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    <title><![CDATA[infoLibre - Felipe Benítez Reyes]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/felipe-benitez-reyes/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Felipe Benítez Reyes]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El eclecticismo gozoso de Benítez Reyes va de Mozart a Hendrix y de la cerámica popular a la Bauhaus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/felipe-benitez-reyes-confiesa-cine-categoria-b-serie-b-placer-culpable_1_1562509.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ff5714fa-930d-4b3d-8a3f-be16d4874a76_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El eclecticismo gozoso de Benítez Reyes va de Mozart a Hendrix y de la cerámica popular a la Bauhaus"></p><p>Rota es una ciudad de contrastes. Sus amplias playas, sus casas de inmaculado blanco y sus calles de postal conviven con los navieros y los militares que pueblan la base naval de los Estados Unidos desde el año 1953. </p><p>En la localidad gaditana, también vive <strong>Felipe Benítez Reyes</strong> (Rota, Cádiz, 1960), uno de sus vecinos más ilustres. Siempre muy ligado a la tierra que le vio nacer, este escritor, poeta y articulista es autor de una <strong>vasta obra literaria</strong> en la que destacan novelas como <em>Mercado de espejismos</em>, con la que ganó el premio Nadal, poemarios como <em>Sombras particulares</em>, con el que ganó el premio Loewe, o <em>Vidas improbables</em> con el que fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía y el Premio de la Crítica. Haciendo un homenaje a esos contrastes de Rota, Benítez Reyes viene hoy a <strong>infoLibre</strong> a mostrar los suyos, y nos habla <strong>de esas obras que no encajan del todo con la imagen que tenemos de él</strong> y nos producen la misma extrañeza que un buque militar navegando frente a una de las playas más bonitas de España. </p><p>“Tengo la suerte de que me gusten <strong>Mozart y Jimi Hendrix, la cerámica popular y la Bauhaus, la alta literatura y las extravagancias literarias</strong>”, confiesa, haciendo gala de su gozoso eclecticismo a la hora de disfrutar de sus variopintos gustos culturales, que abarcan desde la cultura más elitista hasta la más terrenal. “Ese asunto de las jerarquías culturales <strong>daría para muchas horas de conversación</strong>, ¿verdad?”, plantea el escritor. </p><p>Uno de esas “extravagancias culturales” más recientes es “un libro de testimonios en torno a la figura de <strong>Gustavo Adolfo Rol</strong>”. La obra, que le dejó “boquiabierto”, cuenta la vida de este mago y vidente italiano que nació en 1903 y murió con 91 años. <strong>“Si lo que se cuenta allí fuese cierto, tendríamos que replantearnos nuestro concepto de realidad”</strong>, asevera Benítez Reyes. Justamente, el escritor piensa que lo extraordinario que cuenta el libro se condensa perfectamente en el lema de vida de Rol: <strong>“En este mundo no existe lo imposible”</strong>.</p><p>El libro llamó la atención del poeta, sobre todo, por lo fascinante del personaje. Así, nos cuenta que a Rol acudían “los cirujanos más célebres para que les diese un diagnóstico previo a la operación, porque, según parece, <strong>tenía el poder de ver los males internos de la gente incluso a través de una conversación telefónica</strong>”. Otro de los poderes de Rol era el de hacer atravesar objetos sólidos a través de las paredes. </p><p>Además, el vidente era muy amigo del director de cine <strong>Federico Fellini</strong>, al que le recomendó no rodar una película porque, de hacerlo le sobrevendría una desgracia. El cineasta se tomó muy en serio esta advertencia y decidió cancelar el rodaje. "<strong>¿Quién se resiste a algo así? Es como la realidad sometida a los códigos de la literatura fantástica</strong>. Al lado de eso, los cuentos de <em>Las mil y una noches</em> son <strong>estampas costumbristas</strong>”, añade Benítez Reyes sobre las historias del vidente italiano.</p><p>Aunque el escritor gaditano disfrutó mucho la obra pese a su “malísima traducción española”, duda si recomendarla o no. “Lo pasé muy bien leyéndola, pero <strong>eso no quiere decir que se trate de un placer transferible</strong>. Los mecanismos del disfrute son a veces muy retorcidos. <strong>Ni uno mismo los entiende del todo</strong>”, comenta sobre si otras personas podrían disfrutar de este extraño libro. </p><p>Además de este “placer culpable” más reciente, una de las aficiones más curiosas de Benítez Reyes es su gusto por el <strong>“cine de serie B o, más exactamente, al cine de categoría B de la serie B”</strong>. De hecho, el escritor confiesa que hace poco vio <em>El fantasma invisible</em>, de Joseph H. Lewis, una película que le entusiasmó precisamente <strong>“por lo malísima que es”</strong>. </p><p>“La cinta está protagonizada por un Bela Lugosi que se dedica a matar a la gente, aunque <strong>quien está para matarlo es él, por lo mal que actúa</strong>”, critica divertido. Sin embargo, siempre hay segundas oportunidades y Benítez Reyes decidió ver al día siguiente <em>The Big Combo</em>, otra película del mismo director, y en esa ocasión, Lewis se redimió: <strong>“La vida es siempre sorpresiva, esperaba más de lo mismo, y sin embargo me pareció muy buena”</strong>.</p><p>Además de los suyos, el autor nos comenta algunos de los placeres culpables que más le han sorprendido de otros grandes escritores. “Quizá el más llamativo sea <strong>la afición de Proust a presenciar la tortura de ratas</strong>, según se cuenta. Lo que me hace sospechar que Proust, de haber sido gaditano, se hubiera aficionado a las peleas de gallos ingleses”, comenta jocoso.</p><p>Por último, cree que el gusto por mantener un secreto es clave para encontrar la explicación de <strong>por qué ocultamos nuestros placeres culpables</strong>, aunque en muchas ocasiones no podemos detener nuestro impulso de compartirlo. “Pocas frases tan cómicas  hay como esa de ‘voy a contarte un secreto, pero por favor no se lo cuentes a nadie’ pues me temo que, tarde o temprano, <strong>acabamos yéndonos de la lengua</strong>”, explica el escritor, quien incluso sospecha “que hay curas católicos que celebran <strong>congresos anuales clandestinos</strong> para contarse los secretos de confesión más pintorescos”. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Aug 2023 17:29:35 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Mortera Franco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El eclecticismo gozoso de Benítez Reyes va de Mozart a Hendrix y de la cerámica popular a la Bauhaus]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Felipe Benítez Reyes,Libros,Películas,Poesía,Poetas,Placer culpable]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El retraso de las ayudas UE: 140 escritores esperan desde enero que Cultura pague su estancia en el extranjero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/economia/retraso-ayudas-ue-140-escritores-llevan-cuatro-meses-esperando-cultura-pague-estancia-extranjero_1_1225105.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cdaab19c-cc22-4c16-8859-26a6dd875de3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El retraso de las ayudas UE: 140 escritores esperan desde enero que Cultura pague su estancia en el extranjero"></p><p>De los <strong>70.000 millones</strong> de euros del <strong>Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia</strong> que <span class="highlight" style="--color:white;">la Unión Europea concede a España hasta 2026 para reactivar la economía sacudida por la pandemia</span>, un millón tenía como destino <a href="https://www.infolibre.es/economia/fondos-ue-pagaran-redes-digitales-eficiencia-energetica-guarderias-ayudas-cine_1_1214122.html" target="_blank" >sufragar las estancias en el extranjero de escritores españoles</a>. Es una convocatoria del Ministerio de Cultura por la que se han otorgado ayudas a la “movilidad internacional” de autores literarios, también traductores e ilustradores. La condición es que hayan publicado al menos una obra. Se les subvenciona <strong>para que investiguen y preparen la próxima en instituciones de otros países durante dos meses</strong> como máximo. Entre los proyectos aprobados se encuentran los presentados por autores consagrados como<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/videolibre/playlist-de/espido-freire-olvidamos-importante-preocupa-esencial_1_1198287.html" target="_blank" >Espido Freire</a> y<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/felipe-benitez-reyes-cabeza-sombrero_1_1190255.html" target="_blank" >Felipe Benítez Reyes</a>, jóvenes talentos como <strong>David Aliaga</strong> y <a href="https://www.infolibre.es/cultura/album-memoria-saharaui_1_1174852.html" target="_blank" >Laura Casielles</a>, la poeta gallega <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/saltar-dar-brincos_1_1192880.html" target="_blank" >Yolanda Castaño</a>, o el cántabro <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/juan-gomez-barcena-espana-no-hay-tipo-memoria-proceso-colonizador-america_1_1185428.html" target="_blank" >Juan Gómez Bárcena</a>, premio Ojo Crítico en 2014.</p><p><span class="highlight" style="--color:white;">La selección se llevó a cabo el año pasado. De los 261 solicitudes presentadas, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>fueron 140 las escogidas</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Así quedó establecido en la propuesta de resolución definitiva que la Dirección General del Libro publicó en internet el </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>22 de diciembre de 2021</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Las ayudas deberían haber empezado a pagarse en enero de 2022. Sin embargo, a fecha de 12 de abril, la resolución definitiva del ministerio no se ha producido ni, por tanto, se han pagado las ayudas. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Las estancias deben realizarse antes del 31 de diciembre de este año</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Y ya se han consumido cuatro meses. La convocatoria deja claro que no se pagarán hasta que Cultura notifique al beneficiario la concesión.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>infoLibre</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> ha hablado con una decena de los 140 seleccionados en la propuesta de resolución definitiva. Ninguno ha recibido la notificación. De modo que algunos han tenido que</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> aplazar su salida al extranjero</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> porque no podían sufragarse el viaje y la estancia. Otros se han marchado pagando los gastos de su propio bolsillo </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>para no perder reservas de avión y hotel</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Y los hay que están pensando en</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> anular el viaje</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> si no reciben enseguida noticias del ministerio y no pueden posponer la estancia a 2023. La subvención, según explica el ministerio en su página web, “se hará efectiva </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>mediante pago anticipado</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, una vez dictada cada resolución de concesión”. Tras haber sido gastada, el beneficiario debe justificar la ayuda, con facturas y otros comprobantes de pago, como mucho tres meses después de haber acabado la estancia en el extranjero.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Cuando se anunciaron las milmillonarias ayudas europeas, una de las advertencias de expertos e instituciones se refería a la </span><a href="https://www.infolibre.es/economia/sabra-espana-gestionar-plan-recuperacion-ue-pais-fondos-estructurales-ejecuta-denuncias-acumula-mal_1_1195753.html" target="_blank" ><span class="highlight" style="--color:white;">incapacidad de la Administración pública española para digerir un volumen tan enorme de dinero</span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> y hacerlo correctamente, en tiempo y forma. Por un lado, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>por la falta de personal técnico especializado</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, y por otro, por el freno que la burocracia podía imponer a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>un mecanismo que necesitaba ser ágil para ser efectivo</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. La queja de que las ayudas no están llegando o llegan con demasiada lentitud es constante. El caso de las subvenciones de Cultura puede servir de ejemplo de las dificultades que sufre el sistema.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Los autores llevan desde enero reclamando la resolución definitiva del proceso. Según explican a este periódico, la respuesta del ministerio siempre es que se publicará “inmediatamente”.</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> “Primero decían que a mediados de enero; después, a mediados de febrero… ahora dicen que estemos atentos a la web”</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, explica uno de los afectados. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Felipe Benítez Reyes</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, premio Nacional de Poesía en 1996 por </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Vidas improbables</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y premio Nadal en 2007 por su novela </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Mercado de espejismos</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, no ha esperado a que llegara la ayuda y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>ya se encuentra en Lisboa</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, donde prepara su investigación sobre </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Fernando Pessoa</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Se lo podía permitir, explica, y no quería perder las reservas hechas.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">A </span><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/blog-hizo-libro_1_1143486.html" target="_blank" ><span class="highlight" style="--color:white;">Alejandro Luque</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">, en cambio, no le ha quedado más remedio que aplazar sus </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>dos meses en Nueva York</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, programados para principios de año, y posponerlos hasta el próximo otoño. Periodista y escritor, autor de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La defensa siciliana</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, quiere trabajar en la Universidad de Nueva York sobre </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>el escritor cubano exiliado </strong></span><strong>Edmundo Desnoes</strong> y confía en que la institución no le ponga problemas para hacerlo entrado el año. </p><p>En el caso de <strong>Adriana Schlittler</strong>, poeta y fotógrafa sevillana nacida en Brasil, el golpe ha sido mayor. Tenía programada una estancia <strong>en las islas Galápagos en febrero</strong> para preparar un proyecto sobre ornitología, que supone un gran desembolso económico y ha debido suspender al no haber cobrado aún la ayuda. Es profesora de latín y griego en un instituto de Sevilla, por lo que, además, debía <strong>pedir un mes de permiso sin sueldo</strong> para irse. “Afortunadamente, no lo hice, porque, si me lo dan, no puedo decir que no o quedarme un mes en casa”, lamenta. A ella le aseguraron a principios de año, cuando llamó al ministerio, que la resolución definitiva estaría lista “en lo queda de enero”. No se fio y no sacó los billetes de avión ni pidió el permiso no retribuido a la Junta de Andalucía. Ahora <strong>sólo puede retomar el proyecto en octubre</strong>, el único mes en que es posible hacer la investigación ornitológica que precisa. </p><p><span class="highlight" style="--color:white;">En el caso de otro escritor que prefiere no dar su nombre, el viaje debería haber sido en enero, pero por motivos de salud tuvo que aplazarlo. “Ahora me han dicho que resolverán antes del verano”, asegura. Otro tenía prevista su estancia en el extranjero para mayo y, en vista del retraso en el pago, iba a atrasarla hasta septiembre, pero por “incompatibilidad laboral” va a terminar renunciando a la subvención. También hay quienes tienen programada la salida para el verano y temen que el retraso se prolongue y les impida el viaje. Alejandro Luque se pregunta si será posible dejar un proyecto para 2023, aunque la convocatoria deja claro que</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> la estancia en el extranjero debe realizarse este año, del que ya se han consumido cuatro meses</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span></p><p><strong>Desde 1.400 hasta 9.800 euros</strong></p><p>El Ministerio de Cultura no ha concedido el millón de euros de la convocatoria, sino <strong>746.932,56 euros</strong>. Las ayudas van desde 1.400 hasta 9.800 euros como máximo. <strong>InfoLibre</strong> ha preguntado al departamento que dirige Miguel Iceta por estas ayudas y niega que exista ningún retraso.<strong> “Es el tiempo que se necesita para tramitar la resolución definitiva”</strong>, explica un portavoz. “<span class="highlight" style="--color:white;">El procedimiento se ha realizado siguiendo los trámites ordinarios habituales para garantizar la transparencia y control”, indica. Pero también precisa que hay que tener en cuenta que éste </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>“ha coincidido en los tiempos con el cierre de un ejercicio presupuestario y la apertura del nuevo ejercicio”</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span> Cultura niega también que algún recurso esté demorando la resolución definitiva o exista algún problema con el dinero. Pero algunos de los escritores consultados por este periódico dicen que, en sus múltiples llamadas al ministerio estos meses, les han mencionado que <strong>el problema no estaba en Cultura, sino en otros departamentos</strong>. “Yo creo que es sencillamente un problema de liquidez”, precisa uno de ellos.</p><p><span class="highlight" style="--color:white;">La tramitación de los miles de expedientes para conceder las ayudas constituye </span><a href="https://www.infolibre.es/economia/sabra-espana-gestionar-plan-recuperacion-ue-pais-fondos-estructurales-ejecuta-denuncias-acumula-mal_1_1195753.html" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;">un auténtico órdago para la capacidad de gestión de las administraciones públicas</span></a><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>. La falta</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> de</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">personal técnico cualificado ha obligado al Gobierno a recurrir, como en otras muchas ocasiones, a los conocidos como “medios propios”: empresas públicas a las que hace “encargos” o “encomiendas”, para suplir la carencia de plantilla. Así, sólo en tareas de apoyo y asistencia técnica para gestionar las ayudas para la recuperación, </span><a href="https://www.infolibre.es/economia/gobierno-gastara-133-millones-subcontratar-tramitacion-fondos-ue_1_1222135.html" target="_blank" >el Gobierno se va a gastar al menos 133,12 millones de euros</a><strong>. </strong>De ese monto, <strong>corresponden al Ministerio de Cultura 6,5 millones, que servirán para que Tragsatec, la filial de la pública Tragsa,</strong><span class="highlight" style="--color:white;"> les ayude a tramitar los proyectos financiados por la UE. </span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Apr 2022 19:37:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña P. Ramírez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Ministerio de Cultura,Felipe Benítez Reyes,Escritores,subvenciones,Miquel Iceta,Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia,Tragsa,Fondos europeos,Universidades]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes y el carnaval de los paranoicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/felipe-benitez-reyes-carnaval-paranoicos_1_1197920.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/22671742-7c3f-42bc-96f4-965f072548d5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felipe Benítez Reyes y el carnaval de los paranoicos"></p><p><em><strong>La conspiración de los conspiranoicos</strong></em></p><p><strong>Felipe Benítez Reyes</strong></p><p><strong>Renacimiento</strong></p><p><strong>Sevilla</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>En estos tiempos de pandemia no podía faltar quienes negaran su existencia, la trágica realidad que supone, y la consideraran el producto de una conspiración contra el conjunto de la sociedad, sucediendo al terrorismo islámico en el empeño de meternos miedo. Los supervillanos, las Fuerzas del mal, no son ya Fu Manchú, Fantomas, Spectra, el doctor NO o Goldfinger, sino los chinos, quienes se dedican a inventarse enfermedades para luego vendernos las vacunas, <strong>Bill Gates</strong>, <strong>Georges Soros </strong>(ambos y el Diablo forman la Malditísima Trinidad), <strong>Elon Musk</strong> (el creador de Tesla y Pay-Pal), <strong>Christine Lagarde,</strong> la denominada “bruja gerontocida”, o la OMS, rebautizada como Organización Mafiosa Sionista. Se trata, en suma, de poderes ocultos que quieren controlar el Nuevo Orden Mundial, también llamado Nuevo Ordeno y Mando. En fin, un material muy valioso, un filón, para un escritor con sentido del humor y amante de la sátira, propicio para dejar en evidencia la estupidez humana que parece haberse extendido tanto como el virus, aunque tenga más difícil curación.</p><p>Lo que empezó siendo una narración breve —confiesa el autor— ha acabado convirtiéndose en una novela, en la que se cuenta la historia de una tertulia ambulante compuesta por un grupo de amigos que niegan la existencia de la enfermedad. Son los coronaescépticos, quienes se alimentan de sus propios delirios. Tomi es profesor de Literatura en un Instituto; Beltrami, al que llaman <em>el conspiranoico</em>, regenta una tienda de material eléctrico, aunque antes había trabajado en un bazar chino; Mangoli (el más joven, ronda los 50) trabaja en la Diputación, como coordinador de actividades (ahora llamadas –me temo que sin remisión— <em>eventos</em>); Lorenzo es propietario de una gestoría y el narrador de la historia; Rogelio, motejado <em>el racionalista</em>, es un maestro jubilado; mientras que Montse Montenegro, quien pasó del FRAP al catolicismo y a la fe conspiranoica, trabaja en una guardería. Uno de los tertulianos, Tomi Guerra, acabará de configurar con todo ello la novela que leemos, premiada en un concurso. La narración se compone de dos partes. En la primera conocemos a los personajes, sus opiniones, al mismo tiempo que en una historia intercalada visitan la Cueva del Corsario Galileo, en la casa de una familia venida a menos. Por su parte, en la segunda aparecen las entrevistas con Tomi Guerra, autor de la novela que hemos leído, que es donde realmente brilla el personaje.</p><p>Si algo caracteriza a esta novela, además del tono satírico, del humor y la ironía, quizá no podría haberse contado de otra manera, hasta el punto de que resulta imposible a veces evitar la risa, es que trata del mundo de hoy, del presente, de lo que estamos padeciendo en la actualidad. En suma, lo jocoso y lo satírico, la sorna, recoge lo trascendente, y todos estos mimbres debe saber entrelazarlos el lector. El título y las tres citas iniciales (GCK es <strong>Chesterton</strong>) cumplen la función de alertar al lector sobre el contenido, el tono y los mecanismos de esta novela que, como ha dicho el autor en una entrevista de <strong>Jesús Morillo</strong> en el <em>ABC</em><em> </em>se ha compuesto “aplicando una lógica narrativa a un discurso del todo absurdo”.</p><p>La acción transcurre en el Cádiz de hoy, en sitios y bares reales (el Brim, el Liba, el Café de Levante o el del Casino), en los que va cociéndose eso que llaman <em>verdades alternativas</em>, la conciencia del <em>a mí no me engañáis</em><em>, </em>pues<em> </em><em>yo sé lo que realmente os traéis entre manos...</em>, ya que esos negociantes y filántropos, en realidad, esconden otras intenciones. Lo sorprendente es que ni los muertos causados por la pandemia, bautizados como <em>coronafiambres</em>, ni los numerosos enfermos habidos, les hayan hecho ver la realidad. Ese pequeño grupo de chiflados se siente respaldado por las opiniones de personajes como los cantantes <strong>Miguel Bosé </strong>y <strong>Bunbury</strong>, o la fotógrafa<strong> Ouka Leele</strong>, en las antípodas de los denominados <em>oficialnoicos</em>, y se alimenta de las majaderías de Internet, de los discursos de los <em>youtubers</em>, que ahora han sustituido a los libros del psicoinvestigador (<em>sic</em>) <strong>J.J. Benítez</strong>, a los programas de televisión del doctor <strong>Jiménez del Oso</strong>, los vídeos divulgativos de su discípulo <strong>Campillos</strong>, o del <em>Cuarto milenio </em>de <strong>Iker Jiménez</strong>.</p><p>Más que en los personajes, la narración se sustenta en lo que estos dicen y en cómo lo dicen, en la lengua y en la retórica que emplean, e incluso en la utilización del gaditano oral, de palabras como <em>pichita</em>, <em>majarón</em> (la palabra fetiche de <strong>Miguel Romero Esteo</strong>, el escritor cordobés afincado en Málaga) o <em>chirlachi</em>. E incluso se desprende un par de sentencias de tono aforístico (pp. 94 y 106) que rehago, con la esperanza de que me perdone el autor:</p><p>  </p><p>Además, véase, por ejemplo, la curiosa distinción que se hace entre capitalismo y comunismo: “la meta social del comunismo consiste en que el 90% de la población viva en la pobreza [...], mientras que el capitalismo se conforma con que el 70% de la población sea pobre” (p. 194); o las definiciones de <strong>Marx</strong> (“ese narcotraficante filosófico”, p. 17) y del marxismo (“esa fábrica mundial de muertos vivientes que se empeña en seguir funcionando como alternativa de ordenación de la Humanidad a pesar de sus múltiples y verificadas averías históricas”, p. 37).</p><p>Como los personajes de <strong>Luis Mateo Díez</strong>, aunque con otros desarreglos, los de Benítez Reyes resultan inofensivos, pues su charlatanería a quien más daño hace es a ellos mismos. Los negacionistas son dogmáticos y su lógica obsesiva se sustenta en la renuncia a la cordura y a las leyes de la racionalidad. Y, sin embargo, no dejan de tener razón en su burla de ciertas verdades, en las que a veces parece oírse la voz del autor, tal y como ocurre también en las entrevistas finales:</p><p>  </p><p>En la "Adenda" final, aparecen dos descubrimientos que afectan a Tomás Guerra y que no desvelaré, sobre qué hemos estado leyendo y qué ha pasado finalmente con él, quien en el desenlace adopta el papel que le corresponderá a Benítez Reyes.</p><p>Estamos en la era de los bulos, de la invención de mentiras que incluso gente que parecía sensata se cree a pies juntillas... No hay semana que no aparezcan noticias o reportajes en la prensa que se ocupen del tema. Tampoco es un fenómeno estrictamente español, ni de QAnon, y ni siquiera de ahora, la supuesta lucha entre la Alianza y la Élite Oscura (pp. 212 y 213). <strong>Yuval Noah Harari </strong>en un artículo reciente (“<a href="https://www.lavanguardia.com/internacional/20201207/49857110897/mundo-parece-gran-conspiracion.html" target="_blank">Cuando el mundo parece una gran conspiración</a>”, <em>La Vanguardia</em>) analizaba la teoría de la Camarilla Mundial y cómo “algunos creen que el mundo lo dirigen en secreto los masones, las brujas o los satanistas; otros creen que son extraterrestres, reptilianos o varias otras pandillas”.</p><p>En fin, ¡da miedo pensar en la cantidad de gente cándida, y de majaretas, que andan sueltos por el mundo!</p><p><em>_____</em></p><p><em>Fernando Valls es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario.</em><strong>Fernando Valls</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 May 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes y el carnaval de los paranoicos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Felipe Benítez Reyes]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes, sin cabeza y sin sombrero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/felipe-benitez-reyes-cabeza-sombrero_1_1190255.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c5c83168-5a9b-4c65-89fa-2ba59eabc29a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felipe Benítez Reyes, sin cabeza y sin sombrero"></p><p>Resulta oportuna la reedición de <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/los-cuatro-vientos/2223-por-regiones-fingidas.html" target="_blank"><em>Por regiones fingidas</em></a>(Renacimiento), un libro que Interrogante editorial, de Rota, había publicado en el 2017, con una tirada de 175 ejemplares firmados por el autor, por lo que debió de circular muy poco. La única diferencia que aprecio entre ambas ediciones consiste en las distintas cubiertas y que, en la presente, se le añade un “Epílogo. El dato final” (p. 163) y unos paratextos en la contra. El epílogo resulta significativo, pues podría decirse que allí se formula la poética del libro sustentada en la fabulación, en el tránsito por <em>regiones fingidas</em> que anuncia el título del conjunto, durante una época en que tantos narradores solo parecen querer contar episodios ficcionalizados, en distintos grados, de su propia existencia. Así, en esa pirueta final que es el epílogo, el narrador relata que el mismísimo <strong>Dante</strong> le confesó que en el octavo círculo del Infierno habitaban los <em>fabuladores</em>. Sea como fuere, si Harry Block encarnado en <strong>Woody Allen</strong> descendió a los infiernos en <em>Desmontando a Harry</em>, por qué no ha podido hacerlo el narrador, quizás en esta ocasión<em> </em><em>alter ego </em>de <strong>Benítez Reyes</strong>.</p><p>El libro se compone de cuatro partes diferenciadas que se complementan. Utiliza el autor dos géneros: el cuento breve (narraciones a caballo entre el microrrelato y el cuento, por lo general más extenso) y el microrrelato. En la tercera parte, nos encontramos con un conjunto de textos breves acompañados de <em>collages</em>, a la manera de <strong>Max Ernst, Hannah Höch, Joseph Cornell </strong>o como antes había hecho <strong>Adriano del Valle</strong> y el poeta y prosista <strong>José Luis Jover</strong>. En este caso, el autor ha contado que han sido las imágenes el punto de partida para componer los microrrelatos.</p><p>En la primera parte del volumen, subtitulada “Laboratorio de procedimientos narrativos”, Benítez Reyes remeda y trastoca formas conocidas, asentadas en la tradición, como puedan ser el apólogo árabe, el cuento chino (con ironía en la denominación), los episodios bíblicos, aunque en este caso se trate de un atípico cuento de Navidad (subgénero –digamos— del que nos proporciona en el libro varias muestras de interés), la alegoría, la crónica victoriana (se trata de un cuento dividido en nada menos que 27 partes), la fábula rusa o el relato de viajes. Sin que nos sorprenda toparnos con una fantasía kafkiana, pues el checo es uno de los autores más remedados por los cultivadores de la narrativa más concisa.</p><p>De todos los textos que componen esta parte inicial, destacaría “El sabor”, la historia de un talabartero que para ser feliz necesita encontrar a una mujer cuyo sexo tenga el sabor de las brevas. Para ello cierra su negocio y recorre el mundo en su búsqueda, hasta dar con Chidra, mientras los Reyes adoran al niño dios. Se trata de un cuento de Navidad, que además puede leerse como una antología de los sabores del sexo femenino, con un final significativo. No menos atípico resulta, como cuento de Navidad, el titulado “Repostería irresponsable”. Y, además, quiero llamar también la atención sobre “Las transformaciones (Una fantasía kafkiana)”, donde se cuenta qué podría pasar si una cucaracha apareciera convertida en Gregor Samsa y un día recibiera la visita del joven <strong>Nabokov</strong>. El humor, la ironía, la intertextualidad y los personajes extravagantes son los componentes principales de este hilarante cuento.</p><p>En la segunda parte, titulada “Las ficciones en vilo”, y que como anuncia el subtítulo recoge <em>sueños ejemplares</em>, que no son otra cosa que microrrelatos, destacaría “Sueño y seguido”, en la que un individuo se enfrenta en una pesadilla a un dragón y a un hombre sin cabeza, quien al despertarse y encontrarlo en un parque le pregunta por el dragón (¿lo mató, acaso?), creándose una continuidad entre sueño y realidad. En “El servicio secreto” se burla del conocimiento inútil de un espía presumido, destacando el comienzo y el final del relato, así como el tono general disparatado. “Las edades del hombre” es otro atípico cuento de Navidad dividido en tres partes tituladas, valga el ripio, “La magia”, “La nostalgia” y “La neuralgia”, en la que se recuerda que nunca llegamos a perder del todo la ilusión, ni siquiera en la vejez, de la presencia de los Magos de oriente. En “La amenaza”, la historia de una advertencia y del consiguiente crimen, juega con la sombra y con el sentido del plural mayestático.</p><p>Pero quizá mi preferido, por motivos no estrictamente literarios, sea “Las dos fases”, un homenaje a <strong>Fernando Quiñones</strong> y <strong>Carlos Edmundo de Ory</strong>, escritores gaditanos muy distintos, que oscila entre el sueño y la realidad, y que concluye de manera enigmática. En “La tómbola inesperada” se cuenta una historia sobre las posibles mutaciones de unos tatuajes, trastornando los hábitos de los padres que esperan el nacimiento de sus hijos, pues ya no importa el sexo, sino qué tipo de tatuaje hayan heredado. “La novela” trata de la historia de un autor de microrrelatos a quien le insisten para que escriba una narración extensa, que acaba teniendo solo tres palabras. En “El consumista” se relatan los avatares de una bola de cristal que acaba decepcionando a su poseedor y “Suspensión de pagos” puede leerse como la historia mínima de tres fracasos y una muerte, en las que simetrías y paralelismos compiten, adobado todo ello por un humor disparatado que nos hace reír. Por último “El cervantista” (había aparecido en el 2017 en <em>El País Semanal</em> bajo otro título y algunas variantes), se burla de las obsesiones de los eruditos, un microrrelato que podría incluirse con todos los honores en las antologías de <em>MicroQuijotes</em> que viene recopilando <strong>Juan Armando Epple</strong>, y en él se exponen dos nuevas teorías: que las historias contadas por Cervantes en su magna obra provienen de Cide Hamete Benengeli, quien se las vendía en exclusiva, hasta que apareció Avellaneda, quien también quiso adquirir esos textos; que la verdadera identidad de Avellaneda es el mismo Avellaneda y que Pasamonte, a pesar de lo que diga Riquer, acabó sus días loco, por lo que Cide Hamete no quiso contar su historia, que quedó en manos del interesado. La única pega que le pondría a esta sección es que las narraciones aparecen amontonadas, pues debería darse una por página.</p><p>De la tercera parte, en la que los relatos dialogan con imágenes, voy a comentar tres de ellos, y siento no poder detenerme en el jugoso prólogo que la encabeza. Se trata de “El mar”, “La novia” y “La fantasiosa”, en los que el autor se vale de otras lógicas, otras concepciones menos ortodoxas de la realidad, más dislocadas. En el primero utiliza Benítez Reyes lo sorprendente y lo artificial para relatarnos los deseos de Leopold, un joven con dos cabezas, lector empedernido. Los singulares amores de Pablo y Paulina, él no tiene cuerpo y ella es invisible y se muestra celosa, se relatan en el segundo. Mientras que en el tercero se cuenta cómo Lucrecia, hermana de Matilde Urbach, personaje de un célebre poema de Borges (“Yo, que tantos hombres he sido...”, <em>El hacedor</em>), a la que le sacó mucho partido <strong>Juan Bonilla</strong>, primero se dedica a robar identidades y luego a regalarlas, hasta que un día se observa en el espejo como aparece en el imprescindible collage que completa el texto.</p><p>En la cuarta parte se recogen tres historias vinculadas con la provincia de Cádiz (“milagros urbanos de los que ha quedado constancia en el Archivo Histórico Provincial”, dice el subtítulo), pero solo destacaré aquí una de ellas: “La insignia sin origen”, en la que le da otra vuelta de tuerca, insuflándole misterio, a una historia de corte costumbrista.</p><p>El autor se vale a lo largo del libro de un humor paradójico y sorprendente, a menudo atrabiliario, y de una imaginación desbocada, así como del ingenio e incluso de la inverosimilitud y del disparate, que podrían tener su origen remoto en las Vanguardias, si bien me parece que proviene en esta ocasión de <strong>Gómez de las Serna</strong> y de alguno de sus discípulos, ya sea <strong>Jardiel Poncela</strong>, ya <strong>Miguel Mihura</strong>. En el caso de los microrrelatos, poseen muchas de las características más notables del género. Y los cuentos destacan por su brevedad, acercándose por tanto al género narrativo más breve, si comparamos con la dimensión habitual que suelen tener. Llama la atención el profundo conocimiento de la historia literaria, de sus procedimientos retóricos y estrategias, de los que a veces se burla, por el abuso que se ha hecho de ellos. En ambos géneros el narrador juega con las frases hechas o se toma las expresiones al pie de la letra, con el consiguiente trastorno de la realidad. Hay ejercicios de estilo y juegos con el lenguaje, pero el autor no se regodea en ellos, puesto que los trasciende, intentando indagar, conocer.</p><p>Estamos, por tanto, ante uno de esos libros atractivos, en donde hay más literatura que en la mayoría de las novelas que se jalean a menudo en los medios de comunicación.</p><p>_____</p><p><em>Fernando Valls es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario.</em><strong>Fernando Valls</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Nov 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes, sin cabeza y sin sombrero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Felipe Benítez Reyes]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Absurdo, adivinanza, alma en pena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/absurdo-adivinanza-alma-pena_1_1171078.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b35cf0a8-fb44-4633-a383-c3ccf5f2210c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Absurdo, adivinanza, alma en pena"></p><p><em>Los diablos azules recoge algunas de las entradas de </em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-intruso-honorifico/292874" target="_blank">El intruso honorífico</a><em> (Fundación José Manuel Lara), el particular diccionario en el que el escritor Felipe Benítez Reyes define sus filias y fobias personales, galardonado con el Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos 2019. </em></p><p>______</p><p><strong>ABDICAR.</strong> Disciplina en la que, por una razón o por otra, todos acabamos siendo expertos, por lo general con un grado de fatalismo equiparable al de los monarcas desventurados.</p><p><strong>ABOGADO.</strong> Ramón Gómez de la Serna atribuye a Cánovas del Castillo la suposición de que en España, si eres abogado, puedes llegar a ser cualquier cosa. Incluso reina madre.</p><p><strong>ABSENTA.</strong> 1) Pseudónimo simbolista del ajenjo, que suena más a costumbrismo tabernario. 2) El poeta Villaespesa la caracterizó como “la musa verde”.</p><p>  </p><p><strong>ABSOLUCIÓN.</strong> Aplicable a los demás, pero sobre todo a uno mismo.</p><p><strong>ABSTRACCIÓN.</strong> Según Ezra Pound, algo a lo que hay que temer en poesía, a pesar de que él no le tenía miedo a casi nada.</p><p><strong>ABSURDO. 1)</strong> Dícese del teatro en general y de determinadas obras teatrales en concreto. <strong>2)</strong> Apariencia anómala de la lógica del gran sinsentido universal. (¿Por qué los patos no tienen cresta, por ejemplo? ¿Por qué hasta hace poco vendían las camisas clavadas con alfileres a un cartón, como si fuesen cadáveres de mariposas? ¿Por qué las bombillas no tienen una muerte lenta en vez de esa muerte repentina que parece un suicidio atolondrado, con ese chasquido de luciérnaga achicharrada?) <strong>3)</strong> En la carretera de Munive, entre mi pueblo y Sanlúcar de Barrameda, hay una venta regentada por dos hermanos gemelos imposibles de diferenciar: cuando están cara a cara, parece aquello la ilusión de un espejo de hechicería. Un día de tantos, entró allí un representante de licores y le preguntó a uno de ellos: “¿Usted es usted o su hermano?”. Y ahora los gemelos lo cuentan, y nunca sabes cuál de los dos es el que lo cuenta, ya que, en vez de jugar a ser dos, como sería lo lógico, juegan a ser ninguno.</p><p><strong>ADIVINANZA.</strong> <strong>1) </strong>Algo que no requiere definición, sino solución. <strong>2) </strong>Nostalgia humana del derecho de la Esfinge a divertirse a costa de la perplejidad angustiosa de los humanos. <strong>3)</strong> Modalidad de regulación verbal de las incertidumbres cósmicas en general y de las particulares en particular.  <em>Ejemplo</em>: “¿Qué animal se devora a sí mismo cuando se detiene a pensar que es un animal que está devorándose a sí mismo mientras piensa?”.</p><p><strong>AFORISMO</strong>.<strong> 1)</strong> Al entender del postsofista José Bergamín, algo que no importa que sea cierto o incierto, porque lo único que importa es que sea certero.<strong> 2)</strong> Cristóbal Serra da por hecho que el “aforismo es poesía que de forma líquida pasó a sólida”. (Claro que, apenas unas líneas después, llega a la conclusión inesperada de que “el más perfecto aforismo entre los perfectos” es el huevo, y ahí ya se pierde uno del todo.)</p><p><strong>ALBA.</strong> Algo que sólo es digno de ser visto por un niño, porque los adultos sólo se merecen amaneceres.</p><p><strong>ALMA</strong>. Según un personaje de Melville, “algo así como la quinta rueda de un carro”.</p><p><strong>ALMA EN PENA</strong>. Sólo tenemos certeza de lo segundo.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 May 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <title><![CDATA[Un espejo en forma de diccionario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/espejo-forma-diccionario_1_1171070.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c5c83168-5a9b-4c65-89fa-2ba59eabc29a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un espejo en forma de diccionario"></p><p>Es imposible leer un libro de <strong>Felipe Benítez Reyes </strong>y no querer ser él, que reúne en sus obras, da igual si hablamos de poesía, novela o ensayo, todo aquello que hace falta para ser un escritor admirable, y es un ejemplo del incendio que provoca lector adentro la buena literatura, de principio a fin: en sus páginas está el proceso entero, sentimos el fogonazo, la combustión y las cenizas, de manera que nos divertimos y deprimimos en un abrir y cerrar de ojos, según el autor de <em>El novio del mundo, El pensamiento de los monstruos </em>o <em>Escaparate de venenos </em>decida tirar por el camino del humor, aunque sea negro, o por el de la melancolía, dos suertes que domina con destreza de malabarista. Estamos ante alguien que puede definir a un académico como un “intelectual que era muy codiciado como conferenciante en los salones culturales de las antiguas cajas de ahorros”; recordar que <strong>Cocteau </strong>definía a <strong>Victor Hugo</strong> como “un chiflado que se creía Victor Hugo”; o estar de acuerdo con <strong>Julio Camba</strong> en que un periodista es un ser que “se parece a un calamar en dos cosas fundamentales: en que puede tomar a voluntad el color que más le convenga y en que se defiende con la tinta”.</p><p>Con <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-intruso-honorifico/292874" target="_blank">El intruso honorífico</a> (Fundación José Manuel Lara), el volumen del que provienen esos destellos, ha ganado el premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos, y se adentra en el territorio raro de los diccionarios, pero no porque quiera emparentar con doña <strong>María Moliner</strong>, sino porque ha encontrado otra plaza donde torear sus obsesiones: este es un libro distinto de Felipe Benítez Reyes que, sin embargo, se le parece mucho, y es otra demostración de su arte para combinar inteligencia e irreverencia y para marcar las distancias del ingenio con la ingenuidad. Quizá uno de los mejores resúmenes de este texto sin desperdicio, lleno de exquisiteces y razones para detenerse a pensar, sea la definición que hizo <strong>José Bergamín</strong> de lo que es un aforismo y que él cita aquí: “Algo que no importa que sea cierto o incierto, sino que sea certero”. Así son las agudas entradas de este diccionario: certeras.</p><p>Por supuesto, es un diccionario de autor, y por eso tiene sus filias y sus fobias, lo cual ya es en sí mismo un acto de valor, en este mundo donde cada vez más gente teme decir lo que piensa, para no incurrir en un delito de incorreción política, recibir una multa de cualquiera de los millones de policías vocacionales que patrullan nuestras calles y nuestras redes o, lo peor de todo, enfadar a un colectivo. El autor de <em>Las identidades </em>se atreve a describir al premio Nobel <strong>Vicente Aleixandre</strong> como un “poeta andaluz de mentalidad lírica de guía turístico de las selvas más o menos amazónicas”, y a su compañero de la Generación del 27 <strong>Jorge Guillén</strong> como “un vallisoletano que vivió sus últimos años en Málaga empeñado en encarcelar a la poesía entre los barrotes de los signos de admiración, para asombro de los malagueños”; no se olvida de que <strong>Auden </strong>describió a <strong>Rilke </strong>como “el mayor poeta lésbico después de <strong>Safo</strong>”; y valora los <em>Cantos </em>de <strong>Ezra Pound</strong> como un trabajo que “alguien tenía que hacer y tuvo la mala suerte de que le tocara a él”. Tampoco parecen santos de su devoción <strong>Miguel Delibes</strong>, <strong>Flaubert</strong>, <strong>Alfonso Reyes</strong>, <strong>Cela </strong>o <strong>Paul Auster</strong>. Digamos que si todos ellos fuesen futbolistas y él seleccionador nacional, no irían convocados a la copa del mundo.</p><p>Mejor le va en <em>El intruso honorífico —</em>cuyo provocador subtítulo es <em>Prontuario enciclopédico provisional de algunas cosas materiales y conceptuales del mundo</em>— a <strong>Pío Baroja</strong> —“menos pincel que brocha, sí, pero movida con buen <em>swing</em>”—; <strong>Francisco de Quevedo</strong>, cuya vigencia es “de acero inoxidable previo a la invención del acero inoxidable”; <strong>Truman Capote</strong> —“un genio”—; <strong>Franz Kafka</strong>, una mezcla de “genialidad” y “peculiaridad”; o <strong>T. S. Eliot</strong>, a quien califica de “mago con talante de matemático”.</p><p>Y luego hay un tercer grupo de autores que no están en los otros dos, o no del todo, y sobre el que no se sabe qué pensar. <strong>Pablo Neruda </strong>y su forma sonora de recitar fue “un niño que mientras jugaba a ser presidente de un gobierno, se tragó un megáfono y se pasó el resto de la vida intentando, con fortuna variable, que su volumen de voz no hiciera añicos el tono de sus poemas”; <strong>Blas de Otero</strong> “no encabalgaba abruptamente los versos, sino que los talaba”; <strong>Edgar Allan Poe</strong> aparece como “un pájaro de cuenta que se hizo célebre gracias a un poema sobre otro pájaro”; y <strong>María Zambrano</strong> era una filósofa que “cuando fumaba en una habitación cerrada, el humo de su cigarrillo formaba en el aire la palabra <em>gnosis </em>o <em>poiesis </em>—o cualquier otra cosa de apariencia medio griega y medio malagueña—”.</p><p>Hay mil ejemplos, y desde luego en este volumen extraño y delicioso se habla de más cosas, aparte de la literatura y sus creadores, siempre con el sello de calidad de un inventor extraordinario como es Felipe Benítez Reyes, cuya chistera de mago es un pozo sin fondo. Un caballero, “al peculiar criterio de <strong>Tom Waits</strong>, es un hombre que sabe tocar el acordeón y no lo hace”; un epigrama puede tener “una morisqueta moral o vengativa”, de esta clase: “Con papel reciclado del periódico / en que el crítico Amén me puso a caldo / se imprime hoy / la novena edición de mi novela”.</p><p>Y, por supuesto, hay margen para hablar de esa melancolía a la que nos referíamos al principio, porque en la obra de este sorprendente escritor siempre asoma un ángulo de pesimismo, de fatalidad. No hay más que atender a la definición que hace de su ciudad natal, el incomparable pueblo de Rota: “Acogedora localidad gaditana en cuyas calles los que vamos a morir nos saludamos”. Tiene razón, cualquier terreno que se pise va a ser, más pronto o más tarde, la arena de un circo romano y todas las historias son trágicas, porque como dice una canción, “todo lo que termina, termina mal”.</p><p>Hay que leer a Felipe Benítez Reyes. Es muy bueno y, en su caso, eso es lo de menos; porque, además, es único. Y de esa clase, hay muy pocos. _____</p><p><em>Benjamín Prado es escritor y columnista de </em>infoLibre<em>. Su último libro, </em><a href="https://www.megustaleer.com/libros/los-treinta-apellidos/MES-100436" target="_blank">Los treinta apellidos</a><em> (Alfaguara, 2018). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 May 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Benjamín Prado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un espejo en forma de diccionario]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Felipe Benítez Reyes]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[La poesía los cría y ellos se juntan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poesia-cria-juntan_1_1160369.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d790d5fc-1438-4617-b3d1-9094fbd88a3d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La poesía los cría y ellos se juntan"></p><p><strong>Amistada a lo largoLuis García Montero y Felipe Benítez ReyesFundación Huerta de San AntonioÚbeda2018</strong><em>Amistada a lo largo</em></p><p>Igual que existe la poesía de circunstancias, de la que <em>Amistad a lo largo</em>, el libro que reseñamos, contiene múltiples ejemplos, también hay libros de circunstancias, de las que este libro es también un buen ejemplo. Y la circunstancia en este caso es la siguiente –más o menos—. Una asociación sin ánimo de lucro llamada Fundación Huerta de San Antonio, dedicada a la rehabilitación de la desacralizada iglesia de Santo Domingo en Úbeda (Jaén) y empeñada en convertirse en motor cultural alternativo de la ciudad de los cerros, crea <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/01/05/coleccion_juancaballos_73734_1821.html" target="_blank">una colección llamada Juancaballos de Poesía</a>, de la que <em>Amistad a lo largo</em> es su cuarta entrega. Tanto <strong>Luis García Montero</strong> como <strong>Felipe Benítez Reyes</strong> han sido invitados en alguna ocasión a las actividades que organiza la fundación en el mes de septiembre con motivo del ciclo <em>Sabina por aquí</em>. Pues bien, de estos azares y estas coincidencias, más la intervención del pintor granadino <strong>Juan Vida</strong>, colaborador de primera hora de esta fundación, surge la propuesta que a la vuelta de unos meses queda materializada en el libro que nos ocupa.</p><p>A pesar de encuadrarse en una colección de poesía, en este libro hay algo más que poemas: reseñas, prólogos, entrevistas, homenajes, presentaciones… Se podría decir que se trata más que de un libro exclusivamente sobre poesía propiamente dicha, de un volumen sobre la poesía de ambos autores, aunque también sobre otros géneros cultivados por ellos; pero sobre todo aquí se habla de sus respectivas poéticas, entendido este término en sentido amplio como teoría y práctica personal de la literatura.</p><p>No obstante, este libro, como queda reflejado en su título, extraído de un poema de <strong>Jaime Gil de Biedma</strong>, y explica <strong>Irene García Chacón </strong>en el acertado prólogo que lo precede, trata fundamentalmente de la amistad, una amistad a lo largo de casi cuarenta años y perpetrada a partir de la propia poesía, pues esta relación surge cuando los protagonistas solo se conocían por lo que cada uno había leído del otro. Así pues, se puede afirmar que gracias a esta obra miscelánea somos testigos de una amistad que nace de una admiración mutua que ha ido creciendo a lo largo del tiempo al mismo ritmo que se iba fraguando la obra de ambos escritores.</p><p>En los textos en verso espigados y extraídos de los archivos personales de ambos poetas, que se concretan en citas para comer durante a un viaje a Egipto, reseñas en verso, celebraciones de cumpleaños, convalecencias, cadáveres exquisitos… llama la atención el oficio de poeta de ambos autores, así como de quienes los acompañan en algunos textos –<strong>Benjamín Prado</strong>, <strong>Joaquín Sabina, José Hierro</strong>…— y el conocimiento de las herramientas básicas y clásicas de la lírica –de ahí la profusión de sonetos, décimas, silvas…—. Por otra parte, en muchos de esos mismos textos destaca un sentido del humor compartido, un juego de veras y bromas que, como bien sabe quien cultive o haya cultivado una amistad extensa en el tiempo, tan importante resulta para que esta disfrute de buena salud.</p><p>Pero también la amistad ha de ser exigente y sincera. Si a los amigos no se les dicen las verdades desde la admiración, el cariño y el respeto, ya vendrán luego los que no nos quieren tan bien para meternos el dedo en la llaga que más nos sangra. En este sentido, resulta especialmente relevante y significativa la carta en que Felipe Benítez Reyes le propone casi una enmienda a la totalidad a la primera versión del estreno como novelista de Luis García Montero y que se cierra con esas palabras que solo los buenos amigos pueden decirse y saben interpretar: “Ojalá me haya equivocado de pe a pa y puedas mandarme a tomar por culo con todas las de la ley”.</p><p>En los textos en prosa que se recogen en <em>Amistad a lo largo </em>sobresale otra vez la admiración, pero también la sintonía literaria entre los dos escritores, así como la defensa en algunos de ellos, especialmente los de puño y letra de Luis García Montero, de una forma de entender la poesía que se rebela contra el culturalismo vacío y ensimismado en favor del diálogo con el lector a través de la reivindicación de una tradición que parte de <strong>Antonio Machado</strong> pasa por <strong>Blas de Otero</strong> y aterriza en Jaime Gil de Biedma y <strong>Ángel González</strong>, entre otros.</p><p>El libro, finalmente, se completa con fotografías que recorren en imágenes estos casi cuarenta años de amistad en los que no solo aparecen los protagonistas de <em>Amistad a lo largo</em>, sino también quienes han recorrido en paralelo este tiempo –todo o en parte— como <strong>Silvia Barbero, Rafael Alberti, Almudena Grandes</strong>, Juan Vida, Ángel González, <strong>Luis Landero</strong> o la estatua de <strong>Pessoa </strong>en la puerta del mítico café lisboeta de A Brasileira. Por supuesto, también hay espacio para los <em>collages </em>de Felipe Benítez Reyes, tan inquietantes a veces.</p><p><em>Amistad a lo largo</em> es, ya ha quedado escrito, la historia a través de textos, unas veces publicados y otras privados, de parte de la intimidad de dos autores de referencia de la literatura española actual, una suerte de rendija a través de la que observar cómo crece una obra literaria y una amistad, cosas que no necesariamente van siempre unidas. Algo que va más allá de la curiosidad del lector y de la literatura de circunstancias –o de las circunstancias que dan lugar a esta—.</p><p><em>*Juan Carlos Sierra es profesor de Literatura.</em><strong>Juan Carlos Sierra</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Sierra]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La poesía los cría y ellos se juntan]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Luis García Montero,Felipe Benítez Reyes,Poesía,Los diablos azules número 116]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes por Felipe Benítez Reyes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/felipe-benitez-reyes-felipe-benitez-reyes_1_1159565.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c5c83168-5a9b-4c65-89fa-2ba59eabc29a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felipe Benítez Reyes por Felipe Benítez Reyes"></p><p><em>Felipe Benítez Reyes regresa en este 2018 de dos maneras distintas. Primero, con la reedición de </em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/01/12/20_anos_novios_novio_del_mundo_73976_1821.html" target="_blank">reedición de </a><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/01/12/20_anos_novios_novio_del_mundo_73976_1821.html" target="_blank">El novio del mundo</a><em>, novela de culto protagonizada por el pícaro Walter Arias, con motivo de su 20º aniversario. Pero también vuelve a la poesía cuando le separan varios años ya de la publicación de </em>Las identidades<em> (Visor, 2012). </em><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/ya-la-sombra.html" target="_blank">Ya la sombra</a><em> (también en Visor) contiene nuevos versos sobre cuyo origen se interroga el escritor en esta autoentrevista. Continuamos así con esta serie, en la que han participado autores como Eduardo Mendicutti, Andrés Neuman o Teresa Gómez. </em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/04/06/autoentrevista_eduardo_mendicutti_81382_1821.html" target="_blank">Eduardo </a><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/04/06/autoentrevista_eduardo_mendicutti_81382_1821.html" target="_blank">Mendicutti</a><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/04/20/andres_neuman_por_andres_neuman_81914_1821.html" target="_blank">Andrés Neuman</a><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/05/25/teresa_gomez_por_teresa_gomez_83197_1821.html" target="_blank">Teresa Gómez</a></p><p>____________________________</p><p><strong>Pregunta. En más de una ocasión le he oído decir que, a su modo de ver, la poesía es un arte de juventud. Sin embargo, a sus 58 años publica un nuevo libro de poemas. ¿Le importaría explicarse?</strong></p><p><strong>Respuesta</strong>. No. No me importaría explicarme si tuviese una explicación, pero el caso es que no la tengo. Por lo general, uno empieza a escribir poemas en serio –es decir, con un propósito estético y no como un arrebato emocional— cuando ha dejado atrás la adolescencia. Más o menos, porque algunos se pasan toda la vida en una adolescencia lírica. La intensidad con que uno escribía esos poemas, la fe que ponía en ellos, va decayendo, lo que no deja de ser un alivio. Con el tiempo, vas aprendiendo trucos, pero es posible que la literatura no sea una cuestión de trucos, sino de magia. Los trucos se elaboran, se calculan, pero la magia es en gran medida casual. Esa magia puede simularse, aunque el experimento casi nunca sale bien.</p><p>A menos que seas muy torpe, la experiencia te hace escribir poemas impecables, pero curiosamente eso, en poesía, vale poco por sí mismo. Hay un factor imprevisible e imprecisable en el hecho de que un poema funcione. Y en esas, en fin, nos movemos: entre la impericia afortunada y despreocupada del joven y los resabios artificiosos y cautelosos del viejo. La vida es un asunto complicado.</p><p><strong>P. ¿Tiene miedo a repetirse?</strong></p><p>  </p><p><strong>R.</strong> Hasta cierto punto. En esto de la escritura, cuantos más miedos se tengan, mejor, porque te hace cauteloso. Pero creo que los procedimientos retóricos permiten combinaciones prácticamente infinitas. Se han escrito millones y millones de poemas a lo largo de la historia y, salvo casos de plagio, nunca se han escrito dos poemas idénticos, al menos que yo sepa. Ese es el consuelo. Y también el vértigo, ya que sabes que las variaciones estilísticas y temáticas que podría admitir un mismo poema son infinitas, y sin embargo tienes que elegir una sola versión… A menos que decidas pasarte la vida haciendo variaciones sobre un mismo asunto, lo que no sólo es legítimo, sino también muy prudente.</p><p><strong>P. ¿Cuándo da por acabado un poema?</strong></p><p><strong>R. </strong>Cuando intuyo que ya no acepta más manipulaciones y cuando noto que ha dejado de gustarme. La veteranía te susurra que resulta conveniente aburrirte cuanto antes de lo que estás escribiendo.</p><p><strong>P. ¿Y un libro?</strong></p><p><strong>R. </strong>Cuando se llena la carpeta de los inéditos y hay que poner un poco de orden en todo aquello, a la búsqueda de un espejismo no de unidad, pero sí de armonía. No me gustan los libros unitarios. Prefiero los conjuntos calidoscópicos.</p><p><strong>P. Si tuviera que elegir un verso suyo que resumiese toda su obra poética, ¿cuál sería?</strong></p><p><strong>R. </strong>“El tiempo es lo que el tiempo nos destruye”.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jun 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes por Felipe Benítez Reyes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Felipe Benítez Reyes,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 113]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Eternamente, la ciudad eterna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/eternamente-ciudad-eterna_1_1157309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f8506dd0-5492-4fc2-bae1-1a721d009ca5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eternamente, la ciudad eterna"></p><p><em>Este relato pertenece al libro </em>Por regiones fingidas<em>, editado en tirada limitada de 175 ejemplares firmados por el autor en Interrogante editorial. Publicaremos el cuento en cuatro entregas.</em><a href="http://interrogante-editorial.blogspot.com.es" target="_blank">Interrogante editorial</a></p><p>__________________</p><p>Pedro Villalba fue profesor de latín hasta su jubilación, que le llegó anticipada por sus problemas de vista, pues la diabetes fue robándosela hasta reducirle el mundo a un contorno nublado. Veía siluetas y borrones, máculas luminosas, indefinido lo definido y oscilante lo firme, de modo que el mundo se le deslizó poco a poco hacia los adentros, por necesidad de algún sitio en que asentarse, y se volvió meditabundo.</p><p>En su memoria repleta y ociosa resonaban sus autores de siempre, los que se sabía al dedillo: allí estaba <strong>Lucrecio</strong>, avisando de que en cualquier lugar del mundo, y al mismo tiempo, en una sincronía implacable de paradojas, triunfa y muere la vida; por allí andaba <strong>Tibulo</strong>, rogándole a la muerte que apartase de él sus manos codiciosas o haciéndose eco del martirio de Tántalo, el sediento ante las charcas; allí reverberaba <strong>Ovidio</strong>, con sus fábulas de mutantes; allí estaba <strong>Fedro</strong>, envidioso de la fama de <strong>Sócrates</strong>, a pesar de la mala muerte del ateniense; allí, en su memoria, estaba <strong>Lucano</strong>, despectivo ante la pervivencia colectiva de las glorias militares de <strong>Julio César</strong>; allí arañaba <strong>Marcial </strong>con sus estiletes de punta envenenada… Allí estaban todos, en fin, murmurándole en un idioma muerto. Y con aquello echaba atrás las horas consigo.</p><p>Su hijo Horacio, que vivía con él, lo sacaba alguna que otra tarde a pasear: la calle como un caleidoscopio, como la jungla de los fogonazos imprecisos. Y una voz de quién que lo saludaba. Y la intensificación de los olores. Y la alegría de reconocer algo, el perfil de algo: “¿Eso no es…?”. Y lo era o no lo era, pero su hijo le decía siempre que sí, menos por compasión que para no tener que enredarse en explicaciones.</p><p>Desde muchacho, el sueño principal de Pedro Villalba había sido el de viajar a Roma, pero, entre cosa y cosa, en sueño postergado fue quedándose, y como un sueño vano lo daba ya, sobre todo desde que murió su mujer, cuya ausencia no le aliviarían ni todos los poetas del mundo latino puestos en fila y recitando consuelos melancólicos sobre la fugacidad de las cosas y sobre la vanidad de fondo del vivir. Aunque él no alcanzara a distinguirlos, ella le hubiese descrito sobre la marcha los prodigios profusos de Roma y él, a falta de precisión en los ojos, los hubiera admirado con el soporte de su fantasía documentada, como un sonámbulo por su casa a oscuras. Pero el caso es que ahí seguía Roma, lejana y siempre en él, concreta y mítica, envuelta en la bruma de los lugares que existen más en la imaginación que en los mapas: una Roma ingrávida y artificial, reducida en la percepción del profesor Villalba a una escala de maqueta minuciosa: las ruinas y las fuentes, los palacios y los jardines, los museos y las basílicas, ya que cualquier ciudad imaginada cabe a fin de cuentas en una tarjeta postal o en el óvalo de un camafeo. “Pensar que voy a morirme sin ver Roma…”, y su hijo le replicaba que había cosas peores.</p><p><em>*Felipe Benítez Reyes es escritor. Sus últimos libros, </em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong>Por regiones fingidas<em> (Interrogante editorial, 2017) y una reedición de </em>El novio del mundo<em> (Fundación José Manuel Lara, 2018) en conmemoración de su 20º aniversario.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Eternamente, la ciudad eterna]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Felipe Benítez Reyes,Narrativa,Los diablos azules número 104]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes y Luis Landero, pícaros exguitarristas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/felipe-benitez-reyes-luis-landero-picaros-exguitarristas_1_1150630.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>"Decía Baudelaire que no hay sentimiento más incómodo que la admiración". Cita al poeta francés el escritor gaditano <strong>Felipe Benítez Reyes</strong> (Rota, Cádiz, 1960), y lo hace ante <strong>Luis Landero </strong>(Alburquerque, Badajoz, 1948). Luego añade: "No aclara si lo incómodo es ser quien admira o ser el admirado". Ambos pueden sentirse incómodos, entonces. Porque el pasado miércoles se reunían en la Biblioteca Nacional de España para <a href="http://www.bne.es/es/AreaPrensa/noticias2018/0206-Ciclo-Encadenados-BNE-Felipe-Benitez-Reyes-Luis-Landero.html" target="_blank">inaugurar el ciclo Encadenados</a>. Un ciclo que viene a ser una demostración de admiración razonada. Un escritor, en este caso Benítez Reyes, elige a un autor al que respeta y estima, en este caso Luis Landero, y con el que cree compartir un cierto universo. Y decenas de personas contemplan la charla. La cadena funciona porque Landero elegirá a su vez a <strong>Marta Sanz </strong>(7 de marzo), con quien conversará en la segunda sesión de las charlas, y ella a su vez a <strong>José Ovejero </strong>(4 de abril). </p><p>Todo esto podría ser un ejercicio de vanidad —"Cómo te admiro", "No, yo te admiro más"—, pero la apuesta resulta más bien un intercambio de sorpresas. Porque los dos autores encuentran que comparten más de lo que imaginan, y que incluso sus diferencias se asemejan de alguna manera. Por ejemplo: ambos están aquí en calidad de novelistas, aunque sean más cosas. Benítez Reyes, por la reedición de <em><strong>El novio del mundo</strong></em>, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/01/12/20_anos_novios_novio_del_mundo_73976_1821.html" target="_blank">20 años después de su publicación</a>, y hoy convertida en novela de culto. De Luis Landero recuerda su compañero<strong> </strong><em>Juegos de la edad tardía </em><strong>Juegos de la edad tardía</strong>(cumple 30 años en 2019) que, cuenta, fue su apertura a un tipo de escritura que "convertía la verdad de la vida en impostura".</p><p>Pero Landero señala que conoció a su interlocutor a través de su poesía (es autor el gaditano de títulos como <em>Sombras particulares</em> o <em>Escaparate de venenos</em>, recogidos en la antología<em> Libros de poemas</em>). Y, quizás para congraciarse con Benítez Reyes, dice: "Yo mismo<strong> empecé escribiendo poesía</strong>, como casi todo el mundo. De los 15 a los 21 años escribí cientos y cientos de poemas". Una decena o más al día. Casi nada. "Después acepté que no estaba llamado a eso y me pasé a la prosa", zanja, quizás esperando algún reflejo gemelo en su compañero. Más o menos. Porque Benítez Reyes objeta: "Yo no empecé escribiendo poemas, <strong>sino novelas</strong>. O intentándolo".</p><p>La cosa se frustró, cuenta ante una audiencia atónita en la que cabe incluir a Landero, por <strong>un suceso paranormal</strong>: a los 13 o 14 años, habiendo decidido hacerse escritor, se retira a una casa familiar deshabitada a redactar sus grandes obras. Por más que lo intenta, no consigue pasar de las dos páginas. Los personajes se montan en un autobús y no sabe adónde llevarlos. Escribe y reescribe. En medio de su sufrimiento, un reloj de pared del pasillo se desploma, con gran estruendo. El investigador del Más Allá que fue por un momento Felipe Benítez Reyes observa que la alcayata está intacta, y que aquello solo puede ser cosa de espíritus. El aprendiz de autor abandona la casa y la novela y se dedica a <strong>los poemas surrealistas</strong>. Risas. </p><p>Más allá de sus comienzos frustrados, que resultan ser complementarios, comparten un cierto modo de construir sus obras. Ambos aceptan que se las califique de <strong>"novelas picarescas"</strong>. Y ambos aseguran empezar a construirlas a partir del personaje principal. "Si tienes <strong>un buen personaje</strong>", explica Landero, "todo lo que le ocurra, aunque no sea nada especial, será interesante, porque le ocurre a él. Y un buen argumento, un argumento espléndido, si no tiene un buen personaje, se quedará sin sustancia". Su compañero coincide: "Yo es que no sé hacer otra cosa. Tampoco sé si sé hacerlo bien. Si una novela tiene un buen muñeco, tiene casi todo, porque se convierte en un buen recipiente en el que uno va colocando lo suyo". ¿Si se conocieran Walter, el <em>muñeco </em>de <em>El novio del mundo</em>, y Gregorio, el de <em>Juegos de la edad tardía</em>, se caerían bien?</p><p>Desde luego, sus padres comparten <strong>humor</strong>. En la literatura y en la charla. Dice Landero que la primera versión de <em>Juegos de la edad</em> <em>tardía </em>estaba escrita en primera persona. Aquello no funcionaba. Y luego, un día, le llegó la revelación de la tercera, "que te da distancia, y <strong>la distancia te da la ironía y el humor</strong>". Estos autores hablan de sí mismos en tercera persona, al menos en público, al menos juntos o al menos aquí. Landero se dibuja con sorna como escritor primerizo: "Escribiendo mi poema a la mosca o a la vecina que pasaba con el perro yo me sentía importante, alguien en el mundo, alguien que tenía algo que decir". "Echo de menos la petulancia del principiante", replica Benítez Reyes con sorna, "que se cree cuando escribe su poema sobre la vecina con el perro que está inventando la literatura y que cuando el mundo conozca su obra se postrará a sus pies".</p><p>Y luego: "A mí el humor me permite <strong>escribir novelas tristes</strong>". Y algo más tristes, o nostálgicos, se ponen al recordar sus comienzos, no como autores sino como lectores. El deslumbramiento ante un autor nuevo. La manera de diseccionar los mecanismos de tal escritor o su fascinación, hasta la copia, por las maneras de tal otro. "<strong>Cómo se enamoraba uno</strong> con 13, 14 o 15 años era una cosa parecida a cómo te enamorabas de <em>Sinuhé el Egipcio</em> o de algunos poetas", apunta Landero. Ni una cosa ni otra, hay que concluir, sucede como entonces. </p><p>Hay una última similitud, o una primera, porque surge bien al principio. La <strong>guitarra</strong>. Aunque Landero toque flamenco y Benítez Reyes, <em>blues</em>. El primero se dedicó a ella profesionalmente durante un tiempo. "Yo tocaba bien la guitarra hasta que apareció Paco de Lucía", se queja. Él y Félix Grande, poeta y flamencólogo con el que compartía el abandono del instrumento, bromeaban con dar dos bofetadas al autor de <em>Entre dos aguas</em>. Un día se lo dijeron a la cara. "¿Pero qué os he hecho?', preguntó. Pues por los cadáveres que has ido dejando por el camino, como este y yo", cuenta el extremeño. </p><p>Si compartían el tocar la guitarra, ahora comparten algo todavía más íntimo: no tocarla. "Las tengo allí, como una tentación, pero no me atrevo", dice Benítez Reyes. Su compañero: "Mira, no tengo ni uñas". Un <strong>miedo común</strong>. Como el miedo a acercarse el escritorio y que no salga nada. O que salga demasiado, que para Landero es una mala señal. Y la frustración. Este último confiesa: "Ayer estaba contentísimo con la novela que estaba haciendo, pero esta mañana se me han caído los palos del sombrajo". Para dedicarse a la novela, dicen ambos, <strong>hay que ser tozudo</strong>. Pero un poquito menos que para la guitarra. </p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Feb 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
      <media:title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes y Luis Landero, pícaros exguitarristas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Bibliotecas,Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Cultura,Felipe Benítez Reyes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes presenta este lunes en Madrid la reedición de 'El novio del mundo']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/felipe-benitez-reyes-presenta-lunes-madrid-reedicion-novio-mundo_1_1149725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c5c83168-5a9b-4c65-89fa-2ba59eabc29a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felipe Benítez Reyes presenta este lunes en Madrid la reedición de 'El novio del mundo'"></p><p>Los lectores de <strong>Felipe Benítez Reyes </strong>(Rota, Cádiz, 1960) tienen una cita con el autor este lunes, 15 de enero, a las 19.00 horas en la <a href="http://www.libreriaalberti.com/" target="_blank">librería Rafael Alberti </a>de Madrid (Calle Tutor, 57). Un día después, el martes, saldrá a la venta su obra <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/01/12/20_anos_novios_novio_del_mundo_73976_1821.html" target="_blank">El novio del mundo</a> reeditada por la <a href="http://fundacionjmlara.es/" target="_blank">Fundación José Manuel Lara.</a></p><p>Junto al autor de<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-novio-del-mundo/262655" target="_blank"> esta obra</a> que vio la luz por primera vez en 1998 estará el poeta y periodista <strong>Antonio Lucas</strong>.</p><p>En el coloquio, Benítez Reyes hablará sobre esta obra de culto, <strong>enriquecida con epílogo inédito</strong>, que se ofrece en un nuevo formato <strong>veinte años después de su publicación original.</strong></p><p>  </p><p> El novio del mundo, de Felipe Benítez Reyes.</p><p>"Cuando se me planteó la posibilidad de esta reedición, sentí inquietud. Releí la novela con miedo, sin saber qué iba a encontrarme tantos años después", admite a <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank">Los diablos azules</a>, la revista de libros de infoLibre<em>.</em> "¿Me gustó en esa relectura? Bueno, <strong>creo que a ningún escritor le gustan del todo sus libros,</strong> y mejor así, porque esa insatisfacción es el mejor estímulo para seguir escribiendo. No es una cuestión de gusto o de decepción lo que te guía, sino más bien una cuestión de funcionamiento", añade.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jan 2018 10:45:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infolibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes presenta este lunes en Madrid la reedición de 'El novio del mundo']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Cultura,Felipe Benítez Reyes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El novio del mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/novio-mundo_1_1149638.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f625cf89-0213-4060-a0fe-02fca256cebb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El novio del mundo"></p><p><em>Dos décadas después de su publicación, la Fundación José Manuel Lara reedita </em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-novio-del-mundo/262655" target="_blank">El novio del mundo</a><em>, de Felipe Benítez Reyes, un título convertido en novela de culto. </em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong></p><p>_____________________</p><p>Tras haberse acostado en un hotel de Ámsterdam, Walter Arias se despertó a la mañana siguiente tendido en la acera de una calle de una ciudad medio modernista y medio africana que resultó ser Melilla.</p><p>Mi nombre es Walter Arias.</p><p>Cuando abrí los ojos, una especie de cleopatra de pago me miraba con fijeza, confundiéndome sin duda con un obseso sexual. "¿Echamos el rato, cariño?", me preguntó, a la vez que se oprimía los pechos con un orgullo no sé hasta qué punto paródico.</p><p>Para eso estaba yo.</p><p>  </p><p>Me dolía mucho una oreja y en mi antebrazo tenía la marca de una aguja d'artagnan, con su anillo saturnal de sangre coagulada. —Te meten una porquería en el cuerpo y dejas de ser tú, y apareces en Melilla. Enhorabuena, Walter.</p><p>Hay días, desde luego, en que si uno inventara un perfume le pondría de nombre Náusea.</p><p>Y es que a veces el Destino se parece a un agente turístico que se la tuviera jurada al mundo y que, valiéndose de la red informática, se dedicara a enviar a Beirut a los ancianos que soñaban con los laberintos adriáticos de Venecia —muchos de ellos cargados de pastillas para no marearse en las góndolas— o a desviar al Caribe a los boy scouts que, en compañía de sus pederastas, anhelaban visitar el Vaticano para oír al papa decir misa —a un kilómetro aproximado de distancia teosófica— en su esperanto entre disléxico, beatífico y babélico.</p><p>"Melilla, ciudad de congresos y turismo", según rezaba un cartel. (Felicidades, Melilla.)</p><p>Pero dirijamos ya nuestra astronave luminosa al terreno de los debates filosóficos... Bien: poco más o menos, las cosas que nos ocurren se dividen en inverosímiles, imposibles e improbables. Cuando algo es a la vez inverosímil, imposible e improbable, decimos entonces que se trata de una cosa normal, sujeta a los cánones de funcionamiento de esa tómbola tarumba que es el mundo —con sus premios estelares: cadáveres, incógnitas, desapariciones... Pues, aunque parezca raro, yo llevaba puesto —sería un poco largo de explicar— un camisón de mujer, circunstancia que, después de todo, no me hacía especialmente estrafalario en aquel sitio en que mucha gente vestía chilaba, aunque debo confesar que no resulta cómodo andar con ese aspecto por la calle por más que la calle esté llena de moros.</p><p>A causa sin duda de las brumas pegajosas del despertar, pensé durante medio segundo que me encontraba en Barcelona, ciudad en la que a los arquitectos neogóticos les dio la ventolera de proyectar macabras construcciones que parecen la tarta de cumpleaños del conde Drácula. "¿Barcelona?". Pero medio segundo después caí en la cuenta de que no era corriente el hecho de que por Barcelona anduviesen tantos moros, a no ser que se tratara de una trifulca islámica como aquella en que me vi envuelto hace unos años en la medina de Fez y en la que a punto estuve de perder la visión de un ojo, según me gustaría contar en otro momento.</p><p>Melilla. En fin, son cosas que ocurren, y contra ellas no cabe rebelión ni sorpresa: si uno se acuesta en un hotel de Ámsterdam y se despierta en un sitio medio catalán y medio africano, más vale no hacerse demasiadas preguntas. Tampoco se las hagan ustedes.</p><p>¿Un misterio? Bueno, sí, todo en la vida es misterioso. <em>1)</em> ¿Por qué es más fácil sacar el hilo de una aguja que enhebrarlo en el ojo de una aguja? <em>2)</em> ¿Por qué la soledad puede procurarnos felicidad y por qué el amor correspondido puede provocarnos dolor —especialmente de cabeza—? <em>3)</em> ¿Por qué en el cine se te sienta siempre delante el coloso adolescente de la peluca afroyeyé? <em>4)</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>¿Por qué inventó el hombre el mito del unicornio?</p><p>Nada tiene sentido, camaradas. Todo es un misterio que gira aburridamente sobre su propio eje como una peonza metafísica. Cualquier estupidez, como quien dice, es misteriosa: ¿por qué ciertas semanas parecen eternidades y ciertos años relámpagos? ¿Por qué la ciencia moderna la tiene tomada con la placa dental? ¿Por qué todos los psicópatas de las películas se saben el Antiguo Testamento de memoria? ¿Por qué la bigamia se considera un delito y no una enfermedad mental digna de compasión psicoanalítica? ¿Por qué los tuertos no lloran el doble de tiempo?</p><p>El mundo, ya digo, es un misterio giratorio, y a mí me ha tocado en suerte el ser un ente errante, uno de esos tipos que pueden acostarse en un sitio y despertarse en otro. En otro continente incluso, porque todo depende del azar, ese cubilete de dados que agita un simio tocado de los nervios.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El novio del mundo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Novela,Felipe Benítez Reyes,Los diablos azules número 92]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Repostería irresponsable (un cuento navideño)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/reposteria-irresponsable-cuento-navideno_1_1149406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f8506dd0-5492-4fc2-bae1-1a721d009ca5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Repostería irresponsable (un cuento navideño)"></p><p><em>El escritor Felipe Benítez Reyes acaba de publicar el libro de relatos </em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong><a href="http://interrogante-editorial.blogspot.com.es/" target="_blank">Por regiones fingidas</a><em> (tirada limitada de 175 ejemplares firmados por el autor, Interrogante editorial, 2017). Esta es la última entrega del relato “Repostería irresponsable (un cuento navideño)”, que hemos publicado a lo largo de cuatro números</em><em>. </em></p><p>________________________</p><p>Mediada su cincuentena, la señorita Coleridge se aficionó a la repostería y contagió su afición al vecindario, lo que tuvo como consecuencia el que en las fiestas señaladas, e incluso en días anodinos, circulasen por todo Hasting Fields pasteles y tartas, compotas y almíbares, pues se creó entre las señoras una especie de competición tácita en aquel particular.</p><p>El día de Acción de Gracias de 1934 resultó un trasvase continuo de dulces entre los vecinos de aquel pueblo apacible, aunque es una jornada que se recuerda por un detalle bastante más siniestro.</p><p>Había nevado durante la noche. Las bombillas y los adornos de las ramas más bajas del abeto de la plaza Truman Sherman –un prohombre comarcal, fabricante de maquinaria agrícola— desaparecieron a las pocas horas de ser colocados con más esmero que tino por el personal del ayuntamiento, y el comisario Prize, tras calibrar la altura máxima a la que había sido desvalijado el abeto, llegó a la conclusión científica de que el hurto era obra de unos niños. “O de unos enanos”, bromeó el tuerto Brody, que, a pesar de no tener demasiados motivos para hallarse cómodo en este mundo, siempre encontraba ocasión para ensayar chistes. El cielo estaba de un azul tirante y gélido.</p><p>Las señoras iban de aquí para allá, andando cuidadosamente sobre el piso nevado, todas ellas con bandejas, potes y moldes, entusiasmadas con aquel intercambio masivo de dulzura.</p><p>La señora Stevenson llevó un pastel de pacana y canela a la señorita Chester, que a su vez llevó una compota de arándanos a la señora Eliot, que a su vez llevó una tarta de dátiles de Siria al viudo Pemberton Murry. Como no hace falta decir, la señorita Coleridge, pionera del fenómeno, no dudó en hacer alarde de su arte, de modo que llevó un pastel de manzana a la señora Primrose, que padecía de tripas débiles; uno de ciruela a la señora Bartleby, que penaba a causa del estreñimiento; una mermelada de albaricoque y coco a las solteras Brigdeson y un bizcocho de pasas al párroco Heep, que había enviudado dos veces y se había desengañado de los amores terrenales.</p><p>Pero el diablo no duerme.</p><p>Unos tres años atrás llegó a Hasting Fields una dama sureña de piel tostada y labios abocinados, de unos sesenta años de edad, sobre la que no tardó en recaer el fardo de la murmuración. Circulaban leyendas turbias en torno a ella, propagadas a capricho, sobre todo por el señor Campbell, que la apodó la Caníbal, aunque lo cierto es que nadie dudaba a la hora de atribuir los frutos de su imaginación libre a aquella mulata esquiva y pomposa que alquiló la vieja mansión de los O'Reilly, en la colina lindante con el bosque de Capletton, y que se paseaba de mes en mes por el pueblo —siempre en compañía de una anciana sirvienta negra— en una calesa anacrónica y reluciente guiada por un negro de pelo cano y tirada por un potro alazán, aunque la dama jamás ponía un pie en el asfalto.</p><p>A todo el mundo le extrañó, pues, que la intrusa sureña, que se hacía llamar Madame Beaucoup, bajase aquel día festivo al pueblo, descendiera de su calesa y, seguida por su sirvienta achacosa, se dirigiese a la casa del señor Campbell, el jefe de Correos, para obsequiarle una tarta de tres chocolates, típica al parecer de Nueva Orleans.</p><p>El gesto resultaba raro de por sí incluso en aquel ambiente compulsivo de intercambios melosos, pero había que tener en cuenta un detalle que lo hacía más chocante aún, a saber: el señor Campbell, aparte de entusiasta del KKK y detractor de la decimotercera enmienda, era socio de cuota de una agrupación racista con sede oficial en Georgia y se encargaba de repartir los folletos informativos de tal agrupación por la localidad, a pesar de que en más de cien millas a la redonda de Hasting Fields resultara difícil ver a negro alguno, aparte, claro está, de los dos que trajo consigo la forastera, pues ella sólo añadía un 50% de su sangre al recuento de vecinos de color.</p><p>Tras la visita de la mulata, el señor Campbell tardó unos minutos en reaccionar, al ser aquella la menos imaginable de todo el catálogo de sorpresas que la realidad podía reservarle. Al cabo de esos minutos, y a falta de mejor interpretación, decidió tomarse el gesto de Madame Beaucoup, en fin, como una afrenta intolerable, pues era el jefe de Correos persona de humor agrio, lo que le escamoteaba el aprecio de los vecinos de Hasting Fields, que se limitaban a tratarle con una cortesía distante y recelosa.</p><p>Sin pensárselo dos veces, el señor Campbell agarró la tarta de tres chocolates y la colocó en el suelo del porche para que se la comieran los perros vagabundos, las ardillas, las urracas o cualquier menesteroso, pues antes preferiría el señor Campbell morir de fiebres africanas que probar aquello, a pesar de tener él debilidad por el sabor del chocolate, como bien sabía el pastelero O'Flauberty, a quien el jefe de Correos encargaba cada semana un surtido de piezas bañadas en aquel manjar, en especial magdalenas y buñuelos.</p><p>Se dio el caso de que el primero que pasó ante el porche de la casa del señor Campbell no fue perro, ardilla ni urraca, sino el ya mencionado tuerto Brody, que, al ver la tarta sin dueño, dudó de su suerte, que había sido siempre mala, pues no daba crédito a aquel milagro: que la providencia se acordase de él para algo ventajoso. Pero si bien era Brody un ser necesitado, no se contaba entre sus defectos el de la afición al hurto, de modo que llamó a la puerta del señor Campbell. “Llévatela si quieres”, le dijo el jefe de Correos con destemplanza, y Brody no cabía en Brody de satisfacción, hasta el punto de que llegó a pensar que aquello podía ser el principio de un cambio de rumbo en su destino.</p><p>En principio, Brody tuvo la tentación de comerse la tarta, pero lo pensó mejor y decidió vendérsela al pastelero O'Flauberty. Por poco que le diera, tendría para pagarse unos tragos en la taberna de Jefferson Jr., lo que sin duda le reportaría más diversión que el dar cuenta a solas de la tarta providencial. Así que a la pastelería se encaminó el tuerto Brody.</p><p>O'Flauberty le comentó que el negocio andaba muy mal por culpa de la señorita Coleridge, que había inoculado a todas las señoras del pueblo el veneno dulce de la repostería. “No vendo ni una galleta”, le confesó. De todas formas, el pastelero O'Flauberty, que era generoso, le dio un dólar a Brody por la tarta y le añadió de propina un bizcocho de castañas que estaba a punto de revenirse.</p><p>El pastelero apreció las cualidades supremas de la tarta de tres chocolates preparada por Madame Beaucoup, pero sabía que no lograría venderla, pues era cierto que el mercado de pasteles había sido sustituido por el libre trasiego de pasteles, hasta el extremo de que medio pueblo debía de andar empachado a esas alturas. De modo que decidió meter la tarta de tres chocolates en la batidora para hacer una masa y rellenar con ella varias docenas de canastillas, que habrían de coronarse con una guinda al licor de menta blanca y que vendería a diez centavos la pieza, en el caso de que lograra vender alguna.</p><p>El día transcurrió con la normalidad propia de un día anómalo. A la caída de la tarde, aún andaban por la calle algunas señoras que llevaban tartas o bizcochos recién horneados a sus vecinas.</p><p>Cuando llegó la hora del cierre, el pastelero O'Flauberty, que no había tenido que abrir la caja registradora en toda la jornada, envolvió en papel parafinado la bandeja de las canastillas rellenas de masa de chocolate y le dijo a Wallace, su hijo pequeño, que se la llevase al señor Campbell como obsequio, pues el momento histórico que se vivía en Hasting Fields aconsejaba mimar a los buenos clientes.</p><p>El señor Campbell, que era soltero por falta de convicción en la estabilidad de los sentimientos y por tendencia a la avaricia, recibió con satisfacción el regalo del pastelero O'Flauberty. Tras la cena, sentado delante de la chimenea, dio cuenta de no menos de una docena de aquellas canastillas, acompañadas de un vaso de leche templada y de una copa de un orujo casero de arce que comercializaba de tapadillo el ferretero Spoon.</p><p>A la mañana siguiente, a todo el mundo le extrañó que el señor Campbell no abriese la oficina de Correos a las ocho en punto de la mañana, como venía haciendo sin falta desde hacía más de treinta años, sin retrasarse ni siquiera un segundo, pues le gustaba alardear de puntualidad extrema.</p><p>Alertado por algunos vecinos, el comisario Prize acudió con su ayudante al domicilio del señor Campbell, golpeó repetidas veces el portón con la aldaba de bronce que representaba la cabeza de un búfalo y, al no obtener respuesta, se vio obligado a ordenar al susodicho ayudante, apellidado Twain, que forzase la puerta trasera de la casa, que daba a la cocina y que, al final, resultó que estaba abierta.</p><p>Según parece, encontraron al señor Campbell sentado frente a la chimenea apagada, con la bandeja de canastillas de chocolate a su vera, en una mesita de café, y con una copa caída en el regazo. El doctor Johnson calculó que la muerte debió de producirse a medianoche, cálculo que ratificó el doctor Boswell, que, aunque residente en New Jersey, pasaba aquella festividad con sus familiares de Hasting Fields. Ambos médicos llegaron a la conclusión de que el óbito se había producido por una indigestión severa seguida de un aneurisma, y ambos mostraron su extrañeza por el hecho de que el señor Campbell tuviese la lengua hinchada y negra, aunque no se arriesgaron a ofrecer diagnóstico alguno sobre aquel fenómeno. La sugerencia del doctor Boswell de que se le practicase la autopsia en la capital fue desestimada por inútil y engorrosa, tanto por el doctor Johnson como por el comisario Prize, que aún recordaban la pesadilla burocrática que supuso el envío del cuerpo del carpintero Maple al Instituto Forense, donde al final se dictaminó que se había roto la base del cráneo tras caerse de espaldas fulminado por un infarto, y no, como suponían algunos noveleros, asesinado de un culatazo en la nuca por alguno de los muchos cazadores furtivos que infringían todas las leyes posibles en el bosque de Capletton, de propiedad estatal. “Sea como sea, Campbell ya no va a resucitar hasta el día del Juicio”, sentenció el comisario Prize, y los doctores asintieron.</p><p>A la mañana siguiente, en el mismo instante en que partía la comitiva fúnebre hacia el cementerio, la calesa de Madame Beaucoup ponía rumbo a la estación de Middlehoax, hacia la que, antes de amanecer, salió una camioneta con todos sus enseres.</p><p>Del abeto de la plaza Truman Sherman habían vuelto a desaparecer algunas bombillas y adornos.</p><p>En el aire se olía ya la nieve que habría de caer durante toda la noche.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Repostería irresponsable (un cuento navideño)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Felipe Benítez Reyes,Narrativa,Los diablos azules número 91]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi identidad aérea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/identidad-aerea_1_1141253.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/87a2682b-ad0c-40f6-bbb9-9487504359a3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi identidad aérea"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Gemma Pellicer y Fernando Valls. En esta tercera entrega recoge un texto del escritor gaditano Felipe Benítez Reyes.</em><strong>Gemma Pellicer</strong><strong>Fernando Valls</strong><strong>Felipe Benítez Reyes</strong></p><p>___________________________________</p><p>Primero fue el dueño del kiosco de prensa de mi nuevo barrio: “Fui a verle con mis hijos. Es usted un artista”, y me estrechó la mano con las dos suyas. Luego el taxista con acento rumano: “¿Cómo lo hace sin caerse?”. Luego los demás: el panadero, el camarero del restaurante económico, la anciana que todas las tardes da de comer a los pájaros en el Luxemburgo y la muchacha con aspecto de enferma que se me acercó cuando cruzaba el puente.</p><p>Todos dan por hecho que soy el trapecista estelar del Gran Circo de Bruselas, con sede estable en París. No es la identidad que hubiese elegido de poder elegir alguna, pero tampoco es la peor de las posibles.</p><p>La semana pasada, la sobrina del portero de mi edificio me pidió un autógrafo.</p><p>Desde aquel malentendido que inició el kiosquero, no pasa un día sin que el equívoco gane en popularidad. Está visto que la confusión de una sola persona puede dar pie a una confusión generalizada, y más en un barrio como el mío, en el que todo el mundo sabe lo de todo el mundo.</p><p>Una parte de mí, por la fuerza de la irrealidad, es el trapecista del Gran Circo de Bruselas. Incluso he llegado a sentir miedo de caerme algún día del trapecio y ascender al rango de leyenda luctuosa. Una parte de mí que no es mía me susurra que debería hacer testamento.</p><p>Cuando alguien me mira, leo en sus ojos la admiración y sé que me imagina con unos pantalones blancos y con un chalequillo de lentejuelas moradas, dando volteretas en el vacío, y les confieso que he llegado a sentirme orgulloso de mi falsa profesión. Incluso en los días gélidos, me echo a la calle, porque comprendo que me debo a mi público: soy un espejismo. Soy, en fin, el trapecista.</p><p><em>*Felipe Benítez Reyes nació en Rota (Cádiz) en 1960. Su obra poética está recopilada en</em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong> Libros de poemas<em> (Visor). Entre sus novelas se cuentan </em>El novio del mundo<em>, </em>El pensamiento de los monstruos<em>, </em>Mercado de espejismos <em>(Premio Nadal) y </em>El azar y viceversa<em>. Sus relatos están recogidos en el libro </em>Oficios estelares<em>, al que siguió </em>Cada cual y lo extraño<em>. Ha obtenido el Premio de la Crítica, el Premio Ateneo de Sevilla de novela, el premio Fundación Loewe de poesía y el Premio Nacional de Literatura, entre otros. Este microrrelato pertenece al libro </em>Por regiones fingidas<em>, de próxima aparición –en edición limitada— en Interrogante Editorial. </em><a href="http://interrogante-editorial.blogspot.com.es/" target="_blank">Interrogante Editorial</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[8e98bdfe-1997-4a7d-8fdb-9472adf0c066]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mi identidad aérea]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Felipe Benítez Reyes,Narrativa,Los diablos azules número 66]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cádiz, noche de Carnaval]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cadiz-noche-carnaval_1_1132659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><em>Entra la noche como un bultode mar vacío y de caverna,(…)y en la blancura de las páginas entra también la noche.</em></p><p><em>J.M. Caballero Bonald </em></p><p>El caballero del yelmo de papel de plata,</p><p>con un plumero doméstico a modo de penacho,</p><p>viene de una estirpe de roldanes y amadises</p><p>y va a la noche.</p><p>El pirata arrogante, con su sable de plástico,</p><p>viene de los naufragios caribeños,</p><p>de la leyenda en claroscuro de ultramar,</p><p>y va a la noche de las tempestades que se forman</p><p>en un vaso de ginebra.</p><p>La novia que es un hombre que sueña con ser novia</p><p>se sumerge en la noche de las nupcias lunares.</p><p>La diablesa ondulante del tridente dorado</p><p>viene de los infiernos del desamor</p><p>y se encamina a la noche roja </p><p>de las pasiones urgentes.</p><p>La falsa enfermera de las medias blancas</p><p>sale de la clínica de los espejismos poderosos,</p><p>los forjados en la soledad,</p><p>y se adentra en la noche de la metanfetamina.</p><p>El extraterrestre que orina en un callejón</p><p>ha perdido su nave y la busca en la noche.</p><p>La bruja del sombrero puntiagudo</p><p>lleva en la liga sus pócimas de hachís y de muérdago</p><p>y penetra en la noche de los aquelarres burlescos.</p><p>La monja, el bandolero y la <em>drag queen</em>.</p><p>La multitud errabunda.</p><p>La luna que parece –según la vio J. R. J.—</p><p>una reina loca y una magnolia triste.</p><p>(O la capa blanca del diablo,</p><p>según su discípulo Antonio Espina.)</p><p>Todos van a la noche de las ficciones caóticas.</p><p>Todos van a la noche que va a la madrugada</p><p>que va al amanecer. Mientras el mundo gira alrededor</p><p>igual que un molinillo de colores movido por el viento</p><p>que viene de la mar y va a la noche.</p><p><em>*Felipe Benítez Reyes es escritor. Su último libro es </em><a href="http://www.infolibre.es/tags/personajes/felipe_benitez_reyes.html" target="_blank">Felipe Benítez Reyes</a><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-el-azar-y-viceversa/202495" target="_blank">El azar y viceversa</a><em> (Destino, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
      <media:title><![CDATA[Cádiz, noche de Carnaval]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Felipe Benítez Reyes,Poesía,Los diablos azules número 38]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La abuela]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/abuela_1_1130699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cd152431-f37c-4a83-b814-f28afbacd82e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La abuela"></p><p><em>(Comienza Santiago Roncagliolo)</em><strong>Santiago Roncagliolo</strong></p><p>Hay muertos que se niegan a morirse, como si justo antes de llegar al cielo —o al infierno, o a donde vayan los muertos— les diese por remolonear en el camino, por entender mal las señales de tráfico, y finalmente, después de horas perdidos entre carreteras, por tomar el camino de regreso. A la gente indisciplinada no se le debería confiar nada, y menos algo tan serio como su deceso, pero ya sabemos que Dios le da pan al que no tiene dientes, y por eso mismo, también jubila al que no sabe ni dónde cobrar la pensión.</p><p>Mi abuela fue uno de esos muertos irresponsables. Aunque nadie lo habría dicho. El día que la enterramos se veía muy formal, vestida con su traje de terciopelo negro, con el pelo tan blanco que parecía teñido de plata, y maquillada con el mismo cuidado que ponía para las bodas y bautizos de la alta sociedad que tanto le gustaban. Había escogido ella misma un cementerio carísimo, para no pasarse la eternidad rodeada de muertos de hambre y gente sin apellidos. Con tantos cuidados y precauciones por su parte, sus deudos y parientes pensamos que lo tenía todo controlado. </p><p>Y sin embargo, al entierro solo asistimos los cuatro miembros de la familia. Al parecer la abuela, tan amiga de ágapes y cócteles de sociedad, había organizado su última despedida sin pompa ni circunstancia, como un evento más de nuestra rutina doméstica, un desayuno o una merienda. Ni siquiera se habían presentado sus mucamas ni su abogado. Y eso que, como sabía incluso yo a mis 11 años, la gente que más apreciaba a la abuela era la que cobraba regularmente de ella sin tener que aguantar su prepotencia y su mal humor. Sus familiares también vivíamos de su dinero, es verdad, pero los rigores de su compañía, su sarcasmo y su desprecio, convertían nuestra manutención en el mediocre salario por un trabajo duro.</p><p>De vuelta en casa, nuevas señales fueron revelando que la abuela, en realidad, no tenía pensado marcharse. Había organizado ese funeral porque un cuerpo muerto se estropea, y su vanidad le impedía andar maloliente por la casa. Pero no iba a privarse de seguir recibiendo en casa. No perdería su lugar como la socialité más cotizada de la ciudad. Se había pasado la vida labrándose una posición, y no sacrificaría todo eso por un detalle tan vulgar como estar pudriéndose en un cajón a dos metros bajo tierra.</p><p>Comencé a comprenderlo esa misma tarde, al pasar frente a la habitación del abuelo. A fuerza de aguantar a su mujer durante seis décadas, el abuelo llevaba un buen tiempo viviendo tras una neblina mental, incapaz de recordar nuestros nombres o de saber dónde vivía. Aún así, esa tarde mostró una gran seguridad al salir a mi encuentro y gritarme:</p><p>—¡Dile a tu abuela que si quiere hablar conmigo tendrá que venir a buscarme!</p><p>—Abuelo, la abuela está muerta. La enterramos esta mañana.</p><p>—¡Díselo de todos modos!</p><p>Y se encerró dando un portazo.</p><p>Seguí mi camino hacia la cocina, en busca de una magdalena, y al pasar junto al salón, escuche a mis padres hablando:</p><p>—Del patrimonio, no quedan más que deudas —decía mi padre—. Lo siento, cariño, pero tu herencia es un gran agujero fiscal.</p><p>—Si es que mi madre lo hace todo para molestar —respondía mi madre—. Hasta morirse.</p><p>Entendí que la abuela había empleado un truco maestro: al morirse, se ahorraba la pestilencia y transfería sus deudas, pero mantenía su brillo social y su pasatiempo favorito, que era torturar al abuelo. Y todo con un costo mínimo.</p><p>Admiré su inteligencia, pero también sentí miedo. Mucho miedo. Porque si alguien en nuestra casa tenía razones para querer a la abuela muerta —muerta de verdad, digo, muerta del todo, sin dudas ni murmuraciones— ese era precisamente yo.</p><p><em>(Continúa Juan José Millás)</em><strong>Juan José Millás</strong></p><p>Enterramos a la abuela sin bragas. Vestida de arriba abajo, y de punta en blanco, como ha quedado dicho, pero con el sexo al descubierto. Yo me enteré por una discusión que mantuvieron el abuelo y mi madre siete u ocho días después del funeral. La voces, procedentes del salón, fueron subiendo de tono, de modo que abandoné sigilosamente mi dormitorio, avancé como una sombra por el pasillo, y ocupé el “lugar de la escucha” (así lo llamaría años después en mis sesiones de terapia analítica). Situado entre la cocina y el salón, el “lugar de la escucha” era un raro hueco arquitectónico utilizado en su día para guardar el cubo de fregar y otros objetos de limpieza. En un momento dado, mi abuelo dispuso que permaneciera vacío al descubrir —eso fue al menos lo que dijo— que allí reposaba el alma de la casa (el almario, lo llamaba él). Sobra decir que el padre de mamá era animista, lo que me llevó a creer que en cada objeto, por miserable que fuera, alentaba un espíritu. El espíritu de la cuchara, del tenedor, de la tostadora, incluso el espíritu de la taza del váter. Por qué llegó a la conclusión de que el alma de la casa se encontraba en aquel agujero, y no en cualquier otro sitio, constituye un misterio que se llevaría a la tumba. </p><p>Me oculté allí, decía, compartiendo el escaso espacio con el principio vital de la vivienda, y escuché decir al abuelo que había revisado el cajón de la ropa interior de su mujer y que no faltaba ninguna braga.</p><p>—¿Por qué se la ha enterrado sin bragas? —gritó.</p><p>—¡Porque fue una de sus últimas voluntades! —respondió mi madre fuera de sí.</p><p>El abuelo empleaba sus momentos de lucidez, cada vez más raros, en hacer un inventario de todo lo que había dentro de la casa. Lo veías allí, en las profundidades del sillón de orejas, medio deglutido por el mueble, con la mirada perdida dentro de sí, cuando se levantaba de repente urgido por la necesidad imperiosa de contar los interruptores de la vivienda para comprobar que no faltaba ninguno. La electricidad era una de sus obsesiones. Yo heredé su manía, la de inventariar continuamente las cosas para comprobar que al mundo no le falta nada. Por cierto, que en el fondo del “lugar de la escucha” había un interruptor en desuso que en su día alimentó una bombilla de 40 vatios fundida desde hacía siglos.</p><p>Pues bien, había inventariado la ropa interior de su mujer y resultó que no faltaba ninguna braga, de donde dedujo que había sido enterrada sin esa prenda. </p><p>Piénsese en la relación enfermiza de un crío de 11 años con el universo de la lencería. Yo conocía perfectamente las bragas de mamá porque me gustaba hurgar en aquel cajón repleto de aderezos sutiles. Las manoseaba, las olía, en alguna ocasión llegué a ponérmelas… Nunca, sin embargo, se me pasó por la cabeza la idea de hundir mis manos entre la ropa interior de la abuela. Observado con perspectiva, supongo que me habría parecido un trabajo arqueológico. Pero estaba equivocado. Según deduje de la discusión entre mamá y su padre, la abuela usó hasta el final una lencería enormemente provocativa, llena de calados y transparencias. Mi confusión fue enorme. Pero creció al tratar de imaginar por qué una de las últimas voluntades de aquella mujer había sido la de ser enterrada sin bragas. Recuérdese: 11 años, con el sexo empezando a manifestarse en erecciones inauditas.</p><p>—¡Hay que exhumar el cadáver! —decidió mi abuelo de repente.</p><p>Desconocía el significado de exhumar, pero fui a buscarlo enseguida al diccionario y me quedé espantado. </p><p><em>(Continúa Cristina Fernández Cubas)</em><strong> Cristina Fernández Cubas</strong></p><p><em>Exhumar : Desenterrar. Sacar de la tierra algo que está escondido, particularmente restos humanos”.</em></p><p>Entendí que, una vez más, la abuela iba a salirse con la suya y que su muerte no era una muerte de verdad, aquella “muerte del todo” con la que yo ingenuamente había soñado. Y fue como si la pudiera ver en aquel mismo instante dentro de la tumba. No estaba enterrada, sólo escondida. Con la cabeza entre las rodillas, aguantando la risa, esperando el momento de volver, darnos el susto y seguir fastidiándonos el resto de su vida. Porque eso sí lo hacía bien. Fastidiar. Y sorprendernos. Nunca dejaba de sorprendernos. Ni de asustarnos, lo cual era muchísimo peor. El susto empezaba en la cabeza e iba bajando muy despacio hasta llegar a los pies y dejarte tieso sobre el suelo, sin poder moverte, como si de repente te hubieras vuelto paralítico. Algo demasiado parecido a lo que ahora me sucedía a mí. No podía moverme, ni siquiera respirar, únicamente mirar espantado la manchita roja que acaba de descubrir entre la palabra <em>restos </em>y la palabra <em>humanos</em>… Y no era sangre. Si hubiera sido sangre –una simple gotita de sangre— no me habría quedado inmóvil como una estatua y muerto de miedo. Pero no era sangre, sino esmalte. O laca. O como quiera que se llame ese líquido pegajoso que la abuela coleccionaba en botellitas idénticas y guardaba en su tocador junto a limas, tijeritas y palillos de madera de todos los tamaños. Aquello era un aviso, un mensaje, una forma de decirme: “Sabía que vendrías, descastado”. Y encima, para que no quedara la menor duda, la abuela se había esmerado en dejar su firma. Un trocito de uña. Un repugnante trocito de uña teñido de rojo y dejado allí, al descuido, unas líneas más abajo, como si hacerse la manicura sobre un diccionario abierto fuera la cosa más natural del mundo. Cerré el tomo de golpe. Aquello me daba más asco aún que imaginar a la abuela con la lencería que, según decían, le gustaba usar. O, peor aún, sin ella. Tal y como (también según decían) la habían enterrado.</p><p>Ahora ya no podía engañarme. La abuela sabía. Ignoraba cómo lo había adivinado, pero tenía aún muy presente el día en que se puso enferma y mamá me dijo: “Reza por ella, hijo. A los niños les hacen mucho caso en el cielo”. Y ¡vaya si me hicieron caso! Le pedí a Dios, a la Virgen y a los santos que se la llevaran cuanto antes. Una muerte de verdad. Una “muerte del todo”. Con sus joyas, sus vestidos, sus ganas de fastidiar y sus largas uñas de bruja pintadas de rojo. Pero de pronto resultaba que nada era verdad y la abuela <em>volvía</em>. O, a lo peor, ni siquiera hacía falta que volviera porque nunca se fue. Lo entendí de golpe. Con la misma brusquedad con la que había cerrado hacía un momento el diccionario. ¿No era sorprendente que el abuelo hubiera recuperado de un día para otro sus facultades? ¿Que nos reconociera a todos? ¿Que abandonara su estado vegetal y no dejara de impartir órdenes y contraordenes? Y la respuesta no podía ser más sencilla. El espíritu de la abuela hablaba por su boca. Ella estaba <em>allí</em>, dentro de su mente. Liando, enmarañando, confundiendo. Por eso tejía esa asombrosa historia de prendas provocativas y exigía, además, que la sacáramos de la tumba. ¡Genio y figura! ¿Y quién me aseguraba que no había sido el abuelo el autor material de lo que acababa de descubrir junto a la entrada “exhumar” de nuestro diccionario?</p><p>Volví a rezar. Pedí a Dios, a la Virgen y a los santos que se llevaran al abuelo. Tenía claro que estaba matando dos pájaros de un tiro… Y me sentía feliz. Muy feliz.</p><p><em>(Lo cierra Felipe Benítez Reyes)</em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong></p><p>Inesperadamente, todas aquellas deidades decidieron atender mis plegarias malévolas y el abuelo murió a los cuatro meses y pico del entierro de la abuela. Durante ese tiempo, aparte de su repentino afán ordenancista, alardeó a lo grande de su razón recuperada, como si se le hubiera encendido un foco en el pensamiento, hasta el punto de que, a falta de enseres domésticos que inventariar, se dedicó a hacer un catálogo de todas las ideas que se le pasaban por la cabeza, que no eran pocas ni previsibles: “Si el mundo se detuviera durante cinco segundos, todas las pamplinas de <strong>Einstein </strong>quedarían como lo que son: pamplinas”, y cosas de ese estilo y fundamento, contento de haberse sacudido aquellas neblinas que le ofuscaron en vida de la abuela, o al menos de haberlas sustituido por otras. “Cuando vengan los extraterrestres, a ver cómo reacciona la compañía eléctrica”, y así, sacando punta a todo y anotando sus ocurrencias en una libreta, convertido en el evangelista de sí mismo. Es posible, no sé, que el abuelo muriese de eso: de un empacho de lucidez divagatoria, ya que la muerte se vale de cualquier cosa para ir haciendo limpieza de excedentes.</p><p>Muertos mis dos abuelos maternos, mi madre heredó la ruina de ambos. Mi padre le sugirió que renunciase a la herencia, pero ella se empeñó en sacar algún provecho del desastre con la ayuda de un abogado que tenía toda la pinta de un sepulturero y un bigote canoso amarilleado por la nicotina. “Ese abogado es un sinvergüenza y va a meterte en un lío”, le avisaba mi padre con la autoridad de los curtidos en el mundo de las trapisondas legales, ya que él era fiscal.</p><p>Mi madre consiguió vender la casa de los abuelos, aunque, entre cosa y cosa, incluidos los honorarios del abogado fúnebre, no vio de aquello ni una peseta, y no estoy seguro de que al final, tras saldar deudas y pagar impuestos, la operación no le saliese por un pico, como le achacó mi padre en más de una sobremesa en la que yo hubiese querido que el plato me tragase, ya que siempre me desconsoló la violencia civilizada que se regalaban entre ellos.</p><p>“Tenemos que desmontar la casa antes de entregarla”, dispuso mi madre. La mayor parte de las joyas y de los cacharros de plata había volado hacía mucho. Mi madre se empeñó en llevarse algunos muebles un tanto desportillados y de traza barroca que horrorizaban a mi padre, que por aquel entonces tiraba más a las decoraciones racionalistas, así como algunos cuadros con un rebujo de aves exóticas de las Américas y otros con bandoleros gallardos de la serranía de Ronda, de donde era natural el abuelo. Un par de vajillas, algunos jarrones chinos. Y poco más.</p><p>Toda la ropa interior de la abuela se despidió del mundo, junto a la mayor parte de las prendas de su sacrificado esposo, en la fogata que mi padre hizo, dentro de un bidón, en el patinillo. En aquel humo ascendía simbólicamente al infinito, fundidos en una sola entidad abstracta, el espíritu conyugal de ambos, que en vida se esquivaron cuanto pudieron, aunque se condenaron a vivir en una interferencia continua.</p><p>Mientras mi padre quemaba cosas y mi madre indicaba a los de la empresa de mudanzas que tuviesen cuidado de no rayar los muebles, me di un paseo de despedida por la casa desmantelada.</p><p>De repente, al pasar por delante del “lugar de la escucha”, percibí una presencia anómala: algo así como la respiración agónica de una oscuridad invisible (¿?). Un frío repentino me recorrió la espalda y las manos empezaron a sudarme. Me quedé paralizado frente a aquel hueco en el que mi abuelo tuvo el antojo esotérico de localizar el alma de la casa. Cerré los ojos. Noté que algo me envolvía. Oí un susurro en mi nuca: “Nunca dije que me enterrasen sin bragas. Que lo sepas. Esto no va a quedar así ni mucho menos”. En aquel instante, un golpe de viento llevó hasta mí, por la ventana abierta de la cocina, el olor a humo de la fogata. “Y otra cosa, jovencito: la muerte no cambia absolutamente nada, ¿me entiendes? El que manda en este teatrillo sigue siendo el demonio”.</p><p>Yo tenía once años y una idea confusa del significado del verbo <em>exhumar</em>: un verbo con uñas rojas. Yo tenía 11 años y creía en fantasmas. Hoy tengo 58 y creo en muy pocas cosas. Imagino que aquello fue una sugestión infantil, porque no me parece lógico pensar que los fantasmas se limitan a manifestarse a los niños y a despreciar indiscriminadamente a los adultos.</p><p>No puedo creer, ya digo, en fantasmas, pero –qué mala suerte— no tengo más remedio que creer en mi abuela: el pánico que sentí ante su manifestación ultramundana me duró al menos cuatro años, con sus días y —sobre todo— con sus noches.</p><p>Por lo demás, cuando murió mi madre, me aseguré de que fuese al tanatorio completamente vestida. Por si acaso.</p><p><em>*Santiago Roncagliolo es escritor y periodista. Su último libro publicado es </em></p><p><strong>Santiago Roncagliolo </strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/la-noche-de-los-alfileres/ES0144648" target="_blank">La noche de los alfileres</a><em> (Alfaguara, 2016).*Juan José Millás es escritor y periodista. Su último libro es </em></p><p><strong>Juan José Millás</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-desde-la-sombra/209188" target="_blank">Desde la sombra</a><em> (Seix Barral, 2016).*Cristina Fernández Cubas es escritora y periodista. Su último libro es </em></p><p><strong>Cristina Fernández Cubas</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-la-habitacion-de-nona/195586" target="_blank">La habitación de Nona</a><em> (Tusquets, 2015). *Felipe Benítez Reyes es escritor. Su último libro es </em></p><p><strong>Felipe Benítez Reyes</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-el-azar-y-viceversa/202495" target="_blank">El azar y viceversa</a><em> (Destino, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Santiago Roncagliolo | Juan José Millás | Cristina Fernández Cubas | Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La abuela]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Felipe Benítez Reyes,Juan José Millás,Narrativa,Los diablos azules número 31]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes manda a Trump a ver muros a Jerusalén]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/felipe-benitez-reyes-manda-trump-ver-muros-jerusalen_1_1129352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/22dfef02-fbac-4f11-afc9-91d29dc86fdc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felipe Benítez Reyes manda a Trump a ver muros a Jerusalén"></p><p>El escritor <strong>Felipe Benítez Reyes</strong> cuenta con<strong> un método infalible para curar la sinrazón política</strong>: viajar. “Se me ocurre regalarle a <a href="http://www.infolibre.es/tags/personajes/donald_trump.html" target="_blank">Donald Trump</a> un billete de ida a Jerusalén para <strong>que se dé cuenta de para qué sirven los muros</strong>”, afirma. No sería el único mandatario al que le recomienda unas vacaciones inspiradoras, dentro de la sección <a href="http://www.infolibre.es/tags/temas/ventana_pasillo.html" target="_blank">¿Ventana o pasillo?</a> en la que preguntamos a distintos creadores a quién regalarían un billete. </p><p>También obsequiaría al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan "<strong>con un bono de avión-hotel para que visite Benidorm</strong>". ¿Para que se relaje de su feroz represión del golpe de Estado fallido en su país? También para que comprenda que "la gente puede convivir con conceptos distintos ya no de la vida, sino incluso con<strong> ideas completamente opuestas</strong> de lo que debe ser <strong>el mes de agosto</strong>", explica Benítez, que matiza: "Tal vez lo mejor para mandar lejos a alguien no sea comprarle un billete de avión, sino un avión. Quizá por eso resulta tan costoso librarse de la gente engorrosa".</p><p>Benítez se refiere a la parte de la<strong> barrera israelí </strong>que divide Jerusalén Este del resto de Cisjordania. Aún no está finalizada, por ahora <a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2016/03/11/israel_aprueba_reinicio_los_trabajos_construccion_del_muro_seguridad_jerusalen_46277_1022.html" target="_blank">mide más de 450 kilómetros</a> y, a su paso por la ciudad sagrada y otros lugares, <a href="http://es.euronews.com/2013/05/03/la-barrera-de-cisjordania-continua-causando-dolor-en-palestina" target="_blank">divide a familias</a> y dificulta el acceso a educación y sanidad de muchos palestinos. Al escritor le gustaría que el candidato republicano en las próximas ediciones estadounidenses comprobara <strong>las consecuencias del hormigón separando a los pueblos</strong>, como en teoría pretende hacer e<a href="http://www.elmundo.es/internacional/2016/04/05/5703d86a22601d41118b45db.html" target="_blank">ntre México y Estados Unidos</a>. </p><p><strong>Erdogan</strong>, por su parte, lleva semanas <strong>deteniendo y expulsando de sus trabajos a funcionarios, profesores y periodistas</strong>, acusados de haber alentado el golpe de Estado fallido en Turquía. Utiliza lo que Bruselas cree que son listas preparadas antes de la intentona y  acusa a los defenestrados de <strong>seguir las doctrinas del predicador Fethullah Gülen</strong>, cuyos encuentros y desencuentros con el partido en el poder<a href="http://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2016/07/27/gulen_enemigo_util_erdogan_52844_1044.html" target="_blank"> explica aquí nuestro socio editorial francés Mediapart</a>. En Benidorm se puede seguir a Gülen, abrir una sandía por la mitad en la arena y quemar los pubs hasta el amanecer. <strong>Tolerancia veraniega</strong>. </p><p><strong>Y en la vida real…</strong></p><p>Hay un poema de <strong>Felipe Benítez Reyes</strong> (Rota, Cádiz, 1960) que dice que "fue la vida el verano,  es ahora / como una tempestad, atormentando / los barcos fantasmales que cruzan la memoria". Un terreno abonado para la nostalgia en el que escritor<strong> se refugia en Rota</strong>, la ciudad gaditana donde reside. "Suelo pasar el verano aquí, pero con mentalidad de forastero. No es fácil, porque <strong>no basta con ponerse una sandalias y una gorra</strong>. Tienes que abstraerte y pensar: 'Estoy donde no estoy", asegura. </p><p>El poeta prefiere descansar en ciudades conocidas y <strong>entrar en el letargo clásico que facilita el calor</strong>. No ha comprado, en la vida real, ningún billete de avión. "Estoy empezando a comprender a Caballero Bonald cuando dice que<strong> viajar es inhumano</strong>", señala. Conocida por la <a href="http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20160708/138487078_0.html" target="_blank">base naval </a>y frecuentada por su ubicación privilegiada, Rota es también el escenario de la última novela de Benítez Reyes: <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/06/24/azar_viceversa_felipe_benitez_reyes_51653_1821.html" target="_blank"><em>El azar y viceversa</em></a> (Destino, 2016). El protagonista de la obra, Antonio Jesús Escribano, <strong>sobre</strong><strong>vive como buscavidas con la España franquista</strong>, la Transición y el presente como escenarios. <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/04/15/el_azar_viceversa_47929_1821.html" target="_blank">Lea aquí el primer capítulo</a>. </p><p>Una vuelta a la picaresca de la que el gaditano aún descansa en periodo estival. "Estoy <strong>intentando olvidar el sobreesfuerzo.</strong> Procurando también que no se me ocurra nada", aunque quizá no pueda cumplir este objetivo. "Crees estar tan tranquilo, disfrutando inocentemente de la realidad, y <strong>de repente te viene un ataque de fantasía</strong> y ya estás perdido", advierte. Benítez sabe, a pesar de todo, que<strong> el verano fue la vida</strong>. </p><p>La obra de<strong> Felipe Benítez Reyes</strong> abarca <strong>la poesía, la novela, el ensayo</strong> o el <a href="http://www.diariosur.es/opinion/201608/07/suspense-20160807004935-v.html" target="_blank">artículo de opinión</a>. Con<em> El azar y viceversa</em> volvió al primer género después de diez años sin abordarlo. Es <strong>P</strong><strong>remio Nadal </strong>por<em> Mercado de espejismos</em> (Destino, 2007) y Nacional de Poesía por <em>Vidas improbables</em> (Visor, 1995), entre otras condecoraciones. Gran parte de su obra poética está reunida en el volumen titulado <em>Trama de niebla</em> (Tusquets, 2003).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Aug 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes manda a Trump a ver muros a Jerusalén]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cádiz,Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Jerusalén,Recep Tayyip Erdogan,Felipe Benítez Reyes,Donald Trump,¿Ventana o pasillo?]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algunas instrucciones de uso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/instrucciones_1_1128084.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/452a2746-ad0d-447e-abf0-b1b7ab44f8ce_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Algunas instrucciones de uso"></p><p>Cuando <a href="https://twitter.com/antoniolucas75?lang=es" target="_blank"><strong>Antonio Lucas</strong></a> publica en 1996 su primer libro, <a href="https://books.google.es/books?id=mZlDjPMhad8C&pg=PA17&hl=es&source=gbs_toc_r&cad=3#v=onepage&q&f=false" target="_blank"><em>Antes del mundo</em></a>, con apenas veinte años, es el poeta que le corresponde ser, el poeta que todo joven de apenas veinte años tiene el derecho y el afán de ser: un fascinado por la formulación desarticulada, por los símbolos antojadizos y de resonancia inconcreta, por el barroquismo onírico y por las palabras ornamentales que parecen resonar en una bóveda: las dagas, los capiteles, el ópalo y el violonchelo, el oboe y el látigo… (Y esas visiones: una lágrima abierta, el párpado del ciervo, un millar de arpas en llamas). </p><p>Aquel Antonio Lucas casi adolescente cita y homenajea a <strong>Lautréaumont</strong>, a <strong>Nerval</strong>, a <strong>Mallarmé</strong>, a <strong>Baudelaire</strong>, a <strong>Rimbaud </strong>y a <strong>Saint John Perse</strong>, pero recuerda mucho a <strong>Jules Laforgue</strong>, el malogrado simbolista irónico, el hechizado por Nuestra Señora la Luna. Al igual que aquel francés nacido en Montevideo, el Antonio Lucas neófito busca la oscuridad y el brillo, la solemnidad del conjuro y el prestigio del verso que aspira a conmover más desde la sugerencia alucinada que desde la precisión convencional de su sentido. Establece un juego con la palabra para establecer un juego con las emociones. Confía en la palabra con la inocencia venturosa de quien cree que se pueden confiar las emociones a las palabras, con el propósito de refundar tanto las palabras como las emociones. Es el privilegio esencial del artista novel: desenvolverse en el exceso con la naturalidad de quien se traduce a sí mismo, de quien transcribe la exuberancia de su sentir y las espirales de su pensamiento. Las imágenes del jovencísimo Antonio Lucas admiten la demasía visionaria: esos ojos como hachas, esos océanos en punta, esa luna de escorpiones… El tono tiende a enaltecerse, pero el poeta aplica de inmediato, como medida sabia de descreimiento, un contrapeso coloquial a la grandilocuencia.</p><p>Hay también en ese libro inaugural un desbordamiento de raíz tal vez nerudiana: una frondosidad de imágenes, un despliegue acumulativo de recursos que no desdeña el exhibicionismo, por la simple razón de que el poeta joven —como tal poeta joven— quiere dejarnos muy claro que sabe lo mucho que se trae entre manos: inaugurar su territorio. </p><p>Con apenas veinte años, en fin, Antonio Lucas presenta sus credenciales deslumbrantes. Inicia su historia. Define la intención vertebral de su discurso.</p><p>Ese discurso ha depurado, con el paso del tiempo, sus estrategias, pero se ha mantenido fiel a su espíritu estético fundacional. El Antonio Lucas de su primer libro sigue alentando en sus libros posteriores, hasta los inéditos de hoy. Con su acarreo de tradiciones diversas, sigue vivo y en vilo el poeta que sabe inundarse para contener su torrente verbal y emocional. Sigue alerta el poeta que busca la viveza alucinatoria de las imágenes insólitas, consciente de que la escritura lírica tiene más de aventura que de hábito. Sigue ahí el poeta de imaginación exuberante capaz de ver “la noche con su plata fusilada” o “envuelta en cascabeles”. Pervive ahí, en suma, el poeta valiente y dichosamente intuitivo que sabe llevar al límite sus astucias retóricas, convencido de que sólo merecen la pena las apuestas fuertes.</p><p>La madurez de Antonio Lucas nos ha traído un poeta seguro de sí, pero arriesgado. Un poeta que domina con maestría los recursos que lo caracterizan desde sus inicios, pero que a la vez no se conforma con ese dominio y asume, como un deber estético, no sólo la búsqueda, sino también la osadía. En cualquier poema suyo hay un rasgo de gran audacia, una resolución estilística que desconcierta y deslumbra. Su imaginación verbal le pide un vuelo alto y continuo, y él se lo concede.</p><p>Sus poemas suelen organizarse mediante una acumulación de ondas concéntricas, en busca de un núcleo complejo de significaciones que nunca son del todo literales: más allá de la enunciación se abre el laberinto de la sugerencia. Más allá del lenguaje hay planos diversos de visión. Más allá de esa visión ramificada se adivina una emocionalidad que juega a definirse desde su indefinición tajante.</p><p>Esta es la historia —hasta ahora— de este poeta singular. Entre el fogonazo simbolista y la meditación ensimismada, su voz tiene algo de caleidoscopio en movimiento perpetuo. Algo que brilla y se ahonda en una perspectiva paradójica de irrealidades y de concreciones. Algo que nos seduce y desconcierta. Algo —también— inasible, como todo lo que esconde un buen secreto.</p><p>Esta es, en suma, la historia escrita, pensada y sentida, de un poeta que sabe decir lo que quiere decir como nadie lo ha dicho, y de ahí su grandeza, y de ahí su poderosa exclusividad.</p><p><em>*Felipe Benítez Reyes es escritor. Su última novela es </em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/06/24/azar_viceversa_felipe_benitez_reyes_51653_1821.html" target="_blank">El azar y viceversa</a><em> (Destino, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Algunas instrucciones de uso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Felipe Benítez Reyes,Poesía,Los diablos azules número 23]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los privilegios de la Iglesia católica, en ‘tintaLibre’ de mayo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/privilegios-iglesia-catolica-tintalibre-mayo_1_1125809.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3d925dfd-6ac0-4065-a90b-b59816c2416e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los privilegios de la Iglesia católica, en ‘tintaLibre’ de mayo"></p><p>Después de cuatro décadas de democracia y a pesar de que la Constitución consagra un Estado aconfesional, la Iglesia católica mantiene buena parte de los privilegios que tuvo durante la dictadura franquista. En especial en los campos fiscales, económicos y educativos el poder eclesiástico permanece como cuentan <strong>Juan G. Bedoya</strong> en su reportaje <em><strong>El fisco episcopal</strong></em>; <strong>Julián Casanova</strong> en su artículo <strong>La Iglesia que sirvió a Franco</strong>; y<strong> Francisco Delgado</strong>, en su crónica <strong>Las aulas, un suculento negocio para la Iglesia</strong>. Los tres artículos forman parte del bloque de portada de mayo de<strong> </strong><strong>tinta</strong><strong>Libre</strong>, el mensual en papel de<strong> </strong><strong>info</strong><strong>Libre</strong>.</p><p>En las parcelas de política y de economía, <strong>tinta</strong><strong>Libre</strong> dedica una crónica (<em><strong>Más alarmados y menos tolerantes con la corrupción</strong></em>), firmado por la analista <strong>Marta Romero</strong>; y un artículo literario (<strong>España: entre la picaresca y el esperpento</strong>), a cargo del escritor <strong>Julio Llamazares</strong>, a la plaga de actitudes delictivas en administraciones públicas y grandes empresas. Como perfil de un personaje, el periodista <strong>Luis Pintor</strong>, un especialista en información económica, retrata la trayectoria de <strong>Mario Conde </strong><strong>(El hombre que “no necesitaba robar”) </strong>con una caricatura de<strong> Leandro Barea</strong> del exbanquero que ha vuelto a ingresar recientemente en prisión.</p><p>Entre las colaboraciones especiales, el poeta y novelista <strong>Felipe Benítez Reyes</strong> publica la Página Abierta con una columna titulada <strong>Actuación y fantasía</strong>; y el maestro de periodistas <strong>José Martí Gómez</strong> repasa la evolución del periodismo en los últimos años en su artículo <strong>Volver a empezar</strong>. En el bloque de reportajes sociales <strong>tinta</strong><strong>Libre</strong> incluye dos reportajes sobre la crisis de los refugiados: <strong>Los demonios europeos</strong>, a cargo de <strong>Ramón Lobo</strong>, y <strong>Manos infantiles que dibujan el drama del exilio</strong>, firmado sobre el terreno por <strong>Antonio Trives</strong>. Asimismo la revista desvela los secretos de uno de los fenómenos informativos de Internet en <strong>¿Quiénes son los Voltaire de Wikipedia?</strong>, firmado por <strong>Lula Gómez</strong>.</p><p>Tres temas están centrados en <strong>América Latina</strong> con la mirada habitual de tintaLibre hacia la realidad americana. Así la revista publica una crónica del escritor peruano <strong>Santiago Roncagliolo</strong> sobre la actualidad de su país titulada <strong>¿Es Keiko Fujimori una nueva dictadora?</strong> y un reportaje de viajes sobre <strong>Barbados </strong><strong>(El paraíso es aburrido)</strong> realizado por <strong>Carlos Carabaña</strong>. Acerca de uno de los hombres más ricos del mundo, el mexicano <strong>Carlos Slim</strong>, publica una biografía el periodista <strong>Diego Enrique Osorno</strong> y <strong>tinta</strong><strong>Libre</strong> ofrece el prólogo del libro que ha editado <strong>Debate</strong>.</p><p>Las historias culturales ocupan, como siempre, un amplio espacio en el mensual en papel de <strong>info</strong><strong>Libre</strong> con una entrevista de dos estudiantes (<strong>Edu Granados y Ana Uhía</strong>) al catedrático y político <strong>Ángel Gabilondo</strong>; un amplio reportaje sobre los jóvenes y la música clásica (<strong>Desacordes de juventud</strong>), firmado por <strong>Meritxell Álvarez Mongay</strong>; y con un cuento de<strong> Los Diablos Azules</strong>, el suplemento de libros de infoLibre, escrito a cuatro manos por los escritores <strong>Sara Mesa, Luis García Montero, Piedad Bonnett</strong> y <strong>Jorge Galán</strong>, titulado <strong>Reclamaciones y sugerencias</strong>.</p><p>En la faceta de memoria histórica, la revista de mayo recuerda a <strong>Mariana Pineda</strong>, una figura de nuevo reivindicada en Granada, con un artículo de <strong>Javier Valenzuela</strong> (<strong>Bordando la bandera de la libertad</strong>). Una entrevista de <strong>Karmentxu Marín</strong> con el escritor y exdiplomático <strong>Fernando Schwartz</strong> y la poesía de <strong>Joaquín Sabina</strong> (<strong>Canción de primavera</strong>) ocupan la contraportada.</p><p>La revista <strong>tinta</strong><strong>Libre</strong> de <strong>mayo de 2016</strong> está a la venta a partir del día 6 en <strong>quioscos y librerías de toda España</strong> y también está <strong>disponible para su descarga en teléfonos y tabletas de Apple y Android</strong>. Si eres socio de <strong>info</strong><strong>Libre</strong>, ya puedes leer <strong>tinta</strong><strong>Libre</strong> de mayo y todos los números anteriores en la sección especial de la revista <a href="http://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 May 2016 08:02:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los privilegios de la Iglesia católica, en ‘tintaLibre’ de mayo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ángel Gabilondo,Carlos Slim,Corrupción política,Financiación Iglesia,México,Periodismo,Perú,Música,Felipe Benítez Reyes,Crisis de los refugiados,Mario Conde]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes: “El novelista no es un notario, sino un embaucador”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/felipe-benitez-reyes-novelista-no-notario-embaucador_1_1125654.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c5c83168-5a9b-4c65-89fa-2ba59eabc29a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felipe Benítez Reyes: “El novelista no es un notario, sino un embaucador”"></p><p>No es que estuviera dedicándose a otra cosa. Han pasado casi nueve años desde que <a href="http://felipe-benitez-reyes.blogspot.com.es/" target="_blank">Felipe Benítez Reyes </a>(Rota, Cádiz, 1960) se hizo con el premio Nadal con su anterior novelas, <em>Mercado de espejismos</em>. Desde entonces ha cultivado el relato (<em>Oficios estelares</em>, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2013/05/22/un_anuario_perplejidad_3965_1026.html" target="_blank"><em>Cada cual y lo extraño</em></a>), la poesía (<em>Las identidades</em>) y el ensayo (<em>Bazar de ingenios</em>). Podría parecer que hace tiempo que no frecuenta el género narrativo por excelencia, pero no se dejen engañar. Lleva años tirando de la tanza en la que picó Antonio, el protagonista y narrador de la novela que llegó el jueves a las librerías. </p><p>O quizás picó el escritor. El caso es que Benítez Reyes lleva años desenredando la historia de Antonio, un "buscavidas" —el término es del autor, y no podría haber uno más adecuado— con el que comparte origen: el pueblo marinero de Rota. Sus calles son mucho más que el paisaje de fondo. La cercanía de la base militar norteamericana, entre otras cosas, será uno de los elementos que determinen la vida del pícaro. O al menos una de ellas. Porque vidas no le faltan a Antonio —y <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/04/15/el_azar_viceversa_47929_1821.html" target="_blank">aquí puedes leer un adelanto</a>—. Benítez Reyes (que responde a este cuestionario por correo electrónico) las recoge todas en un largo monólogo tan popular como literario. <strong>Pregunta. No volvía a la novela desde 2007, cuando ganó el premio Nadal. ¿Por qué ese descanso, y por qué el regreso?</strong></p><p><strong>Respuesta.</strong> En realidad, en cuanto a novela, ha habido un paréntesis de publicación, pero no de dedicación. En el intermedio, además, he publicado un libro de relatos y otro de poemas. Entre cosa y cosa, esta novela me ha ocupado los últimos siete años. Con abandonos, incluso con enmiendas a la totalidad, a la búsqueda del tono que creía adecuado y de la consistencia que pretendía dar a la historia, que requería unos equilibrios complicados entre memoria y ficción, entre reflexión y peripecia, entre diversas épocas de la vida del protagonista, que a la vez es el narrador. Es el libro que más tiempo me ha ocupado de todos los que he escrito. </p><p><strong>P. ¿Por qué esta historia sí le exigía la extensión y la forma de una novela?</strong></p><p><strong>R.</strong> Eso es algo que nunca se sabe del todo, pero hay que hacerse la ilusión de que lo sabes a la perfección. En mi caso, las novelas, como mera ocurrencia inicial, parten de una anécdota minúscula, de un levísimo fogonazo. Incluso de una simple frase. Ves el cabo de un hilo y de pronto intuyes que podrías tirar de ese hilo, hasta rebobinar el carrete en otro sitio. A veces calculas mal y el hilo es más corto de lo que pensabas. O más largo, depende. En este caso, me dio por creer que había hilo suficiente, y por eso me dediqué a tirar de él. Ha sido, en cualquier caso, un proceso muy laborioso, aunque en esto la laboriosidad no es garantía de nada. </p><p><strong>P. ¿Qué ha encontrado en la escritura de relatos durante este tiempo?</strong></p><p><strong>R.</strong> Me gusta escribir relatos. Procuro que los míos estén basados en la intensidad y en la extrañeza. En dos o tres folios tienes por una parte que acotar y por otra parte aspiras a expandir. Que el lenguaje sea muy sólido, y muy precisos los detalles, y que la historia reverbere. Ese contraste. Lo firme y lo etéreo, digamos. En cierto modo, el relato afortunado es el que empieza cuando acaba. La historia que continúa en la conciencia o en la imaginación del lector. </p><p><strong>P. Hay quien sigue sosteniendo —Alberto Olmos, por ejemplo, lo ha dicho recientemente, después de publicar justamente un libro de cuentos— que el relato es un género menor. ¿Qué respondería?</strong><a href="http://vozpopuli.com/ocio-y-cultura/78239-alberto-olmos-el-cuento-es-un-genero-menor-hasta-un-bachiller-esta-capacitado-para-escribir-uno" target="_blank">Alberto Olmos, por ejemplo, lo ha dicho recientemente</a></p><p><strong>R.</strong> Pues no sé. Supongo que, al menos en principio, dependerá de qué novela y de qué relato. Es posible que no haya géneros mayores y géneros menores, sino escritores mayores o menores. Un cuento de <strong>Borges</strong>, de <strong>Arreola </strong>o de <strong>Ribeyro </strong>no creo que valga menos que una novela de <strong>García Márquez</strong>, de <strong>Arlt </strong>o de <strong>Ibargüengoitia</strong>, por ceñirme a ejemplos ultramarinos. No estoy convencido de que menos sea más, pero tampoco de que sea menos de lo que es. Es posible que las cosas no tengan valor por contraste, sino por sí mismas.</p><p><strong>P. Hay elementos de la novela que tienen ecos en sus dos libros de relato anteriores. Pienso en los tebeos de superhéroes, los cines de adolescencia, las antigüedades, los pueblos costeros… </strong></p><p><strong>R.</strong> Sí, y también en algunas novelas anteriores. En la última lectura que hice de esta novela, ya en galeradas, me di cuenta de que tiene algo de corolario de todas mis tentativas narrativas anteriores. Una especie de compendio. De confluencia de tonos, motivos y procedimientos.</p><p><strong>P. ¿En qué momento se le apareció el personaje de Antonio, Antoñito…? Porque da la impresión de ser un encuentro más que una construcción. </strong></p><p><strong>R.</strong> Supongo que una mezcla de ambas cosas. Cuando concibes un personaje que va a hablar en primera persona no sólo tienes que atribuirle una historia, unas anécdotas, sino también una conciencia. En gran medida, ese era el reto: construir una conciencia, un pensamiento que diese coherencia a un determinado comportamiento. En la vida, las desconexiones entre las convicciones y las acciones son inevitables, pero en una novela suelen resultar intolerables.</p><p><strong>P. El autor aparece como mero copista de las memorias de Antonio. ¿Por qué eligió esa estrategia narrativa?</strong></p><p><strong>R.</strong> Un ardid como cualquier otro, supongo. Quise hacer una narración que mezclase la artificiosidad del estilo con un tono de oralidad. Que el texto, a pesar de estar muy escrito, sonase como un monólogo conversacional.</p><p><strong>P. Otro gaditano especialmente interesado en el habla popular del sur, Eduardo Mendicutti, ha elegido esa construcción en novelas como Una mala noche la tiene cualquiera. ¿Qué posibilidades tiene este tipo de monólogo?</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/03/04/los_travestis_que_hicieron_podemos_45833_1821.html" target="_blank">Eduardo Mendicutti</a><em>Una mala noche la tiene cualquiera</em></p><p><strong>R.</strong> No estoy tan cerca del habla popular como Mendicutti en algunas de sus novelas. Eso él lo hace magistralmente, porque aparte de una prosa muy buena tiene un oído infalible, al igual que otro gaditano, Fernando Quiñones. Me temo que mi búsqueda del espejismo de la oralidad está más en el tono que en la transcripción exacta del habla.</p><p><strong>P. La geografía de la infancia del protagonista, así como ciertos modos de hablar, son un fantasma constante a lo largo del texto. ¿Estamos ante una cierta construcción autobiográfica?</strong></p><p><strong>R.</strong> En broma, pero a la vez muy en serio, suelo decir que mis novelas son tan autobiográficas como el <em>Drácula </em>de <strong>Bram Stoker</strong>. No me interesa contar mi vida, sino imaginar una vida que tenga que ver lo menos posible con la mía, porque no me tienta la confesionalidad. Hay cosas allí que por supuesto he vivido, he pensado o he sentido, pero en las novelas las transformo hasta convertirlas en experiencias ajenas. Digamos que no me disfrazo con las ropas de mis personajes, sino que en cualquier casos les presto un paraguas o un abrigo.</p><p><strong>P. ¿Qué elementos del relato de Antonio ha recogido (es un decir) de la calle? ¿Alguna anécdota, algún personaje…?</strong></p><p><strong>R. </strong>Lo que te decía: las realidades las transformo a capricho y conveniencia, en función del propósito del relato. Al fin y al cabo, el novelista no es un notario, sino un embaucador.</p><p><strong>P. Uno de los rasgos principales del personaje es su procedencia. ¿En qué medida condiciona su personalidad y su destino? ¿Podría ser Antonio de otro lugar?</strong></p><p><strong>R.</strong> El haber nacido y crecido en Rota, mi pueblo, le condiciona, claro está, en especial por la presencia de la base militar norteamericana, que tiene mucho protagonismo en la primera parte de la novela. Por diversos motivos, eso incide de manera determinante en el rumbo de su vida. De haber nacido en Chipiona, por ejemplo, a apenas 15 kilómetros de aquí, su vida hubiese sido sin duda alguna muy distinta. En este caso, el escenario es también un personaje central.</p><p><strong>P. Antonio se define como “buscavidas” y podría ser un pícaro del siglo XX. ¿Cómo trasladar al presente esta figura?</strong></p><p><strong>R.</strong> Al menesteroso la vida suele condenarlo a la condición de buscavidas. Eso es invariable en cualquier época histórica y en cualquier lugar del planeta, y me temo que con mal arreglo en el futuro. Si es que no vamos a peor y de aquí a poco resulte imposible incluso aspirar a ser un buscavidas.</p><p><strong>P. ¿En qué medida afecta el contexto político —del franquismo a la actualidad— a sus aventuras? Antonio parece haber construido un mundo paralelo a la realidad, y bastante sólido. </strong></p><p><strong>R.</strong> En la primera parte de la novela, sobre todo, he intentado reflejar el ambiente de confusión política que podía haber en los últimos años del franquismo, al menos en mi pueblo, cuando los jóvenes andábamos buscando ideales políticos que incluso podían enfocarse en <strong>Mao Zedong</strong>, que por entonces se llamaba Mao Tse Tung. En la novela se llega a constituir una comuna anarquista, bajo la inspiración y las directrices de una especie de réplica municipal de Bakunin. En cuanto al mundo paralelo… me temo que, de una manera o de otra, todos lo son. Hay una parte de nosotros que siempre se mueve en una especie de realidad psicodélica.</p><p><strong>P. El protagonista se siente y se declara gobernado por el azar, arrastrado por fuerzas superiores. Esta sensación de poco poder sobre su vida, ¿está conectada con su procedencia humilde? ¿Están algunos más sometidos a los designios del azar que otros?</strong></p><p><strong>R. </strong>De los caprichos del azar no creo que se libre nadie, nazca rico o nazca pobre. El grado de desvalimiento o de protección varía según las circunstancias de cada cual, por supuesto, pero no creo que nadie se libre del todo de ser una marioneta no sólo en manos de la casualidad, sino en manos de sí mismo, que suele ser lo peligroso. El protagonista se ve obligado a ganarse la vida desde los 13 años, y el hecho de tener que ganarse la vida desde niño conlleva el riesgo de echarse a perder la vida desde niño.</p><p><strong>P. Antonio está preocupado por la capacidad o los límites del hombre para narrarse a sí mismo. Teme no ser fiel a su vida, a la realidad, o que esta sea demasiado caótica como para poder contarla. ¿Compartes esa preocupación? </strong></p><p><strong>R.</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>La memoria personal es siempre un poco engañosa, por no decir que un poco fullera. Cuando hacemos recapitulación de nuestro pasado, es difícil que no resultemos ligeramente delirantes. Hay quien tiende a degradar su pasado, a melodramatizarlo, y hay quien opta por darse la absolución y erigirse su propia estatua, incluso ecuestre. Mi personaje creo que está en un punto intermedio, como tal vez la mayoría de la gente. El relato literario de una vida no es estrictamente el testimonio fiel de una vida, sino su recreación. Una especie de cadáver maquillado y vestido con su traje de los domingos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Felipe Benítez Reyes: “El novelista no es un notario, sino un embaucador”]]></media:title>
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