando el establecimiento reabre o surge uno nuevo en la zona, el fenómeno se revierte.</p><p>La clave, incide Subtil en <a href="https://es.ara.cat/internacional/europa/cierre-bares-favorece-extrema-derecha_128_5656507.html" target="_blank"><em>Diari ARA</em></a>, y coincide con Martínez y Mansilla, es la interacción social. “Lo que importa aquí no es lo que hace la gente, sino que lo hagan juntos”.</p><p>Rueda subraya que <strong>“el bar no es solo un espacio de expresión</strong>, sino un lugar de encuentro entre iguales y entre diferentes”. A su juicio, la desaparición progresiva de estos espacios erosiona una de las principales escuelas cotidianas de convivencia democrática.</p><p>Martínez refuerza este diagnóstico porque “los bares son uno de los principales espacios de <strong>cohesión social e intercambio intergeneracional e interprofesional</strong>”. Su desaparición no es neutra, porque reduce “los espacios informales de participación y convivencia”, aumentando “el aislamiento social y la sensación de pérdida de vida comunitaria”.</p><p>La tesis de Subtil también se cumplió en Reino Unido. Allí, la investigadora del <em>London School of Economics</em>, Diane Bolet, encontró patrones similares al analizar el <a href="https://www.understandingsociety.ac.uk/research/publications/publication-536891/" target="_blank">cierre de pubs</a> comunitarios entre 2013 y 2016.</p><p>Bolet sostiene que “cuando pubs, centros comunitarios, bibliotecas o bancos cierran, eso añade una sensación de declive local”. En su <a href="https://theconversation.com/the-link-between-local-pub-closures-and-support-for-ukip-161032" target="_blank">investigación</a>, comprobó que cada cierre anual de un pub comunitario en determinados distritos <strong>incrementaba en torno a 4,3 puntos porcentuales el apoyo a UKIP</strong>, el partido pro-Brexit que lideraba Nigel Farage.</p><p>La investigadora aseguraba que la pérdida de estos lugares hacía a los votantes “más susceptibles a las narrativas de abandono que utiliza la extrema derecha y el populismo”.</p><p>Como explica, “lo que se pierde no es sólo un lugar físico, sino la sensación de que la propia <strong>herencia sociocultural está siendo abandonada</strong>” porque como asegura Subtil “pasas de hablar con todo el mundo a hablar solo con familia y amigos”.</p><p>Esta pérdida de espacios se traduce según Martínez en “<strong>percepciones de abandono</strong>, debilitamiento del tejido social y menor conexión entre las personas”. Eso aumenta la vulnerabilidad frente a discursos que transforman frustración económica o territorial en resentimiento político.</p><p>Rueda advierte de que el problema <strong>no es únicamente electoral, sino cultural</strong>: “Si se pierden los bares, ya perdidas las sedes de barrio de sindicatos, partidos o parroquias, la pregunta incómoda es clara: ¿dónde aprendemos qué es convivir?”.</p><p>El <a href="https://www.worldhappiness.report/ed/2025/trusting-others-how-unhappiness-and-social-distrust-explain-populism/" target="_blank"><em>World Happiness Report 2025</em></a> refuerza esta idea: allí donde la confianza interpersonal es más débil, el apoyo a opciones populistas autoritarias tiende a ser mayor.</p><p>Rosi apunta algo que ya es una tendencia en las grandes ciudades: la desaparición de los “bares de toda la vida por <strong>cadenas de comida rápida, de gastrobares o de bares y restaurantes para turistas</strong>”. Esta sustitución por espacios de consumo estandarizado e impersonal evita el “murmullo crítico” como destaca Mansilla y contribuye al aumento del descontento social, explica Martínez, porque reduce “el sentimiento de pertenencia al territorio”.</p><p>Rueda señala que el cierre del bar tradicional y su sustitución por gastrobares o cafeterías de especialidad <strong>simboliza mucho más que una simple transformación económica</strong>. “La lucha por el barrio es la lucha por los espacios del barrio”, sostiene.</p><p>A su juicio, muchos nuevos establecimientos funcionan como filtros sociales: “Nos dicen ‘ven aquí si sabes lo que es lo umami’, ‘no vengas si quieres tomarte tres birras a buen precio’”. Esta transformación no sólo <strong>modifica el paisaje urbano, sino también quién puede habitarlo</strong> o participar en y de él. “Es un juego elitista y excluyente, trufado de deseabilidad social, donde comienza muchas veces el proceso de expulsión de un barrio o de una zona determinada”.</p><p>Esto provoca que fuerzas populistas reivindiquen los bares o los lugares de espacio común como símbolos de comunidad perdida, de un tiempo pasado mejor. </p><p>Martínez subraya que <strong>cerrar bares no crea automáticamente votantes ultras</strong>, pero “una sociedad que pierde sistemáticamente sus lugares de encuentro intergeneracional e interprofesional corre el riesgo de volverse más fragmentada, más desconfiada y más vulnerable”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 May 2026 17:25:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Iván Muñoz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cuando los bares cierran, el populismo y la extrema derecha crecen]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,ultraderecha,Populismo,Bares,Barrios,Población rural,España,Francia,Reino Unido]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Gentrificación y turistificación, dos caras de la misma crisis inmobiliaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/economia/gentrificacion-turistificacion-caras-crisis-inmobiliaria_1_2132991.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/404b4918-2c61-4a56-8cca-b262d863205a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gentrificación y turistificación, dos caras de la misma crisis inmobiliaria"></p><p>El problema de la vivienda se manifiesta en las vivencias de los ciudadanos, pero en general, se expresa con muchas cifras y abundantes tecnicismos. Uno de ellos, la gentrificación, ha saltado a la prensa en estos días debido al <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/madrid-pierde-tipos-infames-libreria-emblematica-arrinconada-gentrificacion_1_2132571.html"  >cierre de la librería Tipos Infames</a> de Madrid: <strong>“Lamentablemente la gentrificación, como a tantos comercios de proximidad, nos ha podido y tenemos que cerrar”, </strong>señalaban en un comunicado.  El precio de las viviendas y los locales, junto con la transformación que ese <a href="https://www.infolibre.es/economia/problema-vivienda-lucha-clases-moderna-espana-caseros-frente-inquilinos_1_2127643.html"  >comportamiento desbocado de los precios</a> tiene en la composición de los barrios, es lo que está expulsando a vecinos y a pequeños comerciantes. </p><p>Por un lado, opera <strong>lo que se conoce como turistificación</strong>, es decir, cuando la vivienda de uso turístico y sus altísimas rentabilidades desplazan al alquiler de toda la vida. Esto tiene como consecuencia que haya menos vecinos y hace crecer el precio de las viviendas en las zonas muy demandadas. También el de los negocios, que se orientan a turistas y no a residentes. En un campo conceptual más amplio, también se habla de <strong>gentrificación</strong>, un fenómeno que la Real Academia Española (RAE) define como un “proceso de renovación de una zona urbana, generalmente popular o deteriorada, que implica el desplazamiento de su población original por parte de otra de un mayor poder adquisitivo”. En el fondo de ambas está una cuestión simple: el desplazamiento o la expulsión de quienes viven en un sitio porque ya no se lo pueden permitir. </p><p>La <a href="https://www.infolibre.es/economia/2024-registraron-56-000-viviendas-turisticas-ano_1_1929602.html"  >proliferación de la vivienda turística</a> o la compra de vivienda por parte de extranjeros (con mayor poder adquisitivo) son algunos de los motores para las transformaciones indeseadas que atraviesan muchos barrios en España, sobre todo, en zonas turísticas, centros urbanos o ciudades próximas a grandes núcleos de empleo. Pero también se habla, por ejemplo, de gentrificación climática, en referencia al aumento en la demanda de vivienda en los municipios costeros o más frescos. La transversalidad del término está en que alude, sobre todo, al <strong>desplazamiento de personas por razones de renta. </strong></p><p>El barrio madrileño de <strong>Malasaña</strong>, situado en el <a href="https://www.infolibre.es/politica/no-hay-vecinos-turistas-pan-bao-cafes-especialidad-pesadilla-vivir-barrio-moda_1_1972872.html"  >distrito centro</a>, es una de esas zonas que está sufriendo un proceso de transformación a golpe de vivienda turística y pérdida de vivienda habitual asequible. Es donde la librería Tipos Infames no ha podido sobrevivir más, o donde <a href="https://www.infolibre.es/economia/quedamos-vecinos-edificio-madrid-dicen-basta-empresa-quiere-desalojarlos_1_2131029.html"  >el Bar Josefita (unas calles más alla) cerrará próximamente</a> después de que una empresa de inversión comprara el edificio en el que se sitúa. “En Malasaña ya no hay vecinos, solo<strong> turistas, locales de pan bao y cafés de especialidad”</strong>, resumía Ana, una vecina del barrio, a <strong>infoLibre</strong>. En su caso, vivía en un edificio donde el tránsito de turistas debido a las viviendas vacacionales era incesante. Pero a la vez que explicaba su situación particular, lamentaba una transformación de las redes vecinales en servicios turísticos. </p><p>De hecho, <strong>cinco de los diez distritos que más se han gentrificado en toda España durante la última década están en Madrid y el resto en Barcelona,</strong> de acuerdo <a href="//about:blank" target="_blank">con un estudio</a> de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Los investigadores han analizado datos desde el año 2012 hasta 2021 para ver cómo actuaba el encarecimiento de los precios y la sustitución demográfica de las clases bajas por otras más elevadas. Otro fenómeno que constatan es la<strong> llegada de la gentrificación a zonas más populares y alejadas del centro</strong>. En Madrid cita, por ejemplo, el barrio de Carabanchel, más allá de las M-30. </p><p>Otro acelerador de estos procesos de desplazamiento es la compra de vivienda por extranjeros en regiones de alta demanda o turísticas. Y aquí opera la ley de oferta-demanda, es decir, en lugares muy demandados y con poca oferta, el precio es más alto. Así que, en lo que tiene que ver con vivienda libre, <strong>el precio lo pone quien más pueda pagar</strong>. </p><p>Por eso, esta es una de las cosas que el Gobierno ha empezado a regular, anulando, por ejemplo, los visados de residencia (las llamadas <a href="https://www.infolibre.es/opinion/columnas/regularizan-migrantes-eliminacion-golden-visa-primer_129_1762476.html"  ><em>golden visa</em></a>) que se concedían automáticamente a quienes se comprasen una casa de más de 500.000 euros. Sin embargo, lejos de frenarse, en la primera mitad de 2025 la compraventa de vivienda libre por parte de extranjeros aumentó un 2% interanual, hasta alcanzar las 71.155 operaciones. Según los últimos datos disponibles en el Consejo General del Notariado, <strong>las operaciones realizadas por extranjeros supusieron el 19,3% del total. </strong></p><p>También pagaron más por las casas. Los extranjeros no residentes siguieron siendo el grupo que pagó los precios más elevados, con una media de 3.126 €/m², frente a los 1.912 €/m² de los extranjeros residentes y los 1.809 €/m² de los nacionales, recoge la estadística notarial. <strong>Británicos, marroquíes y alemanes</strong> son quienes más vivienda compraron en 2025. </p><p>Pero además de poder pagar un poco más por una vivienda, aquellos que proceden de países con rentas más altas pueden vivir de forma más desahogada, ya que los precios en España son inferiores, en general, a los de Alemania o Reino Unido. Y este fenómeno termina repercutiendo en los precios de las tiendas o en el tipo de comercios que se potencian más en una zona concreta. </p><p>Desde que la socióloga británica Ruth Glass hablase por primera vez de gentrificación en 1964 para referirse a los desplazamientos de la clase trabajadora por rentas más altas en algunas zonas, el problema de la vivienda ha ido haciendo más polisémico el término y más complejo el análisis. Así lo constata, por ejemplo, <a href="https://recyt.fecyt.es/index.php/CyTET/article/view/89161/64897" target="_blank">un estudio de la Universidad Complutense</a> liderado por Margarita Barañano y Pedro Uceda en los barrios de Embajadores y Lavapiés (Madrid). Los investigadores reparan en que pese a que la gentrificación aumenta la renta de los barrios, este hecho <strong>no se traduce en una mejora de la calidad de vida para todos</strong>, ya que persisten situaciones de vulnerabilidad y exclusión social “nuevas y viejas”. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2026 18:49:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Selina Bárcena]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Viviendas alquiler,Ministerio de Vivienda,Turismo,Barrios]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Vivienda cooperativa en cesión de uso, un modelo que pone en jaque el sistema de alquiler privado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/economia/vivienda-cooperativa-cesion-modelo-pone-jaque-sistema-alquiler-privado_1_2115277.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2808495e-4369-40cd-a6e1-c8c36160330d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivienda cooperativa en cesión de uso, un modelo que pone en jaque el sistema de alquiler privado"></p><p>Según el último estudio de <a href="https://www.economiasolidaria.org/noticias/el-primer-estudio-de-impacto-de-la-vivienda-cooperativa-confirma-que-mejora-la-calidad-de-vida-y-reduce-el-estres-residencial/" target="_blank">Sostre Cívic</a> y Habicoop, el <strong>75%</strong> de las <strong>cooperativistas</strong> pasan tiempo con sus<strong> vecinas </strong>en espacios comunitarios y gozan de una <strong>percepción de seguridad un 31% mayor</strong> que aquellas que viven en alquileres convencionales. Además, muestran un nivel de satisfacción con la vida 1,3 puntos más alto (en una escala de 0 a 10) y manifiestan mayor confianza, apoyo mutuo y bienestar emocional.</p><p>El <strong>42,1%</strong> de los inquilinos en Madrid tiene miedo a aumentos futuros de la renta mensual, mientras que en Barcelona esta preocupación afecta al <strong>26,4% </strong>de la población. Además, la proliferación de contratos de temporada y el alquiler informal por habitaciones en los últimos años han dado lugar a una<strong> hiperinseguridad generalizada,</strong> dejando a muchos inquilinos expuestos a una inestabilidad constante en sus hogares. Estos datos, que se desprenden <a href="https://idrabcn.com/es/wp-content/uploads/sites/2/2024/12/INFORME-ALQUILER-INSEGURIDAD_IDRA.pdf" target="_blank">del informe</a> <em>Vivir de alquiler: inseguridad garantizada </em>por ley del Instituto de Investigación Urbana de Barcelona (<a href="https://idrabcn.com/es/" target="_blank">IDRA</a>), no sólo desvelan una realidad socioeconómica más que alarmante. También exhiben los efectos en términos de <strong>ansiedad, miedo e inseguridad vital </strong>que trae consigo el sistema actual de alquiler. Hace meses, el Sindicato de Inquilinas ya alertaba públicamente de que, cuando las personas carecen de control real sobre su hogar y viven expuestas a una inestabilidad residencial cronificada, “todo lo demás en la vida se tambalea”. Dicho de otra manera, quien enfrenta <strong>la precariedad habitacional difícilmente</strong> va a poder gozar de una<strong> salud mental adecuada. </strong></p><p>El modelo privado de vivienda somete a las mayorías sociales, tan y como indican desde esta organización, a los inciertos y caprichosos vaivenes del <a href="https://www.infolibre.es/economia/alquiler-cambia-manos-casero-empresa-duplica-90-detrimento-hogares_1_2104978.html" target="_blank">mercado especulativo</a>: imposición repentina de clausulas abusivas, desahucios invisibles, dinámicas agresivas de sustitución poblacional en los barrios céntricos… Como consecuencia, se estima que <strong>el 47% de los hogares no sabe si perderá su vivienda</strong> en los próximos 6 meses. Esta coyuntura <strong>impide</strong> poder trazar un plan de vida a largo plazo o conseguir, en el caso de muchos jóvenes, <strong>una emancipación real.</strong> Desde hace algunos años han ido ganando fuerza alternativas habitacionales que ofrecen garantías de estabilidad a largo plazo y, por ende, una mejora del bienestar colectivo, como ocurre con las <strong>cooperativas de cesión de uso. </strong></p><p>Se trata de un modelo comunitario no lucrativo que ya ha comenzado a implantarse tímidamente en Madrid y Barcelona y que tiene como eje central el apoyo mutuo entre vecinos, tanto en términos económicos como relacionales. <strong>Jordà Escolà,</strong> coordinador de la Federació de Cooperatives d'Habitatges de Catalunya (<a href="https://habicoop.cat/" target="_blank">Habicoop</a>), explica que en los bloques de pisos donde opera este sistema, el<strong> derecho de uso</strong> sobre un piso tiene carácter indefinido, lo que aporta<strong> seguridad vital a los habitantes, </strong>reduciéndose así la incertidumbre que sufren habitualmente los inquilinos del mercado privado. Los sindicatos de vivienda lo definen como un modelo intermedio entre la compra y <a href="https://www.infolibre.es/economia/alquiler-convertido-trampa-pobreza-45-inquilinos-vive-riesgo-exclusion-social_1_2092851.html" target="_blank">el alquiler</a>, ya que <strong>la propiedad del edificio es de la cooperativa </strong>y no de los vecinos que la integran -es decir, estos no son copropietarios, sino socios. Los distintos espacios que componen estos bloques, muchos de los cuales son de uso colectivo (como lavadoras, zonas exteriores, espacios de juego infantil…), se sostienen financieramente a través de una cuota mensual estable, muy inferior a los precios del mercado, así como una aportación inicial igualitaria de capital. </p><p>Los datos dan cuenta de la funcionalidad de este modelo, todavía en fase primigenia. Según el primer estudio de impacto de la vivienda cooperativa elaborado conjuntamente por <a href="https://www.economiasolidaria.org/noticias/el-primer-estudio-de-impacto-de-la-vivienda-cooperativa-confirma-que-mejora-la-calidad-de-vida-y-reduce-el-estres-residencial/" target="_blank">Sostre Cívic</a> y Habicoop, que se basa en el análisis de 19 proyectos de <strong>vivienda cooperativa </strong>en toda Catalunya, las personas que viven en este tipo de comunidades tienen<strong> 8,3 veces más </strong>probabilidades de estar <strong>satisfechas con su vivienda</strong> que las que viven de alquiler. Por un lado, el estudio resalta la seguridad económica que proporciona vivir fuera del mercado residencial: El <strong>coste medio </strong>de una vivienda cooperativa es <strong>3,66 €/m² </strong>inferior al del alquiler privado, y cuatro veces más personas consiguen dedicar menos del 30% de sus ingresos a la vivienda. En este sentido, Sostre Cívic ha observado, en los distintos proyectos vigentes, “una reducción del estrés y la ansiedad que genera normalmente la inseguridad económica y residencial gracias a las estrategias colectivas en la resolución de problemas comunes e individuales”.</p><p>Por otro, el informe hace hincapié en la importancia de las <strong>redes de cuidados </strong>basadas en la solidaridad y el apoyo mutuo, ya que el<strong> 75% de las personas cooperativistas </strong>pasan tiempo con el vecindario en los espacios comunes y mantienen relaciones sociales de calidad. La <strong>participación activa y autogestionada </strong>a través de asambleas periódicas y horizontales, la identificación con los valores del proyecto, la existencia de espacios destinados a los cuidados, la democratización de muchas de las tareas cotidianas, así como la posibilidad de establecer vínculos con el entorno cercano repercuten positivamente la <strong>autoestima </strong>y la <strong>ilusión</strong> de las vecinas. En <a href="https://www.infolibre.es/temas/barcelona/" target="_blank">Barcelona</a>, la primera ciudad del Estado español en poner en marcha proyectos de vivienda cooperativa, este sistema arrancó en 2015 con la firma de dos proyectos (Princesa49 y La Borda) que sumaban <strong>33 viviendas</strong> en total y actualmente ya hay<strong> 156 pisos cooperativos</strong> que forman parte del parque público catalán.</p><p>En Madrid, una de las cooperativas que han logrado desafiar al<strong> sistema rentista</strong> para generar modelos de convivencia más sostenibles es Entrepatios, que cuenta con cerca de 70 miembros. Creada en 2011 para “ofrecer respuestas a la <a href="https://www.infolibre.es/economia/espejismo-vivienda-asequible-dificil-disenar-precio-no-ahogue-hogares_1_2107498.html" target="_blank">crisis habitacional</a> desde lo común”, cuenta actualmente con cuatro promociones en <strong>Las Carolinas</strong> (Usera) y otra <strong>Villa de Vallecas</strong>, así como otras dos en búsqueda de solar. Aunque arrancar con un sistema del que a penas se tienen precedentes en España y que difiere tanto del sistema residencial convencional plantea numerosos retos, las vecinas hoy confiesan sentirse “felices y llenas”. </p><p>“En el proyecto notas que el índice de felicidad es superior a cuando vivíamos de alquiler porque no estás solo, sabes que tienes a tu alrededor gente que te ayuda. Esto da una tranquilidad frente a la inestabilidad global que nos rodea”, describe a infoLibre<strong> Nacho García,</strong> miembro de esta cooperativa. En proyectos similares se han reportado igualmente<strong> tasas elevadas de “empoderamiento personal”,</strong> cohesión de grupo y bienestar emocional sostenido. La cooperativa salió adelante gracias a la organización de una red de jóvenes de la FRAVM que en plena crisis económica plantearon al <a href="https://www.infolibre.es/politica/ayuntamiento-madrid-gasta-directivos-asesores-21-2-millones-18-4-pandemia_1_1224134.html" target="_blank">Ayuntamiento de Madrid</a> disponer de viviendas de cesión de uso siguiendo el modelo exitoso de países como <a href="https://coacmto.com/observatorio-vivienda-colaborativa/informe-cooperativas-cesion-de-uso.pdf" target="_blank">Dinamarca</a> (muy especialmente su capital, Copenhague) o <strong>Uruguay</strong>, que cuentan con una dilatada experiencia con este sistema. Casi diez años después, y tras varios intentos infructuosos de convencer al consistorio, decidieron seguir adelante sin contar con el apoyo de las instituciones y en la actualidad disponen de más de 20 viviendas de esta naturaleza.</p><p>Hay una cuestión que se repite constantemente cuando las vecinas son consultadas sobre los aspectos destacables del modelo:<strong> los cuidados colectivos, </strong>que en este caso adquieren un lugar central en la funcionamiento de la comunidad. La visibilización y colectivización de los cuidados dentro de la organización del proyecto favorece las relaciones más equitativas, destaca Escolà. “Vivir en comunidad de forma horizontal disminuye la sensación de soledad, las personas experimentan menos el sentimiento de echar de menos gente a su alrededor y perciben con una probabilidad muy superior (6.7 veces más) que hay muchas vecinas en las que pueden confiar por completo”, determina. Esa <strong>relación de apoyo mutuo</strong> implica desde ayudar en tareas como acompañar a los niños al colegio hasta poner la bicicleta a disposición de la comunidad u otras más circunstanciales como echar una mano a un vecino al que se le ha inundado el baño o se le ha roto el televisor. Esto es <strong>impensable </strong>en el sistema actual de <strong>alquiler privado</strong> donde actualmente los vecinos ni siquiera conocen el nombre del resto de cohabitantes.</p><p>La idea de construir un espacio que permita a su vez disfrutar de <strong>estabilidad habitacional </strong>y<strong> combatir la soledad no deseada</strong> propició la creación de La Corrala de Rivas. Los organizadores del proyecto también lo denominan<strong> “cohousing senior” </strong>para señalar que el modelo aspira a convertirse en “una comunidad autogestionada de unidades residenciales, y en régimen de cesión de uso para <a href="https://www.infolibre.es/politica/sexo-tecnologia-viajes-visitas-medico-retrato-real-nuevos-mayores-espana_1_2101809.html" target="_blank">personas mayores</a>”. En su web inciden en que la cooperativa busca cubrir “las necesidades afectivas, psicológicas y sanitarias que pueden surgir a las personas en la última etapa de la vida, con un  modelo de relación basado en la solidaridad, la amistad y el cocuidado” como alternativa al modelo actual de residencias de mayores. Hasta la fecha han logrado obtener del <strong>Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, </strong>mediante concurso público, la cesión de una parcela de<strong> 4.000 m2 de suelo público </strong>para 75 años, pero todavía queda pendiente la implantación del proyecto de construcción de 30 viviendas cuando consigan las licencias necesarias.</p><p>Para<strong> Paco Osorio,</strong> uno de los impulsores de este proyecto, la cooperativa posibilitará a sus futuros habitantes <strong>no depender de sus hijos </strong>cuando alcancen la tercera edad ya que dispondrán de <strong>espacios comunes adaptados</strong> y una <strong>voluntad común de cooperación.</strong> “Me da mucha tranquilidad y seguridad saber que disponemos de una <a href="https://www.infolibre.es/economia/paradoja-espana-prospera-economia-tiro-54-ciudadanos-ve-mal_1_2084701.html" target="_blank">estabilidad económica</a> a largo plazo, pero lo más importante es que vamos a estar muy activos y nos vamos a cuidar unos a otros”, afirma a este medio. El diseño preliminar de proyecto contempla la<strong> creación de áreas comunes</strong> como gimnasio, biblioteca, jardín con huerto comunitario, una casita para alta dependencia y otros espacios de disfrute colectivo. “Vamos a estar uno al lado del otro, como se estaba antiguamente en las casas grandes de los pueblos y eso psicológicamente nos reduce la ansiedad y el estrés”, añade <strong>Mati, </strong>otra integrante del proyecto. </p><p>De alguna forma el sistema pretende <strong>recuperar</strong> algunas de las<strong> formas de vida que regían las comunidades de vecinas </strong>antes de que estallara la <a href="https://www.infolibre.es/economia/alfombra-roja-especulacion-inmobiliaria-fondos-citan-madrid-inquilinos-salen-calle_1_2088946.html" target="_blank">fiebre de los alquileres</a> en España. “El modelo tiene esas ventajas que algunos hemos vivido de pequeños, cuando en las casas vivíamos muchos miembros de una familia, tíos, primos, abuelos, que nos apoyábamos y al lado teníamos vecinos que eran parte de la familia”, cuenta Paco. A su juicio, este tipo de sistemas ponen en jaque el <strong>modelo aislacionista </strong>imperante en las ciudades y permiten ganar en felicidad y salud a largo plazo. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Dec 2025 05:01:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alejandra Mateo Fano]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Vivienda cooperativa en cesión de uso, un modelo que pone en jaque el sistema de alquiler privado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Viviendas alquiler,Ministerio de Vivienda,Madrid,Barcelona,Asociaciones vecinos,Barrios]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Entre la gentrificación 'gourmet' y el abandono: los mercados tradicionales de barrio buscan su tercera vía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/economia/gentrificacion-gourmet-abandono-mercados-tradicionales-barrio-buscan-tercera-via_1_2107563.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/41a3ae60-47cf-49cb-b307-9d120faec62d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre la gentrificación 'gourmet' y el abandono: los mercados tradicionales de barrio buscan su tercera vía"></p><p>Los <strong>mercados municipales españoles</strong> atraviesan un momento decisivo: mientras los supermercados <a href="https://www.revistainforetail.com/noticiadet/mercadona-afianza-su-liderazgo-y-roza-el-30-de-cuota-de-mercado/d4626e6acd2c1a5d890a2b3be77cf04d" target="_blank">controlan dos tercios del comercio alimentario</a>, se mantienen aproximadamente <strong>1.000 mercados</strong>, <a href="https://www.mercasa.es/distribucion-y-consumo-articulos/ciudad-y-formas-comerciales-un-analisis-a-traves-de-las-cuotas-de-distribucion-de-alimentos-y-bebidas/" target="_blank">con unos 40.000 puestos de venta</a>. El contraste con el pasado es brutal: hace apenas dos décadas, el comercio tradicional y los mercados <a href="https://www.mercasa.es/distribucion-y-consumo-articulos/mercados-municipales-si-gracias/" target="_blank">representaban el 50% del gasto en alimentación fresca frente al 23,4% de ahora</a>, una hegemonía que se ha desplomado en favor de la gran distribución.</p><p>¿Cómo pueden <strong>sobrevivir </strong>estos espacios tradicionales en la era del comercio digital? La respuesta no está en la nostalgia, sino en <strong>su capacidad de reinventarse</strong> sin perder su esencia.</p><p>Los mercados, más que simples lugares de compra, son espacios donde<strong> la vida del barrio cobra sentido.</strong> Un mercado es un punto de encuentro comunitario, el corazón económico del vecindario.</p><p>Pero<strong> la realidad es implacable. </strong>Se estima que el comercio minorista en España <a href="https://www.fbbva.es/wp-content/uploads/2025/07/Esenciales_4_2025_habitosconsumo_28052025_DEF.pdf" target="_blank">ha perdido cerca de 50.000 establecimientos desde 2019</a>. El Mercado de Torrijos, en Madrid, pasó de 70 negocios a apenas una docena <a href="https://www.telemadrid.es/programas/telenoticias-fin-de-semana/El-Mercado-de-Torrijos-cierra-definitivamente-sus-puertas-Los-tiburones-nos-comen-el-barrio-2-2664953485--20240428025518.html" target="_blank">antes de cerrar definitivamente</a> en 2024. La inacción lo condenó.</p><p>En el caso del <strong>Mercado de la Plana,</strong> en <strong>Esplugues de Llobregat </strong>(Barcelona), en el mismo edificio del mercado se instaló un <strong>supermercado, </strong>que ocupa toda la planta baja de acceso desde la calle. El resultado fue devastador: <a href="https://esplugues.digital/mercat-la-plana-3-parades-i-un-bar/" target="_blank">solo dos de los 16 puestos tradicionales sobrevivieron</a> (una ocupación del 12%).</p><p>Esto demuestra algo crucial:<strong> mezclar grandes superficies </strong>con comercio tradicional sin una estrategia clara no revitaliza,<strong> canibaliza. </strong>La lección es clara: en un entorno competitivo, la ausencia de un plan activo conduce a la desaparición. Pero algunos mercados han encontrado la fórmula del éxito.</p><p>Hemos estudiado <a href="https://www.mercasa.es/distribucion-y-consumo-articulos/mercados-municipales-las-claves-para-un-nuevo-renacimiento/" target="_blank">cómo prosperan los mercados municipales en diferentes contextos</a>. Los resultados revelan cinco pilares fundamentales:</p><p>El<strong> Mercado de Vallehermoso,</strong> en Madrid, representa la “tercera vía”. <a href="https://artsandculture.google.com/story/KQWBMhXieQ92Lw?hl=es" target="_blank">No busca turismo masivo sino autenticidad local</a>. Muchos puestos los gestionan directamente agricultores y artesanos. Su apuesta por productos ecológicos y de kilómetro cero ha creado una comunidad de clientes fieles.</p><p>El <strong>Mercado de Benalúa, </strong>en Alicante, <a href="https://www.lavanguardia.com/local/valencia/20231118/9384195/comer-mercados-municipales-penultima-moda-gastronomica-alicante.html" target="_blank">ha optado por otra estrategia exitosa</a>: la calidad de su oferta gastronómica ha hecho que conseguir mesa sin reserva sea casi imposible. Una buena experiencia culinaria convierte la compra en un plan familiar.</p><p>Lo que hace inteligente a un mercado es el uso que le da la gente: la creatividad, las capacidades adicionales, el poder estar en contacto permanente con productores locales.</p><p>Pero la transformación excesiva puede ser peligrosa. El barcelonés <strong>Mercado de La Boquería</strong> es, según <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>rankings</em></span> internacionales, <a href="https://metrae.es/noticias/la-boqueria-el-mejor-mercado-de-alimentos-del-mundo-segun-un-ranking-internacional/" target="_blank">“el mejor mercado del mundo”</a>. Pero su <strong>masificación turística </strong><a href="https://www.barcelona.cat/infobarcelona/es/tema/comercio-y-mercados/el-mercado-de-la-boqueria-valida-por-mayoria-la-reforma-para-revitalizarse-como-mercado-alimentario-singular_1554801.html" target="_blank">lo ha llevado a un punto crítico</a>. Ya en 2015 el Ayuntamiento reguló el acceso a los grupos turísticos <a href="https://www.heraldo.es/noticias/gastronomia/2015/04/07/barcelona-limita-el-acceso-de-turistas-a-la-boqueria-352295.html" target="_blank">durante los fines de semana</a> para proteger su función de abasto local.</p><p>En el centro de Madrid y a pocos metros de la Plaza Mayor, el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Mercado_de_San_Miguel" target="_blank">Mercado de San Miguel</a> es <strong>100% </strong><em><strong>gourmet</strong></em><strong>.</strong> Su éxito turístico y comercial es abrumador pero a costa de perder su rol de mercado de barrio. <a href="https://elpais.com/elpais/2017/06/01/seres_urbanos/1496308492_641326.html" target="_blank">Genera la mayor parte de ingresos a través de la restauración, no con venta tradicional</a>.</p><p>Esta es la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Disneyficaci%C3%B3n#:%7E:text=Disneyficaci%C3%B3n%20es%20un%20t%C3%A9rmino%20que,de%20la%20compa%C3%B1%C3%ADa%20Walt%20Disney." target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>parquetematización</em></span></a><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Disneyficaci%C3%B3n#:%7E:text=Disneyficaci%C3%B3n%20es%20un%20t%C3%A9rmino%20que,de%20la%20compa%C3%B1%C3%ADa%20Walt%20Disney." target="_blank"> del mercado</a>: cuando se convierte en una especie de<strong> parque temático gastronómico </strong>y pierde su alma comunitaria. El equilibrio entre atracción turística y función local es delicado pero indispensable.</p><p>El <a href="https://gastronomadistas.com/londres/borough-market/" target="_blank">Borough Market, en Londres</a>, tiene sus orígenes en el siglo XI. Su estrategia no se basa en la diversificación gastronómica, sino en profundizar su esencia como mercado de productos frescos. Su programa “<span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Meet-the-producer</em></span>” (“Conoce al productor”) demuestra que reforzar y no sustituir la función tradicional del mercado puede ser también una estrategia de éxito.</p><p><strong>Time Out Market, </strong>en <strong>Lisboa, </strong><a href="https://www.coneqtia.com/diversificacion-e-innovacion-el-caso-del-time-out-market/" target="_blank">adoptó otra estrategia</a>. El Ayuntamiento cedió la gestión a una<strong> marca privada</strong> que actúa como director de selección de la oferta de servicios. Elige los mejores chefs y crea un destino gastronómico coherente.</p><p>En <strong>Róterdam</strong>, el <a href="https://arquitecturaviva.com/obras/markthal-rotterdam" target="_blank">Markthal</a>, inaugurado en 2014, es la máxima expresión de integración urbana. Su arco arquitectónico alberga un mercado cubierto y <strong>228 apartamentos. </strong>La gente vive, literalmente, sobre el mercado. Combina alimentación, ocio, vivienda y <span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>parking</em></span> en una simbiosis perfecta.</p><p>Los mercados municipales españoles tienen una ventana de oportunidad histórica. Hay <a href="https://portal.mineco.gob.es/es-es/ministerio/ayudas/mercados-sostenibles/Paginas/index.aspx" target="_blank">políticas públicas de financiación para modernizarlos</a> y ciudades pioneras con <strong>marcos regulatorios más flexibles.</strong> Y hemos visto que hay modelos híbridos (venta de producto-restauración) que funcionan.</p><p>Lo que está en juego trasciende la economía comercial. Es el tipo de ciudad que queremos construir: una donde <strong>los barrios tengan vida propia, </strong>comprar sea un acto social y no solo una transacción, y el comercio de proximidad sea viable y deseable.</p><p>Que haya mercados municipales no es, en sí, ni bueno ni malo: todo depende del uso que se haga de ellos. Pero solo <strong>prosperarán si evitan dos trampas </strong>mortales: la <strong>inacción, </strong>que condenó al de Torrijos, y la<strong> canibalización,</strong> que destruyó el de Esplugues.</p><p>Más que demonizar los supermercados o el comercio electrónico, o idealizar el pasado, es necesario comprender cómo estos espacios pueden <strong>evolucionar manteniendo su función social. </strong>La pregunta no es si los mercados sobrevivirán, sino si sabremos convertirlos en protagonistas de la transformación urbana y económica del siglo XXI.</p><p>__________________________________________</p><p><strong>Almudena Recio Román</strong> es miembro del grupo de investigación SEJ324 Nuevas Tendencias en Marketing de la Universidad de Almería. <strong>Manuel Recio Menéndez</strong> es profesor titular del departamento de Economía y Empresa de la Universidad de Almería. <strong>María Victoria Román González </strong>es profesora titular del área de Comercialización e Investigación de mercados de la Universidad de Almería. Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://theconversation.com" target="_blank">The Conversation</a>. Lea el <a href="https://theconversation.com/que-estrategias-usan-los-mercados-tradicionales-para-resistir-ante-sus-competidores-268905" target="_blank">original aquí</a>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Dec 2025 05:01:03 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Almudena Recio, Manuel Recio y María Victoria Román]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Entre la gentrificación 'gourmet' y el abandono: los mercados tradicionales de barrio buscan su tercera vía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Barrios,Mercados,Comercio,Empresas,Madrid,Barcelona,Lisboa]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Esther, se llama Esther, de apellido García]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/esther-llama-esther-apellido-garcia_129_2107473.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esther, se llama Esther, de apellido García"></p><p>Hay personas de las que te acuerdas con frecuencia y otras que han desaparecido de tu memoria hasta que alguien, inesperadamente, las trae de nuevo. Personas que conociste cuando eras chico, adolescente, joven, hace ya muchos años, <strong>que han desaparecido de tus recuerdos</strong>, mientras otras personas han seguido formando parte de tu <strong>existencia</strong>. </p><p>Mentiría si dijera que no sé muy bien por qué. <strong>Nada es casual.</strong> Siempre hay algo que hace que algunos nexos entre neuronas se mantengan activos. En otras ocasiones el nexo se debilita por falta de uso. En el caso de <strong>Esther</strong>, de apellido <strong>García</strong>, su constante permanencia en mi vida ha dependido del <strong>orgullo de clase, del orgullo de barrio</strong>, de su presencia en las noticias. Esas cosas existen, aunque no todos, especialmente en cierto tipo de izquierda, quieran reconocerlo. </p><p>Esther García, con su falda gris plisada de tablas y su chaqueta fina, de lana, también gris. <strong>Uniforme de las monjas.</strong> Nada que ver con ese guiño rojinegro con el que asistió al acto para recibir el <strong>Premio Donosti</strong>, por primera vez entregado a una productora de cine. Un premio tradicionalmente reservado a actores, o a directores.</p><p>Pero esta Esther de la que os hablo es otra, una que tal vez no existió, que puede que viva tan sólo en mi memoria deformada y traicionera. La Esther que aparecía por la <strong>Parroquia del Pino</strong>, uno de aquellos locales en cuyo sótano encontraban refugio los jóvenes. Eramos lo que ahora sería considerado más adolescente que joven, en el barrio de <strong>Villaverde Alto.</strong></p><p>Hace poco escribí sobre el principal enclave industrial de Villaverde, la fábrica Barreiros, más tarde Chrysler y de sus masivas asambleas en la iglesia de San Félix, en la <strong>UVA </strong>(Unidad Vecinal de Absorción), el Poblado de los Toreros, por los nombres de sus calles, de<strong> Lagartijo a Manolete y de Curro Guillén a Paquiro</strong>, pasando por Juan León o Tragabuches.</p><p>La del Pino tenía menos prestancia que la parroquia de San Félix, la verdad, soterrada como estaba en los bajos de un edificio, pero con un par de salones que servían de sede para los rezos del rosario de la <strong>Legión de María</strong>, liderada por la <strong>recientemente fallecida María del Prado</strong>, alias <em>Praditos</em> de toda la vida. </p><p>En su empeño de vivir junto a los jóvenes acabó <em><strong>Praditos</strong></em><strong> </strong>en una <strong>Comunidad Cristiana de Base</strong>, Misión Juventud y, más tarde, en la Asociación Semilla que se empeñaba en <strong>dignificar la vida de los jóvenes de Villaverde</strong> y distrito, adentrándose en otros barrios como <strong>Orcasitas</strong>.</p><p>También servían aquellos escuetos saloncitos para las reuniones improvisadas y aleatorias de jóvenes <strong>siempre acompañados por alguna guitarra </strong>y dispuestos a salir por el palo de algún cantautor. Allí es donde andaba yo a ratos y por donde aparecieron un buen día las uniformadas <strong>Esther y su amiga Marisol.</strong></p><p>Venían ya <strong>vacunadas de rezos</strong> y enseguida los uniformes fueron cambiados por vaqueros. Pronto la inquieta Esther comenzó a frecuentar otros ambientes del barrio. <strong>Villaverde era un hervidero de grupos vecinales</strong>, grupos culturales, parroquiales, como la Talanquera, Librerías como Espinela, o Pueblos y Culturas. </p><p>Era Villaverde una amalgama experimental compuesta por pocos, por aquel entonces y por el momento, pocos socialistas; muchos comunistas de <em>El Partido</em>, el único que mereció tal nombre durante años, siempre con sus CCOO de la mano y una multitud de pequeños partidos planetarios, satélites sindicales y cometas asociativos <strong>desperdigados en forma de marxistas, marxistas-leninistas, con variadas líneas Mao Tse-tung</strong>, sin que faltaran unos cuantos anarquistas, más o menos puros, más o menos anarcosindicalistas, o sindicalistas revolucionarios, o seguidores de Durruti.</p><p>Por allí andábamos todos, de un lado para otro, transitando, experimentando, <strong>aprendiendo de qué podía llegar a ir aquello de la democracia</strong> cuando desapareciera el sapo iscariote y ladrón, del que nos hablaba León Felipe, en su poema  <em>Loqueros… relojeros…</em></p><p><em>El sapo Iscariote y ladrón</em></p><p><em>en la silla del juez,  </em></p><p><em>repartiendo castigos y premios</em></p><p><em>¡en nombre de Cristo, </em></p><p><em>con la efigie de Cristo,</em></p><p><em>prendida en el pecho!</em></p><p>Por aquellas transiciones sobrevenidas comencé a perder la pista, de lo cotidiano y frecuente, a Esther. <strong>Nos contó que la habían contratado como </strong><em><strong>script</strong></em><strong>.</strong> Ya ves tú, ni idea de qué podía significar aquello que, básicamente, creí entenderla, <strong>consistía en tomar buena nota de los pormenores de cada escena de una película</strong>, para que las siguientes secuencias, rodadas en otro momento, encajaran y no apareciera un personaje con y sin reloj, o cambiara el color de su chaqueta, o un pelo suelto acabara en coleta.</p><p>Desde entonces, Esther se fue convirtiendo en una de esas <strong>leyendas urbanas</strong>, una de esas <em>aventis</em> de las que hablaba Marsé en sus novelas, una <em>djinn</em>, <strong>un genio que salió de nuestras filas y hoy vive en otros mundos</strong>. Nos acostumbramos a buscarla y reconocerla en cada ocasional cameo en las películas de <strong>Almodóvar</strong>. La productora <strong>El Deseo</strong> era para nosotros Esther García.</p><p>Nos acostumbramos a verla salir a <strong>recoger premios</strong> por aquí, por Europa y muy lejos de aquí. <strong>Mira, esa es Esther García y es de Villaverde y era mi amiga.</strong> Fuimos sabiendo de ella por las revistas, por las noticias, algunos documentales. Conozco a gente del barrio que ha conservado una buena relación y me habla de ella.</p><p>No fue la primera, ni la última del barrio, que dio que hablar, que nos sacó de las fronteras del <strong>Arroyo Butarque</strong>, desde aquella incursión que realizó <strong>Saura </strong>por nuestros descampados con su <em>Deprisa, deprisa. </em>Nos sentimos orgullosos de sus protagonistas, sacados del barrio, como <strong>Juan Antonio Valdelomar</strong>, que acabó su vida sin alcanzar los 35, o la actriz protagonista, <strong>Berta Socuéllamos</strong>, con esta sola y maravillosa película a sus espaldas.</p><p>Orgullos de <strong>Raúl González</strong>, el eterno capitán del Real Madrid, que, <strong>desde San Cristobal, comenzó su carrera en la cantera del Atlético de Madrid</strong>. Otros comenzaron en modestos puestos como pintores, carpinteros, camareros, o en la banca y <strong>fueron progresando hasta ser productores en RTVE, fotógrafos de Corte y villa, regentar instalaciones turísticas en valles como el Ambroz</strong> o dirigir organizaciones vecinales, políticas, sindicales. <strong>Pascual, de apellido González</strong>, sin ir más lejos, llegó a dirigir la anarquista AIT a nivel mundial. </p><p>Pero, sin duda, entre ellos y ellas, en mi panteón particular, en mi altar de vivos que mantengo al calor de mis velas hechas de cera perfumada y memoria dispersa, sigue irguiéndose, destacando, <strong>aquella adolescente que llegaba a veces uniformada con falda de tablas y otras uniformada a mitad de camino entre alternativa, antifranquista y hippie. </strong></p><p>Una más de la pandilla. <strong>Una de las nuestras. </strong>Para sentirse orgulloso, vaya.</p><p>____________________________</p><p><em><strong>Francisco Javier López Martín </strong></em><em>fue secretario general de CCOO de Madrid entre los años 2000 y 2013.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Dec 2025 05:01:03 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Javier López Martín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Esther, se llama Esther, de apellido García]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Barrios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gente corriente... que se va]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/gente-corriente/gente-corriente_129_2082073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d6192b8f-88a0-4777-bbbf-adb7748cb696_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La última"></p><p>Se ha ido <strong>Diane Keaton</strong> y hemos repasado sus fotos, sus frases, las secuencias que nos abocaron a amarla irremediablemente… A mí me parece que siempre estuvo en mi vida y no me entra en la cabeza que ya no esté. También<strong> se va Sena,</strong> la perra a la que mi perra siguió con devoción desde el primer día cuando, recién adoptada, caminaba por un nuevo escenario. </p><p>Betty tan nerviosa, tan desubicada, obligada a pisar un suelo que desconocía y <strong>Sena tan madura, tan serena.</strong> A ratos, jugando con ella y a ratos a lo suyo, quieta, como una estatua, pendiente del movimiento de una paloma. </p><p>A Betty se le va su lideresa, su referente, su <em>influencer </em>con hocico. <strong>A mi pequeña se le va una gran amiga,</strong> su jefaza, la belleza con patas –cuatro– y una mirada que en el cine habría sido un imán.</p><p>Lo de Diane es un <em>The end</em>, lo de Sena solo un cambio, pero un <strong>cambio de los trascendentes.</strong> Se jubila su… ¿padre? ¿dueño? ¿cuidador? ¿compañero de piso? Se jubila ese hombre al que Betty –que todavía quiere más a los de nuestra especie que a los de la suya– iba a saludar cada mañana y cada tarde con una intensidad superlativa. Se va ese amigo del barrio al que, día a día, <strong>buscaba en su portal</strong> y si se había ido de vacaciones, lloraba. Betty es radical en sus pasiones.   </p><p>La pareja de humanos a la que en casa aprendimos a tener cariño por mediación de nuestras perras –único tráfico de influencias contrario al delito– se va para escribir un capítulo de vida en el pueblo y claro, les deseamos lo mejor. Pero a quienes nos quedamos sin su presencia en las calles que compartíamos, <strong>su marcha nos arranca una hoja de ese libro de familia </strong>que vas completando con gente corriente… </p><p>¿Que por qué les cuento esto? Porque escribo sobre aquello que para mí es importante. Porque el puzle de la vida necesita de cada pieza y sin las pequeñas, no se completa el dibujo. Y de algunas de esas partes del todo que han ido enjaretando mi día a día en los últimos tiempos, he dado cuenta aquí. Lo he hecho sin la brillantez de Serrat al escribir sobre<strong> </strong><em><strong>aquellas pequeñas cosas</strong></em><strong>, </strong>claro, pero puede que con una intención parecida, la de subrayar lo esencial. </p><p>Esta columna nació con la pretensión de hacer un<strong> primer plano de la gente corriente,</strong> o sea, una foto de la mayoría, porque ustedes y yo, la gente corriente, representamos en el mundo lo que el agua en la Tierra, tres cuartas partes del total. Qué menos que <strong>ocupar un hueco, </strong>aunque sea discreto, en el océano informativo.</p><p>Hoy les dejo una foto más, una de tantas y todo mi cariño. Diane se ha ido, Sena se va y <strong>yo también,</strong> por un tiempo, al menos… </p><p>Entre ustedes y yo, <strong>ha sido un placer escribirles.</strong> Gracias. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Oct 2025 18:33:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raquel Martos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Gente corriente... que se va]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Gente,Cine,Industria cine,Actrices,Animales,Barrios,ciudades]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Estado asumirá 8 activos penitenciarios, como el de Carabanchel, para hacer 1.332 viviendas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/asumira-terrenos-antigua-carcel-carabanchel-levantar-508-viviendas_1_2079938.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f8cfd758-f206-4e71-8e07-e3c15a89a411_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Estado asumirá 8 activos penitenciarios, como el de Carabanchel, para hacer 1.332 viviendas"></p><p>Sepes, germen de la nueva Entidad Pública de Vivienda y Suelo, incorporará a su patrimonio <strong>ocho instalaciones y terrenos penitenciarios,</strong> entre ellos los de la<strong> antigua cárcel de</strong><a href="https://www.infolibre.es/temas/carabanchel/" target="_blank" ><strong> Carabanchel</strong></a><strong> (Madrid),</strong> para hacer <strong>1.332</strong> nuevas viviendas protegidas y asequibles. </p><p>Según ha aprobado este martes el<a href="https://www.infolibre.es/temas/consejo-de-ministros/" target="_blank" > Consejo de Ministros, </a>estos activos, incluidos en el Plan de Amortización y Creación de Establecimientos Penitenciarios (PACEP), están valorados en más de <strong>78 millones</strong> y se localizan en centros urbanos de<strong> 8 provincias</strong> de 5 comunidades autónomas: Carabanchel (Madrid), Sevilla, Córdoba, Dénia (Alicante), Huesca, Zaragoza, Segovia y Briviesca (Burgos).</p><p>La <strong>mayor cantidad </strong>de nuevas viviendas (508) se localizarán en terrenos de la <strong>antigua cárcel de Carabanchel, </strong>que funcionó hasta 1998. </p><p>Según ha subrayado la ministra de Vivienda y Agenda Urbana, <a href="https://www.infolibre.es/temas/isabel-rodriguez/" target="_blank" >Isabel Rodríguez,</a> estos activos tuvieron un uso carcelario, e incluso sirvieron para la represión de presos políticos bajo la dictadura franquista, y ahora hay que 'resignificarlos' y ponerlos a<strong> disposición de la ciudadanía </strong>en forma de viviendas protegidas y asequibles.</p><p>Todos tienen <strong>aprobado su planeamiento</strong> y, en el caso de Huesca, Segovia y Burgos, se van a licitar próximamente las obras; mientras que el resto está en trámites de urbanización y en Carabanchel queda pendiente su aprobación.</p><p>El traspaso -sin coste- de estos terrenos desde SIEPSE, dependiente del Ministerio del Interior, a la nueva Entidad Pública de Vivienda responde a la "necesidad urgente" de<strong> incrementar la oferta residencial.</strong></p><p>Dada la crisis de vivienda que atraviesa España, ante un déficit de producto y grandes<strong> dificultades de acceso, </strong>el Ejecutivo busca movilizar de forma "urgente y estratégica" todos los suelos e inmuebles de titularidad pública para ponerlos al servicio de la ciudadanía con más vivienda asequible.</p><p>A <strong>Sepes</strong> -que ultima su reestructuración como nueva Entidad Pública de Vivienda y Suelo- ya se incorporaron<strong> 17 inmuebles de Defensa</strong> con capacidad para <strong>1.000 viviendas</strong> y en julio se anunció el traspaso de 40.000 casas y 2.400 suelos de la Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb).</p><p>La actuación de mayor envergadura -<strong>508 nuevas viviendas</strong>- se desarrollará en <strong>terrenos de la cárcel de Carabanchel, </strong>que tiene una superficie de 27.000 m2 y está pendiente su proyecto de urbanización. </p><p>Vivienda, que va a trabajar con el Ministerio de Memoria Democrática, recuerda que, construida durante el régimen franquista, albergó a numerosos <strong>presos políticos y sociales </strong>y estuvo en funcionamiento hasta 1998. </p><p>Ahora, la Entidad Estatal de Vivienda se encargará de la<strong> completa urbanización de la actuación, </strong>aunque le corresponden tres parcelas y parte de una cuarta compartida.</p><p>Por su parte, <strong>la Cárcel de la Ranilla </strong>(Sevilla) -construida en los años 30- acogerá<strong> 240 viviendas.</strong> En la Guerra Civil se hacinaron en ella miles de presos políticos republicanos, teniendo también un barracón de mujeres, algunas de ellas fusiladas durante la dictadura, según apunta el Ministerio de Vivienda. A finales de siglo, fue abandonada y finalmente derribada en 2007. </p><p>Además, la antigua cárcel de Córdoba dará lugar a <strong>174 viviendas. </strong>En 2024, Interior adjudicó la obra de urbanización del solar, pero se anuló posteriormente por precios desactualizados que hacían inviable el proyecto. Tras su adscripción a Sepes, el primer paso será <strong>actualizar ese proyecto </strong>de urbanización.</p><p>En la cárcel de Dénia se levantarán <strong>145 viviendas</strong> (está pendiente de demolición) y en la provincial de Huesca otras 140. Inaugurada esta última en 1955 se cree que albergó a cientos de europeos que huían de otros regímenes.</p><p>La cárcel de Torrero (Zaragoza), que también fue escenario de la represión franquista y cuya demolición comenzó en 2005, permitirá <strong>64 nuevas viviendas;</strong> la de Segovia <strong>53</strong> viviendas; y la de Briviesca (Burgos) <strong>8 más. </strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Oct 2025 10:35:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El Estado asumirá 8 activos penitenciarios, como el de Carabanchel, para hacer 1.332 viviendas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Viviendas alquiler,Ministerio de Vivienda,Isabel Rodríguez,Madrid,Carabanchel,Barrios,Cárceles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cultura y qué más]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/cultura_129_2065435.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Abordo en este artículo temas referidos a la cultura, en cuanto a su concepto, haciendo hincapié en la <strong>realidad cultural </strong>desde un punto de vista particular. Aparecen los temas de cultura popular y elitista.</p><p>La cultura supone una forma de <strong>hacer más humana la vida social,</strong> por ello crea en el hombre un sentido de dar importancia a las cosas y su entorno constituyendo un estilo de vida.</p><p>La cultura quizás hoy en día ha sufrido diversos procesos de cambio, me explico, la vida de progreso y de técnica ha superado a la cultura. Nos situamos en un<strong> retroceso de la cultura </strong>en cuanto a los valores que aporta. La cultura hecha desde una organización y con medios superiores sobresale, pero es una <strong>cultura consumista </strong>y distorsionadora para el hombre, genera pérdida de lo que es en sí la cultura.</p><p>En contraposición a esto nos urge ser<strong> fieles a las propias tradiciones populares</strong> y en cierta medida fomentar los contenidos particulares de cada cultura en los diversos pueblos.</p><p>Es necesario que la autoridad pública fomente<strong> las condiciones y los medios </strong>para promover la vida cultural en los ámbitos donde vivimos, en los barrios.</p><p>Traigo a colación unas frases: "Cooperen los ciudadanos, vecinos también, para que las manifestaciones y actividades culturales colectivas propias de nuestro entorno se humanicen y se impregnen de <strong>espíritu ciudadano”.</strong></p><p>Insisto en la potenciación de la cultura imaginativa y popular con sus logros y deficiencias. Un filósofo cuyas palabras cito después señala el papel importante del <strong>ciudadano en la relación a la cultura social </strong>en que nos desenvolvemos. Cito sus palabras: "Si la cultura en la vida de un pueblo son las distintas superestructuras las que han de estar en su función y no a la inversa, es esa situación artificial en la que el ciudadano cumple unos papeles dados sin poder experimentar, desde él mismo, lo que es la vida social". </p><p>Paso a valorar los conceptos de <strong>cultura elitista y cultura popular.</strong></p><p>Cultura elitista, basada en el sentido intelectual de <strong>selección de los valores</strong>, y una cultura en el <strong>sentido sociológico</strong> (actitudes y hábitos comunes al número más grande de gente (Cultura popular).</p><p>Tanto una como otra cumplen una determinada función. Añado que la cultura se puede utilizar como <strong>instrumento político</strong> y económico de dominación (Cultura dominante) frente a alternativas que se afanan por la toma de conciencia, por la participación, por la creatividad e imaginación.</p><p>Apreciar la <strong>cultura popular </strong>(sus valores éticos y morales, gestos, cánticos, costumbres, fiestas) que muchas veces puede verse distorsionada por un<strong> elemento impopular,</strong> que el pueblo asimila acrecentando concepciones y formas de vida materialistas porque en la sociedad así se vive.</p><p>Concluyo: ”Aprecia lo particular y popular”.</p><p>____________________________</p><p><em><strong>José Alberto Fernández Galdeano</strong></em><em> es socio de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Sep 2025 04:01:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Alberto Fernández Galdeano]]></author>
      <media:title><![CDATA[Cultura y qué más]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Cultura,Barrios,Política cultural,Filosofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gente corriente... que grita en silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/gente-corriente/gente-corriente-grita-silencio_129_2065413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d6192b8f-88a0-4777-bbbf-adb7748cb696_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gente corriente... que grita en silencio"></p><p>“Tengo miedo a que me pase algo y como esta perra mía no ladra, me encuentren días después rodeada de gusanos”. Ella te suelta las cosas así, <strong>sin filtros, </strong>con su cáustico sentido del humor, pero esto que dice es<strong> sentido y asentido por otra mujer </strong>de la tertulia que también vive sola.</p><p>La tercera, mucho más joven que ellas, les riñe: “¡¿Pero qué burra eres, cómo no vamos a saber de vosotras?!” Yo apoyo la reprimenda: “sois tontísimas… eso no va a pasar” pero, en el fondo, <strong>ambas entendemos su temor. </strong></p><p>La dureza de <strong>‘la soledad no elegida’</strong> entra a menudo en la conversación pública, pero de esa otra, la que acompaña a tantas personas por elección de vida y un día deriva de independencia a miedo, se habla menos. </p><p>La deformación profesional me empuja a <strong>proponer ideas en las tormentas grupales,</strong> así que sugiero “el guasap del todo ok”: </p><p><em>“Un simple mensaje diario para que sepamos que estáis bien, solo eso. Nada de dibujos de ositos con corazones, ni memes, ni recetas de cocina, ni hostias. Este cuarteto de guasap será un ‘Mayday de vecinas’ y en vez de grito, se activa con el silencio. Si alguna no responde, ponemos en marcha el protocolo”.</em></p><p>Llevo unos días dándole vueltas al <strong>silencio que pide ayuda, </strong>los bloques de pisos están llenos de este oxímoron.<strong> El grito alerta, impulsa, activa. </strong>Todavía no he logrado quitarme de la cabeza aquel que me despertó en plena madrugada, un alarido desgarrador de una mujer a la que estaban atacando que me hizo vomitar una vez la víctima fue socorrida. En cambio, al silencio no le prestamos atención y puede engañarnos tanto como <strong>esas sonrisas que ocultan un dolor agudo, </strong>a veces más profundo que el que se expresa con el llanto.</p><p>Hace tres semanas abrimos el cuarteto “Fatal, gracias” y en nuestros estatutos <strong>están prohibidos los rollos y las turras. </strong>Nuestra garita virtual está abierta, únicamente, para un “todo ok”, un “SOS”, o un silencio ensordecedor que haga saltar las alarmas. Cada mañana entran cuatro “buenos días” que significan “estoy a salvo”</p><p>No somos familia, ni vecinas de toda la vida, no somos amigas íntimas ni pensamos igual, pero<strong> compartimos barrio </strong>y, encuentro a encuentro, ha brotado un afecto que provoca que nos preocupemos las unas por las otras.</p><p>Esta es una <strong>historia pequeña,</strong> como todas las que protagoniza la gente corriente y, sin embargo, déjenme que les diga que yo encuentro<strong> profundidad en su simpleza.</strong> La maravillosa sensación de que<strong> alguien,</strong> de carne y hueso, <strong>te echará de menos si una mañana dejas de sonar. </strong>La certeza de que tu vida forma parte de otras vidas, aunque sea en diminuta proporción. Son sentimientos que le dan cierto sentido a lo que pintamos en el mundo y estos no puede generarlos la IA, al menos, de momento.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[85d655c2-47b1-46a9-ad06-674d665a2e7c]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Sep 2025 19:06:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raquel Martos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Gente corriente... que grita en silencio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Barrios,WhatsApp,ciudades,Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nos mentisteis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/pero-el-barrio-no-sale-de-una/mentisteis_129_2034139.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e472385-1ef4-4540-bd74-d1dd64595ebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nos mentisteis"></p><p>Escribí lo que viene a continuación antes de lo acaecido en <strong>Torre Pacheco</strong> y luego, claro, me tocó añadir más texto de lo que me hubiera gustado.</p><p>“Qué fuerte que por culpa de una rata, <strong>una persona que solo había salido de fiesta ahora pueda ir a la cárcel</strong>.”</p><p>La frase anterior está relacionada con la muerte de Abderrahim, que <strong>falleció asfixiado, presuntamente a manos de un policía</strong> en el municipio de Torrejón de Ardoz, Madrid, porque, según el testimonio del agente, le había intentado robar el móvil. Quince minutos le estuvo agarrando del cuello. Presuntamente. Quince.<strong> Por un teléfono</strong>. Y no aflojó, presuntamente, pese a que la gente que pasaba por ahí le gritara que parara, porque ojo por ojo, móvil por vida. </p><p>Lo peor es que esa frase la pronunció una de mis grandes amigas y me partió el alma. “¿Tú eres consciente de lo que estás diciendo?”, le pregunté varias veces, incrédula, por si eso servía para que se desdijera. Pero no lo hizo,<strong> apeló a la libertad de expresión, a disentir, a tener una opinión diferente a la mía.</strong> ¿Desde cuándo cargarse a alguien es objeto de debate? No me podía creer que la muerte le pareciera una cuestión de perspectiva, que no entendiera que los delitos, en este Estado, se pagan con cárcel y no con la misma vida. Estuve días sin hablarla, sin poder decir ni mu en el chat común ya que lo que tenía en la punta de la lengua no eran palabras sino una tonelada de frustración y otra de rabia. Si ni en mi entorno más cercano, tras años de conversaciones, pedagogía y anécdotas racistas de las que han sido testigos no se ha entendido nada, <strong>¿cómo puedo pensar que algo de lo que hacemos como comunidad sirve para transformar? </strong>Como cuando mi madre, una señora blanca de Castilla, dijo que ella ya pasaba del racismo. Quizá, mi hermano y yo, ahorramos demasiados detalles de nuestro día a día. O puede que pensara que bastaba con querernos para pulverizar el racismo. Ojalá, pero no.</p><p>Con todo lo que está pasando en Torre Pacheco, ni tengo miedo ni estoy triste o no solo, al menos, más bien estoy enfadada. Audre Lorde explicaba que nosotras, las mujeres negras, pese a las acusaciones de victimismo y de dividir el movimiento feminista <strong>por afear la falta de interseccionalidad, por explicar y vivir que el género no es la única opresión </strong>y que cuando se suman unas cuantas tienen consecuencias en nuestras existencias, no partimos del sufrimiento sino de la ira y la rabia. Ojalá sentir pena, seguro que dolería menos el nudo del estómago, el párpado izquierdo dejaría de hacer cosas raras y el corazón me latiría a una velocidad normal. Nosotras no enunciamos citas con el objetivo de generar conmiseración, <strong>enumeramos vivencias cotidianas acumuladas que vomitamos</strong>, de tanto en tanto, debido a que ya no nos caben más y necesitamos hacer hueco para las que están pendientes de entrar.<strong> </strong></p><p>No soy el producto de la polarización de las redes, lo soy, lo somos de nuestro día a día, ahora bien, algunas de las cosas que leo en ellas hace que me cabree y que afiance mi postura. Está claro que no son el espacio más adecuado para un debate taimado, en todo caso, lo contrario. El problema es que estas ideas siempre han ido más allá del umbral del móvil, que los prejuicios, las amenazas, la agresividad, las <em>fakenews</em>, la bilis y las medias verdades quizá no se puedan tocar pero habitan entre nosotras y<strong> tienen consecuencias en términos de distancia, de amenazas, de trato y, sobre todo, de maltrato. O de muerte.</strong> Lo que pasa es que ahora, como sociedad, hay más consciencia de todo esto porque hay gente que lo deja por escrito en su perfil de Instagram o que rebuzna burradas a través de TikTok. Lo que antes se murmuraba o se gritaba pero en <em>petit comité</em> ahora se grita gracias a la legitimidad y empoderamiento que confiere que existan siglas, partidos o perfiles que legitiman pensar, decir y hacer odio. </p><p>Y de esto no se libra ni la amistad ni la familia, espacios sagrados de mentirijilla, en donde, como te quieren, te leerán como la excepción a una regla de ciencia ficción. <strong>El “tú no eres como el resto” de toda la vida,</strong> de ese resto que ven robando en el tipo de vídeos que les llegan, gracias al algoritmo que han construido ladrillo a ladrillo, y que evidencia que hay quien cree que hay un patrón de comportamiento único en cada colectivo. <strong>Como si el género, la identidad sexual, el credo, el color o el origen fueran moldes de los que salen patrones idénticos</strong> y para mal, además. Menos yo, claro, el vellocino de oro. Como si me pareciera bien escuchar majaderías y fuera a celebrar que me saquen del saco de mierda en donde habitan todas las personas como yo. Menos yo, insisto. Yo, fetén, claro.</p><p>Y… de repente, o más bien como consecuencia de la negación pertinaz del racismo y la islamofobia, de la ausencia de una ley que los combata y de otros mil factores pero sin olvidar estos dos que he citado, estalla Torre Pacheco y<strong> seguimos sin hablar de racismo o se lo aducimos solo a unos pocos</strong> a quienes se describe como enajenados y no como la expresión extremista, si quieren, de un sistema racista al que no se suele nombrar. </p><p>A la gente mora y musulmana, sobre todo, aunque migrante y racializada también, cada vez que hay un acto violento, les piden que salgan a la calle a condenarlo, como si fueran responsables de lo que hacen cuatro. ¿Y ahora que hay turbas de señoros nazis españoles blancos o que se creen blancos liándola, qué? Ni un mensaje de las mismas personas racistas que me quieren tanto comentando que les resulta gravísimo que <strong>haya hooligans tomándose la justicia por su mano y agrediendo  y/o amedrentando a  inocentes. </strong></p><p>Y <strong>esto no lo cura el paso del tiempo.</strong> Nací en 1981 y, en el Alcorcón de mi infancia, no recuerdo más que a cuatro o cinco familias negras. Cuando nos quejábamos de racismo, ya en los 80 y ni que decir tiene en los 90 –época en la que los grupos neonazis campaban a sus anchas en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Zaragoza–, nos decían que es que era desconocimiento, que la sociedad tenía que acostumbrarse, que éramos pocas personas no blancas aún pero que <strong>en cuanto hubiera más gente de ascendencia migrante y racializada la cosa cambiaría.</strong> Según su vaticinio, con el cambio de siglo dejarían de preguntarnos de dónde eres antes que cómo nos llamamos, nuestros acentos nacionales, autonómicos o locales dejarían de sorprender y ya no nos mandarían a nuestros países debido a que se comprendería a la perfección que esta es (también) nuestra casa,  hayamos nacido aquí o no, puesto que aquí residimos y desde aquí hacemos barrio. </p><p>No debí créermelo, primero porque es obvio que no solo no se ha acabado el racismo ni reconocido, a menos que haya agresiones frontales físicas y verbales. Y segundo, debido a que en España, aunque solo sea por la cercanía a África, porque la llegada del pueblo gitano se remonta a hace seis siglos y aquí siguen, pese a los sucesivos intentos de exterminio, por la presencia musulmana durante, mínimo, ocho siglos o por la trata esclavista y la colonización antigua y reciente en tres continentes, <strong>no ha habido solo gente “blanca” jamás y el “asuntillo” del racismo nunca se ha resuelto ya que se niega de manera pertinaz</strong>. </p><p>Si no había racismo ni islamofobia en España, ¿de dónde han salido esas turbas que agreden a inocentes por su origen, credo y/o color de piel? O, peor, ¿de dónde han salido todos los discursos que las alientan? Los exabruptos y estallidos de violencia me horrorizan, pero me preocupa más lo que subyace, aquello que los alimenta. Y esas narrativas se construyen por aquello que se cuenta pero, sobre todo, por omisión, por lo que no se cuenta y se queda en el tintero. Falta una narrativa que hable de las personas que migran y/o que no son blancas como vecinas que forman parte de esta sociedad y no únicamente como excepciones heroicas que salvan a bebés que están a punto de caerse de un balcón o como villanas que cometen crímenes. Pero también <strong>falta un repaso fuertecito a la historia y eso pasa por darle control Z al borrado histórico que ha habido</strong>. </p><p>Es todo tan fuerte que algunas personas me consuelan por lo que está sucediendo diciéndome que dado que yo no soy inmigrante ni mora, no debo preocuparme. Pero… <strong>¿cómo no me va a preocupar lo que está pasando pese a que no me suceda directamente a mí?</strong> Me avergüenza, me duele y me da rabia, repito. </p><p><strong>¿Qué pasó con la ley contra el racismo que nunca se aprobó ni en la pasada ni en esta legislatura?</strong> El problema no son solo los partidos de extrema derecha, es que <strong>el antirracismo no se ha considerado prioritario porque se niega que exista el racismo</strong>, así como la islamofobia o la xenofobia, y eso, repito, a pesar de la historia, de algunos topónimos, fiestas nacionales y apellidos que evidencian horrores pretéritos y que anticipan horrores presentes y… si nada cambia, también futuros. Y por eso, porque no se reconoce, cada vez que pasa algo se minimiza su dimensión aduciéndolo al clasismo o a cuatro desubicados, jamás a algo histórico y estructural con consecuencias severas que, desde luego, van más allá de las anécdotas individuales.</p><p>Eso por no hablar de que la defensa de la gente migrante sea<strong> “¿y qué vamos a hacer con nuestros esclavos si los echan?”</strong> Bueno, no lo expresan así pero eso es lo que están diciendo, pese a que no sea su intención, cada vez que comentan que el país no sería el mismo si se expulsa a las personas que trabajan en el campo o cuidan  ancianos o limpian escaleras y culos que, en su mayoría, son migrantes. <strong>Reducir a un ser humano a su dimensión productiva acotada</strong>, además, a aquellos sectores en donde se gana menos y se vive peor es repugnante. Estoy segura de que no hay mala fe detrás, pero… estoy cansadísima de entender la no mala intención de todo el mundo y que a nosotras, las personas no blancas no nos entienda nadie y nos llamen victimistas.<strong> ¿Qué pasa, que esas personas solo tienen derecho a estar aquí y se les perdona su migración si hacen lo que nadie quiere por cuatro duros</strong>? Tremenda instrumentalización de seres humanos de los que se habla acaloradamente en medios, en redes o hasta en el Congreso pero a los que rara vez se pone el micrófono para que puedan hablar y decir cómo están. </p><p>Y para concluir, voy a poner algunos<strong> datos que evidencian que el racismo</strong> es mucho más que los insultos en redes o que te llamen <em>Conguito</em> en el colegio: </p><p>Un estudio basado en dos encuestas a <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/espanol-blanco-78-afrodescendientes-espana-asegura-haber-sufrido-discriminacion_1_7326527.html" target="_blank">más de 1.300 personas afrodescendientes y africanas, documenta el racismo estructural existente en España. A pesar de que el 71% de los entrevistados tienen la nacionalidad</a> española, el 60% no se siente de aquí debido a que 'no se las reconoce como tal', por su color de piel. </p><p>Se trata de un país en el que hay discotecas y locales de ocio en los que <a href="https://esracismo.com/2018/09/05/derecho-de-admision-no-es-la-piel-amigo/" target="_blank">niegan el acceso a  gente no blanca amparándose en el derecho de admisión pese a que detrás haya motivaciones racistas</a> o en el que las <a href="https://rightsinternationalspain.org/wp-content/uploads/2023/05/Encuesta-sobre-identificaciones-policiales-basadas-en-uso-del-perfilamiento-etnico-y-racial-4.pdf" target="_blank">identificaciones por perfil racial por parte de las fuerzas de seguridad del Estado</a>, lamentablemente, continúan teniendo mucho peso. </p><p>En España,  <a href="https://elpais.com/economia/2024-04-18/espana-desperdicia-el-talento-extranjero-uno-de-cada-dos-inmigrantes-trabaja-por-debajo-de-su-cualificacion.html" target="_blank">uno de cada dos migrantes trabaja por debajo de su cualificación</a> debido, entre otras cosas, al laberinto administrativo que implica la convalidación de títulos. </p><p>Pero no solo eso, un<a href="https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20210203/alumnos-inmigrantes-expulsados-aulas-11496069" target="_blank"> 69% de los hijos de inmigrantes y un 60% de las hijas no llegan a bachillerato</a>; el 12% de hijos de <a href="https://www.publico.es/sociedad/agresiva-politica-antimigracion-europea-acaba-proteccion-derechos-humanos.html#analytics-tag:listado" target="_blank">migrantes</a> tiene dificultades para entrar en el mercado de trabajo, según una investigación elaborada por el <a href="https://iuiog.com/" target="_blank">Instituto de Investigación Ortega y Gasset</a>. Mientras<strong>, los hijos de españoles cuentan con un 36% más de posibilidades de acceder al proceso de selección de las ofertas laborales</strong>.</p><p>Y, por si eso no fuera suficiente, el racismo y la xenofobia inmobiliaria están normalizados:<a href="https://provivienda.org/informe-racismo-alquiler/" target="_blank"> El 99% de las inmobiliarias contactadas aceptan formas explícitas de discriminación</a>.</p><p>¿Vamos a seguir negándolo y sorprendiéndonos por algún repunte violento de tanto en tanto o<strong>,</strong> desde las instituciones<strong>, se va a hacer algo</strong>? </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Jul 2025 04:00:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lucía Mbomío]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Nos mentisteis]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Racismo,Migración,Migrantes,Barrios,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Madrid sale a la calle contra la ola de violencia ultra: "Debe haber una respuesta contundente contra el odio"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/madrid-sale-calle-ola-violencia-ultra-debe-haber-respuesta-contundente-odio_1_2032588.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/19adb228-5c83-4c00-9771-feff9c50e77c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Madrid sale a la calle contra la ola de violencia ultra: "Debe haber una respuesta contundente contra el odio""></p><p>Varias organizaciones, sindicatos y colectivos lideradas por la <strong>Federación Vecinal de Madrid</strong> (FRAVM) y la <strong>Confederación Estatal de Asociaciones Vecinales </strong>(CEAV) han organizado para este <strong>jueves 17 de julio</strong> una manifestación contra el racismo y la xenofobia como respuesta a las algaradas fascistas de <strong>Torre Pacheco</strong> (Murcia) que <a href="https://www.infolibre.es/politica/hay-matar-moro-radiografia-grupos-ultras_1_2031795.html" target="_blank" >se han vivido desde el pasado fin de semana</a>. </p><p>Será a las <strong>20:00 en la Plaza de Callao</strong> (Madrid) y cuenta con el respaldo de <strong>CCOO</strong>, <strong>UGT</strong>, la <strong>Comisión española de Ayuda al refugiado</strong> (CEAR), la <strong>Federación estatal LGTBI+</strong> (FELGTBI+), <strong>Médicos del Mundo</strong>, <strong>Red Acoge</strong> y <strong>Rumiñahui</strong>, entre otras organizaciones. </p><p>Esta concentración se produce a raíz de los últimos acontecimientos vividos en Torre Pacheco (Murcia), donde se ha presenciado una <strong>persecución violenta</strong> hacia uno de los colectivos más vulnerables: <strong>los migrantes.</strong> Desde estas organizaciones se hace un llamamiento a los poderes públicos bajo el lema<strong> “Stop racismo. Fuera el odio de nuestros barrios y pueblos”</strong> para que realicen una <strong>respuesta firme y contundente</strong> contra aquellos grupos y personas que buscan <strong>romper la convivencia</strong> “promoviendo la violencia y persecución de determinados colectivos sociales". </p><p>El presidente de la FRAVM, <strong>Jorge Nacarino</strong>, explica en conversación con <strong>infoLibre </strong>que lo sucedido no es un “problema aislado, sino un ataque <strong>organizado y financiado de manera coordinada</strong> contra los colectivos más vulnerables” y que, ya no es solo que estos grupos radicales atenten contra las personas racializadas, sino que <strong>“van contra todas y todos”.</strong> Además, exige tanto al <a href="https://www.infolibre.es/temas/ministerio-del-interior/" target="_blank" >Ministerio del Interior</a> como a la <a href="https://www.infolibre.es/temas/fiscalia/" target="_blank" >Fiscalía </a>que <strong>“investigue y persiga”</strong> a estos colectivos radicales. </p><p>Torre Pacheco ha sido testigo estos últimos días de una <strong>ola de violencia azuzada por grupos de extrema derecha</strong> tras la paliza de un vecino <strong>supuestamente magrebí</strong> a un vecino de <strong>68 años</strong> que residía en la localidad murciana. </p><p><strong>Pasar de la indignación a la acción.</strong> Bajo esta premisa, los diversos colectivos (a los que se espera que se unan más) saldrán a la calle en defensa de los valores democráticos de convivencia pacífica y contra aquellos que han utilizado la agresión de un anciano para <strong>justificar su violencia y su racismo.</strong> Todo ello con el fin de defender unos <strong>barrios, pueblos y ciudades</strong> en los que prime la tolerancia, el respeto y la cohesión social. </p><p>Esta protesta <strong>forma parte de un proyecto</strong> que comienza con esta manifestación, pero con el que se quiere <strong>lograr un espacio permanente</strong> para lograr una movilización más amplia contra el <strong>odio, la violencia y la xenofobia.  </strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Jul 2025 13:45:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ignacio Prieto]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Madrid sale a la calle contra la ola de violencia ultra: "Debe haber una respuesta contundente contra el odio"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia,Racismo,Xenofobia,Manifestaciones,Barrios,Madrid]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La seño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/pero-el-barrio-no-sale-de-una/seno_129_2002799.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e472385-1ef4-4540-bd74-d1dd64595ebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La seño"></p><p>El otro día presenté mi última novela en la localidad en la que resido y una mujer mayor me saludó con mucha efusividad antes de comenzar. Charlé con ella con cercanía porque me sonaba su cara pero no la reconocí a la primera. Supongo que eso se debe a que la última vez que hablamos, no sé si largo y tendido aunque sí un buen rato, ella tenía el pelo negro, era bastante más alta que yo y nuestra relación, luego lo supe, era muy diferente a la actual. Después de unos minutos, caí en la cuenta de que la persona que tenía delante era <strong>Marce, mi profe de 3º a 5º. </strong>No era la primera vez que me la encontraba puesto que sigo viviendo en el mismo municipio en el que cursé la EGB (sí, soy de esa generación); sin embargo, hacía bastantes años que no la veía y me emocionó que decidiera venir a apoyar cuando se enteró del acto leyendo la prensa local.</p><p>Después, ya en el acto en cuestión, me entrevistó Camino, excompañera del instituto que, a día de hoy, es técnica de cultura y muchas más cosas, ya que siempre fue súper estudiosa. A ella sí que la he ido viendo algo más, pero eso no implica que me olvide de la adolescente aplicada e implicada en luchas sociales que fue. </p><p>Este cruce de pasado y presente, cual <em>Regreso al futuro</em>, me encantó porque tras un paréntesis grande y a pesar de habernos perdido muchos episodios de nuestras vidas –es más, incluso si hemos cambiado un montón y nos parecemos poco a quienes fuimos–, <strong>hay un cariño heredado</strong> que habita en un tiempo encapsulado.  </p><p>Total, que empezó el acto y, un sábado a las once, la media de edad era bastante alta. Estaban ahí las vecinas y amistades de mis padres, que me conocen casi desde que empecé a escribir, algunas amigas mías; también Andrés, el señor que contribuyó a crear la Casa de Extremadura en esta periferia a la que la gente de esa comunidad vino y que sumó y se unió con quienes ya eran y estaban aquí para luchar y conseguir derechos. Y, por supuesto, entre todas esas personas se sentó Marce. No se situó en primera fila,<strong> pero sí lo suficientemente cerca</strong> como para que yo me cruzara, de tanto en tanto, con sus ojos e insuflarme fuerza. Igual que cuando iba al cole. </p><p>Lo que vi en su rostro, no obstante, no solo fue ánimo o confianza, sino un orgullo grande. El que provoca, supongo, saber que ella es, en parte, responsable de que un<strong> montón de generaciones de Alcorcón </strong>lean, sumen, dibujen o escriban, aunque al decírselo delante de todo el mundo, ella lo negara.</p><p>Marce, mi profe, a la que por aquel entonces llamábamos “seño”, rompió la cuarta pared y miró más allá del escenario que compartimos, las aulas, y de la época en la que nos cruzamos, finales de los 80 y principios de los 90. Y fue bonito. Se acordaba de mi madre, que también andaba por ahí, cual ídem de la Pantoja, acompañándome en mis andanzas, y charlaron tanto que al día siguiente<strong> fue a casa a visitar a mi padre, otro maestro,</strong> que anda con achaques de los fuertes, y a dejar el ejemplar del libro que se compró para que yo se lo dedicara. </p><p>Esta anécdota me sirve para explicar el vínculo precioso que puede darse entre la escuela pública y el profesorado consciente que trabaja ahí y las personas que habitan los vecindarios en los que esta se sitúa. Antes y ahora. Entre quienes buscan <strong>tender puentes más allá de las aulas</strong>, entender realidades, cerrar brechas, paliar las emergencias que, en ciertos hogares, en lugar de excepción son regla o, “simplemente”, formar, sí; educar, también, y cuidar desde su lugar. Y parece ser que, para eso, da igual que pasen los años.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Jun 2025 04:00:26 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lucía Mbomío]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La seño]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Barrios,Asociaciones vecinos,Educación,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las campanillas de papel de aluminio de Merche]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/pero-el-barrio-no-sale-de-una/campanillas-papel-aluminio-merche_129_1920581.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e472385-1ef4-4540-bd74-d1dd64595ebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las campanillas de papel de aluminio de Merche"></p><p>–¡Perdón! </p><p>–¡Joder!</p><p>–¡Uy, disculpe!</p><p>Y así todo el rato mientras arrastras los pies, carraspeas y hasta finges un ataque de tos, por si eso sirve para que la persona que te precede acelere el paso y poder dejar de sentirte atrapada en esa procesión de ocio, neones y consumo que discurre por las calles del centro de las ciudades. Pero es que quien va delante de ti tiene la misma sensación porque estáis en un atasco peatonal equiparable al de la operación salida en los agostos en los que no escalonábamos nuestras estampidas rumbo hacia donde fuera y, de ese modo, huir del calor. Solo que, ahora, además de producirse en la carretera, se dan en las aceras. <strong>Desde arriba deben lucir como una especie de cadena de seres humanos que boquean en la nuca de otros seres humanos</strong>. </p><p>Esto que digo también es aplicable a las escaleras mecánicas de las estaciones de metro que están situadas en las inmediaciones de las calles comerciales y cuyo lado izquierdo, el que se supone que es el ágil, <strong>durante el mes de diciembre vive en permanente retención</strong>. </p><p>Por eso, <strong>yo siempre me encuentro mejor en mi periferia</strong>. El otro día<strong> </strong>me puse a caminar un poco sin rumbo por ella para ver qué me encontraba en esta época. En mi periplo me topé con uno de esos ejercicios hermosos de cooperación vecinal: de las copas de los árboles diseminados por la plaza que estaba atravesando pendían un montón de campanillas silentes. Me acerqué y comprobé que eran vasos de plástico forrados con papel de aluminio y que los badajos habían sido confeccionados con tela. Pura I+D, imaginación más desparpajo al servicio del barrio. En el jardín había belenes, papás noeles y bolas de las que se ponen en los abetos sobre arbustos engalanados por la gente que vive en los bloques aledaños. Y todo flanqueado por una valla que ahora tiene más pinta de empalizada multicolor ya que está cubierta por las postales navideñas hechas a mano por las y los peques del vecindario que, con su caligrafía pueril, escriben sus nombres o le lanzan buenos deseos a cualquiera que se pare a leerlas. </p><p>Me puse a grabar y a hacer fotos a esa maravilla y descubrí a su impulsora que andaba por ahí, sentada en un banco. Se llama <strong>Mercedes García</strong> y no quería darse importancia, sin embargo la merece, puesto que lleva años liándola para bien. Gracias, Merche.  </p><p>Tras esa parada, desplacé la mirada de los árboles a las terrazas. En mi localidad hay una de obligada visita, tanto es así que hasta sale en el periódico local: <strong>la de los abuelos de Thiago y Valentina</strong> que cada año dibujan sus nombres con bombillas de colores con el objetivo de recordarles que les quieren a diario y que en fiestas lo gritan. No muy lejos, hay otra parecida, con un muñeco de nieve gigante que saluda brazos en alto a los transeúntes. Situado casi en el centro de su edificio, destaca por su tamaño y debido a que está rodeado de balcones desnudos, ya sea por falta de ganas de ponerse a hacer manualidades, por ausencia de fe católica o/y de infancia cerca o porque al lado de tremendo monumento, cualquier ornamento, aun sin serlo, se vería pequeño. La mayoría, no obstante, lucen discretos, con ledes y algún que otro adorno para celebrar que llegan los días de asueto. O por los viejos tiempos. </p><p>A diferencia del centro atestado, <strong>cada día que pasa, aquí hay menos gente debido a que no vienen turistas</strong> y a que muchas de las personas que viven por estos lares provienen de fuera. Cuando llegan estas fechas, por tanto, si su lugar de origen les pilla medio cerca y su bolsillo se lo permite, se marchan, se juntan con la familia y cambian la anosmia urbana por el olor a pueblo en invierno: una mezcla de madera quemada en las chimeneas con guiso en el fuego bullendo. Eso en nochebuena, en nochevieja vuelven y, entonces sí, esto se llena de gente porque regresan los que acababan de irse y los que se marcharon hace años para juntarse en algún salón. El “deséxodo” es tal que los coches se aparcan en donde sea y, por un día, las autoridades miran hacia otro lado.  </p><p>Volviendo a la comida, la cesta navideña es más una carrera de fondo que un esprint. Si tienes la suerte de coincidir en el ascensor con ese vecino que tiene huerta en el pueblo y que lo mismo te regala calabacines que uvas, tomates o lo que toque, en función de la estación, triunfas. Pero, claro, <strong>para eso no hay que correr los cien metros lisos por el portal, con el fin de evitar coincidir</strong> por miedo a tener que hablar en el breve lapso que hay desde el bajo hasta el cuarto. En un cuarto justo viven mis padres y es en diciembre cuando reaparece en su salón la bandeja plateada, que no de plata, que solo se usa este mes y para poner los roscos de vino, los polvorones, el turrón duro, el blando y, así, como gran modernidad, el de chocolate. </p><p>Y, nada, después de las cenas, con lo que cada cual puede llevar a la mesa, en mi juventud, el 31 creíamos que estábamos en las Fallas de Valencia. Ya podía hacer un frío de mil demonios, que nos asomábamos a la ventana a ver a la gente con sus bengalas, sus petardos y sus fuegos artificiales. <strong>Había una especie de pique interbloques que ha ido desapareciendo</strong> gracias a que hemos entendido que hay gente y mascotas que sufren mucho y que se puede celebrar sin tanto ruido.</p><p>Ya no sé qué pasa después de las doce y cinco. Antes, tocaba botellón, que podía ser sin alcohol, o cotillón o, yo qué sé, cosas que acababan en “on”, supongo. Ahora, ni idea, <strong>a estas alturas del 2024 llevo tal cansancio encima que, si llego a las uvas, será un milagro laico</strong>. Sea como fuere y hagáis lo que hagáis, incluyendo dormir, que es bien sano, feliz año. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Dec 2024 18:22:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lucía Mbomío]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las campanillas de papel de aluminio de Merche]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Navidad,Barrios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Comercio de barrio: olvido, traición y guerra fratricida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/pero-el-barrio-no-sale-de-una/comercio-barrio-olvido-traicion-guerra-fratricida_129_1907969.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e472385-1ef4-4540-bd74-d1dd64595ebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Comercio de barrio: olvido, traición y guerra fratricida"></p><p>A veces, las redes pueden ser útiles para difundir ciertos mensajes que <strong>no siempre se abordan a las claras aunque pululen a diario</strong> hasta en el aire que respiramos. O puede que sea por eso. Algo así como una bruma perpetua que nos hacer ver borroso lo que tenemos delante pero de cuya presencia ni hablamos, ya que nos hemos acostumbrado a la falta de definición y, en algunos casos, <strong>incluso a vivir, cómodamente, entre tinieblas</strong>. </p><p>Cuando esos mensajes se convierten en vídeos o en memes, <strong>se transforman en conversación</strong> y, entonces, les ponemos cara o sitio o nombre o las tres cosas. Se genera debate o, cuanto menos, chascarrillo. </p><p>Esto lo digo porque el otro día me llegó un vídeo de <strong>Álvaro Casares</strong>, uno de esos tipos que me caen bien en esa tela de araña que es Instagram, y la nostalgia provocó que se me arrugara el pecho y, con él, lo que está dentro. Casares hablaba, con un deje periférico y un mundo noventero y dosmilero con el que me identifico, <strong>de las bondades del comercio de barrio</strong>. Nada nuevo, quizá; sin embargo, con su creatividad y su gracejo, brindaba la oportunidad a todas las personas que le ven de recordar que son muchas. Paso a citar algunas: </p><p>En esos locales <strong>todavía se pide la vez</strong>, algo en desuso en esta época de máquina que expide papelito o de <em>self service</em>, y eso requiere cierta interacción con las personas que están alrededor y una espera. En el entretanto no digo que se estrechen lazos, se creen parejas o se retomen amistades del colegio, que podría ser, ojo, ahora bien, <strong>sí hay tiempo para breves desahogos sobre los asuntos de actualidad</strong>. Y vale todo porque qué cara está la luz esta semana, qué vamos a preparar en la cena de Nochebuena, qué dolor la dana y hay que parar el genocidio de Israel.</p><p>Hasta que te toca el turno, además de charlar, puedes observar muchas cosas. A Álvaro le llamaban la atención las manualidades <em>made in</em> la tendera o el tendero. Cuántas he visto y cómo molan. Desde las más curradas hasta las impresiones en color con tipografía en Arial 22 acompañando, por ejemplo, <strong>a una imagen de las ovejas del pueblo</strong> en el que se hace el queso ese con pintón que tienes delante. O del apicultor que hace el gesto de la victoria con los dedos enguantados responsable de esa miel que sueles comprar porque te sabe a gloria. Es que esa es otra, sabes de dónde vienen las cosas y la calidad es fetén. </p><p>Y, en mitad de esa exploración del entorno, te toca y la atención es de diez: si dudas, te aconsejan, si sabes lo que quieres pero no cómo prepararlo, te comparten la receta (ya no) secreta de la familia y si no tienes ni idea de las cantidades, te ayudan para que ni sobre ni falte. Como, encima, residas en tu barrio de toda la vida y la persona que te está atendiendo te haya visto crecer y/o envejecer y, precisamente por eso, le hayas dicho alguna vez eso de “luego te lo paga mi madre”, <strong>os comunicaréis sin palabras: levantará la barbilla, como queriendo decir “qué va a ser”</strong>, tú asentirás y con eso bastará para que te ponga lo de siempre. Así van las cosas en ciertos sitios. Y qué bonito. </p><p>Eso, refiriéndonos a la comida, pero <strong>es aplicable a la papelería, a la farmacia, al bar de al lado con las mejores tortillas de patata del universo</strong>, al establecimiento en donde has enmarcado todos los cuadros de tu casa, a la droguería o a la ferretería que está a un par de manzanas.</p><p>Lo cierto es que, volviendo a la publicación de Casares, las respuestas me resultaron del todo esperanzadoras. <strong>Un montón de gente señalaba lo importante que era apoyar esos locales de toda la vida</strong>, por lealtad, porque los conoces, para que no caiga en el olvido su saber hacer, porque te gustan y con el fin de que el barrio no muera o se convierta en un cementerio de locales con el cartel de “se traspasa”, o en viviendas sin cambio de uso o, peor, salas de juego. </p><p>No obstante, en mitad de todos esos comentarios hubo unos cuantos que llamaron mi atención: los de aquellas personas que culpaban no a nuestras jornadas laborales eternas que provocan que traicionemos las costumbres saludables y que lleguemos tardísimo a casa, cuando las tiendas ya están cerradas, ni tampoco a las grandes superficies y los supermercados que abren hasta las diez, incluidos los domingos. No. <strong>Responsabilizaban a los bazares regentados por personas chinas</strong> y a las fruterías de marroquíes. Como buena reactiva, o infantil o ingenua que cree que las redes sociales son un espacio para debatir, me dio por buscar datos y resulta que, según la agencia EFE, en 2022, <strong>las ventas minoristas de alimentación disminuyeron el 2,5%</strong> y, por el contrario, la superficie comercial de productos de gran consumo creció el 13% de 2008 a 2022. Por supuesto, los números no sirvieron. Es más, hay quien para rebatirme se sirvió de bulos, como el de que los chinos no suman nada a la economía del país ya que no pagan impuestos. </p><p>Es impresionante cómo los discursos de mierda xenófobos que parten de partidos, <em>youtubers</em> o <em>tiktokers</em> (también de mierda) han calado y logrado que <strong>haya una parte de la sociedad que piense que la culpa de sus males la tienen quienes están igual o peor</strong>, que jamás miran arriba para exigir cuentas, que consideran que pequeño comercio es una cosa y pequeño comercio llevado por no españoles otra. <strong>Qué pena y qué rabia y qué miedo</strong> lo que viene si no redirigimos esa mirada, si continuamos a gusto cuando nos aplastan, siempre y cuando la persona que lo haga sea blanca y de aquí.  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Dec 2024 18:47:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lucía Mbomío]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Comercio de barrio: olvido, traición y guerra fratricida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Racismo,Comercio,Barrios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pero, entonces, el centro qué es]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/pero-el-barrio-no-sale-de-una/centro_129_1890619.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e472385-1ef4-4540-bd74-d1dd64595ebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pero, entonces, el centro qué es"></p><p>Vivo en una ciudad que antes fue una aldea. La A5 se convirtió en la vía de llegada de un montón de gente<strong> que se sumó al gran éxodo rural</strong> producto del cambio de modelo económico y que, poco a poco, <strong>vació áreas extensas de España</strong> y abandonó el campo. </p><p>Esas personas, que necesitaban venir puesto que<strong> en su tierra no había opciones laborales</strong> o, simplemente, porque querían salir de ahí (aplíquese hoy también a quienes llegan de otros países), construyeron los barrios del sacrificio<strong> de las periferias </strong>y de lo que, poco a poco, fueron convirtiéndose en ciudades dormitorio. Después de<strong> hincharse a trabajar</strong> durante la semana, los domingos levantaban con sus propias manos sus hogares, y luego lucharon para que sus incipientes vecindarios <strong>contaran con alumbrado, alcantarillado, colegios u hospitales</strong>. Se dejaron la piel con el objetivo de transformar la enorme nada que rodeaba a los pequeños núcleos situados a kilómetros de las grandes urbes <strong>en un espacio habitable</strong>. Y más tarde, le confirieron alma e identidad a base de vivirlos. Todavía queda su impronta, eso sí, algo difusa, no tanto porque esas personas hayan desaparecido sino debido <strong>a que quienes ya nacieron aquí</strong> o vivieron desde su infancia no pueden narrar su historia ni continuar su legado. Hace demasiado tiempo que las generaciones que les sucedieron <strong>son incapaces de pagar los precios </strong>de los pisos, ni de alquiler ni comprando, y han tenido que marcharse llevándose la memoria de sus rinconcitos a otro sitio. Es como si de todos esos esfuerzos pretéritos por conseguir un bienestar común, en la actualidad solo estuvieran <strong>sacando provecho los especuladores</strong> y las inmobiliarias y no los descendientes de quienes pusieron el cuerpo y la voz para lograr cierto bienestar. </p><p>Más allá de romantizar mi vínculo con el <strong>lugar en el que he crecido </strong>y llevándolo a lo práctico, residir en mi barrio me permite tener a mis padres a un paseo. Ahora que van para arriba y que ni la cabeza ni las rodillas son las mismas, ya no solo me quieren <strong>sino que también me necesitan </strong>y, si puedo responder casi de inmediato a sus requerimientos, <strong>es gracias a que me pillan cerquita</strong>. Cuando les visito, me sigo encontrando a esos vecinos que antes iban corriendo y me preguntaban qué tal las notas y que, últimamente, <strong>arrastran los pies y llevan garrota</strong>. Por desgracia, hace años que fallecieron Mercedes o Ignacia, auténticas “vemigas”, una figura que resultaba del cruce de la amistad y la vecindad. Lo mismo se les podía ir a pedir laurel, porque hacía falta para la receta de turno, <strong>que se quedaban a mi cargo</strong> si mis progenitores se ausentaban. No era nada raro en la era previa al Spanglish y, por tanto, al uso de términos como <em>babysitting</em>.</p><p>Me fastidia pensar que, a día de hoy, <strong>debo considerarme afortunada</strong> por poder residir en un sitio en el que si me cruzo con una persona conocida, intercambiamos sendos “cómo estás” y lo hacemos con un interés real y en donde las conversaciones de ascensor o las de descansillo, que duran un poco más, <strong>hacen casi las veces de bando municipal</strong>. Son las que nos ayudan a adivinar, sin necesidad de ver su rostro, a quién va a llevarse la ambulancia que está parada delante del portal y, por tanto, a qué puerta llamar <strong>para preguntar qué tal</strong>. Y gracias a esas charlas informales, salvo en caso de infarto o de accidente, encajamos con dolor pero sin sorpresa los carteles pegados en la puerta del ascensor en los que anuncian <strong>el fallecimiento de cualquiera de las personas</strong> con las que compartimos edificio. <strong>Ahí toca arropar y acompañar</strong>.</p><p>Ojalá residir en nuestros barrios de infancia no fuera algo imposible. Qué maravilla sería <strong>que no inflaran los precios de los pisos</strong> y las inmobiliarias no tuvieran la jeta de llamar “centro” a <strong>Villaverde</strong>, a <strong>Carabanchel </strong>o a cualquier periferia, antes denostada y ahora gentrificada o en proceso de. La palabra y la acción tristemente de moda provocan la expulsión de demasiadas personas a las que han hecho sentir que sobran en los lugares que han contribuido a construir. Es triste, pero da la impresión de que<strong> poco importa que sus recuerdos estén anclados </strong>a los sonidos de los cierres de los comercios levantándose o cerrando siempre puntuales, a <strong>los graffitis que adornan las paredes</strong>, a los parques, a sus bancos, <strong>a los bordillos de las calles </strong>que usan para sentarse o con los que se han tropezado. A los usos y costumbres cotidianos que se generan en esos ecosistemas urbanos y que constituyen un sólido acervo comunitario. Qué pena que el vencedor en la pugna por el espacio “habitable”, solo con comillas, <strong>sea ese centro imaginario</strong>, ficticio e insaciable que, últimamente, parece no tener límites debido a que se extiende, imparable, hacia los cuatro puntos cardinales. Y lo fagocita todo, hasta la memoria, <strong>las luchas y los logros vecinales</strong>. </p><p>Quedarse en el barrio <strong>no debería considerarse un capricho</strong>. Implica mantener o hasta estrechar lazos, sin coche ni paradas de metro mediante, y, también, cuando las cosas se ponen feas y la salud se resiente, algo tan deseable<strong> como es cuidar y amar de proximidad</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Nov 2024 19:48:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lucía Mbomío]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Pero, entonces, el centro qué es]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Barrios,Viviendas alquiler,Especulación inmobiliaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pandillas y rabia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/pero-el-barrio-no-sale-de-una/pandillas-rabia_129_1875377.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e472385-1ef4-4540-bd74-d1dd64595ebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pandillas y rabia"></p><p><strong>Yo no entiendo de pandillas, pero sí de rabia</strong>, de caminar con los puños cerrados, de replicar entre dientes o gritando. </p><p>Más allá de los colores, no tengo ni idea de las diferencias entre Latín King, Trinitarios o Ñetas, pero sí soy consciente de lo importante que es para alguien de quien únicamente se espera el fracaso y que ha sido leída siempre como ajena sentir que pertenece a algo. </p><p>No tengo claro para qué sirve eso de poner los dedos de mil formas, pero <strong>sí sé lo que es pasarse una vida haciendo contorsiones con el fin de encajar en los huecos mínimos que nos dejan a quienes tenemos orígenes fuera</strong>, la piel oscura y/o rasgos que aquí nos extranjerizan.</p><p><strong>Desconozco qué sienten quienes agreden, matan o mueren en guerras entre bandos de iguales</strong> que, antes de comenzar a luchar, ya han perdido, pero puedo interpretar a las mil maravillas el papel de tipa dura, hacerme la fuerte, midiendo algo menos de 1.60, pelear sin ganas y lucir fiera cuando preferiría mil veces vivir en calma y que me acogieran.</p><p>Comprendo la desafección nacional de las personas mil leches o mil tierras, extranjeras en todas ellas salvo entre las cuatro paredes de la matria que es el barrio, pese a que o, más bien, gracias a que no tiene ni himno ni bandera. Sin embargo, yo, parafraseando al director de cine Santiago Zannou, utilicé todo eso que me molestaba o me dolía como gasolina de creación y, en lugar de prenderle fuego,<strong> me puse a juntar palabras con el objetivo de contar el mundo que me rodeaba</strong>. </p><p>Con todo, debo admitir que la realidad de mi hermano o la mía, ambos nacidos en los 80, difiere mucho de la actual. De pequeños fuimos los únicos no blancos en nuestros respectivos colegios, en los que había alrededor y, si me apuran, en varios kilómetros a la redonda. Lógicamente y entendiendo que se trata de algo estructural, no nos libramos del racismo pero es cierto que la sociedad todavía no veía a las personitas de la edad que ambos teníamos en esa época como una amenaza. <strong>El primer día de clase resultaba incómodo soportar las burlas cada vez que algún docente se atascaba al pronunciar nuestro apellido </strong>o cuando nos cantaban la canción de la bebida de cacao esa que se toma en el desayuno, no obstante los padres y las madres de nuestros compis de aula no los cambiaban de centro por temor a que bajáramos  el nivel o a que a sus hijos se les pegara algo no sé si de color o de inmigración. Aunque fuéramos de Alcorcón. <strong>Así las cosas, por aquel entonces, no contribuían con sus decisiones a la creación de coles gueto o, más bien, guetificados</strong>. En términos generales, al menos en la EGB, puesto que a partir del instituto la cosa cambió, el profesorado no asumía que nuestro desempeño académico tuviera que ser inversamente proporcional a nuestra cantidad de melanina o a la distancia al país en el que alumbraron a nuestro progenitor. A más kilómetros, peor. <strong>Ahora lo es, </strong><a href="https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20210203/alumnos-inmigrantes-expulsados-aulas-11496069https:/www.elperiodico.com/es/sociedad/20210203/alumnos-inmigrantes-expulsados-aulas-11496069" target="_blank"><strong>el 69 % de los hijos de migrantes y el 60% de las hijas no llega a bachillerato </strong></a><strong>y detrás hay muchos motivos</strong>, entre otros la precariedad en sus hogares, no poder pagar clases particulares si alguna asignatura se da regular, no contar con puntos de acceso a internet más que el del móvil de una madre que llega tarde del trabajo tras mil horas de explotación laboral o saber que, aún cumpliendo con los requisitos requeridos, sus padres se las van a ver y desear para alquilar una vivienda porque su tez o su acento, a ojos de los caseros, no son de fiar. <strong>A eso habría que sumarle que el 28% del alumnado migrante culpa a los equipos docentes de no creer en ellos.</strong> Imaginen entrar en un aula y llevar una marca.</p><p>Pero, volviendo al pasado, después de que sonara la campana y ya de camino a casa, las identificaciones por perfil racial no formaban parte de nuestra cotidianidad. Si bien es cierto que mi hermano, puesto que se trata de una  práctica que afecta más a los varones racializados, las padeció en su juventud, con los años han ido a más.<strong> El impacto de estas acciones en la autopercepción y en la percepción de las personas de los vecindarios que habitamos es terrible</strong> y contribuye a que, si siempre se para a los mismos, hayan hecho o no algo, se les perciba como criminales desde su adolescencia temprana. </p><p>Han pasado cuatro décadas desde los 80 y se ha normalizado el hecho de que existamos y estemos aquí (lo de que seamos de aquí no tanto, salvo si metemos muchos goles y, a veces, ni aún así), sin embargo, <strong>el racismo y la xenofobia, denunciados generación tras generación, han aumentado y se ha llenado de matices</strong>. Ya no nos preguntan solo de dónde somos o nos felicitan por lo bien que hablamos en nuestro idioma, ahora quitamos puestos de trabajo, vivimos de paguitas y los chicos llevan machete, violan en manada o pertenecen a bandas.</p><p><strong>La realidad es que la mayoría de la población migrante, de ascendencia migrante y racializada ha tirado para adelante y sin antecedentes penales a pesar de las trabas del sistema</strong>. Pero, hay quien se decantó por la violencia como única  forma de esconder su vulnerabilidad y, de paso, tapar las cicatrices que deja crecer estigmatizado vistiéndose de verde, blanco, azul y rojo o amarillo. <strong>Pertenecer a algo es una suerte de quitapenas que alivia dolores y ausencias</strong>, tras una infancia en contextos yermos de ocio y opciones y carentes de expectativas, y herir a sus pares (o a cualquiera, vaya) es un error, un horror y una explosión de rabia. Al final, se convirtieron en lo que les dijeron que serían. Pura profecía autocumplida.</p><p>Así que sí,<strong> las bandas juveniles existen</strong> y negarlo es de una ceguera solo equiparable a aquella con la que viven los que no reconocen que hay jóvenes periferizados por la sociedad y extranjerizados a diario. Eso ha impedido que llamen casa al rincón en el que han nacido y/o crecido y, ahora, yerran perdidos.</p><p><strong>Cerrar los ojos antes un problema de semejantes dimensiones no sirve para eliminarlo</strong>. La prueba está en que continúa vigente y atrapando en sus redes a los adolescentes de los mismos extrarradios de las grandes ciudades en los que décadas antes se extraviaron los hijos de los migrantes de otras partes del Estado.</p><p>Jamás podría aventurarme a recetar soluciones, pero tengo claro que yo nunca explicaría ciertas conductas valiéndome de una especie de determinismo biológico que conecta la criminalidad con ciertas latitudes. No obstante,<strong> sí considero que deberían ir más allá de las medidas meramente punitivas</strong>. Aumentar los efectivos policiales y continuar o hasta incrementar las paradas por perfil racial insistiendo en recordar a los jóvenes que este no es su lugar, no creo que sirva. Sería importante analizar qué les falta en sus barrios, en sus viviendas y en sus vidas, qué opciones les han dado, si es que les han dejado alguna, y qué les lleva a arriesgar su existencia en luchas sin cuartel por territorios minúsculos reducidos a un par de esquinas. <strong>Debemos reflexionar acerca de</strong>, tal y como señala la doctora en filosofía de la Ciencia, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=augtctTs4Gs" target="_blank">Esther (Mayoko) Ortega</a>, <strong>lo que importa la identidad cuando te ha sido negada</strong>, sobre las migajas que dejamos a ciertos sectores poblacionales y sobre la rabia. </p><p>Qué fácil resulta señalar la injusticia si ocurre en la lejana banlieue parisina y <strong>cuánto nos cuesta, en cambio, si la vemos desde nuestra ventana</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Oct 2024 18:21:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lucía Mbomío]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Pandillas y rabia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Migrantes,Racismo,Barrios,Minorías raciales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un crematorio en un barrio muy quemado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/crematorio-barrio-quemado_129_1874381.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3ebf6173-3022-4606-94d1-abd4333edf11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un crematorio en un barrio muy quemado"></p><p>Vecinos de los distritos madrileños de <strong>Usera</strong> y <strong>Villaverde</strong> salieron en tromba a la calle para protestar por la decisión del Ayuntamiento <strong>de autorizar la construcción de un crematorio</strong> en San Fermín, histórico barrio delimitado por el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/R%C3%ADo_Manzanares" target="_blank">río Manzanares</a>, la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Avenida_de_Andaluc%C3%ADa" target="_blank">Avenida de Andalucía</a> y la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/M-40" target="_blank">M-40</a>. </p><p>No acudieron únicamente los habitantes de las manzanas colindantes con la futura ubicación del horno activo las 24h del día, sino que la totalidad de los residentes en ambos distritos caminaron juntos para mostrar su indignación. ¿Era tan solo una discusión sobre la licencia lo que trascendía? ¿O era una gota más en un vaso que rebosó hace demasiado tiempo? Para poner en contexto la discusión jurídica, podemos resumir que<strong> la empresa del crematorio solicitó la oportuna licencia hace años, la cual fue denegada y recurrida.</strong> Tras un largo periplo judicial, el Tribunal Supremo estimó que la resolución negativa del consistorio se basaba en una normativa en exceso antigua que no contemplaba en su espíritu las novedades tecnológicas. Para la empresa, los 250 metros de separación entre una instalación como esta y las viviendas que exige la Ordenanza de aplicación<strong> han quedado superados por los adelantos en materia de emisiones de gases</strong>. Así, el Tribunal retrotrae las actuaciones y coloca el expediente de nuevo en el momento destinado a que la administración motive su resolución. </p><p>En este punto, el pasado 24 de agosto,<strong> el Ayuntamiento de Madrid terminó por conceder la licencia del crematorio</strong>. Las asociaciones de vecinos no estuvieron conformes y anunciaron los pertinentes recursos. Pero no crean que en las calles de San Fermín, y de todo Usera o Villaverde, se discute sobre el aspecto legal de la sentencia o de la ordenanza. Poco importa al vecindario si se pasa por un centímetro de los 250 metros o si la ordenanza dice una u otra cosa. <strong>La pregunta es si el ayuntamiento cumple con la obligación de analizar el impacto de un crematorio en la salud de las personas</strong>. Que el hecho de construir un campo de golf o un crematorio hayan sido exceptuados por la Comunidad de Madrid de declaración ambiental ya no sorprende al vecindario. Cada vez me miran más allá de su barrio sienten que el mandato de <em>hacer ciudad</em> que tiene todo gobierno local no va con ellos. ¿Para que unos barrios progresen tienen que pagar otros? Ese sería el modelo a debatir. <strong>Barrios para vivir o para servir</strong>. Es lo que quieren sus vecinos.<strong> Ser escuchados</strong>. San Fermín tiene mucho que contar al resto de Madrid. La prometida escuela infantil no llegará finalmente. El polideportivo sigue siendo una quimera. Las tres depuradoras parecen lo único que el barrio tiene derecho a acoger. <strong>La ciudad tiene que ser algo más que zonas que progresen en función de otras</strong>. Vecinos y vecinas exigen que gobernar no sea únicamente aplicar normas o sentencias, <strong>sino velar por la calidad de vida de todos los barrios</strong>. Si hay que estrujarse la cabeza para idear soluciones, que así sea. Pero exprímase el intelecto, no la paciencia de quienes a menos les queda. </p><p>__________________</p><p><em><strong>Gerardo Centeno </strong></em><em>es Letrado Consistorial, Vocal Asesor de Más Madrid y escritor.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Sep 2024 18:41:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Gerardo Centeno Garcia-Rodrigo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un crematorio en un barrio muy quemado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Madrid,Tribunal Supremo,Ayuntamiento de Madrid,Barrios,Asociaciones vecinos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llevo la periferia en la boca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/pero-el-barrio-no-sale-de-una/no-yogur_129_1874283.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e472385-1ef4-4540-bd74-d1dd64595ebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="a"></p><p><strong>La manera en la que sonamos cuenta un origen, una historia y remite a un hogar, a varios o a un éxodo</strong>. “Retorcí mi acento tanto que a destierro olía mi boca”, escribía <strong>Yeison F. García</strong> en su magnífico poemario <em><strong>Derecho de Admisión</strong></em>. De un modo muy bello y en verso explicaba que daba igual que mareara su habla o lo hiciera jirones para tratar de encajar en algún lugar puesto que, por su trayectoria vital, una migración de su Cali natal a Madrid durante su infancia, siempre le iban a leer como alguien foráneo en los dos lados. Vamos, que a lo que suena, en realidad, es a desarraigo. O a puente, supongo, a ratos.</p><p><strong>Mi boca huele a extrarradio madrileño y a viejuno</strong>, aunque se empeñen en hacerme la pregunta al cubo (de dónde eres, pero de dónde, pero de dónde). Digo 'egque' y 'mazo'. Y no solo eso, como buena nostálgica, uso 'dabuten', el verbo 'molar' y 'fetén', cosa que me encanta porque son préstamos del caló. A veces, hasta utilizo expresiones tipo '<em>efectiviwonder</em>', '<em>chachi pistachi</em>' o me despido con un '<em>ciao, pescao</em>'. Vamos, que si quien me escucha cierra los ojos, le podría venir a la cabeza Mané o Makinavaja porque<strong> tengo acento de Madrid pero no del fino</strong>. Encima, me expreso en una versión tan desactualizada que no solo delata mi edad, cosa que no me importa, sino que las generaciones con menos solera no siempre me entienden. Ahora, son más de rentar en su forma reflexiva y de spanglish pero pronunciando bien. La juventud, al fin, se comunica con soltura en inglés de forma más o menos generalizada y sin necesidad de los cursos esos de mi época que eran como una enciclopedia de VHS tan enorme que ocupaba medio salón. </p><p>El caso es que, como buena mesetaria, padezco de leísmo, laísmo, loísmo y hasta <em>liísmo</em>, no obstante, mi forma de hablar, históricamente, ha tenido más cabida en la televisión, que es donde trabajo, que el de las personas provenientes de otras latitudes del Estado. Aunque eso, por suerte, esté cambiando, durante mucho tiempo, salvo en casos muy puntuales o de figuras top, que podían hacer lo que quisieran, <strong>el hablismo centrista extirpó del medio el seseo, el ceceo, las entonaciones más cantarinas, las eles fuertes o los sufijos </strong>–<strong>ico o iño</strong>–. Esto provocó que, en los canales de emisión nacional, la gente tuviera que<strong> ocultar un aspecto importante de su identidad</strong> en aras de expresarse de forma “neutra”. Como si la neutralidad existiera.</p><p>Sin embargo, hace no mucho, me pusieron los pies en la tierra y me hicieron entender que no es comparable tener acento de Madrid-Madrid, o sea del mismísimo átomo del núcleo de la almendra central, a expresarse <strong>en madrileño periférico, en “</strong><em><strong>extrarrádico</strong></em><strong>”</strong>. </p><p>Una persona me comentó lo gracioso que le resultaba que yo continuara hablando así, como si llevar el barrio en la lengua tuviera que ser una fase de la vida que, al igual que la adolescencia, se superara con los años. “¿Así, cómo?”, le pregunté, porque, claro, una no siempre se escucha de manera crítica. “Así, tan de Alcorcón”. De un plumazo, me hizo consciente de mi privilegio, con respecto a otras partes del Estado, porque hasta ese momento nadie me había cuestionado frontalmente por ser de Madrid, pero me dejó claro que no sueno a Madrid Madrid. Y también provocó que me planteara lo mucho que cuentan las palabras y los dejes lingüísticos de las personas. Yo en la tele no digo “tronco” ni “mazo”, pero no hace falta porque es obvio que ahí hay <strong>un tonillo macarra que evidencia mi origen</strong> y que se supone que este es malo debido a que me sitúa en un lugar <strong>al cual se asocian un montón de estereotipos negativos</strong>. Menos, por supuesto, el glorioso alcorconazo (<em>never forget</em>). Y, ante eso, <strong>a mí no me sale desprenderme de una parte de mi identidad sino blindarla</strong>. </p><p><strong>Quizá heredo esa actitud defensiva de mi padre</strong>, un señor que parece que se bajó ayer mismo del avión que le trajo de la antigua Santa Isabel (hoy, Malabo). Llegó en 1966, pero a él todavía se le cuela el bosque ecuatorial, el abáa y el suelo rojo en cada palabra. Sus paisanos dirían que es más que evidente que <strong>nunca ha comido yogur</strong>. Un modo muy suyo de mofarse de quienes pierden su acento nada más pisar Barajas o El Prat a raíz de consumir ese tipo de lácteos, <strong>algo que consideran de blancos</strong> <strong>ya que ahí es un lujo</strong> cuyo consumo habitual solo pueden permitirse las personas ricas y/o expatriadas. </p><p>Cada vez más entiendo su acento, los acentos deslocalizados, “inapropiados” o “fuera de lugar” como <strong>una forma ya no solo de resistencia ante el menosprecio sino como un estertor identitario</strong> que pospone ad infinitum las despedidas con lugares y momentos, como una línea continua dibujada en un mapa que conecta el sitio en el que estás con aquel en el que naciste o al que decides llamar hogar. </p><p>Y sí, voy a continuar hablando así porque no sé hacerlo de otra manera y porque <strong>llevo la periferia en la boca</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Sep 2024 17:30:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lucía Mbomío]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Llevo la periferia en la boca]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Barrios,Madrid,Migración,Televisión,Lengua]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El Teatro del Barrio, galardonado con el Premio Nacional de Teatro 2024]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/teatro/teatro-barrio-galardonado-premio-nacional-teatro-2024_1_1874085.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6befa473-b30c-44ba-980a-9f7186276563_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Teatro del Barrio, galardonado con el Premio Nacional de Teatro 2024"></p><p>El <strong>Teatro del Barrio</strong> ha sido galardonado con el <strong>Premio Nacional de Teatro 2024</strong>, dotado con 30.000 euros, "por su amplia y variada programación y su concepción de teatro como hogar y espacio de proximidad con el territorio en el que se integra", ha informado este martes el Ministerio de Cultura, según informa EFE.</p><p>El jurado ha propuesto la concesión de este galardón a Teatro del Barrio, que en 2023 celebró su décimo aniversario, "por su <strong>amplia y variada programación</strong>, su concepción de teatro como hogar y espacio de proximidad con el territorio en el que se integra y su<strong> apuesta por la descentralización</strong>, programando a artistas de todo el territorio nacional y fomentando la movilidad de sus producciones". Asimismo, el jurado ha destacado "su <strong>labor pedagógica</strong> en el ámbito de las artes escénicas y de <strong>democratización del saber</strong> a través de su escuela y del proyecto Universidad del Barrio".</p><p>Además, el jurado subraya que Teatro del Barrio "<strong>acoge la innovación</strong> y el riesgo en las artes escénicas, sirviendo de plataforma para creadores con perfiles y trayectorias diversas" y destaca que "la <strong>gestión cooperativa</strong> y la alta implicación de todo su equipo permiten dar cabida a numerosas voces, asumiendo riesgos y acogiendo tanto a artistas consolidados como emergentes". </p><p>El fallo pone en valor "su apuesta por <strong>formatos innovadores e interdisciplinares</strong>" que "congrega a públicos diversos, creando un espacio de generación de pensamiento en torno al <strong>contexto social y político</strong> desde las artes escénicas". El acta recoge que "en sus diez años de vida, el teatro ha consolidado una <strong>identidad propia</strong> y ha generado un impacto indiscutible, posicionándose como un espacio único en el ecosistema cultural".</p><p>El Teatro del Barrio es un proyecto artístico y cultural cooperativo y de vocación popular que se inauguró el 4 de diciembre de 2013 en el madrileño barrio de <strong>Lavapiés</strong>, en las instalaciones de lo que había sido la<strong> Sala Triángulo</strong>, un espacio emblemático de la escena alternativa. Vinculado desde sus orígenes al <strong>movimiento del 15M</strong>, en sus producciones, arraigadas en el <strong>compromiso social y la iniciativa ciudadana</strong>, hay una clara apuesta por la reflexión y el debate desde las artes escénicas, analizando el presente e imaginando otras realidades posibles.</p><p>Su programación artística gira en torno <strong>al humanismo, la memoria, la conciencia de clase, el feminismo, el antirracismo, el anticolonialismo y el ecologismo</strong>, entre otros temas. Entre sus producciones más celebradas, que han girado por festivales y teatros nacionales e internacionales, se encuentran <em>El pan y la sal</em>, <em>Mundo Obrero</em>, <em>Ruz - Bárcenas</em> o <em>El Rey</em>.</p><p>La temporada pasada estrenaron en la sala <strong>Cuarta Pared</strong>, en el marco del Festival de Otoño, <em><strong>La gran cacería</strong></em>, con autoría y dirección de <strong>Juan Mayorga</strong>, una obra que ha contado con una gira internacional que la ha llevado a la Academia de España en Roma.</p><p>Por el escenario de Teatro del Barrio han pasado <strong>consolidados artistas de la escena cultural española </strong>como José Sacristán, Nuria Espert, Juan Margallo, Alberto San Juan, Sergi López, José Sanchis Sinisterra, Aitana Sánchez-Gijón, Andrés Lima, Will Keen, Juan Cavestany, Luis Bermejo, Pilar Gómez, Leo Bassi, Pablo Remón, Pepe Viyuela, Manolo Solo, o Eva Redondo, entre otros.</p><p>Como laboratorio de creación, Teatro del Barrio también impulsa un programa de <strong>residencias artísticas</strong> y mantiene un firme compromiso con la <strong>escena emergente</strong>, apoyando nombres como Candela Solé o Paula Amor. Fiel a su espíritu fundacional, mantiene una línea de <strong>proyectos sociales para tejer comunidad</strong>, como Universidad del Barrio y Re@cción vecinal, dos actividades de entrada libre ideadas para abrir el escenario a la participación ciudadana.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Sep 2024 15:48:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El Teatro del Barrio, galardonado con el Premio Nacional de Teatro 2024]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Premios y galardones,Barrios]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Hasta el próximo año, sandías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/pero-el-barrio-no-sale-de-una/proximo-ano-sandias_129_1873549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e472385-1ef4-4540-bd74-d1dd64595ebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hasta el próximo año, sandías"></p><p>Una punzada en el pecho dolorosa, como si alguien acabara de clavarme un puñal y estuviera retorciéndolo con saña. Eso es exactamente lo que siento cuando quitan el<strong> kiosco de melones y sandías de la esquina</strong>. Ni las danas en Levante ni las bajadas de temperatura ni una fecha exacta en el calendario (ahora, con el cambio climático, menos) ni, por supuesto, las hojas deviniendo marrones, teniendo en cuenta que, últimamente, agosta en mayo. Lo que marca el cambio de estación es, sin duda, ese puesto. A partir de aquí, vuelven el trabajo, las clases, las extraescolares y la dinámica inhumana y estresante de las grandes urbes y sus periferias.</p><p>Bajón.</p><p>Pero con qué alegría lo recibimos cuando lo ponen y eso que, ahora, con lo caro que está todo, <strong>comprar requiera préstamo bancario o pagar a plazos</strong>. Con todo, cuando un día te despiertas y ves que ya está ahí plantado, en alguno de los lugares de siempre, sabes que ha llegado el momento de las frutas dulces, enormes y jugosas y de los días largos. Vamos, que ha llegado el verano.</p><p>También de los parones vacacionales y del tiempo libre. Y, como es algo que se repite año tras año, somos conscientes de que, poco a poco,<strong> las ciudades se irán quedando cada día más vacías</strong> y de que los pueblos y las playas comenzarán a abarrotarse. Y quienes nos quedamos respiramos no aire fresco, porque en Madrid ciudad y aledaños, al menos, sería venirse muy arriba, pero sí es cierto que hay menos colas, atascos y ruido y que da la impresión de que tenemos más espacio.</p><p>Además del puesto de melones y hace unos años los que vendían helados, <strong>los mejores indicadores son los bancos, que se llenan de personas y conversaciones </strong>tan pronto como baja el sol. Porque son de esos en los que caben más de dos, de los que están hechos no para adornar páramos víctimas de arboricidios sino para sentarse y relacionarse, sin obstáculos incómodos. De los que llevan usándose décadas y, precisamente por eso,<strong> tuvieron la oportunidad de conocer a los </strong><em><strong>heavies</strong></em><strong>, a los </strong><em><strong>mood</strong></em><strong>, a los del </strong><em><strong>djembé </strong></em><strong>y el diábolo</strong>, los botellones y a las mismas vecinas que llevan hablando de lo que han dicho en las noticias, de lo que ha pasado en el barrio, del último libro que se han leído o de cómo les va la vida desde hace justo una vida. Menos aquellas que se han ido para siempre y dejan un hueco tan grande en las tablas de madera como en el corazón.</p><p>Y entre los árboles que, a diferencia de ciertos centros, aquí no arrancan, y edificios que dan sombra, <strong>la infancia de familia sin recursos que no se irá ni un día de vacaciones aprovecha las semanas de asueto para tomar las calles y jugar en analógico</strong>. Todo muy <em>old school</em>. Antes se llamaban Ana, María o Miguel y ahora, además, andan por aquí los Hassan, las Fatou y los Michael. Gente de aquí porque es aquí donde vive. Nacieran donde nacieran, da igual Extremadura o Malabo, son del barrio, pese a que haya partidos, votantes y usuarios de las redes sociales que se empeñen en decir lo contrario.</p><p>Total, que ya han quitado el puesto. Y sabemos que es el preludio de lo que vendrá. En breve, podremos deleitarnos, mientras volvemos del trabajo y estamos en mitad de algún atasco (también los padecemos quienes vamos en autobús), de los <strong>atardeceres de cielo fucsia y morado</strong>. Eso si no han venido ya. Y tardará mucho más en hacerse de día y menos en anochecer. El frío provocará que las mujeres del banco prefieran no salir de su hogar o, como mucho, quedar en alguna casa, en el descansillo o a tomar algo caliente en el bar. Para las personas que tengan descendencia en edad escolar, tocará adquirir los libros de texto del nuevo curso y material. </p><p>Sin embargo, habrá un porcentaje nada desdeñable que <strong>no los podrá comprar</strong>. Por falta de medios económicos, sí, y en algunos casos, además, por desconocimiento del sistema de becas, por la situación administrativa de la madre y/o el padre, por no hablar bien el idioma o hasta por la vergüenza que les provoca reconocer cualquiera de las circunstancias anteriores.</p><p>Doy por hecho que en muchos vecindarios, conscientes de la situación de las familias que viven en la puerta de al lado, <strong>se activan los mecanismos de los tiempos difíciles</strong> y funciona la ayuda mutua. Las redes informales llegan adonde no llega el Estado y no es caridad, es barrio.</p><p>Por si acaso no es así, comparto la campaña “<a href="https://hijadeinmigrantes.com/materialescolar/" target="_blank"><strong>El material escolar no es un privilegio</strong></a><a href="https://hijadeinmigrantes.com/materialescolar/" target="_blank">”</a> que Safia El Aaddam, conocida en redes sociales como “<a href="https://www.instagram.com/hijadeinmigrantes/?hl=es" target="_blank"><strong>Hija de inmigrantes</strong></a>”, está llevando a cabo con el objetivo de recoger y distribuir todo lo necesario para iniciar el curso. Si estás en esa situación, ojalá esta información te resulte útil.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Sep 2024 19:09:15 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lucía Mbomío]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Hasta el próximo año, sandías]]></media:title>
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